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20 de mayo de 2020 - Alex Milberg

 



En un escenario sombrío, Argentina se dispara una vez más al pie y prosigue con la agonía que empezó hace décadas y declara un default. En el otro, también complejo,  las dificultades del corto y mediano plazo son las mismas. Pero el horizonte abre alguna esperanza hacia una nueva resurrección.

Al cierre de esta edición, los acreedores habían presentado una contraoferta. Es probable que la fecha límite del 22 de mayo se extienda y continúen las negociaciones. En el medio, Argentina juntó firmas de Premios Nobel y economistas internacionales para sostener su posición. Para los más pesimistas, fue más un blindaje mediático para un eventual default que una herramienta de negociación: los fondos no se conmueven con los comunicados de la academia. El presidente Fernández citó a Jeffrey Sachs y aseguró que es posible que “cuarenta países entren en default” en los próximos años. A esta fecha, solo hay uno, el Líbano. Y Ecuador está en un riesgo similar al de Argentina. Nuestros vecinos, en cambio, desde Bolivia hasta Paraguay, solo consiguen más préstamos y a mejores tasas. Delicias del Mercosur.

Si en cambio Argentina logra reestructurar la deuda, se espera un rebote mínimo del 50% de los valores actuales de las empresas argentinas que cotizan en Bolsa. Y, luego, superar el desastre provocado por el COVID-19. Solo el tiempo nos permitirá comprender la magnitud de la crisis económica y social que dejará esta pandemia. ¿El mundo reaccionó de forma proporcionada? ¿Por qué se decidió cambiar de paradigma y por primera vez en la historia se decidió aislar a toda la población y no solo a los infectados y a los más vulnerables? Por supuesto que no se trata de una “gripe más” y que las medidas irresponsables de líderes como Jair Bolsonaro tendrán secuelas aún inimaginables. Pero, si tenemos en cuenta la fiebre española que mató a 40 millones de personas hace más de 100 años, aquel virus tenía otra letalidad: el promedio de edad fue de 28 años.

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Si la pandemia hubiera empezado en un país con un régimen de gobierno que no fuera el chino, ¿la cuarentena masiva se hubiera replicado como antídoto y hoy un tercio de la humanidad estaría paralizada? ¿O quizás se hubieran adoptado otras medidas como distanciamiento social, barbijos y protección a los más vulnerables? Muchas de estas preguntas las compartimos a diario con especialistas a través del ciclo Forbes Live, que pueden seguir a través de Instagram y en www.forbesargentina.com.

El impacto del desempleo, el aumento de la pobreza y el aumento de enfermedades no detectadas son algunas de las consecuencias del “sesgo COVID-19”. Nunca antes en la historia los políticos pusieron un costo tan alto para la protección de una vida. ¿Cómo será el nuevo mundo? ¿Hasta dónde llegará la intervención del Estado para evitar las millones de muertes producidas por el consumo de tabaco o alcohol? ¿Se pondrán límites de fábrica a la velocidad de los autos? La tensión entre el rol paternalista del Estado y las libertades individuales es un debate profundo que se abre y que merece ser analizado sin caer en la tentación maniquea de “abrir todo” o “cerrar todo”.

La responsabilidad ciudadana y la velocidad de acción del Gobierno en fortalecer el sistema de salud y multiplicar los testeos de rastreo serán clave para permitir que la cuarentena se abra lo antes posible con los recaudos del caso. Con los necesarios y no con los arbitrarios, como por ejemplo paralizar provincias con cero casos, postergar la apertura de actividades o el brutal encierro a los niños y la prohibición de paseos al aire libre o deportes sin contacto, sin ningún fundamento científico que lo respalde.

Por último, en esta edición, un reporte amplio del turismo, sin dudas el sector más dañado, con entrevistas a los CEO de Despegar y Almundo, los dos mayores operadores del país.

Y una buena noticia para el final: los esperamos a diario en nues- tra web, el site que podrán ver renovado desde junio, con nuevos columnistas, secciones y contenido de alta calidad local e inter- nacional. También, en la medida en que la actividad se normalice, volveremos a vernos en los kioscos. Hasta entonces.

 

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