Marcelo Elizondo: “El acuerdo China-EE.UU. es positivo para Argentina”

20 de enero de 2020 - Tomás Rodríguez Ansorena

 



El especialista en comercio internacional analizó el escenario que deja para la Argentina la “Fase 1” de la paz comercial entre las dos potencias más grandes del mundo.

La primera evaluación es que el acuerdo es positivo”, afirma Marcelo Elizondo, director de la Consultora DNI (Desarrollo de Negocios Internacionales), uno de los profesionales más respetados del comercio exterior en el país. “Latinoamérica es la región menos dinámica del mundo en materia de comercio internacional, aquella en la que menos crecen las exportaciones e importaciones. No solo con el resto del mundo sino entre los propios países de la región. Por lo tanto, un escenario de más estabilidad y armonía surgido del acuerdo entre EE.UU. y China genera un ambiente más favorable. El conflicto y la fricción son mejor manejados por las grandes economías. Para las economías emergentes, lo ideal es la estabilidad”.

De hecho, la crisis de 2018 puede explicarse -en parte- con la guerra comercial.

Exactamente. Latinoamérica tiene un problema endógeno, de muy poca inserción internacional en general, en muchos casos motivados por sus problemas internos. Entre otros, porque solamente exporta commodities. Desde el hierro brasileño y la soja argentina hasta el cobre chileno y el petróleo colombiano. Entonces, cuando no hay buenos precios, como en este momento, cuesta más. Y si a esto le agregás las controversias de la guerra comercial, empeora el escenario. Básicamente, este acuerdo da un poco más de previsibilidad. Se supone que con este acuerdo, vamos a tener menos volatilidad en cotizaciones, tipos de cambio, precios y hasta algún incentivo para invertir en negocios internacionales. 

Según algunos analistas, la guerra comercial habilita oportunidades para captar una porción mayor del mercado chino, especialmente en dos sectores: hidrocarburos no convencionales y granos. ¿Qué opinás?

Yo creo que el saldo del conflicto entre Estados Unidos y Chino es negativo, más allá de esta posibilidad de abrir más mercados chinos. ¿Por qué? Porque la guerra comercial define precios y quizás podés vender más soja, pero el precio cae porque queda sobrante de Estados Unidos, que por otra parte, es mucho mayor que tu oferta. Y además, Estados Unidos empieza a pesar más en mercados donde vos ya estás, como es el caso de India. El resultado final no es mejor. Por lo tanto, a Latinoamérica y Argentina le convienen los escenarios de previsibilidad y largo plazo. En el caso del shale, por el lado del gas, que requiere altísima inversión, se justifica cuando los precios son altos, que no es el caso hoy.

Prácticamente no hay mercado para el gas hoy con estos precios.

Y además, hay otros factores que influyen en el petróleo, como los conflictos en medio Oriente, con lo cuál, otra vez, lo que le conviene a la Argentina es que los precios no caigan demasiado para que se justifique la inversión.

¿Qué observás de los primeros movimientos del Gobierno en torno al comercio internacional? Más allá de que la negociación de la deuda parece estar paralizando todo.

Sabemos poco. El Gobierno ha tomado algunas medidas de corto plazo que afectan la perspectiva del comercio internacional como el desdoblamiento cambiario, que es una mala noticia para el exportador siempre. Hoy tenés un dólar de mercado que supera con creces el dólar oficial, con lo cuál se termina desalentando al exportador.

¿Hay problemas para acceder al dólar oficial para importar insumos?

No hay dificultades directamente cambiarias. Pero sí hay bastante preocupación en los importadores por estas nuevas exigencias. Por ejemplo, el ministerio de Producción les está exigiendo la presentación de un formulario con un montón de previsiones que las empresas no están en condición de responder porque no tienen capacidad de prever. No hay capacidad de predecir cuando tenés tanta incertidumbre. Entonces, entre los importadores esto es visto como un anticipo de una eventual dificultad, lo mismo que las licencias no automáticas. Pero son más temores que problemas concretos. Tanto para el acceso a divisas como la propia autorización para importar. 

Entonces, tenemos un panorama donde se complejiza la importación y el desdoblamiento cambiario perjudica al exportador. A eso hay que sumar las retenciones al agro, el retraimiento en el financiamiento en dólares… no veo muchos incentivos para que este año crezcan las exportaciones. Quizás la recuperación de Brasil haga crecer las exportaciones industriales, pero me imagino un año con no demasiado crecimiento respecto del año pasado. Y las importaciones, quizás un poco más altas también, pero solo porque no pueden seguir cayendo. 

Después de 2001, hubo un boom de cultivos alternativos y economías regionales. ¿Creés que pueden ser un motor de crecimiento o siguen siendo marginales?

En el marco general, el aporte de estas frutas o carnes especiales es muy poco. El grueso de las exportaciones argentinas es la soja, el maíz, el trigo, la carne, el pescado, y después productos industriales: los autos, químicos y plásticos. Es cierto que se abrieron mercados para frutas y carnes, pero aún cuando crezcan mucho, no modifican el resultado del país. 

¿Y la economía del conocimiento?

Ahí depende de qué entendamos por economía del conocimiento. Todo el mundo dice que exportamos US$ 6.000 millones. Las exportaciones de bienes físicos, el año pasado, fueron algo más de US$ 65.000 millones. Las exportaciones de servicios adicionales, más o menos son US$ 15.000 millones. De eso, entre US$ 6.000 millones y US$ 7.000 millones son servicios basados en el conocimiento. Yo ahí sí creo que se puede crecer porque Argentina tiene buenos profesionales, empresas internacionales, buena infraestructura. El problema es que eso requiere inversión y un tipo de cambio apropiado. Si la Argentina tiene inflación, que afecta a los costos, y atraso cambiario, que hace que el exportador cobre, como pasa hoy, dólares a precio oficial y pesificados, la ecuación es complicada. 

En ese segmento en particular, donde el recurso humano es el principal activo, Argentina está barata (en dólares). ¿Podría ser un incentivo?

Sí, pero cuando vos pensás cualquier proyecto de exportación, planificás al menos a un año. Yo no estoy tan seguro -no digo que no va a ocurrir- de que esta ventaja de costos medidos en dólares se vaya a mantener. Tenés una inflación que este año va a estar seguramente entre el 40% y 50%, ¿y qué va a pasar con el tipo de cambio? Como dicen muchos economistas, el principal ancla contra la inflación va a ser el retraso cambiario. Yo no digo que esto sea un problema objetivo, sino que es una duda que le surge a alguien que tiene que implementar un programa.

El último informe del Banco Mundial dice que 2019 habrá sido el año de menor crecimiento desde la crisis financiera y que 2020 estará apenas por encima. ¿Creés que el mundo ya tocó su piso o que hay más peligros?

Es difícil de predecir. Sí creo que uno de los factores para ese pesimismo es la guerra comercial, que si se disipa podría despejarte un problema. Pero pueden aparecer otros conflictos, como por ejemplo Medio Oriente, que te incide en petróleo. Si la guerra comercial se termina arreglando, las dos principales locomotoras que tiene el mundo, que son Estados Unidos y China, se van a potenciar. Yo veo bien a Estados Unidos, a China todavía creciendo a un 6%, bien a Asia pese a algunos problemas, y después veo mal a Europa y flojo al resto del mundo. Así que creo que vamos a tener mucha disparidad.

Más allá de los temas cambiarios y esa dolencia crónica de previsibilidad, ¿en qué sectores creés que Argentina está perdiendo tiempo?

Yo creo que hay un problema que cruza horizontalmente que es el atraso cualitativo de la economía argentina. Muchas veces nos concentramos en la capacidad ociosa, que hoy está en 40%, con una tasa de inversión bajísima (el año pasado, 12% del PBI, cuando en la región está en 24%). Sin embargo, además de eso, la argentina es una economía antigua. Se estima que el stock de capital fijo en la Argentina tiene una antigüedad promedio de 10 años o más. Entonces, aún cuando se recupere cierta actividad, si no crece la tasa de inversión, vas a tener el mismo problema de productividad. Y yo creo que tenemos un problema en ese sentido, sobre todo porque el mundo, cada dos o tres años, pega una vuelta tecnológica. Argentina tiene una capacidad de exportación entre 15% y 17% del PBI; es bajísima. Latinoamérica tiene cerca del 24% promedio. Excepto agro y autos, yo creo que necesitás un shock de modernización.

¿Cómo analizás los ruidos con Brasil y la situación del Mercosur?

Me parece que estamos viendo una divergencia entre Brasil, Uruguay y Pagaruay por un lado, y Argentina por el otro. No veo un conflicto. A diferencia de hace unos meses, veo conciencia de las dos partes (Bolsonaro y Fernández) de que hay que conservar la relación. Pero hay una intensificación de la agenda, liderada por Brasil y su deseo de que haya más internacionalidad. Brasil quiere un acuerdo con Estados Unidos (y su entrada a la OCDE lo confirma) y también planteó que quiere un acuerdo con China. Y mientras tanto, creo que Argentina busca mantener un statu quo más aislacionista. Yo supongo que se va a terminar consolidando un Mercosur de estándar doble con ciertos reparos políticos. No va a haber una ruptura, pero se va a terminar confirmando este estándar doble.

Da la sensación de que cuando habla (el ministro de Economía de Brasil, Paulo) Guedes, el Mercosur parece un lastre, y cuando habla cualquier funcionario argentino, el Mercosur es un salvavidas. 

Los dos tienen razón. Brasil es la novena economía más grandes del mundo y es la más cerrada de las 10 primeras economías. Y hace unos años, era la sexta. Es decir: perdió terreno. No puede mantenerse entre las 10 primeras economías del mundo si no se abre. Argentina y Brasil están entre los países con menor inserción internacional del planeta. Solamente hay 10 países que tienen aranceles en frontera más altos que los que tienen Argentina y Brasil, que son el 11 y el 12. Entonces, Guedes sabe que Brasil no puede mantenerse y crecer si no puede importar tecnología, bienes de capital y conocimiento productivo. Pero para Argentina, salvo los productos agropecuarios, el único mercado relevante al que tienen acceso sus productos, es Brasil, que significa el 20% de lo que exporta Argentina en total. Los dos tienen razón, el problema es que Brasil podría abrirse con autonomía; Argentina, no. A mí me preocupa un poco que todavía no haya habido una reunión de alto nivel entre Argentina y Brasil.

¿Entonces va haber Braxit?

A mí me parece que va a ser al revés, porque Uruguay y Paraguay van a acompañar a Brasil y el que va a quedar con el modelo viejo es Argentina. Pero no tengo información, es un mero supuesto. Creo que Argentina intentará ganar tiempo y que los otros tres intentarán abrir y flexibilizar el Mercosur.

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