Ernesto Tenembaum: “El único consenso es que la culpa es del otro”

19 de octubre de 2019 - Alex Milberg

 


Es uno de los periodistas que más conoce a Alberto Fernández. Su posición equidistante de la “grieta” lo situó en el imaginario “Corea del Centro”, término peyorativo de sus críticos, que él reivindicó al llamar así a su nuevo programa junto a María O’Donnell por Net TV. Aun cuando mantenerse a salvo de los extremos a veces lleva a equivalencias forzadas, Ernesto Tenembaum combate la tentación de no ceder a la demagogia. Es un fenómeno global: las audiencias, cada vez más endogámicas, solo quieren confirmar sus creencias y se resisten a quienes se atreven a ponerlas en duda, incluso con información verificada. Tenembaum sufre así críticas de un lado y del otro. Pero su mirada aporta lucidez en tiempos de crisis.

¿Cómo imaginarías o hubieras imaginado un segundo mandato de Macri?

Es muy difícil imaginarlo porque hay datos muy contundentes que indican que no va a ganar. Igual hubiera sido muy complicado porque su gestión no demostró tener la peri-cia necesaria.

En ese caso, ¿cuál crees que sería el nuevo rol de Macri?

Me cuesta imaginarlo liderando la oposición y sería un problema que lo hiciera. Creó un partido y lo llevó al poder, pero hoy es una carga para Cambiemos. Se vio en Mendoza, donde la gente apoyó al espacio en la elección a gobernador, pero no a Macri. Es parecido a Cristina en 2015 pero sin su carisma.

Si se retirara de la política, ¿cómo quedaría en la historia?

Como un presidente equivocado con la economía desde el primer día hasta el final

¿Cómo se reperfila Cambiemos como espacio si se ratifican las PASO?

La nueva identidad de Cambiemos se formará con un 32-33% de votos, algunas provincias y mucho más de lo que tenía Macri al iniciar su carrera.

¿Quiénes serán los nuevos líderes de la oposición?

Rodríguez Larreta, Lousteau, Cornejo, gente que no viene de grandes grupos económicos, que no tartamudea cuando habla de la última dictadura militar, que es más versátil en su mirada sobre la economía argentina y es más ajena a la grieta. Todo aquel que se corrió de los polos Macri-Cristina ganó en su territorio. Y además está Vidal.

¿Cómo la imaginás pese a ser derrotada ante Kiciloff en las PASO?

Fue muy claro el voto castigo contra Macri. A Vidal la veo como una figu a aún potente en la Provincia, presentándose a una elección intermedia en la que, según el contexto, podría sacar hasta cuarenta puntos. Siempre sabiendo que es imposible predecir la Argentina.

De los presidentes de la democracia, ¿Alberto Fernández es a quien más conocés?

Cada presidente que asume es el que más conozco, porque uno va creciendo en la profesión. Empecé con Alfonsín; a Menem casi no lo conocí. Con Duhalde ya había hablado bastante. Con De la Rúa tenía trato, con Kirchner y Macri también. Con Cristina menos, porque era más arisca. A Alberto lo conozco mucho, porque los periodistas profesionales lo fuimos tratando a lo largo de su trayectoria.

¿Cuáles percibís que son sus mayores virtudes y defectos personales, y cuánto creés que se modificará en la gestión?

Me cuesta decir virtudes y defectos. Alberto es un tipo de la democracia, y su nivel de tolerancia e intolerancia es acorde a los niveles que la democracia contempla. En eso lo veo distinto a Cristina.

¿Por qué?

Porque, si bien ella operó dentro del sistema democrático, siempre estuvo cerca de pasar al límite, con ideas setentistas. ¿Puedo entender que la Justicia me puede investigar o hay que abolir la Justicia? ¿Puedo entender que la libertad de prensa forma parte de la democracia o siempre es una conspiración? No veo que Alberto sea eso.

¿Y en su concepción de la economía?

Alberto cree en el capitalismo; no diría que simpatiza con la izquierda, aunque puede tener algún coqueteo. Pudo ser más conservador, más de centroizquierda, estuvo con Cavallo… es peronista. Es más parecido a los gobernadores que al kirchernismo. Es un pragmático, y si fuera más peyorativo diría que es un respetuoso de la burocracia peronista.

¿Qué implica esta descripción en este contexto?

Para transformar este país necesitás muchomás que esto. Pero Duhalde en 2002 sirvió para juntar lo que parecía muy difícil de aglutinar. Alberto es de un pragmatismo extremo, a tal punto que la coherencia que enuncia en sus críticas a Cristina no es cierta.

¿En qué aspecto?

Era mucho más categórico con la corrupción, con Lázaro Báez, con Boudou. Sus declaraciones eran lapidarias. No llegaba al “que vayan todos presos” de Massa pero casi, y él era su jefe de campaña. Ves esos barquinazos y te preguntás hacia dónde va el siguiente giro.

¿Hacia dónde creés?

Hay dos preguntas centrales. La primera no es quién va a gobernar, sino si alguien va a gobernar.

¿Por qué?

Porque, aun en un contexto de controles de capitales severos como hay hoy, estás perdiendo US$ 150 millones en reservas y en depósitos por día. Si cuando asume ese goteo se acelera, puede ser muy rápido. Si no genera confianza, las consecuencias pueden ser muy serias. Y un mal cálculo en este problempuede ser aún más grave.

¿Y la otra pregunta central?

Si va a gobernar Alberto, Cristina, o los dos.

¿Vos qué crees?

No lo sé. Pero si tenés que ser presidente tenés que tener carácter. Y creo que Alberto fue crítico sobre cómo Kirchner resolvió su conflicto con Duhalde.

¿Hubiera sido lo mismo si Cristina encabezaba la fórmula?

No. Porque Alberto yendo a Fundación Mediterránea, a Clarín, o proponiendo el ajuste a la uruguaya hubiera sido escrachado por un 678. Parecería que Cristina eso hoy lo entiende.

¿Cómo imaginás ese vínculo Fernández-Fernández a dos años?

Habrá que verlo a Alberto como presidente. En la intimidad dijo: “Con ser Adolfo Suárez, el líder de la transición española, me conformo”. Todos arrancan queriendo ser Suárez y terminan soñando con ser Napoleón.

¿Cómo vislumbrás los primeros cien días?

Muy difíciles. Porque el tema central es la relación con el FMI, y los márgenes de negociación no parecen muy amplios.

¿No serían más amplios que los del actual gobierno?

Las primeras señales de Alberto son de no aplicar quita a los acreedores privados; en todo caso, garantizar pago de intereses para dejar en stand by el pago de capital. Habrá que ver cómo reacciona además el FMI con esto.

¿Qué tan distintos fueron los problemas económicos de la Argentina en los últimos cien años?

La democracia sobrevivió a situaciones gravísimas. Hoy hay crisis pero no eclosión social; algo aprendimos. Pero el problema permanente es la restricción interna que genera un cuello de botella tremendo. A veces se disimula con privatizaciones, con convertibilidad, con soja, con deuda, pero cuando quedás desnudo quedás en crisis nuevamente. Y es realismo mágico pensar que las cosas cambian con un cambio de signo político.

Una tentación frecuente…

Es habitual. Hay un libro fantástico, El péndulo argentino, de Marcelo Diamand, que en 1983 cuenta lo que pasó con el kirchnerismo y el macrismo treinta años después. Cada vez que lo releo me da un tristeza bárbara…

¿Por qué?

Porque mientras otros países aprovecharon una explosión de producción agropecuaria, innovación y nuevas tecnologías, nosotros seguimos estancados en el mismo patrón que se repite una y otra vez.

Que sería…

Vienen los gobiernos populares que pisan el tipo de cambio, generan consumo, euforia y crecimiento, inflación, restricción externa y crisis. Después vuelven “los que saben” y hacen lo mismo: devalúan, contraen más deuda, generan entusiasmo y confianza, pero las cuentas no cierran, multiplican la deuda y vuelve la debacle como un eterno retorno.

Si el manejo de la economía queda a merced de la macro global y de dos visiones contrapuestas, ¿cómo se logra la estabilidad? 

Recién ahora pareciera haber un acuerdo de todos los espacios sobre la necesidad de llegar a un equilibrio fiscal. Es un gran problema técnico ver cómo lograrlo.

Ningún sector se resigna a ceder. ¿Cuánto influye la puja distributiva en una composición social tan distinta comparada con otros países de la región?

Requiere mucha muñeca, tratando de que haya nuevos actores en la producción y en la economía, algo que hoy parece chino. Pero Cristina en La Matanza habló de equilibrar la economía. Y veo a los sindicalistas predispuestos y algunos muy moderados.

¿En qué sentido?

Antonio Caló está dispuesto a cierta flexibilización a cambio de puestos de trabajo. Hay otros que quizás no tanto… Pero lo que resta es discutir qué tipo de industrialización es posible en este país.

El gran enigma argentino…

En Israel me preguntaron: ¿qué pasa con la Argentina? No se entiende. Perú,  ahora mismo, tiene un contexto político caótico: presidentes y expresidentes presos, otro que se suicidó para no ir a prisión, quisieron cerrar el Congreso, pero el dólar baja…

¿Es exagerado el pesimismo hacia Argentina?

Es acorde al optimismo exagerado que hubo en 2015. El país no había cambiado tanto y la locura del mundo financie o generó una burbuja a la que le siguieron otras corridas. Se vio de nuevo el viernes previo a las PASO y el lunes posterior. Si hay algo para aprender, es que no podemos someternos a los vaivenes del mundo financie o.

En esa misma línea, Repsol compró YPF antes de Vaca Muerta en más de US$ 15.000 millones. En estos días llegó a valer cinco veces menos…

¿Decís que hay que comprar acciones de YPF?

Como diría Costantini, solo para los valientes que se pongan el casco… Pero el valor de muchas acciones en general parece desfasado con sus activos.

Puede ser. El valor de las acciones de la Argentina hasta los índices de la pobreza se explica por la macro.

¿Cómo les transmitís esperanza a tus hijos?

Les digo que los problemas que resolvimos fueron más graves que los que quedan por resolver. Por suerte la democracia es el gran consenso aparte del gran consenso argentino.

¿Cuál es el gran consenso argentino?

Que la culpa siempre la tiene el otro.

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