La gran apuesta de Pfizer: US$ 1.000 millones para tener una vacuna para la primavera

21 de mayo de 2020 - Forbes US

 



A mediados de marzo, el presidente y CEO de Pfizer, Albert Bourla, se reunió por videoconferencia de WebEx con los líderes de los grupos de investigación y fabricación de vacunas del gigante farmacéutico de EE.UU. Los dos equipos habían trabajado hasta la madrugada en un plan de desarrollo sólido para crear la vacuna experimental de Pfizer para la COVID-19 y le dijeron a Bourla que esperaban tenerla lista a la velocidad del rayo, en algún momento de 2021.

Es muy tarde”, dijo Bourla. Las caras de los investigadores se tensaron, y consciente del esfuerzo hercúleo que habían hecho, Bourla se aseguró de agradecerles. Pero también siguió metiendo presión: “Piénsenlo de otra manera”, les dijo. “Piensen que tienen una chequera abierta, no se preocupen por eso. Piensen que vamos a hacer todo en simultáneo, no en secuencia. Piensen que van a tener que preparar la fabricación de una vacuna antes de saber si funciona. Si no funciona, yo me ocupo de eso y lo descartamos”.

Mikael Dolsten, el director científico de Pfizer, declaró: “Él desafió al equipo a apuntar a algo casi imposible: llevar millones de dosis de la vacuna a poblaciones de riesgo antes de fin de año”.

El primer lunes de mayo, Pfizer aplicó la primera tanda de dosis de una vacuna experimental para la COVID-19 que creó con la alemana BioNTech a voluntarios estadounidenses sanos en Baltimore. Se informó inmediatamente a Bourla. Al día siguiente, en entrevista en Scarsdale, un suburbio de Nueva York, Bourla señalo que lo que Pfizer acaba de hacer en semanas normalmente tarda años. “La velocidad a la que nos movimos no es esperable de un laboratorio grande y poderoso”, dijo. “Ya sería la envidia de una empresa de biotecnología fundada por un emprendedor”.

El gran transformador

Bourla, un veterinario griego que ascendió en Pfizer durante 25 años hasta llegar a CEO en 2019, afirma que nada en su carrera podría haberlo preparado para este momento, pero cree que la enorme transformación corporativa que supervisó —metió a un conglomerado gigantesco (US$ 51.800 millones en ventas en 2019) en el juego de alto riesgo y grandes recompensas de crear nuevos remedios con patentes y lo alejó de los medicamentos genéricos y productos de consumo como Advil y Chapstick— preparó a Pfizer.

Para Bourla, de 58 años, los últimos cuatro meses fueron una montaña rusa, una serie interminable de victorias y contratiempos. Pfizer no es la única tratando de crear una vacuna. La mayoría de los principales laboratorios mundiales, entre ellos Johnson & Johnson, Sanofi, AstraZeneca y Roche, pusieron toda la carne al asador para combatir al COVID-19.

Albert Bourla

Algunos expertos opinan que los plazos que fijó Bourla —preparar una vacuna viable en unos pocos meses— son sencillamente poco realistas. Impertérrito, Bourla les encargó a cientos de investigadores revisar el arsenal de remedios experimentales y actuales de Pfizer para buscar posibles terapias. Desde el comienzo, los autorizó abiertamente a discutir y compartir información de Pfizer con sus rivales, medidas inéditas en el sigiloso mundo de los grandes laboratorios. Bourla puso la capacidad productiva de Pfizer a disposición de pequeñas empresas de biotecnología y está negociando para fabricar en masa posibles vacunas para la COVID-19 de otras empresas.

Una nueva esperanza

La iniciativa más destacada de Pfizer es su trabajo con BioNTech, una empresa innovadora con sede en Mainz, Alemania que registró US$ 120 millones en ventas en 2019 y es conocida sobre todo por fabricar remedios oncológicos. Su vacuna experimental para la COVID-19 trabaja con el ARN mensajero, una tecnología avanzadísima que nunca dio un tratamiento exitoso.

BioNTech no es la única que busca armar una vacuna con ARNm. Moderna Therapeutics, una empresa de biotecnología en Cambridge, EE.UU., también se puso a hacerlo en enero y comenzó un ensayo de gran tamaño de su vacuna de ARNm con humanos, con US$ 483 millones en fondos del Gobierno federal de EE.UU. Moderna también apunta a producir millones de dosis por mes para fin de año.

Bourla sostiene que Pfizer está dispuesta a gastar US$ 1.000 millones en 2020 para desarrollar y fabricar la vacuna antes de saber si funciona: “La velocidad es esencial”.

“Una carga muy pesada”

Pfizer llama la atención del público con sus posibles vacunas, pero también se está dando prisa para arrancar un ensayo clínico de un nuevo antiviral contra la COVID-19 en el tercer trimestre. También participa de un estudio con humanos que busca recauchutar el principal antiartrítico de Pfizer, Xeljanz, para usarlo en pacientes en etapas avanzadas de COVID-19.

“Ser el CEO de un laboratorio capaz de marcar la diferencia en una crisis es una carga muy pesada”, afirma Bourla. “Hasta la forma en la que mi hija o mi hijo me preguntan: ‘¿Tienen algo o no?’ Todos mis conocidos hacen lo mismo. Uno siente que si acierta, puede salvar el mundo, y si no, no”.

Lo que distingue a la táctica de Pfizer es que el laboratorio está probando cuatro vacunas distintas, plataformas de ARNm que provocarían una respuesta inmunológica segura. Este ensayo complejo comenzará probando diversas dosis de las cuatro vacunas en 360 voluntarios en EE.UU. y 200 en Alemania, y se expandirá hasta llegar a unos 8.000 participantes.

El ensayo en EE.UU. es adaptable, para que la empresa pueda dejar de probar cualquiera de las vacunas si los datos de inmunogenicidad demuestran que no está produciendo suficientes anticuerpos para brindar protección contra el virus. Las empresas van ajustando sobre la marcha: hace poco BioNTech se dio cuenta de que una de las vacunas que estaba probando era segura con dosis más pequeñas, un primer obstáculo para sus planes.

Escepticismo

Los expertos miran con mucho escepticismo el objetivo de Pfizer de brindar millones de dosis a poblaciones de riesgo para fin de año. Drew Weissmann, cuyo laboratorio en la Universidad de Pensilvania trabajó con BioNTech para fabricar vacunas de ARNm contra enfermedades infecciosas, declaró recientemente a Forbes que no se sabe si esas vacunas pueden prevenir enfermedades de ese tipo.

Kathrin Jansen, directora de investigación sobre vacunas de Pfizer, anticipa que la empresa y BioNTech tendrán una mejor idea de cuál de las candidatas es la más prometedora y si el cronograma hiperacelerado es viable más o menos a comienzos de julio. Es probable que la empresa pase solo una o dos de las vacunas más prometedoras a etapas más avanzadas.

“No es fácil. De hecho, es algo que nunca se hizo, no puedo dar probabilidades”, afirma Jansen. “Una crisis sin precedentes, como esta pandemia, exige tomar medidas sin precedentes. Albert fue el primero en entenderlo, reaccionar y brindarnos apoyo y el ambiente para pensar y actuar con audacia”.

Autor: Nathan Vardi

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