Tres lecciones personales sobre emprender

14 de Noviembre de 2017 - Sebastián Stranieri

 


Hace diez años me propuse crear una empresa de ciberseguridad que compita regionalmente con las grandes compañías globales.

Muchos, incluso mis mentores, me decían que estaba loco, que desde América Latina no iba a tener la capacidad de innovar para competir. Hoy VU está presente en más de 14 países cuyas soluciones llegan a más de 130 millones de usuarios de la región y el resto del mundo a través de partners y alianzas como Microsoft y Cisco.

Después de esta primera década, debo decir que emprender no es tan fácil como uno cree. La flexibilidad, determinación y la coherencia son fundamentales para concretar el sueño. A continuación, comparto algunos aprendizajes que me ayudaron a dar el salto.

Lo que implica ser tu propio jefe

Es usual escuchar a esta como una de las principales razones para iniciar una empresa y generalmente está asociada con la idea de “manejar tus propios horarios”.

La realidad demuestra que ser tu propio jefe significa que te levantes a la hora que te levantes, deberás enfrentarte a vos mismo y estar consciente de aquello que sabés hacer y también lo que no sabés hacer tan bien.

Por eso, ser emprendedor es sobre todo un ejercicio consciente de autoconocimiento para mejorar progresivamente: un buen líder trabaja constantemente en superarse a sí mismo y transmite este valor a su equipo.

Causalmente, un año antes de emprender comencé a practicar Budismo, esta religión y filosofía de vida se centra en el desarrollo del potencial ilimitado de las personas y en lograr la felicidad propia y de los demás.

A través de este desarrollo interno y la presión por el desarrollo externo entorno a la empresa es que lleve en paralelo un proceso de aprendizaje, que ahora entiendo que va a terminar el día que me vaya de este mundo.

La venta va primero, luego el producto

Especialmente en el mundo tecnológico, algunos piensan que se debe contar con el producto terminado antes de salir al mercado a vender.

Sin embargo, un emprendedor lo primero que debe hacer es vender la solución sobre el problema que ha detectado y luego terminar de adaptarlo para resolver las necesidades de un cliente en particular.

La respuesta está en el nivel de profesionalismo con el cual uno presenta una propuesta basándose en una POC o un MVP, dando un alcance y tiempos reales, y que esa oportunidad nos ayuda a financiar el desarrollo de ese producto.

Un alto porcentaje de empresas suelen fracasar por no haber vendido a tiempo y lo suficiente.

Esto pasa cuando los CEOs están dedicados a crear el producto, en lugar de generar oportunidades. En las primeras etapas, la venta es aún más importante que el producto en sí.

Emprender sin socios también se puede

Aunque todos los manuales y todas las charlas acerca de cómo armar una empresa aseguran que debes contar con un socio, en mi experiencia también se puede emprender solo.

De hecho, se debe emprender solo si no se cuenta con alguien de extrema confianza cuyo perfil profesional sea complementario y que agregue valor. Además, el socio debe estar tan apasionado como nosotros con la idea de la empresa y estar dispuesto a correr el mismo riesgo.

En mi caso también, en VU estamos desarrollando un plan para que todos los miembros del equipo sean socios, cuando la compañía pasa a tener vida propia creo que la mejor forma de estar seguros del horizonte, es dándole realmente las riendas de las responsabilidades a quienes sumaste a tu proyecto.

Quien te diga que para tener una empresa debes tener sí o sí un socio, de alguna manera te está diciendo que, para cumplir tus objetivos, debes casarte, y no siempre es así. Hay muchas formas de alcanzar lo que buscamos.

Estas las tres cosas más importantes que aprendí durante estos años. Sin embargo, cada emprendedor tiene su camino y sus propias enseñanzas. Es cuestión de animarse a dar el primer paso y comenzar la gran aventura que es emprender.


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Saber vender: “Cien son mejor que mil”

 

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