Anuario Forbes

21 de diciembre de 2018 - Tomás Rodríguez Ansorena

 



Con una inflación cercana al 50%, el peso devaluado a la mitad, tasas de interés en torno al 60%, retorno al FMI, encarecimiento del crédito internacional  y recesión, 2018 será recordado como el año en que «pasaron cosas». Reviví estos 12 meses inolvidables.

ENERO | metas de verano | déficit central

Inflación: 1,8%| Dólar: $18,74 | Tasa: 27,25%

2017 terminó tarde. La batalla por la reforma previsional en el Congreso (y en la plaza) destiñó el optimismo de Cambiemos, envalentonado tras las elecciones de medio término en octubre. Pero había tiempo para una postal más. El 28 de diciembre, en medio de las fiestas, Federico Sturzenegger, Nicolás Dujovne y Luis Caputo se sentaron junto a Marcos Peña en conferencia de prensa para anunciar el relajamiento de las metas de inflación 2018: de un tope de 12% al 15%. Elegido CEO del año por FORBES apenas un mes antes, Peña hacía uso de su autoridad en el esquema del Ejecutivo desabrochando el cinturón de Sturzenegger en el Central. Mientras el turismo se gastaba $ 22.700 millones en el país durante la primera quincena del verano, el dólar a $ 19 con cuotas sin interés habilitaba la ¿última? gran oleada de argentinos en el exterior. De vacaciones en Guazuvirá, Uruguay, mientras el presidente disfrutaba de la tranquilidad de Cumelén, delegó su poder en el vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, quien renunciaría 9 meses después.
El 17 de enero, Nicolás Dujovne anunciaba el sobrecumplimiento de la meta fiscal de 2017, que dejaba un déficit primario del 3,9% del PBI, combinado con un aumento de la recaudación de 29,2%. El déficit total (sumando los intereses de la deuda) llegaba a los 5,9 puntos. Los más optimistas pronosticaban entonces un crecimiento del 3%, con una inflación debajo del 20%. Pero 2018 nos iba a sorprender.


El jefe de Gabinete en su mejor momento, tras el triunfo electoral de 2017. Su suerte cambiaría meses más tarde y, aunque el Presidente lo sostuvo, fue perdiendo aliados y centralidad.

FEBRERO | carburando | Crudo en alza

Inflación: 2,4%| Dólar: $19,71 | Tasa: 28%

La mejor noticia del verano llegó sobre ruedas: en enero se habían patentado 119.000 0 km, marcando récord histórico y un crecimiento del 24,9% interanual, presagiando un gran año para el sector. FCA inauguraba la producción (85% robotizada) del Fiat Cronos en Córdoba, y las terminales automotrices prometían inversiones y mano de obra. Con el diario del lunes, el millón de unidades proyectadas entonces para el total de 2018 parece un mal chiste. Paralelamente, la liberación del precio de la nafta, que el entonces ministro Aranguren había decretado el octubre anterior, tuvo su primer salto considerable en febrero. ¿La razón? Desde junio de 2017, el precio del crudo había comenzado a subir en todo el mundo tocando el techo de los US$ 77 en mayo. En el verano argentino, el barril rondaba los US$ 67, y aquello, sumado a la flotación alcista del dólar, había llevado a las naftas súper por encima de los $ 26, y a las premium arriba de los $ 30. Un aumento promedio del 3,5%. El insumo básico de cualquier cadena de valor echaba combustible al fuego inflacionario.
Mientras tanto, la política también se calentaba: el ministro de Trabajo Jorge Triaca seguía dando explicaciones por el escándalo de su empleada doméstica desatado en enero y Mauricio Macri daba el aval para que sus legisladores debatieran la despenalización del aborto.

En la América de Trump crecía la figura de Jerome Powell, presidente de la FED, al ritmo de la tasa de interés. En la tapa de FORBES, el presidente de EE.UU. explicaba su modelo.

MARZO | “ya pasó” | cuestión de FED

Inflación: 2,3%| Dólar: $20,54 | Tasa: 27%

Mientras en el discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso Mauricio Macri afirmaba que “lo peor ya pasó”, Eduardo Costantini decía en la tapa de FORBES que “se acabó la plata fácil”. El frente externo se empezaba a complicar. El flamante presidente de la FED, Jerome Powell, subía la tasa de interés en Estados Unidos, dando el primer (aunque anunciado) paso del fortalecimiento del dólar en la great again América de Donald Trump. Esa suba en la rentabilidad de los activos estables precipitó luego la huida de papeles más rentables pero menos seguros: la famosa “crisis de los emergentes”. El bono a 10 años que emitió Luis “Toto” Caputo en enero pagaba entre 4,6% y 6,9%, mientras que el Treasury 10y pasó de 2,4% en diciembre a 2,84% en marzo. Aunque Caputo prometía que las necesidades financieras del gradualismo estaban cubiertas para lo que restaba del año, Argentina dejaba de “estar de moda” (Costantini dixit). ¿Qué podía suceder si los capitales que tanto apostaron al carry trade decidían reestructurar sus carteras de inversión? La respuesta no sorprenderá: empieza con “c” y termina con “orrida”.
Como todo marzo, las paritarias fueron el gran tema de discusión. El Gobierno apuntaba sin disimulo a aumentos máximos del 15% sin “gatillo”, la cláusula fetiche de 2017. El conflicto docente en la Provincia de Buenos Aires no hizo más que recrudecerse. Eliminada por decreto (en enero) la Paritaria Nacional Docente, las provincias debían negociar individualmente.

Eduardo Costantini, gurú de las inversiones, explicaba en FORBES que Argentina ya había dejado de “estar de moda“.

ABRIL | fuego amigo | la sequía perfecta

Inflación: 2,7%| Dólar: $20,44 | Tasa: 30%

Las tormentas asomaban en todos lados, excepto en el campo. “La peor sequía en 50 años” había dejado como resultado una caída de más de 15 millones de toneladas de soja respecto de lo proyectado, en una cosecha que terminó en 37 millones total, un 31,6% menos que el año anterior. Por primera vez en 20 años, el maíz (42 millones de tn) superó a la oleaginosa de los huevos de oro, y la pérdida total de divisas quedó estimada entre US$ 3.000 y US$ 3.500 millones. Contabilizando el bajón en el encadenamiento productivo, la cifra llega a los US$ 5.500: un daño equivalente a 1 punto del PBI. Según CREA, el 87% de los establecimientos agrícolas y un 94% de los ganaderos reportaron pérdidas.
Como si no hubiera suficientes frentes en la oposición y la realidad, a Cambiemos le estalló una bomba interna. Elisa Carrió hizo un pedido formal de informes a Marcos Peña sobre las subas de tarifas apuntando no solo al hombre de las planillas, J.J. Aranguren, sino a los vínculos entre el macrismo y las principales empresas energéticas. El creciente malestar social provocado por las boletas de servicios públicos tuvo su eco no solo en la líder de la CC sino en la UCR, cuyo presidente y gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, alzó la voz dentro de la coalición gobernante. “Le hizo meter la pata al Gobierno muchas veces”, dijo sobre Aranguren, a quien le reprochó en público su decisión de no repatriar sus ahorros en el exterior.
Tras algunas reuniones que intentaron demostrar que la casa estaba en orden, el fuego amigo ya había sin embargo disparado al menos dos consecuencias: la sanción de un proyecto de ley de congelamiento de tarifas y su posterior veto en mayo, y el temor sobre la capacidad del Gobierno para cumplir los acuerdos con el sector en el saneamiento del esquema dolarizado de tarifas e inversiones.

El escándalo de Cambridge Analytica llevó a Mark Zuckerberg a exponer ante el Senado norteamericano. Facebook tembló por primera vez.

MAYO| volver al fondo | corriste

Inflación: 2,7%| Dólar: $20,44 | Tasa: 30%

US$ 1.472 millones el 25, US$ 853 el 26, US$ 1.382 el 27. Los últimos 3 días hábiles de abril, antes del fin de semana largo del Trabajador, fueron un infierno para Federico Sturzenegger. “Falta de muñeca”, “ingenuidad”, ¿“incumplimiento de sus deberes”?, de todo se dijo sobre el presidente del Central, quien no pudo controlar los daños de la corrida contra el peso que generó una caída de US$ 4.732 millones de las reservas en abril. Al 2 de mayo, la tasa de interés ya había subido de 27% a 30%, pero los esfuerzos combinados no pudieron contener durante mucho tiempo el precio del dólar, que se escapó de los $ 20 y llegó a $ 23 a los pocos días y a $ 26 a fin de mes. El atraso cambiario de 2017 (devaluación de 17% versus inflación en 24%) se adelantó de un saque aunque, dados los acontecimientos posteriores, todavía faltaba mucho para andar.
¿Qué había pasado? La entrada en vigencia del impuesto a las Lebac el 25 de abril (5% sobre el interés obtenido en pesos; 15% en dólares) alentó el desarme de posiciones en esas letras, que fueron corriendo a la (baratísima) moneda norteamericana: el primer supermartes del año. Todo esto, en el contexto de la suba de tasas de interés en EE.UU., que devaluó a la mayoría de las monedas emergentes (ver marzo). Ninguno de esos países, sin embargo, entregó al mercado tantas reservas. La expectativa de una devaluación mayor era total. ¿Podía la Argentina contener semejante huida de sus activos? ¿Podía cumplir con compromisos como el rimbombante bono a 100 años?
“He decidido iniciar conversaciones con el Fondo Monetario Internacional”, respondió el presidente en un mensaje grabado que se emitió el mediodía del 8 de mayo. Alternando confianza con la sonrisa y preocupación con el ceño, Macri anunciaba a los argentinos que minutos antes había cortado con Christine Lagarde, quien le había manifestado la completa predisposición del organismo para llegar a un acuerdo beneficioso. El fantasma del default asomaba nuevamente en el país con el sello del “prestamista de última instancia”, que venía a dar certezas –otra vez– de que la Argentina cumple con sus compromisos. El dólar volvió a subir y los bonos volvieron a caer luego del anuncio. Dujovne viajó a Washington, el Fondo dejaba entrever que la divisa debía encontrar naturalmente –y más arriba– su equilibrio, y la city se paralizaba frente a un supermartes no apto para cardíacos.
El escuadrón antibombas de “Toto” Caputo, todavía ministro de Finanzas, salvó la ropa el 14 de mayo, segundo supermartes del año, mostrando su influencia sobre las mesas de Wall Street: emitió dos bonos en pesos por el que ingresaron US$ 3.000 millones de la mano de Templeton y BlackRock. Si bien la sed de dólares se aplacaba y la bomba de las Lebac no explotaba todavía, la extrema tensión en los mercados no hacía otra cosa que empujar la tasa de interés casi al mismo ritmo del Riesgo País, que registraba los mayores índices de la era Macri, por encima de los 500 puntos.
Para Christine Lagarde, Argentina se convirtió casi en una obsesión personal. La línea de crédito extendida (9% del PBI argentino) es la mayor que el organismo tiene en curso, y su éxito será determinante en el futuro de Lagarde. En los sucesivos encuentros y desencuentros, la directora se ocupó de demostrar su apoyo al Gobierno. Para los argentinos, en tanto, “pechuguita y calabaza” pronosticó el ácido Carlos Melconian. Macri, en cambio, correspondió y quiso que el país termine “enamorado” de Christine. Como en las buenas películas, hay que esperar al final para qué pasa.

Claudio Belocopitt, dueño de Swiss Medical, en la tapa del ranking con los 50 argentinos más ricos.

JUNIO | MESSI +10 | Recambio

Inflación: 3,7%| Dólar: $28,43 | Tasa: 47%

Mientras Vladimir Putin aplaudía los cinco goles que su selección le regalaba para la inauguración del Mundial organizado en casa, los argentinos leían la carta de renuncia de Sturzenegger a la presidencia del Banco Central. Fechada el 14 de junio y con el dólar ya en $ 28, era la carta de un amigo, de un incondicional. En un día larguísimo que terminó a la mañana siguiente en Diputados con media sanción del proyecto de legalización del aborto (con Monzó rogando “matemática” y Carrió amenazando: “La próxima, rompo”), Sturzenegger le explicaba a Macri y al país que el deterioro de su credibilidad le impedía continuar en el cargo.
Lo de Sturzenegger era más que un renunciamiento histórico. Con las metas de inflación desvirtuadas y su política errática de suba de tasas, su incapacidad para frenar la corrida terminó por sepultarlo. Pero, amén de sus propias responsabilidades, pagó por las del conjunto dejándole la 10 al “Messi de las finanzas”, Luis “Toto” Caputo. La historia dirá si se trató de la estocada final del duelo iniciado el 28-D, como dejó entrever Sturzenegger en Harvard hace algunas semanas. Hasta que sonó su propio réquiem, mientras tanto, Luis Caputo llevó algo de tranquilidad a los mercados, y también a los banqueros, a pesar de su política de suba de encajes. Un trader en la mesa de dinero del Central: a él no lo iban a correr. Sin embargo, había un inconveniente. El acuerdo stand by aprobado por el directorio del FMI por el cual Argentina recibiría US$ 50.000 requería independencia de la autoridad monetaria y escasa o nula intervención en el mercado cambiario con venta de reservas. Con la salida de Caputo dos meses después, el conflicto se haría aún más evidente.
Para agregarle un poco de picante al sabor amargo del empate del equipo de Sampaoli con Islandia, la Quinta de Olivos estuvo activa durante el fin de semana del 16: Macri decidió apartar del Gabinete nada menos que a Francisco Cabrera, ministro de Producción, y a Juan José Aranguren, ministro de Energía y cara visible de la reestructuración tarifaria nacional. En su lugar, eran designados Dante Sica, secretario de Industria durante el gobierno de Eduardo Duhalde, y Javier Iguacel, hasta entonces director de Vialidad.
Si la salida de Sturzenegger era una señal hacia afuera, la de Aranguren era un gesto político hacia los aliados de la coalición del Gobierno y una señal hacia el fin del endurecimiento de la política tarifaria. La de Cabrera (quien en marzo les había dicho a los empresarios que “dejen de llorar”), en tanto, fue una necesidad de gestión para la búsqueda de mayores y mejores resultados.
Cinco días después, el Día de la Bandera, Argentina recibía con alivio una noticia acaso inesperada: la reclasificación como “emergente” por parte de Morgan Stanley. Un veredicto demorado, discutido como un fallo del VAR, que venía a traer algo de calma al bajón bursátil que durante un mes arrastraban los papeles nacionales. El sol asomó por unas horas, pero el invierno ya había llegado. En el último día del mes, como en una metáfora berreta, Mbappé liquidaba la tibia esperanza que la Selección había sembrado frente a Nigeria.

Rubén Cherñajovsky, dueño del Grupo Newsan, en un reportaje exclusivo. Historia de un empresario que tuvo que adaptarse: llegó a vender langostinos para producir televisores.

JULIO | argentina de toto | propina

Inflación: 3,1%| Dólar: $28,67 | Tasa LEBAC: 46%

Promediando el año, todavía se discutía cómo crecer. Elisa Carrió, por ejemplo, aportaba su granito de arena pidiéndole a la clase media que “dé propinas y changas”. El modelo de desarrollo argentino, mientras tanto, presentaba dos problemas centrales. La inflación (19 % acumulada, segunda más alta del mundo detrás de Venezuela) ya había superado la meta puesta en diciembre para todo 2018 (15%). Y la tasa de interés ya superaba el 40%, lo cual dañaba seriamente la cadena de pagos de casi cualquier segmento de la economía. El descuento de un cheque llegaba casi al 60%, y el financiamiento barato era apenas el recuerdo de un sueño. El nivel de inversión y contratación de mano de obra, especialmente en las pymes, cayó pronunciadamente. En FORBES de julio, el presidente de la UIA, Miguel Acevedo, esperaba que semejante tasa fuera “temporal”. La realidad se encargó de desmentirlo. Mark Mobius, ex Templeton y gurú mundial de los mercados emergentes, afirmaba que era momento de entrar en Argentina, ya que estaba “increíblemente barato”.
La relativa calma invernal albergó un episodio difícil de roer para Cambiemos y su dirigente con mejor imagen: María Eugenia Vidal. El periodista Juan Amorín descubrió irregularidades en la campaña donde titulares de planes sociales figuraban como aportantes en las planillas de Cambiemos. La gobernadora acusó recibo y, si bien también acusó al kirchnerismo de una “operación”, tuvo que sacrificar a Fernanda Inza, tesorera del PRO.
Antes de fin de mes y los cuadernos, el Gobierno logra anunciar la firma de los PPP de corredores viales por US$ 6.000 millones.

Mark Mobius, el gurú de los mercados emergentes que predijo su crisis, explicaba que era hora de volver a Argentina. 

AGOSTO | gloria | sprint final

Inflación: 3,9%| Dólar: $30 >> $39 | Tasa: 47%

El miércoles 1 de agosto, el operativo coordinado por el juez Claudio Bonadío y el fiscal Carlos Stornelli detuvo a 12 personas, incluidos Roberto Baratta (número dos de Julio De Vido en el Ministerio de Planificación), Gerardo Ferreyra (Electroingeniería) y Javier Sánchez Caballero (ex CEO de Iecsa). La noche anterior habían detenido a Oscar Centeno, el chofer que le entregó al periodista Diego Cabot los famosos cuadernos Gloria donde, desde 2005, registró sus tareas para el Ministerio con detalles de horarios, personajes, montos, y los icónicos bolsos que ya había inmortalizado José López en el convento de Gral. Rodríguez: la “marroquinería política”, según Jorge Asís. Dos días después, el “mayor escándalo de corrupción de la historia argentina” contaba 36 imputados, un monto de sobornos calculado en US$ 36 millones y la popularización de la figura del “arrepentido” o, más estrictamente, del imputado colaborador.
La causa empezaba a perfilar una singularidad. No ya su alcance sobre la corrupción kirchnerista, desplegada en miríadas de expedientes judiciales, kilometraje periodístico y una centena de libros. Sino sobre el empresariado argentino. Pescarmona, Roggio, Albanesi, Hugo Eurnekian (sobrino de Eduardo), Carlos Wagner, Goycoechea (Isolux), Fagyas (Energía Argentina), Mundín (BTU), Poblete (Romero) y dos casos centrales.
En primer lugar, Techint, la mayor empresa del país. Al cierre de esta edición, Paolo Rocca, principal accionista del grupo, CEO de Tenaris y presidente de Ternium, ya había sido procesado por el juez Bonadío y tenía pedido de detención por parte de los fiscales Rívolo y Stornelli. Los hechos investigados giran en torno a la estatización de la siderúrgica Sidor en Venezuela en 2008, donde, según la versión oficial de la compañía aportada por su director institucional, Luis Betnaza (también procesado), Techint hizo aportes a funcionarios kirchneristas que “aceitaron” los pagos del Gobierno chavista.
El segundo caso “sensible” es el de Ángelo Calcaterra, primo del presidente Macri hijo y heredero empresarial de Macri padre, Franco, quien le cedió el control de IECSA, la constructora que proveyó obra pública para Nación y Ciudad indistintamente durante al menos una década. Un año antes de la crisis de los cuadernos, Calcaterra tuvo la prudencia de venderle la empresa a Marcelo Mindlin, mientras estaba en el foco público y judicial por la pata local del megaescándalo Odebrecht. Cuando Stornelli y Bonadío detuvieron a su lugarteniente Javier Sánchez Caballero, Calcaterra acudió a los tribunales y se acogió en la figura del imputado colaborador confesando pagos ilegales para la campaña de CFK.
Mientras los arrepentidos se arrepentían, el merval y los ADR argentinos en Wall Street corroboraban aquello del “costo reputacional”. Entrando en una recesión ya inevitable, la crisis de los cuadernos agregó un argumento más para que la llovizna de inversiones amainara aún más. El 29 de agosto, Macri vio cómo su autoridad se le escurría entre los dedos. Explicando “la falta de confianza en los mercados, específicamente sobre nuestra capacidad de lograr financiamiento para 2019”, anunció que había acordado un adelantamiento de los fondos del FMI. Pocas horas después, y a pesar de una licitación de US$ 300 millones, el dólar saltó de $ 30 a $ 34. Al día siguiente, llegó a los $ 39. El peso se devaluaba a la mitad en apenas 8 meses.

Entrando en la peor recesión de la era Macri, las 30 Promesas de FORBES permitían ver un futuro menos gris.

SEPTIEMBRE | país riesgo | nico al poder

Inflación: 6,5%| Dólar: $ 40 | Tasa LEBAC: 45%

El 11/9, a dieciséis años del atentado a las Torres Gemelas, mojón imborrable de nuestra crisis de 2001, Argentina llegaba a los 741 puntos de riesgo país, niveles cercanos a los de 2014, cuando el país negociaba con los holdouts y el impertérrito Thomas Griesa. Al ritmo del dólar, el índice que mide JP Morgan había subido a más del doble desde el último fin de año. El diagnóstico estaba claro: Argentina tocaba fondo y se aprestaba a atravesar el mes con peores indicadores del año. El acuerdo con el FMI había probado ser insuficiente en apenas tres meses. En menos tiempo, la celebrada decisión de Luis Caputo de terminar con las Lebac y sus megavencimientos semanales vía instrumentos financieros menos atados a la volatilidad (Letes y Leliq) demostraba también que no alcanzaba.
Aquella situación de “emergencia”, como explicó el presidente, había llevado al Gobierno a tomar la medida menos querida, un tributo “malísimo”, un “último esfuerzo temporal” para “mantener el rumbo”: las famosas retenciones. Así, se anunció que se aplicarían $ 4 por dólar exportado a la producción primaria (incluyendo manufacturas de bajo valor agregado) y a los servicios, mientras que se fijaron en $ 3 por dólar al resto de las exportaciones. Según explicó Dujovne, el Estado Nacional así recaudaría $ 68.000 millones más en 2018 y $ 280.000 millones en 2019.
Con los sectores productivos tan golpeados, no fueron pocos los que interpretaron la expulsión de Mario Quintana y Gustavo Lopetegui como una señal de recorte al poder de Marcos Peña, sindicado como uno de los grandes responsables de la crisis. Quien saltó a su defensa fue Elisa Carrió, denunciando la supuesta “venganza de los laboratorios” por haber bajado el precio de los medicamentos. Lilita protegía así, sobre todo, a Quintana, quien en agosto debió vender todas sus acciones en Farmacity, empujado por el inminente conflicto de intereses por el polémico desembarco de la empresa en la Provincia de Buenos Aires.
El “adelanto” cambiario llegaba en esos días a los $ 42 por dólar, y Dante Sica explicaba en FORBES los beneficios de “estabilizar la macro” nacional, en un contexto en el que, admitía el ministro, si bien no había despidos masivos, el desempleo crecía “por goteo”. La CGT, la CTA y Moyano se preparaban para el cuarto paro general de la era Macri (el tercero fue en junio, ¿y el quinto será en diciembre?), que se hizo realidad el 25 de septiembre, mientras el presidente se encontraba en Estados Unidos junto a Nicolás Dujovne. Y Luis “Toto” Caputo renunciaba a la presidencia del Banco Central.
La tensión era evidente. Entre Caputo y Dujovne se había instalado una grieta indisimulable, pero el verdadero conflicto pasaba por el FMI. Como dejaron ver los informes posteriores y las decisiones de Guido Sandleris al frente del Central (quien además llevó adelante la parte técnica de la negociación en el segundo acuerdo), el Fondo no permitiría la venta –discrecional– de reservas para contener el tipo de cambio.
Fueron días singulares. Mauricio Macri había viajado a Nueva York para la Asamblea General de Naciones Unidas, y aprovechó para reunirse con inversores y la prensa económica americana para asegurar que no habría riesgo de default. Casi al pasar, afirmó que estaba listo para competir por su reelección en 2019 y ratificó su confianza en que el FMI apoyaría a la Argentina con un nuevo acuerdo. Quién sabe si en disidencia o para facilitar la renegociación, Luis Caputo presentó su renuncia indeclinable. Al día siguiente, Nicolás Dujovne presentó el nuevo acuerdo junto a Christine Lagarde. El monto total ascendió de US$ 50.000 a US$ 57.000 millones, US$ 19.000 de los cuales serán desembolsados antes de que concluya 2019. En aquella conferencia, Dujovne prometió expansión monetaria 0 y presentó en sociedad el sistema de bandas de flotación para la administración cambiaria, que horas después detalló el nuevo presidente del Banco Central, Guido Sandleris. Sin Fede, ni Toto, ni siquiera Marcos, “Nico” Dujovne se convertía en la cabeza económica de Mauricio. El comienzo de una nueva era.

El hombre más rico del mundo en un reportaje exclusivo: innovación, expansión y diversificación.

OCTUBRE | estabilidad a dos bandas

Inflación: 5,4%| Dólar: $ 38 | Tasa LELIQ: 71%

El esquema de apretón monetario y bandas móviles de flotación cambiaria funcionó con éxito, finalmente, en su objetivo principal: contener la suba del dólar, que se mantuvo todo el mes por debajo de los $ 38. Guido Sandleris asumió el programa del FMI y se abocó a aspirar pesos con tasas récord. El 8 de octubre, el interés de referencia para Leliqs llegó al 73%, artillería pesada contra la devaluación por un lado; más frío en la economía por el otro. Como dijo Cristiano Rattazzi el 5 de diciembre, “cuando das un plazo fijo al 55%, la economía está enferma”. Los datos del segundo trimestre cayeron como un baldazo de agua fría: 4,2% de caída en el PBI, y un aumento de la desocupación en 9,6%. Macri ya había admitido en septiembre que la pobreza había subido al 27%: un país con 11 millones de pobres. El último gran vencimiento de Lebac ocurrió el 16/10, último supermartes del año, a días del comienzo del 54° coloquio de IDEA, donde los empresarios prefirieron hablar más sobre cambio cultural que sobre economía.
La justicia, por su parte, vivía una revolución: después de más de una década, Ricardo Lorenzetti dejaba de ser el presidente de la Corte Suprema. Una misteriosa votación dejó a Carlos Rosenkrantz a la cabeza del Poder que no paga Ganancias.
Mientras Brasil se aprestaba a votar a Jair Bolsonaro en primera y segunda vuelta, Miguel Pichetto intentaba contener a la tropa propia y votar el Presupuesto 2019 que terminó aprobándose en noviembre. La estabilidad cambiaria tranquilizó a los mercados y Dujovne pudo hablar, aunque sea unas palabras, sobre el futuro: “Argentina va a estar en recesión por un tiempo”.

En la edición por el segundo aniversario de FORBES Argentina, Pierpaolo Barbieri, fundador y CEO de Ualá, que aspira a ser el “Netflix del sistema financiero“.

NOVIEMBRE |volver al mundo | DICIEMBRE |tell me cuándo

Inflación: 3,2%| Dólar: $ 39 | Tasa LELIQ: 65%

El evento internacional más importante de la historia argentina, que reunió a 8 de las 14 personas más poderosas del mundo según FORBES (Xi Jinping, Putin y Trump en el podio) y a los líderes de las principales economías, comenzó con un leve sismo en Buenos Aires. Escenas de la excepcionalidad argentina, que ya se preparaba para vivir la segunda parte de la final de la Copa Libertadores más importante de su historia en ¡Madrid! El eje central para el país anfitrión en la cumbre pasó por el equilibrio –la tercera posición– en la denominada “guerra comercial” entre Estados Unidos y China. Luego de la primera bilateral entre Mauricio Macri y Real Donald Trump, su vocera tuiteó que los mandatarios habían acordado “enfrentar la actividad económica depredadora de China en la región”. Pero lo que aparecía como un conflicto pronto se diluyó. Argentina afianzó su relación con Estados Unidos e hizo lo propio con China ampliando el swap de monedas entre ambos bancos centrales. Esta política iniciada durante el segundo gobierno de CFK, por el cual Argentina contabiliza reservas en yuanes, asfalta un intercambio comercial que llegó a los US$ 17.000 millones en 2017 (con un déficit de
US$ 7.000 millones de nuestro lado). Los primeros mandatarios paseando por Buenos Aires, el documento final firmado, la tregua entre Trump y Xi Jinping y la gala del Teatro Colón le regalaron a Mauricio Macri la imagen que necesitaba. Casi con desesperación. El Gobierno volvió a marcar agenda y ocupar espacio (favorable) en los medios de comunicación como nunca en todo 2018, el año que vivimos en peligro. Las lágrimas emocionadas, aplaudidas por Angela Merkel, Emmanuel Macron, Shinzō Abe, Recep Erdoğan y los expresidentes Menem y De la Rúa, entre otros ilustres, fueron un bálsamo entre la adversidad.
Si bien Macri no volverá a decir que “lo peor ya pasó”, el fin de año augura cierta estabilidad. Si más abajo no se puede estar, solo se puede subir. A eso apunta el Gobierno como estrategia electoral. Hecho el ajuste, el viejo y querido segundo semestre puede acarrear los votos que hoy parecen estar dirigidos hacia la oposición.
La principal incógnita en este contexto, como planteó FORBES en su tapa de noviembre, más allá de quien retenga o recupere el poder en 2019, es a qué país se enfrentará. Los vencimientos de deuda para los años 20 y 21, dados los adelantos para el 19 acordados con el FMI, aseguran una parada difícil. ¿Cuándo volverá a crecer la Argentina? ¿Llegará el ansiado déficit cero? ¿Y cuándo a un solo dígito de inflación? ¿Cuándo, por fin, se blindará de la volatilidad? ¿Y cuándo podrá hacerlo sin endeudar a una decena de generaciones? Por lo pronto, un dato positivo: 2018, el año en que “pasaron cosas”, ya está terminando.

Para sorpresa de muchos (incluso para él), Axel Kicillof dijo en la tapa de FORBES que no era “anti empresa“ y que, en caso de formar gobierno, “no volvería a nada de 2015”.
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