Delos, la empresa que convenció a Bill Gates para expandir la moda ‘wellness’

6 de noviembre de 2019 - Samantha Sharf

 



La empresa de un excorredor de Goldman Sachs –valuada en US$ 800 millones y con Bill Gates como inversor– quiere llevar la moda del wellness a departamentos y hoteles de casinos.

La palabra wellness (“bienestar” en castellano) es tan genérica que puede significa todo o nada a la vez. Para sus fans, se trata de algo mucho más amplio que la “salud”, que es la ausencia de enfermedad. Hoy, el wellness se transformó en una gran industria, o por lo menos es un término de marketing que se usa de manera muy flexible. Si se lo considera en su sentido más amplio, a nivel global, este sector vale US$ 4.000 millones. Los gimnasios y los productos orgánicos entran en esta categoría. Asimismo se podrían incluir el incienso, las pruebas de ADN y las ayudas para conciliar el sueño. ¿Y por qué no también los edificios “ell”?

Si te gusta el wellness, ¿por qué no usar esta tendencia en la categoría de activos más grande que existe?”, pregunta Paul Scialla, exsocio de Goldman Sachs y fundador de la start-up neoyorquina Delos. “Es la mejor forma de sacarle provecho a esta moda”. El tipo de clientes a los que Scialla les vende su certificación “well” son desarrolladores inmobiliarios y operadores de hoteles y resorts. Tener esta distinción ayuda a atraer turistas a los hoteles y se exhibe en sus lobbies, mientras que las constructoras lo usan como diferencial en sus materiales de marketing. La idea del negocio está inspirada en el conocido estándar LEED de certificación de edificios verdes, que es administrado por una organización sin fines de lucro. Sin embargo, el proyecto de Scialla se diferencia en un aspecto clave: Delos es una empresa privada cuyo fin es generar ganancias. En los últimos cinco años, recaudó US$ 237 millones y hoy está valuada en US$ 800 millones.

Entre los inversores se encuentran Bill Gates y Jeff Vinik, exmanager del fondo Fidelity Magellan. Leonardo DiCaprio y Deepak Chopra son miembros del consejo directivo de Delos, y Rick Fedrizzi, creador de LEED, postergó su jubilación para dirigir el International Well Building Institute, la parte del negocio que evalúa los edificios.

Scialla espera que sus clientes estén tan dispuestos a pagar por la certificación “well” como lo están para pagar por la LEED, que desde su creación en el 2000 otorgó 76.800 certificaciones a proyectos inmobiliarios, cobrando US$ 13.000 por evaluar una propiedad nueva de 9.000 metros cuadrados. Según un informe, un tercio de los propietarios de edificios dijeron que la certificación “verde” les agregó más de un 10% de valor a sus propiedades. Es demasiado temprano para saber si la certificación “well” tendrá el mismo efecto en el valor de las propiedades. No obstante, los desarrolladores inmobiliarios están desesperados por obtener alguna característica adicional que los diferencie de los cientos de edificios de oficinas y hoteles estándar que se construyen en serie, y que les permita venderlos a un precio más elevado.

Una evaluación Delos para un espacio de unos 9.200 metros cuadrados cuesta US$ 20.000. Cuando la empresa constructora de Manhattan Structure Tone se mudó del barrio arbolado de Greenwich Village a la ruidosa 34th Street, el encargado de sustentabilidad de la compañía, Robert Leon, pensó que los empleados estarían menos reacios al cambio si el nuevo espacio tuviese una certificación “well”. A los clientes  también  les  gusta que la empresa esté un paso adelante en cuanto a las tendencias wellness. En 2017, Structure Stone gastó US$ 20.000 en reformar sus oficinas para poder cumplir los requisitos de Delos y así obtener la certificación “ ell”.

En los últimos años, Delos recaudó US$ 237 millones. Deepak Chopra y Leonardo Di Caprio están en el Board.

A Scialla se le ocurrió la idea de Delos en 2009, poco después de ser ascendido a socio en Goldman Sachs. Por su interés en la sustentabilidad, se preguntó por qué siempre se hablaba de cómo los edificios afectaban al planeta, pero no a los seres humanos. La idea era tan obvia que se tomó un par de años para desarrollar el proyecto y encontró décadas de investigación que demostraban la relación entre los edificios y la salud. Bautizó a su incipiente proyecto con el nombre Delos, una isla griega en la que, según la mitología, nació el Dios Apolo y donde todos sus habitantes vivieron eternamente. En 2013, Paul y su hermano gemelo, Peter, también socio en Goldman Sachs, renunciaron a sus trabajos para trabajar fulltime en Delos. En diciembre de ese año, tuvieron su primera financiación externa por US$ 24 millones.

La certificación

El negocio de la certificación Delos creció lentamente, pero el 2018 fue un gran año: terminaron 1.555 proyectos, por una superficie total de casi 30 millones de metros cuadrados, en 48 países. La empresa facturó unos US$ 20 millones el año pasado. Actualmente, tiene 170 empleados.

El proceso de certificación empieza con la asignación de un conserje que guía al cliente a través de más de 200 elementos que Delos usa para evaluar el espacio, como la proximidad de las computadoras a las ventanas, el fácil acceso al agua ptable y el tamaño de los platos en el comedor (25 centímetros o menos ayuda a no comer demasiado). Después, viene un inspector independiente que mide la calidad del aire, el agua y el sonido.

Scialla dice que el wellness es un mercado “gigante” y que no está preocupado por la competencia, como Fitwel, que desde 2017 ofrece un servicio de certificación wellness para edificio y no abarca tantas categorías pero cuesta mucho menos: los clientes pagan US$ 8.000 por proyectos de hasta 93.000 metros cuadrados.

Ahora, Scialla está implementando otras fuentes de ingresos como, por ejemplo, los hogares inteligentes. Por un precio inicial de US$ 3.500, se puede comprar una app de Delos llamada Darwin  que  hace  mediciones  como la calidad del aire y del agua. La constructora australiana Simonds está instalando este sistema en 1.000 hogares nuevos. Y las empresas de seguros podrían usar los datos de Delos para tomar decisiones más eficientes; por ejemplo, si un cliente vive en una casa con más nivel de wellness, entonces podría cobrarle una cuota más económica. “Me gustaría que, en 20 años, la gente se pregunte por qué no tuvo en cuenta al ser humano cuando diseñaron y construyeron estos espacios donde pasamos el 90% de nuestras vidas”, concluye.

bookmark icon