Gustavo Marangoni: «La espiralización de la crisis no le conviene a nadie»

5 de septiembre de 2019 - Fernando Meaños

 



El expresidente del Banco Provincia traza un crudo panorama de la transición política. Observa una economía “en terapia intensiva” que marcará el rumbo de los próximos meses.

La profundidad de la crisis económica desatada luego de las PASO marcará el rumbo de la campaña y reducirá el margen de acción de Alberto Fernández si llega a la presidencia, según Gustavo Marangoni. Politólogo y expresidente del Banco Provincia con relevancia política durante la gobernación bonaerense de Daniel Scioli, el análisis de Marangoni sobre la transición incluye un protagonismo determinante de la situación financiera y un Alberto Fernández con señales amistosas hacia el empresariado. Y no ve fantasmas sobre el final del gobierno de Mauricio Macri: “Todos los actores del sistema político tienen la voluntad de cumplir con el cronograma electoral en una coyuntura que hay que mirar con cautela, sobre todo en lo referido a las medidas cambiarias. Hay que ver si se consolida una relación peso-dólar más estable que permita recuperar la tranquilidad”.

Con el control de cambios, ¿Mauricio Macri resignó chances electorales en pos de ganar gobernabilidad?

Comparto esa visión. Lo que no podía seguir era una caída de las reservas tan preocupante, y eso exigía medidas drásticas. Se está preservando un bien mayor que es desenvolverse dentro de un cronograma electoral previsto en una situación crítica pero sin que se espiralice. Es un partido que se va a jugar en muchas canchas. La principal es la de los bancos: habrá que ver qué pasa con los depósitos, tanto en dólares como en pesos.

¿Cómo será la campaña electoral en este contexto?

La virtud de los protagonistas va a ser cómo combinar un incentivo competitivo que tiene toda elección, porque todos quieren ganar, conjugado con una dinámica de cooperación o cierto entendimiento que tiene que haber en virtud de la debilidad financiera de la Argentina. El día a día va a ir definiendo los tonos de la campaña, tanto en el Gobierno como en la oposición.

¿Ve a Alberto Fernández en ese rol de cooperación? Sus declaraciones a The Wall Street Journal fueron muy duras.

Las medidas cambiarias tienen por objeto algo que la oposición también ansía, que es mantener el nivel de las reservas. Esto es un tango que se baila de a dos y la oposición también tendrá que ir desacelerando tonos y viendo de qué manera puede dar más certidumbre. La espiralización de la crisis no le conviene a nadie, a ninguno de los dos candidatos. Es importante que en los distintos espacios políticos tengan más voz los prudentes y los moderados para quitar presión.

¿Cómo imagina la relación con el empresariado de un Alberto Fernández presidente?

Hay actividades que ya hizo, como reunirse con los empresarios del campo, participar de un evento del Grupo Clarín, tratar con periodistas que han sido sus críticos, incluso designar en su equipo económico a gente con una posición amigable hacia el mercado, como Guillermo Nielsen. No quiero hacer futurología, pero esos son indicios de lo que puede ser esa relación. El propio candidato se ha encargado de afirmar que 2019 no es 2015, que han cambiado muchas cosas. También ha señalado ciertas políticas del kirchnerismo que criticó y que no cree que haya que repetir. Me parece que por lo menos hay que abrir una carta de crédito en este sentido.

¿Lo ve inclinado a mejorar el clima de inversiones o a la apertura a mercados externos, aunque le reste en el frente político interno?

La primera responsabilidad de quien asuma el 10 de diciembre es estabilizar la situación. La economía argentina está en terapia intensiva, por lo que los primeros cuidados que requiere es recuperar las variables que hacen a la estabilidad, en especial la normalización del mercado de cambios. La prioridad para cualquiera va a ser esa. Para llegar a otros temas de la agenda como los que usted menciona, hay que lograr un plafón adecuado para sacar al paciente de terapia intensiva y ganar algo de confianza. Eso dependerá de quiénes integren el gabinete, de las primeras medidas que se anuncien, de la coherencia de los programas. La prioridad del próximo gobierno, en virtud del torniquete que se aplicó al mercado de cambios, es descomprimir esa situación y recién ahí empezar a resolver otras cuestiones. Indudablemente, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional va a tener que ser reconsiderado. Yo pondría el eje en la estabilidad como prioridad uno. Y como prioridades dos y tres, también.

¿Macri, sin quererlo, le hizo el “trabajo sucio” al próximo presidente? Va a dejar el control de cambios instalado, un peso devaluado y la puerta abierta para renegociar la deuda.

No lo veo de esa manera. El deterioro de la Argentina en el campo económico y social va a ser una mochila bastante densa para el próximo gobierno. Hay formas y formas de contar las cosas. Obviamente es mejor contar con un superávit comercial que no tenerlo, pero uno preferiría una salida más virtuosa que el desplome de las importaciones. O lograr un tipo de cambio más atractivo a través de otro modo que no sean las sucesivas devaluaciones y llegar casi a un default.

¿Cristina Fernández de Kirchner intervendrá en el día a día de una eventual gestión de Alberto?

La Argentina es un país presidencialista y por lo tanto siempre se quiere ver que sea el presidente el que tome las determinaciones. A juzgar por el papel que viene jugando Cristina, no por lo que se especula sino por lo que efectivamente hizo, tuvo un rol muy acotado desde que no quiso ser ella la candidata presidencial. En la campaña, tuvo un rol más quirúrgico que masivo y, de hecho, el propio candidato ha tenido encuentros con sectores críticos de su presidencia, y eso no le impidió a Alberto Fernández avanzar con esas señales.

¿Ese estilo quirúrgico puede continuar en la gestión o, una vez pasada la campaña, hay un reseteo y Cristina vuelve a ser Cristina?

No creo que haya espacio para eso. La magnitud de la crisis es demasiado importante.

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