Cupón PBI, YPF y Holdouts: las demandas contra Argentina según Sebastián Maril

13 de diciembre de 2019 - Tomás Rodríguez Ansorena

 



El director de FinGuru explica los detalles de las causas que lleva adelante la jueza de Nueva York Loretta Preska, la reemplazante de Thomas Griesa. Las sorpresas en la carrera demócrata, el coqueteo de Bolsonaro con Xi Jinping y por qué Trump quiere «marcarle la cancha» a Alberto Fernández.

Ayer llegó a a la Corte del Distrito Sur de Nueva York, que preside Loretta Preska, la primera demanda internacional contra Argentina del mandato que inició el 10 de diciembre Alberto Feernández. Los fondos ACP Master, 683 Capital Partners y Novoriver S.A. le reclaman a la Nación por la supuesta manipulación del índice de crecimiento del PBI mediante la cuál el Estado argentino evitó pagarles US$ 243 millones (de un total de US$ 3.200 entre todos los acreedores que no cobraron el famoso «cupón PBI»). Sebastián Maril, director de FinGuru y uno de los analistas argentinos más respetados en temas relacionados con Estados Unidos, habló con Forbes sobre la noticia y dio su visión sobre el frente judicial que enfrenta la nueva administración.

¿En qué consiste esta demanda?

Esta es la octava demanda del año por bonos «cupón PBI», la séptima posterior a las PASO y la primera en la era Fernández. Estaba claro que tarde o temprano estas demandas iban a caer. La primera, de Aurelius, llegó en enero. Había cierto optimismo en Wall Street de que Argentina tarde o temprano fuera a crecer, motivo por el cual se iba a gatillar la cláusula que paga este bono. Se demoró, y no solamente Argentina no creció sino que empeoró, y por eso Aurelius dijo: “Hasta acá llegamos”. Argentina tenía todo el derecho a cambiar el modo en cómo se calcula el crecimiento, de hecho está en el prospecto de emisión del bono. Lo que se cuestiona es el timing, por así decirlo. Argentina, en febrero de 2014, anunció que había crecido 4,9% y cuando se dieron cuenta de que no se podían pagar esos US$ 3.200 millones del cupón, cambiaron la manera de crecer y un mes más tarde anunciaron que el nuevo cálculo es 3,1% de crecimiento, justo por debajo de la cláusula que gatillaba el pago. Entonces, se cuestiona eso, pero demoraron en presentar demandas. Cuando Macri asumió, recuerdo que Prat Gay emitió dos bonos con la excusa de pagar el cupón en diciembre de 2016. Pero nunca cumplieron su propósito. Así llegamos a la primera demanda, y en agosto, con el triunfo de Alberto Fernández, llegaron las otras.

¿Cuál es el monto de estas demandas?

Hoy, el total de las demandas presentadas llegan a US$ 800 millones. El máximo que podrían reclamar, si todos se presentaran, son US$ 3.200 millones más intereses.

¿Cómo creés que sigue esto?

Las demandas van a seguir, especialmente si el fallo del primer caso (Aurelius), que va a ser muy pronto, sale favorable a los fondos. Caso contrario, prácticamente van a desaparecer las demandas a la espera de las apelaciones de los perdedores. Si Argentina gana en primera instancia, Aurelius va a reclamar, y viceversa. Estos juicios, por más que haya fallos en el medio, no se resuelven en menos de 2, 3 años. La decisión final siempre tarda en aparecer.

¿La jueza Loretta Preska es permeable a los argumentos argentinos?

Loretta Preska ha mostrado que, a diferencia de Griesa, tiende a ser más expeditiva. Por ejemplo, se sacó de encima todo lo relacionado a la reestructuración de la deuda argentina 2005/6 y los famosos holdouts. Ya para eso no tiene paciencia. Todas las nuevas demandas que surgieron, las descartó o falló en contra de los acreedores. Pero en las demandas nuevas, presta la atención que ameritan.

Loretta Preska.

¿Y en YPF?

El caso lo tomó Griesa, pero el primer fallo (en contra de Argentina) lo tuvo ella. Y ella siguió en la causa también con los otros dos fallos en contra, en la Corte de Apelaciones y en la Corte Suprema. Debería haber otro fallo en enero ofebrero sobre el pedido extraordinario de Argentina de traer el juicio al país. Eso todavía no salió, pero Argentina va perdiendo 3-0.

¿Cuándo creés que termina este caso?

Ya. En enero o febrero debería terminar porque ya no hay más instancias. Ésta, en la que estamos ahora, con el pedido de traer el juicio acá, es extraordinaria. Entonces, si el caso viene a Argentina, empieza de nuevo; si sigue en Estados Unidos, se termina enseguida y ya Argentina debería empezar a negociar el pago.

¿En qué monto quedaría?

Lo que presentó Burford Capital en julio de este año en una presentación ante los inversores va entre US$ 1.700 y US$ 9.000 millones. Ese es el rango. Hay muchas estimaciones, pero todas están dentro de ese rango.

Hay una neblina sobre la participación de la familia Eskenazi en el caso: ¿Están detrás de la demanda?

Lo único que te puedo decir es lo que dice la demanda. La demanda inicial dice que dos empresas españolas (Petersen Energía y Petersen Energía Inversora) presentaron esta demanda por cuenta y orden del síndico español que tomó las riendas del caso  porque las empresas están en bancarrota en España, como consecuencia de la expropiación de YPF. La familia Eskenazi se desligó de estas empresas en 2015. Eso es lo que dice la causa, no hay otra cosa que yo pueda decir.

¿Qué papel ocupan estos juicios en la relación comercial y diplomática entre Argentina y Estados Unidos? ¿La condicionan de alguna manera?

No deberían. La última vez que el gobierno de EE.UU. dijo algo sobre Argentina en una causa fue en la de YPF, al principio de este año, cuando el Procurador presentó un Amicus Curiae diciendo que el caso debería permanecer en EE.UU. Y fue una opinión en contra del gobierno argentino, que en ese momento era Macri.

¿Ese es un lineamiento general de EE.UU. o tiene que ver con Argentina?

Recordá que en la batalla contra los holdouts, Estados Unidos opinó a favor nuestro. No hay una intención política obvia en estos casos. No funciona así. Ahora, si Argentina se obstina en una posición como la que siguió Cristina Kirchner hace unos años, que pretendía hablar con Obama para conseguir un fallo a favor nuestro, es una muestra de que no se conoce cómo funciona la Corte en Estados Unidos. No sé si va a pasar de nuevo, pero hay que entender que no hay una relación directa entre Trump y la Corte. La relación con la Casa Blanca incide en otras cosas, pero no en las cortes. De hecho, para que el gobierno opine sobre un caso argentino, debería llegar hasta la Corte Suprema, y hoy ninguno está cerca de eso.

¿Te parece que los casos de Ucrania o de Rusia hacen que ese tipo de injerencias estén más vedadas todavía?

Tanto el caso de Rusia como el de Ucrania son un armado político para desestabilizar la campaña de Trump. Ya se sabe, por el informe Mueller, que el Russiagate fue un invento. No se encontró ningún intento de manipulación de los resultados ni relación entre la campaña de Trump y Rusia. Y en ausencia de una prueba contundente en ese caso, sale el Ukrainegate, motivo por el cual la semana que viene va a iniciar el juicio político la semana que viene. Pero en ese caso tampoco hay delito. Se publicó la conversación telefónica entre el presidente ucraniano y el norteamericano y no hay delito.

Sin embargo el impeachment no va a prosperar en el Senado, ¿o sí?

No. El impeachment va a pasar la semana que viene en la Cámara de los Representantes y en 6 u 8 semanas, creo que los republicanos lo van a tirar abajo en el Senado. Los demócratas necesitan 20 votos más para avanzar, y yo creo que más allá de algunos casos aislados, los republicanos no se van a tirar en contra de un presidente muy popular, en una economía pujante y con un Wall Street que está creciendo.

¿Cómo ves la carrera demócrata?

Para mí va a haber sorpresas. Me niego a pensar que los demócratas vayan a enfrentar a Trump con Joe Biden, Elizabeth Warren, Bernie Sanders o tal vez Peter Buttigieg. Yo le doy el beneficio de la duda a Michael Bloomberg, que es el más moderado de todos, aunque es un candidato muy regional, muy del noreste de Estados Unidos y no apela a gran parte del país. Por eso mismo, desde abril vengo diciendo que hay tres candidatos que los demócratas están buscando porque no están conformes con los que tienen: Bloomberg (que ya entró en carrera), Michelle Obama y Hillary Clinton. Pero el problema que tienen es que en Estados Unidos es muy difícil que un presidente en funciones no sea reelecto. En los últimos años, solamente le pasó a Bush padre, pero ya venía de 12 años de mandato republicano y él había sido vicepresidente. Y además, a Trump le está yendo bastante bien en eso que decía el asesor de Clinton, James Carville: “Es la economía, estúpido”. Todavía faltan 10 meses. Pero es muy difícil hoy que Trump no sea reelecto.

Parece haberse roto la relación Trump-Bolsonaro tras el anuncio de los aranceles al acero y el aluminio. ¿Creés que Trump va a aplicarlos finalmente?

Estados Unidos no tiene una Latinoamérica tan alineada ideológicamente hacia el centro o centro-derecha hace siglos. Hasta la semana pasada, la mayoría de los gobiernos estaban en el casillero de Trump. Y Trump cree que con Argentina perdió un gran aliado en su esquema de una Latinoamérica afín a los intereses norteamericanos. Lo que enfureció a Trump hace dos semanas, cuando anunció lo de los aranceles, fueron dos cosas: la llegada de Alberto Fernández a la presidencia y, segundo, la reunión de Bolsonaro con Xi Jinping en Brasilia, donde hubo acuerdos importantes. Entonces Trump anunció esos aranceles al acero y al aluminio para marcarle la cancha a Alberto y para decirle a Bolsonaro “yo te quiero de mi lado, no del lado chino, somos amigos”. Hay que tener en cuenta que todavía no se implementaron esos aranceles.

En orden de magnitud, ¿no le das más importancia a los gestos de Bolsonaro con China que al triunfo de Alberto Fernández?

Puede ser, pero yo creo que también quería marcarle la cancha a Fernández. Coincidieron los dos eventos dentro de la misma semana. Vos pensá que para Estados Unidos, los aranceles al acero y el aluminio argentinos no son muy significativos. El aluminio brasileño no existe; el acero, quizás un poco más, pero no lo suficiente como para justificar lo que Trump dijo respecto de que los agricultores y metalúrgicos norteamericanos estaban perdiendo trabajo por culpa de la devaluación brasileña y argentina. Eso es mentira. Y eso no significa que Trump es tonto; la devaluación no tiene nada que ver.

Si Brasil sigue su relación con China, ¿qué otras represalias vamos a ver?

Trump demostró que su herramienta de negociación son los aranceles. Entonces hay que ver cuáles son las exportaciones de Brasil a Estados Unidos para ver por dónde puede atacar. Y le va a doler mucho a Brasil.

¿Creés que Argentina podría utilizar a su favor de su relación con Brasil estas diferencias entre Bolsonaro y Trump?

Bolsonaro es muy amigo de Trump. A mí me parece que Bolsonaro cometió un error colosal cerrando esos acuerdos con China, pero no lo hizo a propósito para perjudicar su relación con Estados Unidos. Trump también tiene que entender que somos países necesitados de fondos e inversiones y China está inundando Latinoamérica con inversiones de toda índole.

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