Paul Hobbs: “Argentina es como Francia”

20 de abril de 2019 - Pancho Barreiro

 



El reconocido enólogo Paul Hobbs llegó al país hace 30 años y se lo considera uno de los responsables de posicionar al vino argentino en Estados Unidos. El Mr. Cabernet Sauvignon que se enamoró del Malbec argentino.

Paul Hobbs Apertura Nota

De California hasta Armenia; de Francia hasta Mendoza. Paul Hobbs es uno de los winemakers más importantes del mundo. Hay quienes le adjudican ser el descubridor de los Malbec argentinos y de posicionar a California en el mapa vitivinícola mundial. Tanto es así, que en 2013, Forbes US lo bautizó como el “Steve Jobs del vino”.

Viña Cobos es la bodega que fundó junto a Andrea Marchiori y Luis Barraud en 1998 en tierras argentinas. En 2016 cambió de socios cuando el matrimonio decidió vender su 50% al grupo Molinos (Pérez Companc) por US$ 12,1 millones. “Sigo a cargo de toda la enología; esta es mí área y nadie se mete ahí”, aclara Hobbs.

Sus momentos de descanso suelen ser arriba de un avión que no cuenta con wi-fi y logra desconectarse del mundo por unas horas. Apenas aterriza en la Ciudad de Mendoza dedica un día entero a recorrer viñedos junto con su equipo enológico. Prueba uvas, examina suelos y conversa sobre los puntos de cosecha.

Ante la simple pregunta de si le gustan más los viñedos que el trabajo en la bodega, Paul Hobbs aclara que le gustan los dos. Sin embargo, de a poco empieza a dudar sobre su respuesta: “Pero el vino es la expresión de la uva… me encantan los viñedos. En realidad, creo que sí: me gusta más el viñedo”, dice entre sonrisas. “Los viñedos son más interesantes. Las bodegas son bodegas: hormigón, barricas, huevos, vino… la bodega es más como la cocina, pero lo fundamental son las uvas”.

Paul Hobbs Mendoza

Paul Hobbs y su llegada a Mendoza

“Antes se conocía a Argentina por sus gauchos, el polo… pero no por el vino. Se decía que eran vinos malos”. Su llegada al país se dio en 1988 mientras trabajaba en Chile. Fue en aquel momento cuando Nicolás Catena Zapata lo convoca para ver el potencial de los Cabernet Sauvignon mendocinos: de Hobbs se sabía que era famoso por posicionar en el radar del vino a los Cabernet californianos y hacer de ellos una gran reputación que aún conservan. Algo similar quería lograr Catena.

“Vine en auto desde Santiago. En ese momento no conocía nada. Cuando llegué, en marzo –plena vendimia–, desde el auto empecé a conocer una parte de Mendoza que no todos pueden ver. Yo estaba fascinado”. Paul comenzó a probar uvas y a catar diferentes vinos. Si bien encontró potencial en el Cabernet, fueron los Malbec lo que más lo sorprendió.

“Antes había muy poca gente que supiera hacer Malbec, creo que Raúl de la Mota era casi el único que los hacía bien. Hace 30 años no existían Malbec buenos”, recuerda y aclara: “Ahora no. Argentina cambió muchísimo en muy poco tiempo, hoy hay bodegas que son first class en el mundo. Se hacen vinos mucho más elegantes”.

¿Qué fue lo que te enamoró de Argentina?

Lo primero: la gente. Acá hay personas exquisitas, que tienen pasión, amor. Son muy cálidos. Por otro lado, el clima y el lugar son preciosos. No conozco otra parte del mundo como Mendoza. Mi padre habla de Mendoza desde que yo era chico. Nací en Búfalo, donde teníamos una finca con peras y manzanas. Y él habla mucho de dos lugares en el mundo: California y Mendoza… y él no conoce Mendoza.

Sos asesor de grandes bodegas en todo el país, ¿por qué decidiste tener una propia?

Trabajé mucho tiempo en Catena y veía como crecía y crecía, y yo pensé: “Quiero algo para mí”. Todo asesor que trabaja como asesor llega un momento que quiere su propio proyecto. Ahí conozco a Andrea Marchiori y Luis Barraud y empezamos a trabajar juntos. En ese momento era un bodega pequeña, pero con mucha pasión y dedicación. Formamos un gran equipo.

Tu Malbec argentino ya está posicionado en el mundo, ¿fuiste a buscar lo mismo a Cahors, la cuna del Malbec?

Cahors es otra cosa. Otro clima y otro suelo. Los Malbec tienen otro perfil, el problema de Cahors, hace diez años, era que las bodegas y el trabajo eran malos. Ahora empezó a cambiar gracias al trabajo en la viña, se van haciendo cosas interesantes, casi del estilo del Valle de Uco, pero con otro clima. Es un lindo lugar, aunque aún no tiene una buena reputación en el mundo.

Se suele decir que los Malbec argentinos son los mejores del mundo, ¿se puede lograr lo mismo con nuestros Cabernet Sauvignon?

Sí, pero esa siempre es una pregunta complicada. Es algo que me preguntan siempre. ¿Quién tiene el mejor Cabernet Sauvignon del mundo? ¿Bordeaux, Napa, Argentina?

¿Y entonces cuál es?

El más caro es el de Bordeaux, el que tiene más historia, más cultura… pero no sé cuál es el mejor. Cuando uno prueba vinos a ciegas, los mejores Bordeaux muchas veces no llegan a los primeros lugares. Hay oportunidades, pero hay que trabajar.

Paul Hobbs

El equipo de Viña Cobos: Facundo Impagliazzo (Gerente de viñedos), Andrés Vignoni (Enólogo),
Ariel Nuñez Porolli (Presidente) y Paul Hobbs (Enólogo y dueño).

¿Argentina tiene esa oportunidad con Cabernet?

Sí, sobre todo con el Cabernet Franc, que son muy especiales y tiene mucho potencial. Argentina es como Francia, es grande y tiene zonas que pueden destacarse por sus cepas, como es el caso de la Patagonia con el Pinot Noir. Argentina tiene que redefinirse y reencontrarse, necesita tiempo y trabajo. Hay que estudiar los terroir. Ahora se sabe más, se conoce el potencial del Valle de Uco, de Luján de Cuyo, de Las Compuertas… pero hay que trabajar.

¿Y los blancos?

La gente de afuera no conoce los blancos argentinos y tienen una gran oportunidad para abrir nuevos mercados. Con calidad y foco pueden crecer. Los primeros vinos de Catena fueron los Chardonnay, no los tintos. Después Cabernet Sauvignon, y después el Malbec. Los blancos crecen mucho, desde el Chardonnay hasta el Semillon.

Últimamente se habla mucho de la caída del consumo de vino en Argentina, pero en el mundo sigue creciendo.

Crece en China, en Estados Unidos, en México, son mercados en crecimiento. Hoy hay mucho vino en el mundo, pero también hay muchos malos. Yo no tengo miedo porque somos pequeños, pero de calidad. La gente empieza a tomar vino de calidad, los que tienen empresas de vinos masivos pueden estar en un problema, pero no es nuestro caso y no voy a preocuparme por ese tema (se ríe).

¿Y por qué sí hay que preocuparse?

Por seguir trabajando y aprendiendo sobre los terroir argentinos.

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