Vacaciones: misión posible

23 de Enero de 2019 - Cecilia Valleboni

 


En tiempos de hiperconectividad, tomarse un descanso del trabajo puede resultar complicado. ¿La desconexión total es posible? Los consejos para lograrlo.

Con la llegada del verano, también los ejecutivos se plantean la necesidad de tomarse unos días para descansar de las preocupaciones diarias. Sin embargo, los objetivos que corren de atrás, la agenda cargada, el smartphone y la hiperconectividad atentan contra el objetivo. “Cuando la gente está a 10.000 por hora todo el año, en general cuesta relajarse y desenchufarse. A muchos les pasa que, cuando lo logran, ya tienen que volver”, explica Andrés Hatum, profesor de la escuela de negocios de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT).

Para Diego Kirschenbaum, director de la consultora Capital Humano, las vacaciones 100% no existen más. “Cambió también la forma de vacacionar: períodos más cortos, con más momentos de descanso a lo largo del año. Y la tecnología hace que desde cualquier lugar del mundo te enteres de noticias de tu industria o de la macro”, asegura. Así, lo importante para los consultores es poder generar desconexión, al mayor nivel posible, entendiendo que para algunas posiciones no es posible o hasta incluso esperable en su totalidad. “La clave está en lograr hacer un balance entre el ‘control’ (utilizando las herramientas tecnológicas que nos brinda la convergencia) y el ‘disfrute’ de las vacaciones”, asegura Miguel Alfonso Terlizzi, presidente de la consultora HuCap. El gran enemigo en el propósito es el smartphone. Hoy, el trabajo está siempre al alcance de la mano, o los ejecutivos andan –como suele decirse– con la oficina a cuestas. “Hay que lograr desengancharse y ponerle una rutina de vacaciones al uso del teléfono”, dice Hatum.

Ilustración: Luisa Jung (@luisa.jung.works)


“Creo que cada vez se usa menos el fuera de oficina. No existe que alguien no vea el mail”, destaca Kirschenbaum. En este sentido, los especialistas recomiendan que una buena alternativa es mirar los mails después de desayunar, o antes de la cena, y evitar llevar el teléfono a la playa, a los paseos o los momentos en los que se quiere disfrutar plenamente con la familia. Esto ayuda en muchos casos a los ejecutivos a “conectarse” con el modo vacaciones y, por otro lado, a los jefes o al equipo que entiendan que está de vacaciones y que está limitado en la respuesta. La contracara es que, en muchos casos, el celular es la cámara de fotos o incluso una forma de conexión con la familia (a quien, en muchos casos, queremos compartirle en vivo lo que se está haciendo). “En la playa, se ve mucha gente en la carpa con el celular y eso no permite la desconexión”, asegura Hatum.

Aunque no siempre es posible, Terlizzi recomienda considerar la fecha para elegir las vacaciones. Y subraya que no es un tema menor poder tomarse el período vacacional en aquellas épocas en que para la organización el nivel de trabajo merme o no sea el más exigente: “Eso les permitirá desconectarse al mayor nivel posible”, asegura. Antes de partir, es clave que los ejecutivos puedan planificar: que sean capaces de desligarse de lo cotidiano, ordenar el trabajo y delegar adecuadamente en el período de ausencia. “Tener un buen equipo, profesional y responsable, hace la diferencia, ya que todo sigue igual o mejor. Además, es la oportunidad para que demuestren lo que valen”, señala Hatum. Y añade: “Solo contactarse en caso de que se incendie todo”.

En modo avión

“Hay personas a quienes las estresa más pensar que ‘puede estar sucediendo algo’ por no generar este contacto. Al encontrarse con las novedades todas juntas, el factor estresante puede ser superior al que tenían antes de irse de vacaciones”, asegura Terlizzi. En este sentido, Eduardo Press, de la consultora homónima, coincide y añade: “Si todo el tiempo estás pensando en no mirar el celular y la familia te lo recuerda, se genera una situación de mayor presión y estrés”. Así, el equilibro justo se establece conforme a su personalidad, características y posición que ocupa en la organización, estar en contacto o no, aunque mal no sea en alguna breve fracción del período de vacaciones.

Lo que dejó de existir es llegar a la oficina y leer una pila de mails en la bandeja de entrada. “Consideramos que el soft landing es más un mito que una realidad. Una vez finalizado el período vacacional, la persona debe volver a su puesto de trabajo y, luego de haber disfrutado de las vacaciones, estará más motivado, con las energías recargadas y con mayores niveles de productividad. Al menos ese es el objetivo de las vacaciones”, explica Terlizzi. Si bien muchas veces volver a la rutina puede “pesar” en las personas –y no está ni bien ni mal que eso suceda–, este “peso” que se presenta está asociado también con relación al deseo, vocación y pasión, o carencia de estas cosas, en función del trabajo que realiza, algo que no tiene que ver específicamente con el hecho de volver de las vacaciones. “Es muy común escuchar gente que dice que vuelve más cansada de las vacaciones de lo que fue. Y eso tiene que ver con que las vacaciones son una de las pocas oportunidades de convivir con la familia 24 horas y hay que combinar horarios, que quieran ir al mismo lugar”, asegura Press.

Es siempre recomendable incurrir en actividades recreativas. Por ejemplo, la lectura que permita a la mente despejarse y jugar con la imaginación, tanto en una novela, en cuentos, biografías o textos que los ejecutivos no están tan habituados a leer. “Si hay lectura en el año, en muchos casos tiene que ver con textos de la especialidad de cada ejecutivo. Quizás alguno más soft, de management, de liderazgo, de la inteligencia emocional”, destaca Hatum. En este sentido, para el ocio recreativo lo principal es jugar. En la arena con los chicos, a las cartas con la familia, al fútbol-tenis con amigos o simplemente barrenar, caminar. Dejarse llevar.

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