Wang Xiaolin: “Argentina no debe preocuparse”

13 de febrero de 2020 - Tomás Rodríguez Ansorena

 



El encargado de Negocios de la Embajada China en Buenos Aires habla sobre la guerra comercial, el creciente intercambio con el país y la amenaza del coronavirus.

En un texto sobre el XIX Congreso del Partido Comunista Chino de 2017, el influyente politólogo Qiang Shigong explica que, si con Mao China se puso de pie y a fines de los 70, con Deng Xiaoping, se enriqueció, la nueva era de Xi Jinping es la de una “China poderosa”. Wang Xiaolin tiene sus reparos. Prefiere hablar del “robustecimiento” de China en el escenario internacional, “una China más confiada, recuperada del vilipendio, las invasiones y la pobreza del inicio del siglo XX”. Para el encargado de Negocios de la Embajada China en Argentina es importante desmarcarse del fantasma de la China expansionista: “A diferencia de otras potencias, China no pretende ser un país de hegemonía. Nunca ha invadido a otros países. El pueblo chino es amante de la paz”.

Lo indudable es que China es la gran protagonista del siglo XXI. Basta mirar a Argentina. Con relaciones diplomáticas que iniciaron en 1972, hoy ya es su segundo socio comercial detrás de Brasil. En 2019, Argentina exportó allí bienes por US$ 6.457 millones, el doble que el año anterior, y es la primera vez en décadas que logra el superávit comercial. El stock de la inversión china en Argentina ya superó los US$ 10.000 millones, y la contratación de obra está cerca de los US$ 20.000 millones, cifra similar al monto del swap de monedas que contabiliza como reservas el Banco Central. Infraestructura, energía, agro, telecomunicaciones, bancos, transporte público, autos, retail; con 70 empresas activas en el país, China está cada vez más presente en los sectores estratégicos de la economía argentina, y nada indica que esta tendencia se vaya a revertir. A pesar de cierta desaceleración de las tasas chinas, cisnes negros como el coronavirus (ver recuadro) o las amenazas constantes sobre un “aterrizaje forzoso” de semejante despegue económico, China sigue garantizando un crecimiento por encima del 6% anual, un mercado de 1.400 millones de consumidores y una masa de capital disponible para proyectos de cualquier tamaño y color. Desde el nuevo ferrocarril de Nigeria hasta una central nuclear en Argentina. Aun a pesar del declarado intento de Donald Trump por restringir su influencia en el mundo, el crecimiento de China parece imparable.

¿Cree que la guerra comercial colaboró con el aumento de las exportaciones argentinas hacia China?

El mercado de commodities siempre tiene altibajos y una volatilidad drástica. No podemos descartar estas diferencias entre China y Estados Unidos. Pero yo creo que la razón fundamental de este crecimiento radica en la cooperación de ambos gobiernos, especialmente a partir del acuerdo de asociación  estratégica firmado en 2014.  El año pasado se aprobó  el acceso al mercado de más productos argentinos, como la harina de soja, y llegaron dos embarques de carne porcina que fueron inéditos. En el mercado chino, la carne vacuna argentina o los langostinos son productos muy codiciados, de alta gama. Por eso creo que no debemos apegarnos al factor coyuntural.

Según el exembajador argentino en Washington había “sugerencias” del gobierno norteamericano sobre evitar negociaciones con China en “áreas sensibles”. ¿Cómo ven ustedes esa interferencia?

Usted sabe que somos firmes defensores del multilateralismo comercial. No estamos de acuerdo con las sanciones arbitrarias contra otros países, como el aumento de los aranceles, de los cuales Argentina ha sido también víctima. China fomenta una relación abierta en el intercambio comercial; no hay ninguna amenaza por parte de China. Esa es una exageración de Estados Unidos, partiendo de algunos intereses políticos del gobierno. De hecho, las empresas norteamericanas tienen muy buena relación con las empresas chinas.

¿Y cómo cambia este panorama con la Fase 1 del acuerdo con Estados Unidos?

China y EE.UU. suscribieron este acuerdo sobre la base de la igualdad y el respeto mutuo para solucionar las diferencias comerciales. Todavía no es la solución final, pero es un paso muy importante porque ayuda a China  a seguir abriéndose. Y, no menos importante, ayuda a eliminar la desconfianza y la inestabilidad en el mercado global. Nosotros creemos que no se trata de cómo repartir la torta sino cómo hacerla más grande. En este sentido, Argentina no debe preocuparse. El mercado ya está abierto y no se va a cerrar ninguna puerta.

Bolsonaro, en la cumbre de los BRICS, anunció sus intenciones de entablar un acuerdo de  libre  comercio  con  China,  lo cual rompería el esquema de Mercosur. ¿Cómo lo ven ustedes?

China siempre defiende y promueve el libre comercio a nivel internacional. Y ya hemos firmado tratados con distintos países de Latinoamérica, como Chile o Perú. Siempre tuvimos un gran interés en Mercosur; es un socio sumamente importante para China. Sabemos que existen algunos sectores industriales que tienen reticencia a esto, pero nosotros queremos un tratado que sea beneficioso para todos. Estamos dispuestos a negociar con todo el Mercosur, incluyendo a Argentina.

“No hay ninguna amenaza por parte de China. Esa es una exageración de Estados Unidos, partiendo de algunos intereses políticos”.

En proyectos como la nueva central nuclear se debate aquí el nivel de mano de obra o de control sobre la tecnología. ¿Qué puede decir sobre eso?

La verdad es que en casi todos los proyectos que desarrollamos aquí la mayor participación es de argentinos. ICBC, por ejemplo, tiene una veintena de chinos trabajando aquí. Y en las represas de Santa Cruz, igual. En Argentina son los argentinos quienes toman el cuerpo principal del proyecto. Lo mismo va a pasar con este proyecto, si se realiza. Nuestra idea es enviar técnicos para formar a los técnicos argentinos. Pero para su realización vamos a depender sobre todo de los argentinos. En estos grandes proyectos, como el financiamiento es chino, debe haber un contenido chino: así lo establece nuestra ley. Pero además hay legislación argentina que establece un porcentaje de participación. Y lo respetamos totalmente.

¿Cuánto podría costar este proyecto y cómo influyen indicadores como el riesgo país a la hora de evaluarlo?

Por el momento no tenemos una cifra precisa, pero tomando como referencia proyectos si millares, se estima un monto entre US$ 7.000 y US$ 8.000 milones. Nosotros evaluamos todos esos indicadores de forma integral. No nos enfocamos en uno específico. Y todo esto en función de un proyecto determinado. Lógicamente, hay que analizar las viabilidades comerciales, y ahí creemos que las empresas deben ser las protagonistas. El Gobierno lo que hace es ofrecer apoyo y facilidades para que puedan avanzar en esas negociaciones.

¿Qué es la Iniciativa de la Franja y la Ruta y cómo podría beneficiar a Argentina?

Es un producto público internacional que se origina en China pero da beneficios a todo el mundo. Se pensó sobre la base de la histórica ruta de la seda, y abre oportunidades financieras y de infraestructura, energética y de telecomunicaciones entre distintas regiones. China ya firmó este documento con 19 países de Latinoamérica, y con la anexión de Argentina podríamos ampliar nuestras oportunidades de trabajo con otros mercados. Por ejemplo, una red de transmisión eléctrica regional, para lo que necesitamos el acuerdo de diferentes países. China tiene capital, experiencia y desarrollo de tecnología. Y Argentina, una ubicación geográfica privilegiada y una larga experiencia de cooperación e inversión, además de sus recursos naturales y recursos humanos muy bien cualificados. Lo que intentamos es convertir esas ventajas en resultados económicos. Es un completo ganar-ganar.

LA AMENAZA VIRAL

Al 11 de febrero, el coronavirus contaba 44.635 casos en total, 1.113 de ellos mortales y 4.740 recuperados. “La mayor amenaza que presenta es su desconocimiento y la falta de medicación, porque su toxicidad (casos mortales) es del 2%, en comparación con el 10% de SARS o 35% de MERS”, dice Wang. “Pero es la absoluta prioridad del gobierno hoy”, afirma. Por eso decidió suspender actos multitudinarios y actividades en empresas, cortar las vías que conectan con la zona de brote (Wuhan), y está recomendando cancelar los viajes internacionales hacia China. “Solo en casos necesarios la gente puede viajar”, dice Wang. “Es una medida sin precedentes porque significa un gran sacrificio económico y humano”. Hay 12 ciudadanos argentinos que viven en Wuhan pero todos han decidido quedarse. “El gobierno está proveyendo garantías de salud y seguridad. Si deciden salir, vamos a ofrecerles ayuda, también”.

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