Horacio Reyser: “Las reformas no son solo responsabilidad del Estado”

12 de julio de 2019 - Virginia Porcella

 



Protagonista clave del acuerdo entre la UE y el Mercosur, el secretario de Relaciones Económicas de la Cancillería pide a los empresarios que se involucren más.

A una semana de que se anunciara, y sin que llegara a secarse la tinta del texto histórico que la Unión Europea y el Mercosur acordaron el viernes 28 de junio para liberalizar el comercio entre ambos bloques, desde el Gobierno fueron por más y anunciaron el avance de similar trámite con Estados Unidos. Tal vez fue un impulso provocado por el entusiasmo que el éxito en el plano de las relaciones internacionales genera en el presidente Mauricio Macri, pero lo cierto es que uno de los grandes protagonistas de esas negociaciones pone las tratativas con unos y otros en su justo término. Horacio Reyser, secretario de Relaciones Económicas de la Cancillería, es quien junto a Marisa Bircher, secretaria de Comercio Exterior, fue consensuando, sector por sector, producto por producto y renglón por renglón, las bases de ese acuerdo que empezaría a regir la vida económico de los argentinos a partir de 2022, y destaca que ahora es esa su prioridad.

“El acuerdo con Estados Unidos hay que tomarlo como algo de largo plazo, porque nuestra actividad se trata de llevar este acuerdo con la UE al Parlamento”, dice, y destaca las tratativas para cerrar acuerdos con algunos países europeos que no son parte de la comunidad. “Claramente estamos teniendo un acercamiento estratégico con Estados Unidos, pero es una conversación que venimos llevando adelante, todavía dentro del Mercosur, viendo en qué plazos empezar un eventual análisis. Lo veo como algo de largo plazo”, aplaca. Poner paños fríos es, por estas horas, una de las principales tareas de Reyser, quien pasa gran parte de sus horas del día reunido con los representantes de cámaras empresarias, dando explicaciones y escuchando sus temores.

Foto: Ariel García Giménez

¿Es un buen acuerdo o fue el mejor acuerdo posible?

Claramente fue un excelente acuerdo. Es un acuerdo balanceado para ambos bloques; no deja de ser una curva ambiciosa para todos. Miremos lo que está pasando también en Francia: que haya gente en los países europeos que se inquiete o proteste es reflejo, de alguna manera, de las cosas que se consiguieron. Y se lograron buenas cosas por parte del Mercosur. Esa espuma va a ir bajando. La prueba de que es un excelente acuerdo es que nosotros logramos libre comercio en el 100% de los productos con la Unión Europea, y el 76% de forma inmediata. Entonces, nosotros vamos a poder vender productos cítricos, las especias, el maní, las infusiones. Todo eso se va liberalizar, los químicos, las autopartes se van a liberalizar, y va a generar la necesidad de tener miles y miles de pymes más. Hoy solamente tenemos 9.000 empresas en total que exportan.

¿Qué es lo que mayor inquietud o resistencia genera en los empresarios?

En general, todos aceptan la oportunidad que representa, porque vamos por un mercado de 500 millones de habitantes. Pero también lo que todos se preguntan es cuáles son los planes o programas que va a dar el Gobierno para poder competir de igual a igual y podamos aprovechar este momento. Digamos que esa es la principal pregunta que te hacen; es la pregunta que nos mueve a todos, después de 10 u 11 años, a llevar adelante estas reformas o programas.

Muchos sectores se tendrán que reconvertir, pero tal vez la mayor reconversión la tenga que hacer el propio Estado.

Es una mezcla. Hay cosas que tienen que ver con el Estado, como todo lo que es la carga fiscal del sector privado; vamos a ir reduciendo el Impuesto a las Ganancias para las compañías y vamos a ir reduciendo todo lo demás. No es solamente un esfuerzo a nivel nacional; también tienen que ver las provincias, porque hay impuestos provinciales que incrementan los montos como ingresos brutos. Eso lo tenemos que trabajar en conjunto. Pero también son los empresarios los que tienen que formar parte de esta transformación, porque los empresarios son el contacto de todos los días con los trabajadores, con los sindicatos, con los que tienen que pedir e impulsar las reformas.

¿El Gobierno quiere ver a los empresarios más involucrados de lo que se los vio hasta ahora en la pelea por esas reformas?

Sí, porque no es solamente responsabilidad del Estado. Si no, dejamos en manos solamente del Estado comunicarles a los empleados y a los sindicatos que tenemos que hacer cosas para que el costo argentino sea menor. Me parece que no es el camino. El camino me parece que es dialogar con el sindicato, con el sector privado, para ver cuál es el costo que tenemos. Y el costo no es reducción de sueldos; son los costos extralaborales, el ausentismo, el nivel de productividad que tenemos por empleado, en comparación con otros países y en la región. Ese tipo de supuestos tenemos que poder identificarlos, y también tenemos que poder trabajar el programa con la gente, para tener herramientas que fortalezcan y nos permitan aprovechar esta oportunidad.

Hay empresarios que creen que algunos sectores van a desaparecer. ¿Es así?

No, no creo que necesariamente haya sectores que van a desaparecer. Hay sectores que por la globalización (mucho más que por un acuerdo de esta naturaleza) y por las formas de comerciar se van transformando en toda la Argentina, en todo el mundo, y eso puede ocurrir, sí. Esa es una realidad, pero no es este acuerdo el principal factor para que esto ocurra. Lo que sí es cierto es que hay sectores (los más sensibles) que, sabiendo que no van a competir por 15 años, ya que han sido colocados en los plazos más extensos, van a tener que hacer algunas inversiones. Nosotros tenemos que trabajar, extender programas de financiamiento para ser más productivos, para que la producción que hagan tenga un costo menor por unidad para que puedan competir.

¿Cuáles serían los sectores más sensibles, los que más van a tener que invertir?

El sector del calzado, por poner un ejemplo, es un sector que podría estar en peligro. Pero Argentina tiene una de las producciones de cuero más grandes del mundo. Si nosotros, con la producción de cuero que tenemos, en 17 años no podemos competir contra Europa, digamos, me parece que ahí tenemos que preguntarnos por qué no estamos pudiendo hacerlo y replantearnos lo que hacemos.

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