Un maestro budista y millonario llega a la Argentina

15 de Noviembre de 2016 - Delfina Krüsemann

 


Michael Roach nació en Estados Unidos, pero pasó 25 años con monjes budistas en la India, hasta que volvió a su país con una particular misión que le encomendó su gurú: fundar una compañía exitosa, para luego destinar todas esas ganancias a la preservación de libros sagrados del Tibet. Así explica Roach el origen de su emprendimiento de diamantes, Andin International Diamond Corporation, que llegó a facturar US$ 250 millones anuales y recuperó 10.000 documentos religiosos.

Hoy, se dedica a viajar por el mundo compartiendo sus enseñanzas acerca de cómo llevar adelante una empresa exitosa con compasión, para alcanzar el máximo potencial personal y la felicidad plena, al tiempo que se contribuye al bien común. Lo llama “el sistema del tallador de diamantes”, y se basa principalmente en la idea de ayudar a los demás integrantes de la cadena de valor para lograr el éxito ajeno y propio.

gmr-home1

El jueves 17 de noviembre, Roach llega a Buenos Aires para dar una charla titulada “El éxito interior y el éxito exterior”; el 18 y 19 de noviembre, estará brindando sesiones personales en el Hotel Sofitel de Cardales. Antes de aterrizar en el país, FORBES habló en exclusiva sobre su experiencia como gurú budista en el mundo de los negocios.

¿Cómo logra convencer a ejecutivos de máximo nivel a cambiar una forma de trabajar que tanto éxito les ha dado a lo largo de toda una vida?
El sistema del tallador de diamantes tiene sentido, es lógico. Se trata, esencialmente, de poner en práctica cuatro simples pasos para llevar adelante un negocio compasivo y, a la vez, exitoso. Pero, cuando me encuentro con alguien que duda de lo que le estoy diciendo, le propongo: “No tenés que creerme, no tenés que aceptar lo que yo te digo. Pero sentémonos y diseñemos un pequeño experimento en tu negocio, para testear qué pasa cuando implementás este sistema”. Los resultados hablan por sí mismos. Una vez, asesoré a un europeo relacionado con la mafia. Me contó que tenía doce empresas. Le pedí que tomara una de estas compañías y la dirigiera compasivamente. Al año, recibí una visita de él mientras estaba en un hotel de Alemania; él ni siquiera vivía en ese país y viajó solo para verme a mí. ¡Pensé que venía a culparme de su fracaso o a amenazarme! En cambio, me dijo: “Tengo buenas noticias, nuestro experimento funcionó: la compañía que usamos de prueba fue la que más ganancias me dio”. Acto seguido, corrigió su rumbo en todas las demás empresas.

Yendo a casos no tan extremos, de compañías en la legalidad: ¿por qué creés que sus dueños están dispuestos a rever todo su proceso de trabajo?
Porque este es un sistema divertido, que te hace sentir pleno y feliz. El sentimiento de ayudar a los demás y, en el proceso, seguir ganando, es muy fuerte. La competencia con los demás, ya sean individuos u otras empresas, genera ansiedad. Lo opuesto a esto es buscar ayudar a otro. La satisfacción es inmensa. Sentís que tu vida es mucho más significativa cuando les das una mano para progresar.

¿Qué es lo que más les cuesta aprender a los hombres de negocios?
Si sos una persona exitosa en los negocios, seguro que en esa trayectoria y experiencia viviste muchas frustraciones y dificultades. El momento más difícil es cuando se dan cuenta de que toda la ansiedad y el daño que sufrieron los últimos 20, 30 años, podrían haber sido evitados con un cambio en la manera de entender su trabajo, su propósito. Esa emoción es muy intensa y les cuesta mucho asumir que se equivocaron, que la visión fue errada. Porque podían ganar ese mismo dinero o más, siendo mucho más felices.

¿Algún consejo para los empresarios y emprendedores argentinos?
No pasé tanto tiempo en el país en mis visitas anteriores, pero noté una lindísima cultura local. Son muy europeos y, por ende, muy filosóficos. Tienen mucho interés en las artes. No parece una sociedad tan competitiva, y la renovación de los gobernantes parece ser algo muy positivo para el país. Lo que sí me contaron es que los profesionales argentinos son bastante workaholics, y yo creo firmemente que la gente se queda en el trabajo cuando es interesante y desafiante. Lo veo en China, en donde tengo muchos clientes. Son muy inteligentes y fervientes entusiastas por hacer buenos negocios y progresar. Pero a veces les cuesta la parte espiritual porque son personas muy lógicas, entonces ponen esa necesidad de trascendencia en el trabajo, se vuelven un poco adictos. Es sobre todo ahí donde este sistema funciona de maravillas, porque combina ambas cosas: el éxito profesional y la plenitud personal. Quizás hay algo ahí que el público argentino pueda aprender.

bookmark icon