Eduardo Costantini: reflexiones antes de la cuarentena y su temor al escenario “ni ni”

31 de marzo de 2020 - Alex Milberg

 



El fundador de Consultatio habló con Forbes cuando el coronavirus recién asomaba en Europa. Qué opina de la gestión económica del gobierno y por qué le preocupa que en Argentina no haya «ni default ni crecimiento».

Tan solo un año pasó para que el escenario electoral diera por tierra con las previsiones  de  recuperación y grandes expectativas que el empresario Eduardo Costantini compartió en estas páginas. Qué motivó que las previsiones se cayeran y  cómo se proyectan los inversores locales de cara a la incertidumbre que plantea cualquier nuevo gobierno.

Cuando charlamos hace un año, destacamos dos pronósticos que lanzaste: “la tormenta ya pasó” y “la inflación sigue siendo un peligro”. Lo segundo se cumplió. Pero ¿cómo explicás aquella sensación que tenías y por qué nadie vio venir todo lo que ocurrió después?

Dije “lo peor ya pasó” porque veníamos del 2018 (sonríe). Pero el 2019 estuvo signado por el resultado político. No sé si nadie lo vio venir porque más de la mitad del país votó otras líneas políticas. Pero el resultado de las PASO fue muy traumático para los mercados: produjo una caída  de la Bolsa del 50% en un día, la mayor de toda la historia desde el siglo pasado.

Como dice Warren Buffett, los mercados son maníaco-depresivos. ¿Acaso se justificaba en la macro que un resultado electoral provocara semejante caos?

El resultado fue muy desconcertante porque nadie pensaba que la diferencia iba a ser tan abultada. Entonces fue como un knock out. Argentina todavía es más vulnerable a las expectativas porque tiene situaciones débiles financieras. Las expectativas son importantes, ya lo dijo Keynes, pero aquí impactan más por el endeudamiento a corto plazo. El resultado desencadenó en una nueva corrida, crisis del Banco Central, pérdida de reservas, el cepo, todo lo que conocemos.

Tras las PASO escribí para Forbes Estados Unidos: “ganó el peronismo, pero Argentina no será Venezuela”. ¿No fue exagerado ese ataque de pánico de los mercados?

Lo que sí sabemos es que con la elección definitiva el nuevo Gobierno mostró una cara de razonabilidad. Las acciones recuperaron entre un 30% y un 40% de los mínimos. Se llegó a un nivel más o menos al día lunes de las PASO. O sea un 50% menos que antes de las primarias. Lo que pasa es que luego siguió cayendo. Pero enero fue un mal mes de nuevo.

A principios de año te mostrabas sorprendido porque se presentaba cierta prudencia fiscal y lo veías con optimismo. ¿Qué cambió?

Hay dos o tres factores. Hay una cierta pérdida de identidad del Gobierno en lo ideológico porque la figura de la Vicepresidenta obtiene más relevancia,  y lo más gráfico fue la declaración de ella desde Cuba sobre que el Fondo Monetario debería aplicar una quita. ¡Se  está  metiendo de lleno en la refinanciación de la deuda! Y con un mensaje muy contestatario al sistema. Es más que un pronunciado ideológico: el FMI no puede dar quitas por su estatuto.

¿Tiene sustento el comentario de que un porcentaje del préstamo del Fondo, aún minoritario, habría incentivado la huida de capitales, tal como lo dijo la Vicepresidenta?

Ese es un argumento no técnico porque los préstamos del Fondo son de corto plazo para que soluciones tu crisis externa del balance de pagos, y dentro del balance de pagos está la salida de capitales. Eso no te lleva a ningún lado (ríe). Y grafica el mayor protagonismo de un ala más de izquierda, más rebelde, más contestataria del mundo occidental como es Cristina Kirchner, o la misma actitud que tuvo la Provincia de Buenos Aires…

¿Te referís a las marchas y contramarchas en la negociación de la deuda?

Sí. A Kicillof tratando de decir que tenía el as de espadas cuando tenía el dos de copa. Eso no resulta y es producto de la falta de experiencia, porque si  no te aceptan tenés que declarar el default, y el default tiene un montón de consecuencias para la  provincia y para el país. Y es la misma matriz errónea.

¿Cuál?

La idea de que el acreedor siempre tiene la culpa, y también el pensamiento ideológico de que el norte abusa del sur. Esa visión lógicamente no es aceptada por las reglas del mercado. En enero, en el ala política del Gobierno, esta facción tomó mayor peso, lo que redundó en que hoy se viera un gobierno más híbrido. Por eso la doble percepción.

¿Confías en el poder de negociación del ministro de Economía, que tiene amplia formación teórica en temas de deuda pero debuta en este escenario tan complejo?

Me impresiona muy bien el tono de Martín Guzmán, su intencionalidad y la moderación. Compartí una charla con él y me resultó muy agradable, muy razonable. También el tono que imprime el Presidente. El tema es lo que pasa después.

¿Y cuál es tu percepción?

Que este es un gobierno mucho más inteligente que intenta cuidar el déficit, la política monetaria y las reservas. Tiene conciencia  y la intencionalidad de acanzar un equilibrio macroeconómico, tratar de  controlar la inflación y, después, pensar en políticas de largo plazo. Pero el problema es la falta de expectativas a futuro: el Gobierno transmite desesperanza.

¿Pero no será una descripción de la realidad que a la vez sirve para negociar con los acreedores?

Cuando vos decís que durante toda la gestión  no vas a producir superávit primario, no vas a aumentar el déficit pero tampoco vas a bajar costos del sector público para darle aire al sector productivo o a las finanzas públicas, no se genera una mística donde se tenga claro el perfil productivo y la senda de crecimiento, a partir de  la cual se va a competir con otros países. Es lo que le reclaman al Gobierno algunos fondos: detalles sobre el plan de recuperación. Es que se puede tratar de darle más poder de compra a la gente para reactivar el consumo, que es el porcentaje más grande del producto, dicen ellos.

Y ahí reactivar un poco la demanda. Pero la realidad es que, cuando las expectativas son tan pesimistas en los mercados, la inversión queda paralizada.

¿Hoy se percibe un país congelado hasta que se negocie la deuda?

Sí. Lo percibo en mis colegas. A los problemas graves que conocemos se suma otro que es el de la falta de confianza. No es que la Argentina tenga una deuda impagable o que esté como los países que tienen un nivel de endeudamiento muy superior. Es un problema financiero y de credibilidad.

¿Cómo se recupera la confianza?

Seguro que no se logra con equivocaciones como las iniciales en cuanto a la negociación

¿Lo decis por el default de la deuda en pesos?

Sí, era totalmente evitable.

Ponete del otro lado del mostrador. Estás con Alberto Fernández y dice: “Eduardo, como experto en los mercados, para no cometer estos errores que venimos cometiendo, ¿cuál es tu sugerencia para poder  llegar  a un buen acuerdo con el Fondo y los bonistas?”.

En el caso específico de la deuda interna, vos tenés que hablar con los tenedores de bonos y llegar a un acuerdo  antes  de  hacer el ofrecimiento. Pero  creo que debería haber un plan integral desde el día uno, que cambie las expectativas, que cree una magia y un orden para la Argentina, donde la gente se entusiasme. Aunque  estamos  mal o podemos llegar a estar peor, vamos hacia un lado determinado. Dentro de eso, hacer la refinanciación con el Fondo y los acreedores pero en un programa donde vos sabés adónde vas, dónde mostrás un liderazgo y una esperanza hacia adelante.

El Gobierno parece no mostrar las cartas hasta no cerrar el acuerdo. Pero los acreedores necesitan ese plan. Hasta el 31 de marzo tienen tiempo de presentarlo…

Sí, pero hoy no se percibe. Quizás no lo conocemos y punto. Puede ser una estrategia, pero se podrían dar señales. Todo está en stand by. Y sobre el 31 de marzo, ni siquiera se conocen los asesores del Gobierno en la negociación…

¿Hay plan y no se comparte deliberadamente o percibís que no hay plan?

Creo que falta  liderazgo en materia económica. No hay un perfil fuerte, como en su momento eran el de Cavallo o el de Lavagna. Y, como contrapartida, hay una figura fuerte de la Vicepresidente que puede debilitar la figura del Presidente. A la crisis se le suma la incertidumbre.

El Gobierno argumentaría que ni siquiera cumplieron cien días…

Es cierto. Pero si no voy a definir nada hasta que no renegocie la deuda externa, y eso lleva meses… Un país tiene que arrancar, producir y cambiarle las expectativas. Porque el desplome del 2019 post PASO no fue porque venía el Maradona de la política y la economía, sino porque venía este gobierno (ríe). Entonces,  este  gobierno  cuando asume tiene que decir: “Bueno, muchachos, no soy un ogro, soy esto y tengo esto y esto”, y sorprender para bien. En un primer paso, se hizo parcialmente, pero ahora que pasaron más días se vieron errores no forzados, falta de experiencia, intervención de la Vicepresidenta y falta de acción con sectores individuales y empresariales, entre otros.

¿Pero es posible arrancar sin tener resuelto el tema deuda? ¿Cómo harías?

Presentaría un plan económico de cara al argentino, al inversor argentino, a la familia argentina, a la comunidad exterior, al Fondo y a los acreedores externos. Es todo muy pragmático, muy gradualista, y no se sabe cómo ni cuándo vamos a volver a crecer.

¿Cuáles deberían ser los pilares de ese plan?

Está claro que la segunda presidencia de Cristina Kirchner y la única de Cambiemos fueron un fracaso. Hoy se necesita transmitir cuál es la visión integral del país, el “hacia dónde vamos”. Quizás el Gobierno apueste a que con cerrar el tema deuda ya se generará un shock de confianza suficiente.

¿Y no lo sería?

Seguro tendría un impacto significativo en el mercado, en cuanto a valores de acciones y bonos. Pero aun con el acuerdo, sin plan, se puede desembocar en un híbrido sin crecimiento, con inflación alta pero sin híper.

Entramos en el terreno en el que nuestros lectores prestan más atención: si se evita el default, ¿qué impacto imaginás en concreto en bonos y acciones?

Habría una suba bursátil generalizada. Siempre sugiero acciones con mayor liquidez. Hoy los precios están muy bajos. Banco Francés hoy vale US$ 900 millones o parecido, vale menos que lo que valía en 1994. Y en 26 años, el banco compró otro banco, creció en clientes y en patrimonio… Debería valer 2.000 millones, no 900.

¿Comprarías parte del BBVA como hiciste hace casi 30 años?

(Ríe) Lo que pasa es que ya tengo muchas cosas…

¿Qué porcentajes creés que tendrían esas ganancias en el escenario positivo (por llamarlo de alguna manera) de los bonos, de las acciones, de acá a diciembre? ¿Qué rendimiento imaginás?

Las acciones podrían subir un  30%  o   un  40%,  más o menos. Bonos en dólares, similar; hay que ver cómo queda el riesgo país. Puede haber un spread demasiado alto.

Lo mismo pasa con YPF y otras tantas empresas con valores regalados. Parecen muy atractivos para invertir, pero ¿y si hay default?

Claro, no es sencillo.

¿Qué chances creés que hay de que haya default?

Muy difícil… Creo que un 60%,  65%  de  negociación, y  un 40%, 35%  de default. El porcentaje aumentó de diciembre a hoy. Antes quizás te decía que era solo del 25%.

A tono con el riesgo país.

Es que los bonos ya están a valores de renegociación. El Gobierno no quiere  ir  al default y la deuda no es un disparate. Las expectativas son muy malas porque vemos que no vamos  a ningún lado, entonces se padece un pesimismo que puede ser exagerado.  En  el mientras tanto, si el Gobierno se maneja tan mal que entonces en la práctica no llega a renegociar la deuda…

Entonces, como inversor nato, ¿all in o una mirada conservadora?

Un inversor con el 100%  de libertad, con toda liquidez siendo argentino (porque un americano quizás ni se mete), puede invertir de un 8% a un 10% de su portafolio sin ser agresivo. Puede perder un 3%, que es bastante para los días actuales, con intereses tan bajos. Invierte el 8% porque, si hay un 65%-60% de que se renegocie la deuda, probablemente ese 8% se convierta en 10%, 11%, 12%, o el 7% se pase al 10%.

¿Qué escenario inflacionario ves este año?

Aun dentro del mejor deseo del Gobierno, tendremos una inflación del 35% o 40%. El peso perderá un 38% de valor en un año y ya lo tenemos naturalizado. Tenemos una mirada muy mediocre sobre nuestras posibiliades.

¿A qué otro momento de nuestra historia te hace acordar el actual?

Es un momento novedoso… No hay un momento así. En 2001 la crisis fue mucho más radical. El 2000 estaba totalmente parado pero era peor.

¿Entonces?

No soy analista político pero, si se da el “escenario del ni” que plantea el Gobierno, podría ƒterminar siendo parecido al segundo mandato de Cristina Fernández.

¿El “escenario del ni” cuál sería?

Ni default, ni crecimiento.

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