«La tormenta ya pasó, pero la inflación es un peligro». Adelanto de la entrevista a Eduardo Costantini

19 de marzo de 2019 - Alex Milberg

 


Como todos los años, la entrevista que ya es un clásico: Eduardo Costantini, uno de los empresarios más exitosos de la Argentina, comparte su análisis de la macro y predicciones para un 2019 incierto. Leé la entrevista completa en Forbes de marzo.

Costantini sabe. “Soy un profesional de las crisis”, reconoce. Uno que ve la jugada antes de que se produzca y entiende perfectamente dónde pararse. Y, así como adelantó en esta misma revista hace exactamente un año que “se acabó la plata fácil”, ahora explica que los rayos, ráfagas y chaparrones de la tormenta se calmaron. Y, aunque todavía falta contar los árboles caídos, sostiene que “estructuralmente, la economía está más sólida”. Y que, si bien le preocupan la inflación, el tamaño del Estado y el déficit, no le teme al default: “Mi teoría es que el próximo gobierno, sea cual fuere, va a respetar la deuda externa”.

¿Cómo estás luego de un 2018 turbulento?
Bien. En el sentido de que lo bueno de la vida es siempre acomodarse a lo que ocurre. Aceptar y, en base a eso, diagramar. Rehacerte, reacomodar. Vivir la situación que interpretás que estás pasando. Y siempre mirando hacia adelante y con perspectiva.

¿Cuánto sufriste esta crisis?
Vengo del mercado financiero, con más de 50 años de trabajo, y atravesé muchas. Soy un profesional de las crisis. En un punto, las peores son aquellas que causan sorpresa y son virulentas, aceleradas.

¿Cuál fue el impacto inmediato para tus negocios?
A fines de 2017 y comienzos de 2018, hicimos grandes inversiones en tierras estratégicas, mirando al largo plazo. Consultatio pensaba hacer un IPO, y en enero del año pasado, cuando se cayó Wall Street, ya empecé a dudar. En abril ya había desactivado a todos los abogados y auditores. Ese fue el inmediato, pero el impacto se divide en dos aspectos.

¿Cuáles?
Por un lado, el cuantitativo: la situación patrimonial o la caída de las ventas, los proyectos en curso que no se materializan, la situación económica de la empresa. Y, por otro, el cualitativo, el efecto sorpresa.

¿Cuánto impactó en lo patrimonial?
Consultatio no tiene ni un dólar ni un peso de deuda. Nunca hemos emitido un bono, y todos los activos son propios. El costo de nuestra estructura está muy bajo con relación a esos activos. Y tenemos caja. Si bien nuestra elasticidad de ventas, de demanda, es muy elevada, por otro lado, nuestras obras son por ventas anteriores en una proporción significativa. Entonces, el flujo de las cobranzas va pagando el avance de obra.

El efecto sorpresa conlleva también un impacto emocional. ¿Cómo atravesaron el shock?
Psicológicamente, vivimos la crisis financiera clásica: medidas incorrectas para detenerla por parte del Gobierno y reacciones de las psiquis ciclotímicas y atemorizadas de los inversores. Una típica crisis argentina. Yo el año pasado había predicho un escenario complicado.

Sí, fue nuestro título de tapa cuando te entrevistamos hace un año: “Se acabó la plata fácil”.
En realidad eso se dio porque, dentro de Argentina –pero también en otros países emergentes–, durante los últimos meses de 2017 y los primeros de 2018, uno ya empezaba a ver un factor de debilidad y un tenue cambio de expectativas. Empezó a verse la fisura del programa económico en los inversores.

¿Cuáles fueron las señales?
La primera corrida del dólar, esa reunión fallida en el Ministerio de Economía con presencia del BCRA. Lo que sí, lo que se hizo mucho más virulenta fue la crisis financiera de pleno, que se dio en el mes de abril y duró hasta septiembre. Y, luego, vivimos la consecuencia de la recesión. Pero, en el caso de Consultatio, solo modificó algunos tiempos.

Como decías en otras ocasiones, ¿para esas inversiones no hay que ponerse casco?
Depende de la aversión al riesgo del inversor. Mi teoría es que el próximo gobierno, sea cual fuere, va a respetar la deuda externa. Massa, Lavagna, Cristina deberían tener el coraje de decirlo. Eso aliviaría el riesgo país y habría un mayor deseo de invertir en Argentina y nuestros bonos, para financiar al Estado, no al Gobierno.

En una entrevista polémica en Forbes, Axel Kicillof nos dijo que no rompería con el FMI.
Muy inteligente de su parte. En general, los políticos no tienen el coraje. Pero no creo que el próximo presidente pueda patear el tablero y hacer default, porque lidiaría cuatro años con una recesión y un costo político enormes.

Ahora, ¿cómo llegamos hasta este contexto tan complejo? ¿Por qué “pasaron cosas”, como dijo Macri?
Pasó y sigue ocurriendo por una inconsistencia del modelo económico. Es, a mi juicio, un error técnico, econométrico, del funcionamiento de la economía. O sea, no es el exterior, no son las fuerzas políticas, no son los partidos de la oposición.

¿Entonces?
A pesar de una gran ayuda e ingresos de flujos del exterior, la inconsistencia del modelo se materializó a través de dos déficits crecientes. Uno, la inflación: nunca se cumplió con la meta esperada, y hasta casi se duplicó la tasa que se pensaba. Dos, un gran déficit del sector externo: llegamos a un déficit de cuenta corriente de US$ 30.000 millones. En fin, tuvimos dos déficits, dos debilidades que eran una bomba de tiempo y que jugaron totalmente en contra.

¿Por qué?
Porque el optimismo que hubo hacia la Argentina produjo un ingreso de fondos que llegó a financiar ese déficit. Cuando hubo un cambio de expectativas, los inversores extranjeros y locales quisieron salir; fue como un elástico que se tuvo que ir de un extremo al otro, y los recursos no estaban por varias razones.

¿Por cuáles?
Porque la economía había gastado de más; porque el sector privado había acumulado de más, como US$ 50.000 millones; porque habíamos importado de más en bienes supérfluos y en viajes; y porque habíamos exportado de menos, y encima nos agarró la sequía… Entonces, había un faltante de caja que, en definitiva, lo cubrió el FMI.

¿Por dónde pasó el problema de no poder leer este escenario y encontrar una alternativa?
Yo creo que hay una inconsistencia en el modelo económico, en su conjunto. No es que falló una cosa u otra; esto es mucho más estructural y técnico. Y ahora mismo, en estos meses, nuevamente la inflación es superior a la deseada.

¿Cómo se corrigen estas inconsistencias?
La solución argentina viene dada por una reducción del gasto, no solo del déficit sino del tamaño del sector público. Es la única solución, porque una economía que tiene una inversión del 18% es muy difícil que genere empleo. Claro, es muy duro decir: “Bueno, ¿y cómo bajamos el gasto público? ¿Bajamos los subsidios, los empleados públicos, qué hacemos?”.

¿Qué harías?
Y… esa es la decisión valiente que el sector político –no solamente el Gobierno– debería enfrentar. Siempre hemos tenido un país que no ha querido enfrentar su situación y lo que ha hecho ha sido más distribucionista, si querés, más consumista. Entonces, la inconsistencia siempre se deriva –si no tenés los recursos genuinos– en un aumento de la inflación. Al principio, eso implica realmente bajar gastos, implica trabajo, implica ahorro, implica sacrificio. Y tenés un costo político de corto plazo que, si no hay un consenso, es muy difícil de materializar. De hecho, nunca se hizo.

Si el Gobierno actual fuera reelecto, ¿tomaría estas medidas a futuro?
Creo que iría más en esa dirección, no sé cuánto. En todas las campañas políticas nadie dice cuál es la medicina que deberíamos tomar. Y el caso práctico, concreto, histórico que tenemos fueron las elecciones de 2015.

¿En qué sentido?
Los últimos cuatro años de Cristina fueron muy malos en términos de macroeconomía: las exportaciones no crecieron, la inversión tampoco, había inflación e inflación oculta, las reservas bajaron… Por eso creo que Cristina perdió como 20 puntos de votos. Pero no había una recesión, sino que tenía un aplanamiento que no generaba nada, entonces los políticos no podían hablar de una baja en el gasto público, de un reordenamiento, de un aumento de la electricidad o del dólar.

¿Es la explicación del gradualismo inicial del Gobierno?
El camino que se adoptó fue disminuir los problemas que teníamos y tratar de que la población no sufriera a través del crecimiento, y que disminuyera el tamaño relativo del sector público. Pero, claro, a través del crecimiento, en realidad lo que estás fomentando es el aumento de la inflación y el aumento del déficit del sector externo. En inglés, se llama un trade-off. Si tenés un exceso de demanda y crecés, el costo es que vas a tener aumento de inflación y la inflación te va a pegar.

¿Hoy identificarías al kirchnerismo y al peronismo federal en esa línea?
No, yo considero que todos los argentinos en los últimos 70 años seguimos esa línea. No nos gusta pagar el precio.

¿Te preocupa el nivel de deuda que tiene Argentina hoy?
No me preocupa si las cosas se hacen como se deben hacer. Los países generalmente siempre renuevan su deuda. La deuda neta con el sector, con el mercado, es de un 50 y pico por ciento.

¿Creés que lo peor, la tormenta, ya pasó?
La tormenta del año pasado ya pasó, pero la inflación aún es un peligro. Estructuralmente, la economía está más sólida. En el último mes, en definitiva, hubo una baja de tasas que rápidamente tuvo que ser negada por el aumento del dólar. Pero esa situación viene producida por un aumento de la inflación y un cambio de la expectativa inflacionaria. Lo mismo de siempre.

¿Lo mismo de siempre?
El problema no es político, es técnico

bookmark icon