Vacunas Made in China, pero hechas por argentinos

31 de Agosto de 2017 - Delfina Krüsemann

 


La estrategia de la empresa biotecnológica argentina para ser un big player de la región Asia-Pacífico, la expansión pendiente en Brasil y las oportunidades en el campo. Made in China.

Caminar desde el stand de Biogénesis Bagó a la pista central de la Exposición Rural junto a Guillermo Mattioli no es tarea fácil: a cada paso, lo saludan productores, veterinarios, colegas, amigos. Es que Mattioli lleva ya 22 años liderando esta empresa biotecnológica especializada en productos para la sanidad y productividad animal.

 

Por eso, para él, la “fiesta del campo” es también la suya. “Estamos en Palermo desde siempre, hasta cuando se prohibió la entrada de animales por problemas de aftosa, en 2001. Nunca nos retiramos, ni de La Rural ni del trabajo que hacemos, ni siquiera en las peores condiciones. El nuestro, en definitiva, es un trabajo de perseverancia. Creo que eso le debe pasar a cualquier empresa argentina que lleve un siglo en el país, con condiciones siempre tan cambiantes”, reflexiona.

Pero a no confundirse: Mattioli es un gran optimista. Quizás, ahora, con más razón que nunca. Es que Biogénesis Bagó logró lo que muchas empresas locales (y de todo el mundo) anhelan: hacer negocios con China, una de las economías más fuertes del mundo.

En el marco de la cooperación entre países, la compañía argentina alcanzó un acuerdo con el gigante asiático para la producción y comercialización de vacunas antiaftosa y, después de cuatro años y una inversión de US$ 60 millones con su partner chino, acaban de obtener la aprobación de los primeros lotes para vender.

“Así que esta es una Rural muy linda para nosotros”, sonríe mientras posa para la foto y, desde la tribuna, más de una persona en el público lo carga por estar bajo los flashes. Son amigos, claro, que saben lo que le cuesta a Mattioli este tipo de exposiciones públicas.

¿Por qué decís que Biogénesis Bagó es un “it case” en China?

Porque la mayoría de las empresas argentinas que se instalaron allá operan como distribuidores, pero no hay muchos casos de empresas que lo hagan de manera industrial y, sobre todo, con aporte de tecnología, que es lo que logramos nosotros. Fue un camino largo. Hace cuatro años, el gobierno chino permitió por primera vez que una empresa privada aporte su tecnología para colaborar en erradicar la enfermedad de la aftosa. Debido a los antecedentes de Biogénesis Bagó, autorizó nuestra participación dentro de un marco de cooperación binacional. Lo que nos pidió fue buscar un socio local y seleccionamos a la empresa HILE Biotechnology, que ya manufacturaba vacunas para agricultura y para cerdos.

¿Cómo fue el joint venture?

Ellos se ocuparon de conseguir el financiamiento para montar la planta y nosotros aportamos la tecnología. Nuestra responsabilidad incluyó desde el diseño de la planta hasta la operación, el proceso de control de calidad y la producción de la vacuna. La supervisión final es nuestra. HILE Biotechnology también se ocupa de la comercialización, ya que cuenta con los equipos técnicos para abordar el mercado privado y público. La firma es 60% del player chino y 40% de Biogénesis Bagó.

¿Cuál es la proyección del negocio?

Para este año, tenemos la expectativa de producir unas 30 millones de dosis, y el año que viene queremos escalar a 150 millones, que representarán unos US$ 50 millones en ventas. La planta tiene capacidad de producir 400 millones, mientras que el total del mercado chino es de alrededor de 2.000 millones anuales. Es decir, tenemos la capacidad instalada para alcanzar un 25% de la participación. Se trata de una apuesta a muy largo plazo, pero muy importante, porque nuestro objetivo era poder estar en el mayor mercado del mundo, que es China y toda la zona de Asia-Pacífico.

¿Esta es hoy la prioridad absoluta?

En cuatro o cinco años, esperamos que el negocio en Asia sea tan importante como el de Latinoamérica, pero aún hay mucho que podemos hacer en esta región también. Por ejemplo, nos falta crecer significativamente en Brasil. Ahí tenemos un 10% de market share en lo que es aftosa, pero solo un 2% en resto de línea. La expectativa es trepar al 4% en 2018, y hay mucho para crecer si lo comparamos con la consolidación en Argentina, donde tenemos 20% del market share, y también en Uruguay, Paraguay, Bolivia, países en los que estamos arriba del 15%.

¿China necesita del Mercosur?

En carne y leche, Asia es “la” demanda mundial y Mercosur es “la” oferta. Por eso, el requerimiento para los próximos 20 años es duplicar las exportaciones. Nuestro rol ahí, desde el punto de vista sanitario, es cuidar la barrera que representa la aftosa, y en eso estamos muy bien. En cambio, en lo que es la producción en sí, tenemos un enorme desafío. Hay dos formas de crecer: tener más cabezas —que no lo consideramos lógico— o, con las mismas cabezas, producir más; esto es lo que lograron Estados Unidos con la carne e Israel con la leche, los productores líderes en esos rubros.

¿Y Argentina?

El país tiene una genética que es de lo mejor que hay. La tecnología, la capacidad y la historia del país es soberbia. La mitad de los productores está en lo más alto del nivel de producción, pero hay otra mitad en la que hay que trabajar muchísimo. Por eso, no solo vendemos productos sino que tenemos un programa enorme de asesoramiento al productor, Fronterizate, con más de 600 veterinarios trabajando para dar soporte. Argentina, con el mismo stock de rodeos de vacas, podría tener fácilmente tres millones más de terneros en dos años, pero solo si logramos mejorar el índice de preñez y de parto.

¿Por qué se da esta situación “50/50”?

Es la pregunta que se hace todo el mundo. Para empezar, la Argentina no tuvo un gran estímulo para la producción durante mucho tiempo. Pero, así y todo, la agricultura tiene niveles productivos que son fenomenales. Eso, en la ganadería, no se ha logrado, aunque es un buen negocio: no hay una limitación particular, el rodeo está, el conocimiento está. La clave, para nosotros, es jerarquizar la presencia del veterinario y Fronterizate busca que el productor pueda abrirle la tranquera al veterinario, para que trabaje con él en el campo.

¿Por dónde pasa la crisis de la leche?

Es un tema de debate. ¿Deberíamos seguir el sistema de producción estadounidense, con grandes tambos muy tecnificados y la concentración en grandes productores, o un modelo del estilo neozelandés, con producción más a pasto, y donde siguen permaneciendo los pequeños tambos? Yo pienso que tendría que haber pequeños tambos y más estímulos para ellos.

¿Cómo es la relación del campo con el Gobierno actual?

El apoyo es total. Dicho eso, nosotros siempre hemos tenido apoyo, como empresa nacional, para salir a exportar, por ejemplo. Pero lo que sucede hoy es que hay un alineamiento en el apoyo a la agroindustria que, en los últimos años, no había sido así. Ahora, si bien sabemos que el desarrollo del sector no va a ser explosivo, todos tenemos la convicción de que el campo y la agroindustria son uno de los motores del país.

¿Hay algo que, desde la política pública, quede pendiente?

Hay que dejar trabajar. Hubo desestímulos muy grandes. Por eso, ahora, solo con liberar y no poner trabas, el campo sabe lo que hay que hacer.

Por Delfina Krüsemann y Sandra Venditti

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