El sueño del año sabático

17 de Enero de 2018 - Forbes Argentina

 


En Argentina, tomarse un año sabático del trabajo ya no es una misión imposible. Varios casos demuestran que hacerlo no es tirar todo por la borda, y las empresas innovan con políticas que acompañan la tendencia.

Es un prejuicio común asociar el año sabático con un período de ocio prolongado y disfrute improductivo. Se lo imagina como una posibilidad exclusiva para personas de muy alto poder adquisitivo o, caso contrario, como un “capricho” de niño mimado que viaja a costa de la billetera de sus padres. Pero no son solo los jóvenes los que buscan esta posibilidad (ni tampoco quienes más acceden a ella), ni se trata de un “dolce far niente”.

De la mano de una trayectoria de trabajo cada vez más extendida y la valorización de experiencias como capital intelectual, los sabáticos están haciendo su entrada a la cartera de beneficios que las empresas utilizan para atraer y retener a sus talentos. Así, les dan chances de capacitación, voluntariado o, simplemente, un crecimiento personal.

“Si es una persona con alto potencial, muy inteligente, que ama trabajar en la compañía y se quiere ir a capitalizar una experiencia como viajar solo o formarse, entonces es una inversión que la empresa tiene que considerar”, reflexiona Mariel Cifarelli, directora de Mercer Marsh Beneficios.

“Sin dudas, el sabático terminará formando parte de la agenda de Recursos Humanos. Cuando comenzaron a ser una opción, asumíamos que podía tener un impacto negativo o que era una conducta informal que denotaba falta de compromiso. Sin embargo, hoy lo vemos como una oportunidad de crecimiento”, coincide Martín Chávez, director de Recursos Humanos de Kimberly-Clark en Argentina, Uruguay y Paraguay.

Para él, este tipo de beneficios es “lo que se viene” –si bien en KC aún lo están analizando como política– y descarta que al brindarlo se produzca un éxodo masivo de empleados. Por el contrario: una vez que estos saben que tienen disponible esta oportunidad, dejan de buscarla en otra firma.

Mabel Rius, directora regional de Recursos Humanos de HSBC para América Latina y Caribe, puede dar fe de que esto es así. En febrero, el banco incorporó una política que permite a los colaboradores con al menos cinco años de antigüedad y buen desempeño tomarse hasta seis meses de sabático.

De los 4.500 empleados –en una empresa donde el promedio de permanencia es de diez años–, por ahora solo 15 personas usaron el beneficio y otros seis lo harán en los próximos meses.

“Cuando lo anunciamos, la gente bromeaba pidiendo anotarse en la lista. Muchos managers tenían miedo de que todo el mundo quisiera irse de golpe. Pero nuestra gente es muy razonable, tenemos con ellos un vínculo de confianza y al final levanta la mano el que lo necesita”, expresa la ejecutiva, y agrega: “Quienes no se toman el sabático ganan la tranquilidad de que, si necesitan aprovechar esto en algún momento, lo van a poder hacer. Así que repercute mucho más allá de la persona que efectivamente lo toma”.

El “time off” se volverá además una necesidad clave en la medida en que avance la economía del conocimiento. Así lo indica el diseñador austríaco Stefan Sagmeister en su charla TED “El poder del tiempo libre”, que tuvo más de tres millones de reproducciones solo en YouTube y que fue traducida a 29 idiomas.

Cada siete años, Sagmeister cierra su estudio en Nueva York para tomarse 365 días sabáticos y emprender actividades creativas que lo ayudan a volver con ideas renovadas para clientes como BMW o los Rolling Stones. Y, asegura, es la decisión más productiva que pudo haber tomado.

Año sabático: Los casos locales

Hasta el momento en Argentina, según observa Cifarelli, este beneficio se viene otorgando en casos particulares. No es solo un problema de presupuesto. “Sucede que los pipelines de talento están muy ajustados y por eso también estamos muy ‘finitos’ para poder ofrecer esas posibilidades”, dice la directiva de Mercer Marsh.

Sin embargo, ya hay empresas que instauran como política clara el beneficio de período sabático para empleados que cumplen con ciertas condiciones de antigüedad, resultados y potencial, entre otras. Y no se les pide una justificación para solicitarlo.

Las compañías entienden que el aprendizaje y la renovación del compromiso se dan tanto si la persona que se toma el tiempo lo hace para viajar, capacitarse, realizar voluntariado o acompañar a un familiar en una situación particular de su vida como una enfermedad o un nacimiento, según cuenta Rius.

La directora de HSBC explica que esta política tiene que ver con las transformaciones que sufren las carreras, que son más largas y con períodos más entrecortados de vacaciones.

“A la vez, los empleados tienen vidas más complejas, más inquietudes. Nosotros contratamos desde chicos que empiezan a estudiar hasta abuelas. Y esta es una forma de dar respuesta a eso, para continuar la relación de trabajo volviéndonos más flexibles a las necesidades de nuestra gente”, completa Rius.

Una de las primeras en hacer uso de esta posibilidad fue Bárbara González, team leader de Banca de Individuos. Ella ingresó como pasante en la compañía a los 18 años, cuando comenzó a estudiar Ingeniería Industrial en la UTN, y fue creciendo ahí en los últimos nueve años.

Sabía que era una firma con sede en Londres, y que perfeccionar su inglés sería tarde o temprano un requisito. Esto se combinaba con su deseo de tener una experiencia internacional.

“Quise aprovechar este momento para hacer el checklist de pendientes, estudiar, viajar sola y conocer”, Bárbara González.

Ese deseo era algo que incluso había comentado con su jefe directo, quien, al ver en febrero la nueva política que estableció el banco, la instó para que la aprovechara. Así fue que Bárbara viajó para realizar un curso de posgrado en management y liderazgo en una universidad española, con una media beca que cubrió también HSBC.

Al finalizarlo, viajó por 16 países como Italia, Croacia y Europa del Este, y conoció 52 ciudades. Por último, se quedó un mes y medio en Londres para perfeccionarse en inglés. “A lo largo del viaje le contaba a la gente mi historia y me decían, ‘esto en mi país no existe’. Yo les respondía que en el mío tampoco. Así que es novedoso en todo el mundo, no solo en Argentina”.

Muchas personas, entre compañeros de oficina y amigos, pensaban que González se quedaría en el exterior. “Nunca lo vi así, sabía que cuando volviera me esperaba mi trabajo y no me fui en búsqueda de nada más que todas estas experiencias que quería tener. Nunca pensé en renunciar, no quería tirar esta carrera por la borda. Pero me di cuenta de que no se pierde nada sino que se obtienen conocimientos que no te da ningún libro y ningún trabajo”, admite.

En particular, reconoce haber aprendido a ser menos prejuiciosa, a aceptar la diversidad, a no tener miedo de pedir ayuda o interactuar. Y su decisión rindió frutos: poco después de retornar a Buenos Aires, HSBC le ofreció un ascenso. Ahora dirigirá un equipo de 20 personas.

Lo mismo le ocurrió a Federico Giai, coordinador de ventas de Repintura Automotriz de BASF. Viajar y conocer distintas culturas fue siempre una gran motivación para él, que cada vez que se iba de vacaciones soñaba con hacer una inmersión más prolongada.

“En Tailandia, encontré gente que viajaba por tres o seis meses. Yo lo veía como algo imposible, pero era mi sueño, así que un día empecé a plantearme en serio dejar de trabajar para concretarlo”, rememora.

Con ese deseo como motor, empezó a ahorrar y a planificar, hasta que se enteró de que tenía a su disposición la política de “time out” de BASF, que les daba hasta un año de sabático a quienes tenían más de cinco de antigüedad (él tenía ya siete) con la única garantía de tener un trabajo en el mismo nivel una vez que se reincorporara a la empresa.

Giai solicitó entonces un “time out” de cuatro meses, durante los cuales residió con amigos en Sidney y luego recorrió como mochilero la costa este de Australia hacia el sur de Asia. “Primero descansaba e iba a la playa todo el día. Después me largué solo a recorrer con la mochila, sin plan fijo. Hasta que en Tailandia me interné un mes en la selva con un grupo de budas”, relató.

Hacia el final de la travesía, ya ansiaba volver: “Nunca pensé en irme a vivir afuera para siempre, y lo que más me sorprendió de todo fue la posibilidad de poder viajar y tener no solo un trabajo sino un ascenso cuando volviera. Ahora todos los que conozco quieren trabajar en la empresa”, se ríe. Para quienes pueden hacerlo, Giai recomienda que las empresas otorguen el beneficio.

“Yo volví siendo otra persona, más abierto y con una visión diferente”, Federico Giai.

En la misma línea, Cifarelli insta a las empresas a hacer el esfuerzo de otorgar un sabático como una inversión, que devolverá al empleado con un capital nuevo y el engagement revitalizado.

Fue el caso de Luis Gius, gerente comercial regional de IBM, quien tras 20 años de trabajo en la empresa –diez de ellos como gerente de Ventas– necesitó tomarse un año entero para liderar Fatima, una ONG con la que había colaborado desde chico y estaba a punto de desaparecer, tras el fallecimiento de su fundador.

Fátima trabaja para integrar y brindar educación a niños con algún nivel de sordoceguera o discapacidades multisensoriales graves. “Es una institución muy especializada, no hay otra así en Buenos Aires y fue la primera de Argentina y de Latinoamérica”, dice orgulloso el ejecutivo, que hoy sigue en la Comisión Directiva de la ONG.

En 2009, Gius se animó a plantearle a su gerente que no podía correrse de esta vocación en un momento tan complejo. Tanto la empresa como sus jefes y equipo se adaptaron para que pudiera tomarse un año de licencia sin goce de sueldo y salvar a la institución sumida en deudas.

Tras la gestión de Gius y las otras seis personas de la Comisión, la escuela pasó de albergar 12 alumnos a tener más de 56 chicos y haber tratado y derivado a más de 500. Pese a ese éxito, Gius nunca se planteó irse de IBM.

“Fue muy gratificante volver y ver que mi carrera profesional siguió con vida y poder continuarla”, Luis Gius.

Pero, además de estar agradecido con la empresa, hoy se da cuenta de que esta experiencia fue un win-win para todos: “Lo que yo experimenté y crecí en ese año lo terminé volcando en IBM, ya sea con liderazgo en situaciones de crisis o manejo de equipos. Es como hacer un posgrado. Y, a la vez, sin IBM no hubiera tenido las herramientas para poder encarar esa experiencia”, concluye.

Por Paula Krizanovic

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