Cristina Kirchner, la VP del año

28 de diciembre de 2019 - Forbes Argentina

 



Tras su postulación como vicepresidenta, Cristina Kirchner se mantuvo al costado y colaboró en reforzar la imagen moderada de Alberto Fernández. Las causas detrás de su rol secundario.

Indudablemente, Cristina fue hasta ahora una de las grandes protagonistas del año político. Desde el 18 de mayo, cuando anunció la candidatura presidencial de Alberto Fernández, hasta su asunción como vicepresidenta el 10 de diciembre.

El proceso electoral estuvo obviamente determinado por su giro hacia el centro pragmático para crear una fórmula que resultó victoriosa, en buena medida porque ella tuvo un papel secundario durante la campaña. Y aun en eso de “no estar” fue una protagonista. Justamente por el silencio y por no desdibujar la imagen moderada de Alberto Fernández, que fue construyendo una identidad propia como candidato, ayudado naturalmente por los traspiés del gobierno de Macri, sobre todo después de las primarias, con esa enorme sorpresa que generó el resultado y la agudización de la crisis económica.

Cristina también fue protagonista en la conformación del Gabinete, del equipo de colaboradores de Alberto Fernández. Nunca vamos a saber exactamente a quién vetó o a quién puso. Nunca vamos a tener una idea acabada sobre qué fue lo que se discutió en esa reunión larguísima en el departamento de Cristina, luego de su viaje a Cuba, cuando Alberto fue “de visitante” a terminar de formar su equipo. Pero lo que es evidente es que hay presencia de gente muy afín a Cristina. El caso más notorio, por más que Alberto Fernández lo haya negado, es el de Carlos Zannini, pero también hay segundas líneas en todo el aparato del poder ejecutivo, en PAMI, en ANSES, en la AFIP, y ni hablar en la Provincia de Buenos Aires.

Cristina tuvo incluso una coronación el 11 de diciembre como “Reina de la Provincia”, en la cual ella no pudo ganar la elección como senadora hace dos años. Ahora esto le permite, indudablemente, una reinserción triunfal en el territorio más importante del país, desde el punto de vista sociodemográfic , político, electoral y económico, obviamente.

Cristina necesita que a Alberto le vaya bien, porque de lo contrario queda expuesta

A partir de ahora, curiosamente, la que fue “la VP del año” va a tener un desafío muy significativo, porque la inercia de la gestión del día a día favorece a Alberto Fernández. Porque él va a ser el presidente, va a tener la billetera, y porque las decisiones al final del día las toma el presidente. Ella puede tener mucho peso en el Parlamento, mucha influencia en el Senado y, mediante su hijo Máximo y otra gente afín, en la Cámara de Diputados. Pero, si hay una Ley de Emergencia Económica, eso le va a dar más discrecionalidad al Poder Ejecutivo, y desde ese punto de vista ella sabe mejor que nadie cuáles son las facultades que tiene el presidente. Es por eso que probablemente intentó maximizar su influencia en el Cong eso.

Pero hasta ahora en la Argentina predominó el hiperpresidencialismo. ¿Acaso no pasará lo mismo ahora? No lo sabemos. El primer desafío de Cristina es justamente ese. Si Alberto Fernández es un buen discípulo de Néstor y aprendió algo de lo que hizo, Cristina va a poder capitalizar toda esa experiencia y conocimiento para, de alguna manera, evadir o por lo menos moderar o mitigar el peso que obtuvo y acumuló en el Congreso. El desafío número dos es la realidad económica en general. La crisis plantea prioridades en una agenda donde los márgenes de acción son muy limitados. Y es por algo que Cristina –es muy importante remarcar esto– dio un paso al costado y no protagonizó este proceso electoral como candidata a presidenta. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué no le convenía? ¿Porque no estaba segura de que iba a ganar? ¿Porque necesitaba a un presidente que eventualmente la indulte?

No lo sabemos. Evidentemente, esta agenda tan compleja de la crisis la limita también a ella. Y hasta ahora ella pudo influi , pero a partir de ahora es probable que esta propia dinámica la vuelque a un segundo plano, porque es una crisis en la que el Presidente va a tener un enorme protagonismo y una gran responsabilidad. Ella necesita que a él le vaya bien, porque de lo contrario queda expuesta, y una sobreexposición de Cristina puede derivar en una descomposición de la coalición que la llevó a la vicepresidencia, con los gobernadores moderados, un sindicalismo moderado, actores que volvieron al peronismo como el propio Sergio Massa, porque Alberto Fernández se constituía como una especie de garante de la moderación. Si su hiperpresencia implica un giro hacia la radicalización, esto compromete a la lógica de la coalición gobernante y puede entonces derivar en una eventual crisis.

El tercer desafío son los factores de poder, porque en la Argentina, al margen de dónde venís, quién sos y qué hiciste antes de llegar a determinada posición de influencia en el Poder Ejecutivo, obviamente se mueve la agenda por una autonomía muy relativa del presidente y sus funcionarios. Se mueve sobre todo por pedidos, demandas, acciones y cuestiones derivadas de la justicia, que son las expresiones de los lobbies de los grupos de interés que permanentemente están tratando de vehiculizar sus demandas a través de distintos mecanismos. Este tercer plano también es muy importante. Cristina sabe mejor que nadie que todos estos lobbies y estos grupos de interés tienen una enorme capacidad para, de alguna manera, moldear la política pública. Entonces, ¿en qué quedaron, por ejemplo, su Ley de Medios o sus leyes de democratización de la Justicia? En nada, precisamente por la acción de estos grupos.

Estos tres desafíos -el presidencialismo, la agenda económica y la lógica de la acción colectiva de los principales actores políticos, económicos y sociales–, de alguna manera, más allá de la foto de coronación como Reina de la Provincia, la ponen a Cristina en un gran dilema y en una coyuntura compleja de sostener a partir de este hiperprotagonismo que le provocó haber sido la VP del año, lo que probablemente va a resultarle muy complejo.

Por Sergio Berensztein 

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