Anuario Forbes: 2019, un año para recordar

20 de diciembre de 2019 - Tomás Rodríguez Ansorena

 



Además de los movimientos en el mundo y la región, 2019 marcó el fin del ciclo de Macri y el nacimiento de un nuevo peronismo. La economía volvió a perder valor, pero se advirtieron algunas claves del desarrollo para el futuro.

Enero | La señal

El “veranito” de la economía argentina que instauró la dupla Sandleris/Dujovne con su esquema de tasa, bandas y apretón monetario no preveía semejante recesión. Algunos dirán que sí. Lo cierto es que pasaba de largo advertencias como la de Guillermo Calvo, quien en pleno verano porteño le decía a Forbes que “a la gente le molesta la inflación, pero más le va a molestar no tener laburo”. El plan “Picapiedra”, como lo bautizó Carlos Melconian, que incluía “micromanagement” del FMI (Calvo dixit), fue el Frankenstein que logró ensamblar Cambiemos al final de 2018, el año que vivimos en peligro. Argentina iniciaba su año electoral con la estabilización como prioridad y todas las esperanzas puestas, otra vez, en el segundo semestre. Desde Davos, Dujovne anunció que Argentina pronto lograría el equilibrio fiscal y bajaría la inflación (2,9% en enero, 3,8% en febrero) para volver a crecer. Mientras tanto, el ajuste llegaba a sectores impensados: la Secretaría de Energía decidió corregir subsidios al gas de Vaca Muerta y dejó sin efectos el alcance de la Resolución 46 firmada por Aranguren en 2017. Fue la primera señal de alerta sobre la previsibilidad en un sector clave para la economía argentina y sus tibias inversiones.

Febrero | La perspectiva

La primera gira internacional de Mauricio Macri post G20, previa visita oficial a Brasil, fue por Vietnam, India y Emiratos Árabes. El perfil exportador de su gobierno se materializó en acuerdos para la exportación de alimentos y la promesa de flexibilizar barreras de entrada a algunos electrodomésticos. El mundo, que había sido tan hostil durante 2018, parecía dar buenas noticias para los planes del oficialismo: la autoproclamación de Juan Guaidó en Venezuela (reconocido como presidente por el Grupo de Lima), las perspectivas de crecimiento del Brasil de Bolsonaro (bull bolsero total) y los retos de Donald Trump a la FED, que terminaría bajando su tasa de referencia (en sintonía con la tendencia europea). La guerra comercial entraba en un impasse, por lo que los analistas pronosticaban el repunte de los emergentes, y los activos argentinos, que todavía “descontaban” la reelección de Macri, se recuperaban levemente de la devastación. A ese optimismo abonó también María Eugenia Vidal, quien terminó con las especulaciones y afirmó que no desdoblaría las elecciones de la Provincia. Mientras saltaban las esquirlas del affaire D’Alessio-Etchebest-Stornelli, todavía faltaba mucho para que terminara de armarse el escenario electoral.

Marzo | El plan

El 2 de marzo falleció Franco Macri, uno de los empresarios más importantes de los últimos 50 años. El nombre del padre simbolizó la conflictiva relación que el presidente mantuvo durante todo su mandato con los industriales. Estancada desde alrededor de 2012 y en franca caída desde 2018, la actividad industrial tocó en marzo de 2019 su piso con un -6,8% interanual. Y los datos recopilados ese mes por el Sistema Integrado Previsional Argentino empezaban a dar señales de alerta sobre el desempleo: en 2018, se destruyeron 61.000 empleos fabriles, casi la mitad de los puestos en blanco perdidos ese año. Como dijo en Forbes de marzo Teddy Karagozian, el mayor hilandero del país, “algunas empresas que en su vida habían perdido plata están perdiendo dinero hace dos años”. El caso más notable: Arcor, que en 2018 perdió $ 1.000 millones y, en el primer trimestre de 2019, $ 874 millones más; números que el cordobés Luis Alejandro Pagani no veía desde 2002 y que lo obligaron a adelantar vacaciones de 2.500 trabajadores en octubre.

Así y todo, Macri, recuperado de los “peores meses de su vida después del secuestro”, confiaba en su plan. Tanto que le confirmó a Mario Vargas Llosa en la cena de la Fundación Libertad que, en caso de reelegir, seguiría “en la misma dirección que estamos, lo más rápido posible”. Todavía en el comienzo del año, Cambiemos pretendía capitalizar que la crisis de 2018 no había terminado en hiperinflación o anomia institucional. “Estamos mejor que hace un año”, dijo con temeridad Javier González Fraga en el Forbes Money Summit. Para el presidente del Banco Nación, la ecuación era simple: “¿Qué prefieren, estar en un auto a más de 100 kilómetros que va hacia la pared o haber chocado con la pared y no tener más que un par de huesos rotos? Chocamos, pero estamos vivos”. En la tapa de Forbes, Eduardo Costantini se declaraba un “profesional de las crisis” y, aunque admitía que “estructuralmente la economía está más sólida”, advertía sobre la inflación y el déficit fiscal.

Fue por esos días que Guido Sandleris tuvo que desistir de la baja gradual en la tasa de referencia que había empezado a implementar hacia fin de año. Desde el piso de 44% del 12 de febrero, la subió hasta los 68 puntos el 28 de marzo, a niveles de noviembre. En ese período, el dólar minorista saltó de $ 39 a $ 45 y, aunque Dante Sica no encontraba “causas de preocupación respecto del tipo de cambio” (7/3/19), ya era visible que el “Plan Llegar” de su administración se basaba en la premisa de un Macri pesificado, cuya intención de voto bajaba al ritmo de la devaluación. En pleno fervor de Expoagro, que auguraba una cosecha que casi doblaría a la del año anterior (aproximadamente 57 millones de toneladas de maíz y 56 de soja contra 31 y 36 en 2018, respectivamente), el Gobierno se entusiasmaba con aspirar los dólares que le permitieran domar el tipo de cambio.

El sesgo

Había, además, novedades en el Sur: Omar Gutiérrez era reelecto gobernador de Neuquén con el 40% de los votos, superando holgadamente a Ramón Rioseco, candidato del Frente para la Victoria. Aunque el radical Horacio “Pechi” Quiroga quedó tercero, el triunfo del Movimiento Popular Neuquino en nada menos que la capital de Vaca Muerta confirmaba el sesgo de que ganaban los oficialismos. En 2019, reeligieron 11 gobernadores (a Gutiérrez lo siguieron Juan Schiaretti en Córdoba, Sergio Uñac en San Juan, Mariano Arcioni en Chubut, Gustavo Bordet en Entre Ríos, Gerardo Morales en Jujuy, Juan Manzur en Tucumán, Gildo Insfrán en Formosa, Adolfo Rodríguez Saa en San Luis, Alicia Kirchner en Santa Cruz y Horacio Rodríguez Larreta en CABA). Además, hubo 8 sucesiones del mismo partido (Arabela Carreras en Río Negro, Sergio Ziliotto en La Pampa, Oscar Herrera Ahuad en Misiones, Rodolfo Suárez en Mendoza, Jorge Capitanich en Chaco, Raúl Jalil en Catamarca, Ricardo Quintela en La Rioja y Gustavo Sáenz en Salta). En solo tres casos hubo cambios de signo: Axel Kicillof en la Provincia de Buenos Aires, Omar Perotti en Santa Fe y Gustavo Melella en Tierra del Fuego. Tanto Santiago del Estero (Gerardo Zamora) como Corrientes (Gustavo Valdés) habían elegido en 2017.

Abril | La intervención

Como dijo Federico Tomasevich en Forbes Money, con el cambio de expectativas que suscitó Macri al asumir, “los inversores suscribieron deuda por hasta el doble de lo que hubiera sido lógico”. La sobreexposición al riesgo argentino, que derivó, a la hora de los bifes, en falta de liquidez con un mercado 100% vendedor, explicó en gran medida los problemas de 2018. Hay quien dice que la deuda fue “la soja a US$ 600” de Macri, el viento de cola que remontó el modelo pese a sus inconsistencias. Y la solución que encontró el Gobierno para solucionar luego la “sustentabilidad de la deuda” fue el ingreso del famoso prestamista de última instancia. Pero en abril, a menos de un año de la firma del acuerdo original con el FMI (8/5/18), su hoja de ruta se había modificado al menos 4 veces. El día 16, el Banco Central congeló la zona de no intervención con el objetivo de bajarle el techo al dólar. Dos semanas después, con el FMI ya en modo campaña y mientras a Macri le pedían cada vez menos disimuladamente que se bajara de la elección para ungir a María Eugenia Vidal (o incluso a Lavagna), la ZNI se eliminó de facto y el Central fue autorizado a vender divisas casi sin restricciones. Entre abril y julio se perdieron alrededor de US$ 10.000 millones de las reservas, y la palabra “default” empezó a asomar en los newsletters financieros. Con el explícito propósito de espantar ese fantasma, Miguel Pichetto se dirigió a Wall Street en la famosa gira que, nos enteraríamos después, fue su primer beso con Cambiemos. El senador rionegrino se reunió con inversionistas y bancos para subrayar que Argentina entendía “la importancia de cumplir con las obligaciones contraídas”, aunque ya hablaba la lengua de la grieta y señalaba con preocupación el fenómeno editorial de Sinceramente, el libro de CFK que apareció en las librerías el 25 de abril.

Mayo | La sorpresa

Aunque después se haría más evidente, el Gobierno empezó a ensayar su “kirchnerización” con el anuncio de suspensión de aumentos en las tarifas de luz y gas previstos para octubre y con el Acuerdo de Precios Esenciales: la decisión de algunos empresarios “de apoyar al Gobierno para bajar la inflación”, como explicó en Forbes Ignacio Noel, dueño de la alimenticia Morixe. Promediando el año, el efecto de la paritaria y el aumento en jubilaciones y pensiones estaba produciendo una suerte de amesetamiento en la caída del consumo, que presentaba una baja en volúmenes de 15% interanual en marzo, -7% en abril y -6% en mayo (fuente: Kantar). Todo, con una inflación todavía arriba del 3% mensual.

Y, mientras el rebote seguía sin aparecer, el sábado 18 de mayo a la mañana Cristina Fernández de Kirchner publicó en sus redes sociales el ya icónico video donde compartía “reflexiones y también, claro, decisiones”. El factor sorpresa que introdujo al bajarse a la vicepresidencia y designar a Alberto Fernández al frente de la fórmula no tiene demasiados antecedentes en la historia argentina. Y de hecho Mauricio Macri no consiguió superarlo con la también sorpresiva designación de Miguel Ángel Pichetto como su candidato a vicepresidente casi un mes más tarde. El 25 de mayo, a 16 años de la asunción de Néstor Kirchner, se presentó en Merlo la fórmula Fernández-Fernández, con al menos un mensaje claro: “Es con todos”.

Junio | El valor

En un año, las 50 mayores fortunas de Argentina perdieron cerca del 17% de su valor total, unos US$ 12.000 millones. Consumo masivo y finanzas fueron los sectores donde más cayeron los patrimonios, en una lista que este año cuenta más millonarios con fortunas en el exterior, como por ejemplo Lionel Messi. Pero la destrucción de valor en Argentina no es exclusiva de los más afortunados. Según un trabajo del Centro de Economía Política (CEPA), en los 4 años de Cambiemos se perdieron más de 20.000 pymes, una situación que llevó a CAME a pedir la “emergencia pyme” algunos meses más tarde.

Aunque los niveles de actividad nunca se recuperaron, junio pintó un panorama de los pilares del futuro argentino. Al cierre de la cosecha récord se sumó la promulgación de la Ley de Economía del Conocimiento, un régimen de promoción votado por unanimidad en el Senado que continuó la línea iniciada por la Ley de Software en el gobierno anterior. Y a esa novedad del país de la grieta se agregó la primera exportación de Gas Natural Licuado de la historia, a cargo de YPF, tras el impactante desarrollo de Vaca Muerta a 8 años de su primera perforación. Desde allí partió también una pequeña exportación de crudo liviano a cargo de Vista Oil&Gas, la petrolera de Miguel Galuccio, otro hito para la industria.

Julio | Los sueños

Entre llantos, el canciller Faurie le comunicó al presidente Macri que se acababa de firmar el acuerdo Unión Europea-Mercosur. Tras 20 años de negociaciones, y con un papel destacado de la Argentina, se rubricó un borrador que deberá ser más adelante ratificado por los parlamentos de las partes, para empezar a regir recién en 2022. Inmediatamente, Alberto Fernández avisó que no había “nada para festejar” y que la prioridad del país debía ser cuidar la industria y el trabajo argentinos. Lo mismo advirtieron luego algunos mandatarios europeos, como Emmanuel Macron, todavía acorralado por la crisis por los chalecos amarillos. Semanas después, para colmo, Theresa May renunciaba en el Reino Unido y el Brexit tuvo su revival con la asunción de Boris Johnson. De este lado del Atlántico, Paulo Guedes, el plenipotenciario ministro de Economía de Bolsonaro, tenía quizás su último gesto de simpatía hacia el Mercosur con una propuesta de crear un tratado de libre comercio con Estados Unidos, que también quedó en veremos.

Forbes organizó en esos días el Summit Reinventando Argentina, donde empresarios como Hugo Sigman (Insud) y Javier Madanes Quintanilla (Aluar), CEO como Daniel Herrero (Toyota), Miguel Gutiérrez (YPF) y Javier Martínez Álvarez (Tenaris), y políticos como Roberto Lavagna y Miguel Pichetto compartieron sus ideas para desarrollar el país. Largo plazo, previsibilidad, consensos básicos, reformas pendientes, creatividad, capacidad de adaptación, gasto público, política laboral e impositiva, inclusión, credibilidad y productividad fueron los temas más recurrentes. Se retomó también aquello del Ciclo de la ilusión y el desencanto (como el libro de Llach y Gerchunoff) y su manta corta tejida con endeudamiento o emisión. El 16 de julio llegó el quinto y último desembolso del FMI: US$ 5.382 para completar el 78% de los US$ 57.000 millones del acuerdo.

Agosto | El perdón

«Esta es solo una muestra de lo que puede pasar. Es tremendo lo que puede pasar”. Pero ya estaba pasando. Menos de 12 horas después de conocerse el resultado de las PASO, el dólar saltó $ 11, una devaluación del 23% que llevó el tipo de cambio a $ 60. Con todo su después: F5 al homebanking, listas de precios actualizadas de la noche a la mañana (literalmente) en los corralones, en los locales de comida por peso, en las concesionarias: la sociología de la corrida argentina, su darwinismo cambiario. Era lunes y el presidente Macri dijo: “Hoy estamos más pobres que el viernes” y su explicación fue que el “kirchnerismo no tiene credibilidad en el exterior”. La noche anterior, antes de los números definitivos, había dicho “a dormir”, preocupado por “explicarle al mundo” lo que había pasado, golpeado porque “muchos argentinos piensan que hay una alternativa volviendo al pasado”. Pero terminó reflexionando y el miércoles pidió disculpas. “Quiero que sepan que los entendí”, confesó, y asumió la responsabilidad total por la derrota. Más tarde, habló por teléfono con Alberto Fernández y así comenzó, formalmente, un estado de transición y espera que culminó el 10 de diciembre.

Aunque los problemas seguían ahí, Alberto Fernández afirmó en Radio Mitre que “el dólar a $ 60 está bien” y llevó algo de calma a los mercados. Durante buena parte de la campaña había denunciado la “fuga permanente” de reservas, con un “dólar barato a cambio del cual pagamos tasas exorbitantes que impiden el desarrollo argentino”. Lo que probablemente no esperaba era que aun ese tipo de cambio “recontra alto” no impidiera la sangría del Central, que a fin de mes terminó perdiendo casi US$ 10.000 millones desde las PASO. El símbolo más nítido del derrumbe fue la renuncia de Nicolás Dujovne, el cuarto hombre fuerte del macrismo caído en desgracia, siguiendo la serie Prat Gay, Sturzenegger y Caputo. A suplantarlo llegó Hernán Lacunza, el ministro de Economía de María Eugenia Vidal, la segunda gran derrotada de las PASO. Y recibió el mandato de cuidar, a la vez, el dólar y las reservas, y al mismo tiempo coordinar una política que aliviase el bolsillo de sus compatriotas, al menos hasta el 27 de octubre. Macri desabrochó el cinturón del equilibrio fiscal y encaró su marcha personal del “Sí, se puede” con un paquete de medidas que incluyó eliminación del IVA, baja de Ganancias, aumento del salario mínimo, devoluciones y moratorias impositivas y bonos para empleados en relación de dependencia. También se anunció el congelamiento de naftas, que provocó el cuestionamiento de Gastón Remy, CEO de Vista Oil&Gas: “Esto tiene un impacto brutal en Vaca Muerta”.

Septiembre | El plazo

El 35% de los argentinos son pobres, dio a conocer el INDEC a casi un mes de las elecciones. 15,9 millones de personas, 4 millones más que en 2015, según la estimación del Observatorio Social de la UCA. Ese “quiero que me juzguen” dicho en tiempos del slogan “pobreza cero” le valió a Macri algunos momentos incómodos durante su segunda campaña, pero en general, superados algunos escollos, la formidable máquina de marketing político del PRO rendiría sus frutos. La pelota ya estaba del otro lado. Pero, advirtiendo la jugada y quizás por temor a un prematuro desgaste, Alberto Fernández se limitó a seguir el viejo adagio: “Si tu enemigo se está equivocando, no lo interrumpas”. Primero llegó el afamado reperfilamiento, y su emisión de Letes por un total de US$ 2.000 millones y de Lecaps por $ 70.000 millones. La queja más dura frente al estiramiento involutario de los vencimientos de deuda de corto plazo la presentó el dueño de Swiss Medical, Claudio Belocopitt: “El reperfilamiento es una palabra que inventaron para no decir que se la chorearon. No hay antecedentes de un default en pesos, están provocando estragos en la economía”, sentenció. Luego llegaron las primeras restricciones cambiarias: tope de US$ 10.000 mensuales para personas físicas, prohibición de atesorar a empresas y tope de cinco días para liquidar divisas a exportadores.

Octubre | La excepción

El 2 estalló Ecuador tras las medidas de reforma económica anunciadas por el presidente Lenin Moreno. El 6, centenares de estudiantes secundarios de Chile acudieron a una evasión masiva para protestar por el aumento del boleto del metro. El 26, tras 20 días de movilizaciones, incendios, saqueos, cambios en el Gabinete de Sebastián Piñera, 25 muertos, represión y declaración de toque de queda, más de 1 millón de personas marcharon en Santiago pidiendo una nueva Constitución, que finalmente se plebiscitará en 2020. A esa altura ya habían comenzado las protestas por las irregularidades en el escrutinio por la re-re-reelección de Evo Morales en Bolivia. Tras la sugerencia de los militares, el golpe de Estado se consumó el 10 de noviembre, dos días después de la liberación de Lula Da Silva de su prisión en Curitiba, la otra gran noticia de una primavera movidita en la región.

Pese a que nunca llegó el sexto desembolso del FMI, que la presión sobre el dólar se comió US$ 7.460 de las reservas y que el retiro de depósitos llegó a US$ 13.197 millones (entre agosto y octubre), Argentina eligió nuevo gobierno casi sin sobresaltos. Juntos por el Cambio obtuvo más de lo que habían opinado las encuestadoras y se pintó de Boca el país de los desequilibrios productivos: entre los que más necesitan al Estado y quienes sienten que preferirían deshacerse de él. El Frente de Todos de Alberto y Cristina Fernández llegó a un resultado que dejó un leve sabor a poco pero que seis meses antes hubieran firmado sin dudar. La victoria fue rotunda. El peronismo unido, como venía predicando Alberto Fernández, era imbatible.

El 28 de octubre, previendo otra corrida, el Banco Central repuso el cepo: US$ 200 por mes por persona. El racionamiento de la economía que no supo evitar Mauricio Macri y del que Alberto Fernández deberá intentar salir. Una vez más.

Noviembre | El fin

Cadena nacional, marcha, el documental Momentos; Mauricio Macri encontró su épica con la derrota y armó su propia remake de “les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo”. Aquel será el combustible del liderazgo que, todo indica, pretende sostener en una oposición donde no faltan caudillos. La consolidación del larretismo en la Ciudad, la figura carismática de Vidal y las aspiraciones de los radicales del interior conspiran contra la hegemonía del primer presidente no peronista en concluir su mandato en casi 100 años. Pero aquella no fue la principal especulación que guió el anteúltimo mes del año. La danza de nombres para el Gabinete que fueron revelados el 6 de diciembre fue inversamente proporcional al hermetismo de Alberto Fernández y su círculo íntimo.

Como dijo un petrolero en los pasillos del Summit de Oil&Gas de Forbes, el esquema del nuevo gobierno se parece al de una UTE (Unión Transitoria de Empresas) en la que cada integrante tiene su voto en la mesa de decisiones: Cristina Fernández, los gobernadores, La Cámpora, Sergio Massa y, claro, Alberto Fernández. Un esquema opuesto a la descripción de Willy Kohan en su perfil del “CEO del año” en el anuario de esta revista en 2017: “Marcos Peña reúne la suma del poder. Es el CEO de los gerentes, tal el modo de gestión que eligió Macri para su gobierno. Es el esquema que, en definitiva, aprendió de su padre en la vida empresaria”.

Como Duhalde, Alberto Fernández deberá realinear las expectativas de sectores sociales diversos y a veces opuestos entre sí. Como Kirchner, tendrá que ser capaz de consolidar su autoridad dentro de la coalición. La pregunta por la gobernabilidad en la “era de los consensos precarios” (según la definición del politólogo Mario Riorda) se vuelve, otra vez, fundamental. Si el FMI y la recesión no bastaron para invocar al fantasma de 2002, alcanza con echar un vistazo a la región.

Diciembre | El principio

El misterio se reveló el 6 de diciembre a las 18 cuando Alberto Fernández presentó a su Gabinete de 20 ministros. La silla más enigmática hasta el momento, la del ministro de Economía, fue para Martín Guzmán, el discípulo de Joseph Stiglitz en la Universidad de Columbia que hasta entonces vivía en Estados Unidos. Su especialidad es la macroeconomía y las crisis de deuda soberana, las dos principales asignaturas para el nuevo Gobierno en su inicio. A mediados de noviembre presentó una ponencia ante las Naciones Unidas, en Ginebra, dedicada a la “(no) resolución de crisis de deuda soberana”, donde propuso no pagar capital ni intereses de los compromisos cotraídos durante dos años, pero al mismo tiempo evitar a toda costa un nuevo default apelando a la buena fe de los acreedores. La hipótesis que mantiene es que esa deuda solo será sustentable en la medida en que la economía pueda crecer. El nuevo enigma es qué tan permeable a esa idea pueda ser Kristalina Georgieva, la nueva mandamás del FMI.

El equipo económico se completa con Matías Kulfas en el Ministerio de Desarrollo Productivo; Miguel Pesce en el Banco Central; Mercedes Marcó del Pont en la AFIP; y Cecilia Todesca en la Vicejefatura de Gabinete (detrás de Santiago Cafiero). Ausente en la presentación estuvo Guillermo Nielsen, quien asumirá al frente de YPF. Sergio Lanziani, flamante secretario de Energía, tampoco figuró en la foto. Los dos tendrán un papel central en la conducción de los destinos de Vaca Muerta y en la reconfiguración del sistema energético, dimensión clave de la botonera del Estado y su circunstancia.

2019 concluye con el reseteo de las relaciones de poder y con la renovada promesa de ponerle fin a la grieta, luego de un traspaso de mando que sorprendió por su normalidad. La magnitud de los desafíos del nuevo Gobierno requerirá de ese chasis institucional. Aguardan tiempos interesantes.

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