Por qué el coronavirus ya cambió al dinero para siempre

7 de abril de 2020 - Forbes US

 



Las consecuencias económicas del cierre de las economías globales serán duraderas y el cambio en la forma de crear, distribuir y gastar dinero también. Para bien o para mal, nunca volverá a ser como antes.

A fines del mes pasado, el presidente de EE.UU., Donald Trump, sancionó un megapaquete de emergencia de US$ 2 billones —el rescate más grande de su tipo en la historia del país— para tratar de compensar la devastación económica causada por la pandemia del coronavirus.

Cada estadounidense que gane menos de US$ 75.000 por año recibirá un pago único de US$ 1.200 y US$ 500 por hijo.

Por su parte, la Reserva Federal de EE.UU. le tiró US$ 4 billones más a la economía del país. El organismo inyectó más de US$ 1 billón en el sistema en las últimas semanas y su director, Jerome Powell, prometió niveles inéditos de impresión de dinero y flexibilización cuantitativa ad eternum con un programa de compras ilimitadas de bonos.

La Fed también recortó su tasa de interés de referencia a casi cero y se aseguró de que los bancos comerciales sigan prestándoles a empresas, ciudades y estados. Todas estas medidas extraordinarias sumarían US$ 4.500 billones a los pasivos de la Fed este año, muy por encima del crecimiento durante la crisis financiera global de 2008.

Los ministros de finanzas de la eurozona también aprobarían inyecciones de fondos para los países que luchan contra la pandemia en todo el continente.

Los entes reguladores de las finanzas del resto del mundo liberaron unos US$ 500.000 millones en capitales para ayudar a las entidades de préstamo a absorber el impacto de la pandemia de COVID-19, según los cálculos que publicó este fin de semana el diario londinense Financial Times.

Se espera que estas intervenciones mantengan el flujo de crédito pese a la paralización de empresas y puestos de trabajo, pero se revertirán muchos de los requisitos implementados después de la crisis financiera para impedir que los bancos vuelvan a meterse en problemas.

Pese a la gigantesca intervención coordinada de los bancos centrales y Gobiernos de todo el mundo, la economía global se encamina a su bajón más pronunciado —y por mucho el más rápido— desde la Gran Depresión de hace casi un siglo.

Esta situación (medidas económicas inéditas de estímulo combinadas con órdenes que restringen el gasto) no aparece en ningún manual de economía ni se enseña en ninguna escuela de Administración. Nadie sabe a ciencia cierta cuáles serán los efectos a corto, mediano o largo plazo.

Además de los récords económicos que están batiendo y las barreras a la política monetaria que se están levantando, también cambió la forma de usar el dinero.

El efectivo prácticamente se evaporó, lo que transformará a empresas como Visa y Mastercard en controladoras del gasto.

En Reino Unido, el uso de efectivo se redujo a la mitad en cuestión de días en marzo porque cerraron los comercios y a la gente le preocupaba que los billetes y monedas pudieran transmitir el virus, según informó el principal operador de cajeros automáticos del país.

En todo el mundo, muchos comercios —entre ellos algunos supermercados y cadenas de almacenes— optan por operar exclusivamente con tarjeta. Afirman que este cambio regirá solamente durante la crisis de coronavirus, pero parece poco probable que se revierta algún día.

Los planes para crear un dólar digital, que ayer nomás eran un sueño distante de los think tanks de ideas progresistas en lo fiscal, aparecieron en un anteproyecto del estímulo de US$ 2 billones votado por ambos partidos, si bien después se descartaron. Sería toda una revolución para la banca de EE.UU. y un cambio fundamental para el sector financiero.

Por su parte, Francia está avanzando con las pruebas del euro digital.

Los trastornos económicos y monetarios de los últimos 30 días llevaron a algunos a comprar activos digitales escasos como el bitcoin y convencieron más todavía a sus devotos de que las criptomonedas son el futuro.

“No veía tanto crecimiento del interés orgánico por el bitcoin en mis círculos externos a las criptomonedas desde comienzos de 2017”, tuiteó la semana pasada un famoso inversor en el sector, Ari Paul.

En 2017, el precio del bitcoin se disparó de menos de US$ 1.000 al comienzo del año a cerca de US$ 20.000 menos de 12 meses después, en gran parte por la explosión de demanda de gente que no se quería perder la oportunidad.

Algo parecido podría estar por darse ahora, si bien los motivos son completamente distintos.

El marxista revolucionario Vladimir Lenin afirmó: “Hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que transcurren décadas”.

Estas son esas semanas.

 

Autor: Billy Bambrough

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