Rafael Grossi, el argentino que audita el programa nuclear de Irán: “Es un momento muy delicado”

24 de enero de 2020 - Tomás Rodríguez Ansorena

 



El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica es el encargado de controlar el programa nuclear iraní, uno de los puntos más sensibles para la estabilidad en Medio Oriente.

Rafael Grossi trata con Irán hace al menos 15 años. Su primer contacto ocurrió como jefe de gabinete de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, cargo que ocupó entre 2002 y 2007. Ese mismo año, fue designado por el canciller Jorge Taiana para asistir diplomáticamente al fiscal Alberto Nisman en la Asamblea Anual de Interpol, en Marruecos. Argentina debía convencer a los países miembros de convalidar las alertas rojas para las órdenes de captura de los 6 iraníes acusados por el juez Canicoba Corral por su presunta participación en el atentado a la AMIA. “Ganar esos votos requería una intensa negociación”, recuerda hoy el diplomático argentino, que aparece en una de las imágenes de archivo del reciente documental de Netflix, Nisman: El fiscal, la presidenta y el espía. Argentina finalmente ganó esa votación, uno de los hitos diplomáticos en la destacada carrera de Grossi, quien, entre otras cosas, fue clave para el hallazgo del ARA San Juan.

En 2010, ingresó como director adjunto en la organización que hoy preside. OIEA es el organismo de la ONU que supervisa los programas atómicos de todo el mundo con un ojo en la no proliferación y otro en la seguridad de las centrales nucleares. Con aquel cargo volvió a dirigir misiones de inspección en Irán, pero nunca tuvo sobre sus espaldas el peso de la responsabilidad que lleva hoy. Apenas dos días después de su asunción formal como director general, Estados Unidos asesinó a Qasem Soleimani, el tercer hombre más poderoso de Irán, un hecho bisagra para la tumultuosa relación entre ambos países, particularmente rota desde que, en 2018, el presidente Trump decidió salir unilateralmente del acuerdo nuclear firmado en 2015 por su antecesor, Barack Obama. El Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), firmado por Gran Bretaña, Francia, Alemania, China y Rusia, además de EE.UU. e Irán, estipula(ba) restricciones al desarrollo nuclear iraní a cambio de aliviar las sanciones económicas que pesaban sobre Irán, especialmente su petróleo. 

La OIEA, desde entonces, tiene la tarea de controlar el nivel de cumplimiento de Irán sobre un acuerdo cuya contraparte principal se empeña en sabotear hace dos años: para Donald Trump, con el acuerdo, Obama le entregó US$ 150.000 millones a Irán «para financiar al terrorismo”. Y tras la muerte de Soleimani, la presión creció aún más. No sólo aumentaron las sanciones (hoy se anunciaron medidas contra empresas chinas y árabes que hacen negocios con el Irán), sino que Trump insiste con que los miembros europeos abandonen el acuerdo nuclear. Alemania, Francia y Gran Bretaña, frente a esto, encontraron un camino intermedio y activaron una cláusula de solución de conflictos que se resolverá con una reunión multilateral en febrero. “Hay una situación de entredicho, por llamarlo de alguna manera”, explica Grossi. “Estados Unidos se retiró unilateralmente, y luego Irán ha ido tomando una serie de pasos sucesivos que lo han ido llevando a reducir el cumplimiento de algunos de los compromisos y estipulaciones de ese acuerdo”.

¿Eso significa que Irán está enriqueciendo más uranio o algo más?

No solamente eso. Está produciendo más agua pesada (que modera reactores plutonígenos, que son la otra vía para la producción de armas nucleares) de la que debería producir, está introduciendo nuevos tipos de centrífugas; una cantidad de restricciones que Irán ha ido anunciando que deja de cumplir porque considera que la otra parte no ha cumplido con el acuerdo tampoco.

¿Cómo es hoy el día a día de la auditoría?

Nuestros inspectores siguen estando en Irán, verificando la situación allí. Y lo que hacemos nosotros, a través de mis reportes a la junta de gobernadores, es informar periódicamente sobre la situación en el terreno. Y ahí los Estados sacan sus conclusiones y harán lo que consideren necesario. Nosotros somos inspectores, auditores, indicamos cuál es la situación en el terreno.

¿Cómo es la relación de los auditores con las autoridades iraníes?

Es una relación normal, profesional, fría, propia de un auscultante con un auscultado. Y donde Irán tiene que cumplir con los protocolos de verificación. Si así no lo hiciese, yo tengo la obligación de denunciarlo. 

¿No hay ningún grado de incumplimiento que pueda romper técnicamente el acuerdo? ¿O depende siempre de una decisión política?

Depende de una decisión política. Con el sistema de solución de controversias se inició un proceso de consultas diplomáticas entre los países para determinar cuáles son los pasos a seguir. Ese es un mecanismo muy complejo, con muchos requisitos intermedios, que puede resultar en la solución del entredicho que se está viviendo, o puede referir a Irán al Consejo de Seguridad de la ONU. Pero eso ya es especulativo. En ese terreno, no ingreso.

¿Cuáles son las razones precisas que invoca Irán para  no cumplir con el acuerdo?

Esto es un quid pro quo. Lo que buscaba Irán era la eliminación de las sanciones económicas que pesaban sobre el país. Y ellos consideran que esto no se ha logrado. Este fue un acuerdo puramente transaccional donde Irán se comprometió a limitar su programa nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones económicas. Y como esto no ha ocurrido, dejan de cumplir con el acuerdo.

Rafael Grossi en los laboratorios del OIEA.

¿La agencia tomó medidas de seguridad especiales luego de la muerte de Soleimani?

Sí, se tomaron algunos recaudos sobre los inspectores. No puedo entrar en detalle, pero la seguridad de nuestros funcionarios es prioritaria. Le hemos solicitado a Irán que vele por su seguridad. Tenemos que ser conscientes de que la situación en el país no es fácil. 

¿Qué particularidades tiene Irán según tu experiencia diplomática?

Han sido siempre temas delicados los que me ha tocado tratar con Irán, por lo tanto es una ventaja porque tengo un cierto conocimiento de las personas involucradas, de su cultura, de la estructura del Estado, de sus instituciones y de las responsabilidades que tiene. Y eso es muy importante porque es muy diferente negociar con un país del Oriente Medio de tradición persa, que negociar con un país latino, europeo o incluso un país árabe. Toda esa experiencia y conocimiento, quiero pensar, me ha sido útil para comprender -un buen negociador siempre debe comprender- las intenciones, motivaciones y las prácticas de la contraparte para tener éxito. 

¿Cuál es tu opinión sobre el acuerdo que se firmó en 2015?

Como director general, no tengo opinión sobre el acuerdo, no puedo tenerla. 

¿Se podría decir que el programa nuclear iraní bajo el acuerdo era menos riesgoso que el programa nuclear iraní fuera del acuerdo?

Yo diría otra cosa. El programa nuclear iraní está bajo la observación de la comunidad internacional hace muchos años. El JCPOA es un acuerdo al que se llegó en determinado momento y que impuso algunas restricciones. Que esas restricciones dejen de existir por supuesto que no es algo positivo. Pero yo no atribuyo a un acuerdo particular ventajas o desventajas. Yo tengo que atenerme al mandato técnico que tengo. 

¿En qué consiste la actividad del director del OIEA?

La tarea de un director general de un organismo como este es muy demandante. Esta organización es una de las más importantes de las Naciones Unidas y tiene una agenda amplísima. La gente conoce los aspectos vinculados a la no proliferación y cuestiones más atractivas políticamente, como Irán o Corea del Norte, pero la agencia tiene una actividad permanente y constante referida al establecimiento de estándares de seguridad para la generación nuclear en centrales de todo el mundo, tiene una agenda muy activa en materia de promoción de la cooperación técnica en favor de países en desarrollo; tiene una agenda muy importante en materia de medicina nuclear. La tarea es inmensísima y, por lo tanto, exige una dedicación total. Y es una tarea que asumo con mucha intensidad pero también mucha alegría. Mi candidatura a la dirección general fue una candidatura de Estado, apoyada por todo el sector nuclear argentino y por todas las fuerzas políticas. Yo fui presentado por el presidente Macri pero el presidente Fernández apoyó muy generosamente la candidatura. Soy apenas el sexto director general en la historia del organismo, por lo cuál es un puesto muy codiciado, muy buscado, y que nos toque a los argentinos es una situación que merece ser destacada.

Se discutió bastante últimamente sobre el acuerdo de Argentina con China para construir una cuarta central nuclear en el país, ¿cuál es tu opinión sobre el tema?

Bien, es una negociación que inició durante el gobierno de la Dra. Cristina Fernández, continuó con el Ingeniero Macri y todavía no sabemos cómo puede evolucionar con la nueva gestión. Yo creo que el programa nuclear argentino es un programa positivo, que está creciendo, que aporta energía de base muy estable, que no tiene emisiones de gases de efecto invernadero y que consolida un sector muy importante para la Argentina.

Y una cuestión más técnica: finalmente, esa central tendría un reactor chino Hualong y no uno CANDU, como los que ya tiene Argentina. ¿Cómo lo ves?

Es una decisión política. Las centrales CANDU son buenas, Argentina tiene una muy buena central cuya vida ha extendido muy exitosamente, en un proceso modélico con Canadá. Hablo de la Central de Embalse. Las centrales Hualong son muy buenas también. Creo sí que Argentina debería diversificar su flota ya que está basada en la combinación de uranio natural y agua pesada, y el 80% de los reactores en el mundo son de agua liviana y uranio enriquecido. Por lo tanto, en el momento que Argentina lo juzgue oportuno, ingresar esa tecnología sería interesante. Yo no tengo una preferencia por una tecnología. Lo que sí, Argentina tiene total capacidad para desarrollar una u otra.

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