Los cuadernos, la bolsa y después

8 de Agosto de 2018 - Tomás Rodríguez Ansorena

 


El escándalo desatado por las anotaciones del chofer Oscar Centeno ya tuvo sus primera reacción en el Merval y en Wall Street. El riesgo de la reputación y algunas consecuencias impredecibles.

Lava Jato circula en los medios y las conversaciones cotidianas como el espejo de lo que, por estas horas, sucede en Argentina. La seguidilla de escándalos de corrupción que asediaron a Brasil en los últimos años (petrolao, mensalao) tuvieron consecuencias políticas y económicas. Las primeras son bastante obvias: tanto la destitución de Dilma Rousseff en 2016 como la detención y proscripción de Lula Da Silva para las elecciones de octubre tienen su origen en aquellos casos. En el plano económico, atribuir la recesión brasileña de 2015 y 2016 al accionar del juez Sergio Moro sería al menos temerario. Lo cierto es que tanto Petrobras como Odebrecht, dos de las principales empresas del país, se desplomaron en la bolsa, perdieron financiamiento y recién cuatro años después del escándalo están empezando a recuperarse.

¿Qué sucederá en estas costas? Aunque es difícil saberlo todavía, las jornadas bursátiles de ayer y anteayer dejaron algunas señales. El lunes, el Merval cerró a la baja, tironeado por la caída de los papeles de Ternium. Todo esto, antes de que se conociera la noticia de que el directivo de Techint Héctor Zabaleta estaba siendo detenido por las fuerzas federales. La empresa del grupo de Paolo Rocca (la mayor fortuna del país según FORBES) que produce aceros planos bajó un 6,07% en la bolsa porteña y sus ADRs de Wall Street cayeron 4,46%. La otra firma que según fuentes del mercado sufrió las consecuencias de la aparición de Techint en las noticias recientes fue TGN (Transportadora de Gas del Norte), cuyas acciones cayeron un 3,6%. La Organización Techint emitió un comunicado desconociendo lo que figura en los cuadernos de Centeno y sostuvo que su participación en la obra pública durante el kirchnerismo “fue menos del 1% del total”.

Ayer, la nueva baja de la bolsa porteña fue empujada por Metrogas, cuyos papeles cayeron 6,7%, el Banco Macro (7,7%) y Distribuidora de Gas Cuyana (6,7%). Horas antes, el balance de Metrogas había arrojado pérdidas millonarias, prueba de que “el efecto cuaderno” no es ni omnipresente ni suficientemente claro. Quizás sea en los bonos donde el descrédito argentino por un “escándalo de corrupción” (sin importar demasiado su color político) tenga más sentido. Con bajas de hasta 2,1%, tuvieron una mala jornada en Wall Street.

La calificadora Moody’s se refirió al escándalo el lunes. Si bien no bajó la calificación crediticia de Electroingeniería y Albanesi (cuyos principales directivos aparecen en la bitácora de Centeno desembolsando US$ 11 y US$ 4,3 millones respectivamente), advirtió sobre las eventuales consecuencias de la causa que tramitan el fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadío. El grupo energético Albanesi, incluso, debió cancelar una emisión de deuda de US$ 70 millones que tenía prevista luego de que su presidente, Armando Loson, quedara detenido.

El dólar cerró la jornada de ayer sin cambios, manteniendo su estabilidad en torno de los $ 28. Los cuadernos no produjeron el indeseado efecto que, sin embargo, tiene un antecedente: la crisis política desatada por el Mani Pulite italiano en 1992 también tuvo consecuencias económicas. Entre ellas, la depreciación de la lira.

Prima facie

El Riesgo País que mide JP Morgan fue otra de las noticias más o menos esperables dado el contexto: llegó a los 583 puntos el lunes y a los 596 el martes, el nivel más alto desde hace un mes. El gobierno de Mauricio Macri enfrenta un proceso con derivaciones impredecibles. El “conflicto de intereses” más inmediato tuvo su clímax el lunes con la declaración espontánea de Ángelo Calcaterra, primo hermano del presidente Macri. El ex titular de la constructora IECSA -que en marzo fue comprada por Marcelo Mindlin y en cuya conducción ahora está su hermano Damián, en reemplazo del también imputado Javier Sánchez Caballero- pidió declarar bajo la figura de “imputado colaborador”. Y si bien ya confesó que su accionar non-sancto se limitó a entregar dinero negro para la campaña de CFK bajo presión, sus vinculaciones con el caso Odebrecht podrían provocar más de un cimbronazo para la coalición Cambiemos.

Mientras los mercados ratifican que su confianza en el país depende exclusivamente de la continuidad de la administración Cambiemos, este Mani Pulite criollo atenta, al menos, contra el axioma que pedía enfriar la política para calentar la economía. Por otra parte, el calibre de las acusaciones pone en riesgo contratos de envergadura como los de la mendocina IMPSA (US$ 237 millones por obras en la Central Nuclear Embalse y el Reactor Carem), cuyo dueño Enrique Pescarmona está en la mira de la justicia y uno de sus directores, Francisco Valenti, ya está preso. Más intrigante es aún el futuro de las represas patagónicas cuya licitación ganó Electroingeniería en consorcio con la china Gezhouba: la tercera obra hidroeléctrica en proceso más grande que se le haya encargado a China. ¿Podrían las revelaciones del chofer desatar también un problema diplomático? Infobae aseguró que el flamante ministro de Energía , Javier Iguacel, le pidió al embajador de la República Popular que “sacaran del medio” a la empresa de Gerardo Ferreyra.

Además de las figuras políticas que ya están en prisión (Roberto Baratta) o enfrentarán una indagatoria (la ex presidenta), la gran novedad de esta causa son sus repercusiones en el sector privado. El director de Isolux Corsan Juan Carlos de Goycoechea, igual que Calcaterra, ya confesó como imputado colaborador. Mientras tanto, la lista del resto de los detenidos tiene nombres muy importantes:  Carlos Wagner, dueño de ESUCO y presidente de la Cámara Argentina de la Construcción; Walter Fagyas, ex presidente de ENARSA; Claudio Glazman, de Sociedad Latinoamericana de Inversiones; Carlos Mundin, de BTU.

Como apuntó Moody’s en su advertencia sobre la situación de las empresas que audita, las imputaciones “conllevan un claro riesgo de reputación y distraerán a la gerencia de las operaciones diarias”. Argentina en su conjunto enfrenta un dilema similar. La gerencia no puede distraerse.

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