Martín Guzmán, tres meses a todo o nada

29 de diciembre de 2019 - Forbes Argentina

 



Formado en la Universidad de La Plata y con un doctorado en Brown University, quien supo ser colaborador del Nobel Joseph Stiglitz, hoy tiene la misión de encaminar la economía argentina.

A favor de “un diálogo constructivo” con los acreedores de la deuda pública y el FMI, Martín Guzmán agarra una economía caliente, donde se jugará su título como heredero de Joseph Stiglitz.

Con tan solo 37 años,  soltero, Martín Guzmán se hizo cargo del Ministerio de Economía en una situación harto compleja de la Argentina: el país no tiene crédito para financiarse, se debe reestructurar la deuda, el FMI ya otorgó un auxilio, la inflación y la presión impositiva son altas, la pobreza está en aumento. Luis Secco, quien fue su profesor en la Universidad Nacional de La Plata, lo recuerda como uno de los alumnos más brillantes que tuvo. La secundaria la completó en el Colegio Nacional de La Plata, similar al Nacional de Buenos Aires, pero en territorio bonaerense. Otro economista egresado de ese colegio fue Federico Sturzenegger, aunque seguramente a Guzmán no le agrade esta analogía. Sus compañeros lo recuerdan por su velocidad en matemáticas y los triunfos que obtuvo en las olimpíadas de esa materia. Es el primer universitario de su familia. ¿Se convertirá este joven economista en un héroe nacional al sacar al país de la recesión? ¿Se sumará a la larga lista de fiascos o desencantos de aquellos que pasaron por el despacho del quinto piso del Ministerio de Economía?

La crisis del  2001 lo hizo adentrarse en el estudio de la economía y de la deuda. En 2008, habiendo completado la licenciatura y la maestría, se trasladó de La Plata a Providence, Rhode Island, para completar el doctorado en Brown University. Su disertación final la hizo sobre “The Causes and Effects of Financial Crisis”, poniendo al desnudo, en la selección de ese tópico, su ADN argentino. Tras su graduación, se mudó a Nueva York para sumarse al equipo de Joseph  Stiglitz en el Initiative for Policy Dialogue, un think tank basado en la Universidad de Columbia para mejorar la toma de decisiones en países en desarrollo. Una aclaración: Guzmán no fue profesor de Economía en Columbia, cargo al que llegan influyentes académicos como Guillermo Calvo o Carlos Rodríguez. Sí fue investigador asociado en la Columbia Business School.

26 ministros de economía pasaron por la argentina desde la llegada de la democracia

El hecho de ser colaborador de Joseph Stiglitz le brindó un aval, una suerte de ISO 9000, para adentrarse en el kirchnerismo. El Premio Nobel 2001 visitó la Argentina en diciembre de 2010 y se entrevistó entonces con Cristina Kirchner. Sus fuertes críticas al FMI y a los planes de austeridad fascinaron  a la presidenta. El aumento del consumo y el no enfriamiento de la economía es la receta de Stiglitz para salir de las crisis. En ese entonces, ponía de ejemplo a la Argentina por su respuesta a la crisis internacional del 2008. Desde entonces visitó frecuentemente al país, siempre con enunciados contra el ajuste de la economía y el endeudamiento. Fue muy crítico de la política económica de Mauricio Macri, lo que le otorgaba otro upgrade en el mundo kirchnerista. No importa que Stiglitz no goce ya de tanto respeto entre sus pares.

Cuando se pregunta a banqueros  argentinos radicados en Nueva York si conocen a Guzmán, la respuesta es casi unánime: “no”. Es sorprendente, dado que tendrá que trabajar en la renegociación de la deuda. Pero desconocimiento no significa que sea malo. La reputación para renegociar la deuda en todo caso se puede pedir prestada ya sea a un organismo internacional que avale la operación o bien a bancos extranjeros que la diseñen. También puede Guzmán construir esa reputación con el paso de los días. En su debut, en la conferencia de prensa en la que presentó su equipo, el miércoles 11, superó el examen. Su tono calmo para comunicarse, la defensa de cuestiones básicas en economía pero que en la Argentina son discutidas (“la expansión de la economía con emisión de pesos puede ser desestabilizante”) ayudaron a cimentar su primera imagen. Las críticas al FMI, una  vez que se asume como ministro, ya son más tenues. Es como el Teorema de Baglini aplicando a la economía, en el sentido de que, cuanto más lejos se está del poder, más alocadas las propuestas o planes económicos. Cuanto más cerca, más racionales.

Pero Guzmán no es el único ministro de Economía. Mirando hacia arriba, Alberto Fernández lo será. Cristina Kirchner también. Mirando al costado, Mercedes Marcó del Pont y Matías Kulfas también lo serán. Desde el Banco Central, Miguel Pesce se inmiscuirá. Desde la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof enviará su veredicto. Esto sin dudas amenaza los grados de libertad del joven ministro, especialmente en épocas en las que escasean los fondos. Alberto Fernández le impuso un secretario de Hacienda, Raúl Rigo, un veterano de guerra en lo que a contabilidad pública y presupuesto se refiere, dado que estuvo en funciones durante 15 años, entre 2002 y 2017. Seguramente lo que hará Alberto Fernández es copiar las actitudes de Néstor Kirchner en la materia: tener diálogo directo, sin intermediarios, con el secretario de Hacienda, y recibir diariamente una planilla con el saldo de caja, reservas y gastos previstos.

En la función pública, como en cualquier trabajo, hay que soportar malos tragos. Seguramente Guzmán estuvo en contra de las recientes medidas anunciadas por el Gobierno, como la imposición de una doble indemnización por 180 días. No hacen falta doctorados en Economía para darse cuenta de que el decreto de Alberto Fernández tendrá como efecto saliente que el empleo no crecerá en ese período. Es cierto que la norma exceptúa de esa doble indemnización a quienes sean contratados de ahora en adelante, pero no es menos cierto que, ante una demanda de un trabajador recién incorporado a la planta y luego cesanteado, la justicia laboral puede fallar a su favor si pide equiparar derechos indemnizatorios.

Tampoco Guzmán es contrario a los preceptos del kirchnerismo. Quizás los enmarca en cierto grado de racionalidad. El flamante ministro fue, en mayo pasado, parte de la misión de Joseph Stiglitz que estuvo en el Vaticano en una audiencia con el Papa Francisco. Todos amantes de la alta intervención del Estado en la economía y en contra del libre mercado. Coincidieron en el remanido slogan de “no poner al pueblo al servicio de los mercados sino los mercados al servicio del pueblo”. Reflotaron el plan para impulsar una “economía social de mercado”. Para el kirchnerismo, es otra distinción que suma el economista argentino.

Cuando se le pregunta a Guzmán sobre el modelo de país que prefiere, destaca que sea uno “nacional y popular y consistente” contra uno que sea “rehén de los mercados y del FMI”. Un buen alumno de Stiglitz. Se refiere en estas calificaciones a la necesidad de tener independencia en las decisiones de política económica, algo que hubiera cautivado también a Néstor Kirchner, quien en diciembre de 2005 canceló con reservas del BCRA toda la deuda que la Argentina tenía con el organismo internacional para “independizarse”. Seguramente, como el expresidente, como Alberto Fernández, Guzmán tratará de demorar el arribo de una misión técnica del FMI a la Argentina, algo que daba alergia al expresidente argentino. Por ello es que aquellos que quieran ver en Guzmán a un ortodoxo, a un cisne negro dentro del kirchnerismo, se equivocan. Lo distingue del resto del kirchnerismo solo su mayor noción de las limitantes presupuestarias y de los equilibrios que deben respetarse, puntualmente en lo que a reestructuración de la deuda se refiere. A diferencia de Axel  Kicillof,  Guzmán es más pragmático, menos ideologizado. Pero, sin dudas, el  “Guzmán vs. Kicillof” va a ser el superclásico de  la economía en el 2020. El actual ministro de Economía se mostró crítico de lo que sucedió en el segundo mandato de Cristina Kirchner. Pero ese superclásico estará basado en la necesidad de fondos del gobernador de la Provincia de Buenos Aires y las restricciones prespuestarias que imponga Guzmán. Es de imaginar igualmente que la definición de ese partido se dará un escalón más arriba, en conversaciones directas entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Pero esos cruces inevitablemente se vienen. La única duda pasa por cuándo ocurrirán y cómo saldrá ese resultado. Los celos y las envidias entre economistas existen y no son menores que en otras profesiones.

50% es, para Guzmán, la tasa de fracaso de las renegociaciones de deuda

Astutamente, cuando habla de la renegociación de la deuda, Guzmán cita una frase de Néstor Kirchner ante la Asamblea de las Naciones Unidas en septiembre de 2003: “los muertos no pagan deudas”. En esa cita le habla a Cristina y es una luz verde para que avance en un proceso que derivará en una quita, ya sea en valor presente o bien una quita nominal, a los tenedores de papeles argentinos. Sabe el ministro que tiene poco tiempo para ejecutar la oferta a bonistas. Y no quiere ir de la mano del FMI. También sabe que su destino en el Gobierno se juega en el resultado de  este proceso. “Hay que hacerlo bien y rápido”, señala ante cada encuentro que mantiene con Alberto Fernández.

En sus diferentes papers presentados sobre la historia de las renegociaciones de la deuda, repite que cerca del 50% de estas fracasan    y derivan en otra reestructuración. Apunta   a no tener que pagar vencimientos de capital ni de intereses en 2020, 2021 y 2022. Recién en el último tramo de la gestión de Alberto Fernández habría pagos a acreedores.

Guzmán apunta a no tener que pagar vencimientos de capital ni de intereses en 2020, 2021 y 2022

¿Aceptarán un plan de este tipo los bonistas? En primer lugar, la oferta irá acompañada  de proyecciones macroeconómicas que den sustento a las nuevas promesas de pago de la Argentina. Si el plan es creíble y la oferta digerible, entonces puede tener un resultado positivo. Al no tener aval del FMI, habrá siempre dudas sobre el cumplimiento de los pagos. Pero en fondos del exterior que ya marcaron sus fuertes pérdidas del 40% con Argentina en 2019, ven al 2020 como una posibilidad de ganar un 40% con Argentina con el rebote en el precio de sus papeles. Es decir que aceptarían la oferta de Guzmán con tal de recuperar parte de lo invertido y salir de inmediato de los títulos domésticos. Guzmán deberá lidiar con estas cuestiones.

Pero, como a todo ministro de Economía, el dólar y la inflación mensual le marcarán su destino. Es cierto que con el cepo el tipo de cambio oficial pierde sentido, pero la brecha con el dólar blue pasará a ser un adecuado termómetro. La inflación desde marzo lo pondrá en jaque. El acuerdo de precios y salarios puede que sirva para contener la inflación inicialmente. Además los empresarios,  a sabiendas de que se venía ese acuerdo, incrementaron remarcaciones de precios para hacerse de un “colchón previo”. Por eso es que los números inflacionarios del verano no deberían reflejar desbordes. El verano igualmente suele estar caracterizado por escasez en la liquidación de dólares de los exportadores. Es hasta abril cuando llegan las divisas de la soja. Pero ¿llegarán? ¿Se volverán a poner de moda los silobolsas?

Cuando se le pregunta a guzmán sobre el modelo de país que prefiere, destaca que sea uno “nacional y popular y consistente”

Guzmán, al mismo tiempo, es un renovador de las ideas económicas del peronismo. Sale a la luz cuando habla y critica la sustitución de importaciones. Es un mecanismo “añejo”. Destaca que hay un nuevo mundo, de especialización, de competencia en bienes intermedios, y ve la necesidad de que el espectro político se “aggiorne”. Estuvo exorcizando en reuniones dentro del Frente de Todos a las ideas sobre sustitución de importaciones y declarando que “si queremos producir televisores, tiene que haber razones para ello, como de empleo o cuestiones regionales; no hay que soñar en producir con gente en iguales condiciones de eficiencia contra fábricas alemanas con robots”.

Desde la llegada de la democracia, ya pasaron 26 ministros de Economía. Comenzó Bernardo Grinspun, y Martín Guzmán es el número 27. Paradójicamente, desde 1983, la Argentina tuvo en su seleccionado de fútbol a 13 directores técnicos, desde Carlos Bilardo hasta Lionel Scaloni. Es decir que el fútbol es más estable que la conducción económica del país. La historia no ayuda al flamante ministro. ¿Podrá superar el maleficio que tiene la economía argentina? De nuevo su suerte se juega en los próximos tres meses. La renegociación de la deuda hará subir o desplomar sus acciones dentro del gobierno.

Por Guillermo Laborda

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