Ranking Forbes: prejuicios, mitos y desafíos de la nueva generación

14 de junio de 2019 - Alex Milberg

 



Hace 102 años, un columnista de finanzas decidió lanzar su propia revista. Aportó su capital y su apellido para el título y lanzó Forbes Magazine: “Dedicada a las personas que hacen y a sus obras”. El espíritu de ese título atravesó cuatro generaciones y se expandió en todo el mundo, donde hoy existen 40 licencias. Forbes Argentina es una de ellas.

Las “listas” o “rankings” de billionaires, fortunas estimadas en más de mil millones de dólares, se publicaron por primera vez en 1987. Desde entonces, se replica cada año y es una referencia para comprender el tamaño, las industrias y los protagonistas de la economía y los negocios a lo largo del tiempo. A ese ranking original se añadieron otros más diversos y extensivos a empresas y personas. Cada país contribuye en la investigación para determinar las fortunas o patrimonios locales. La metodología aplicada se toma de Forbes US, y la cifra publicada suele ser muy menor que las cifras reales. Se toman como referencia balances oficiales de las empresas que cotizan, que a su vez sirven como parámetro para empresas similares en tamaño e industria pero que no cotizan. También se considera información pública (aportada por los propios protagonistas y medios) e información aportada por socios, exsocios y hasta exesposas. Siempre con la documentación correspondiente.

Siempre, antes de publicar, se consulta a todos los protagonistas si sugieren aportar información que permita llegar a la cifra final con la mayor precisión y transparencia. A la vez, estas cifras son una referencia, al mismo tiempo que las cotizaciones de las empresas también son volátiles y cambian día a día.

En Argentina, al igual que en España o Italia, los empresarios preferirían no salir mencionados. Las razones son diversas. Motivos culturales o religiosos. Temor a la inseguridad. O al fisco. Al mismo tiempo, la clase empresarial en la Argentina padece en todos los foros por su mala imagen ante la sociedad: “Por pocos casos salpicados de corrupción, pagamos todos”, se lamentan. Una de las formas de modificar esta imagen sería aceptar un rol protagónico e inspirador, donde poseer sus fortunas no fuera un valor en sí mismo, sino la consecuencia de emprender, generar miles de empleos, fracasar, resucitar y volver a intentarlo con visión y coraje.

La inseguridad es un temor comprensible, sobre todo en familias que fueron víctimas de secuestros extorsivos, en general hace treinta y cuarenta años, en la época más violenta de nuestra historia. La inseguridad hoy sigue siendo un problema vital de nuestra sociedad pero sobre todo en los sectores más vulnerables, que no tienen ningún medio de protección. El temor al fisco se refleja en un país con cuentas récord en el exterior, fuga de capitales y blanqueos cíclicos a lo largo de la historia.

Pero los empresarios cuya fortuna tiene un origen transparente, con vidas capaces de inspirar a millones de argentinos, tienen la posibilidad de asumir un nuevo rol y no temer frente a un ranking que solo expresa el resultado del esfuerzo y la eficacia. “El éxito es mala palabra en la Argentina”, se quejan algunos. Abandonar el perfil bajo, el pánico escénico y el misterio son algunas de las maneras de transformar prejuicios y convertirlos en historias dignas de ser contadas. Warren Buffett y Bill Gates toman el ranking de Forbes para llamar por teléfono a sus colegas y pedirles que aumenten sus participaciones filantrópicas. ¿Se animarán aquí las nuevas generaciones, como la de Marcos Galperín –el más joven de la cima de este ranking–, a tomar ese rol? Hay una nueva camada de empresarios que prefieren llamarse emprendedores. El desafío del cambio cultural también está en sus manos.

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