Saltos de Moconá: Las otras cataratas

11 de Abril de 2017 - Francisco Barreiro

 


Bien cerca de las Cataratas del Iguazú, los Saltos de Moconá son una imponente falla en el río Uruguay que provoca un espectáculo natural de una cascada de 3.000 metros de largo. Bienvenido a la aventura de las aguas.

La llegada al hotel es de noche y el calor misionero ya calmó bastante. La luna está llena y en su máximo esplendor; sin embargo, no es tan fácil verla porque la copa de los árboles selváticos dificulta la visión. Aunque, entre los huecos de las frondosas ramas, la luz lunar acaricia el verde de sus hojas, dejando tan sólo una pequeña hendidura que nos hace vislumbrar el satélite natural y el cielo –que imaginamos– está colmado de estrellas.

“El agua es el vehículo de la naturaleza”, solía repetir Leonardo Da Vinci hace más de 500 años. Y es cierto, o por lo menos así pareciera ser en las provincias que componen el litoral argentino, sobre todo en Misiones, donde su turismo está basado en las maravillas acuáticas.

Cataratas laterales

Los Saltos del Moconá es uno de los lugares más curiosos del litoral. La descripción de enciclopedia diría que se trata de un gran cañón de tres kilómetros de largo con caídas de agua paralelas a su cauce, de forma horizontal y no vertical. En lenguaje liso y llano: el agua cae de costado y no en la dirección del río, como ocurre en Iguazú.

Al igual que las famosas cataratas, para muchos Moconá es un lugar paradisíaco, con un camino de tierra roja que, recién en los últimos años, el hombre se animó a domar: hasta hace no mucho tiempo, sólo era transitable en 4×4. La ruta está rodeada por extensas tierras sembradas con maíz, tabaco y yerba mate, que le dan a la travesía el encanto de colores brillantes y variados, haciendo del recorrido una parte esencial del viaje.

El llamativo paseo debe hacerse en lancha para sentir en la piel esas gotas de la interminable fuente de agua. El timonel detiene la pequeña embarcación de madera, se acerca hasta el límite permitido por la cascada (de unos cuatro metros de altura en esta oportunidad) y uno empieza a mojarse como bajo una ligera llovizna que se acrecienta a medida que el bote se aproxima a la simpática catarata lateral.

La lancha avanza mientras se mueve hacia ambos costados, atraídos y expulsados al mismo tiempo. El cuerpo acompaña el movimiento con un ligero bamboleo, como si el ruido del agua al caer fuera una música estruendosa que nos obliga a bailar en el bote.

Parque Provincial Moconá

El Parque Provincial Moconá está ubicado en la región centro-este de Misiones y forma parte de la Reserva de la Biosfera Yabotí (“tortuga” en guaraní), a poco más de 300 kilómetros de Posadas. En total, tiene una superficie de 253.773 hectáreas. El corazón del parque son los Saltos del Moconá, producto de una falla geológica sobre el río Uruguay al límite con Brasil.

Al caer el agua y golpear contra el resto del río, una llovizna comienza a mojarnos, pero a diferencia de la habitual, esta “falsa lluvia” viene desde abajo y rebota hasta nosotros. A pocos centímetros nuestro, los rayos del sol dibujan arco iris perfectos casi en la punta de la lancha.

Ya empapadados, no podemos dejar de sonreír como niños que juegan bajo una regadera gigante. Hoy, la corriente permite escalar por piedras rugosas hasta llegar al nivel superior del río, para ver los saltos desde arriba. A la vuelta, se vuelve inevitable un “chapuzón” en alguno de sus refrescantes y calmos brazos.

El significado de “Moconá” en lengua guaraní es “lo que todo lo traga”. Los antiguos pobladores del lugar creían que el salto era la mayor venganza que los dioses se tomaban frente a los colonizadores. En las épocas de lluvia, Moconá puede alcanzar 25 metros de altura y una profundidad de 115 metros.

El mito de la zona

Sin embargo, el mayor peligro de la zona no es el agua o la imponente selva, sino su habitante misterioso: el Kurupí. O, por lo menos, eso sostienen sus residentes originarios. La leyenda dice que se trata de un hombrecito fornido, moreno, retacón y con manos y pies velludos que ataca a las mujeres que se aventuran por la selva: misteriosamente, las jóvenes regresan embarazadas. Aunque los guaraníes aún creen en este personaje mitológico, hay quienes afirman que era sólo un cuento para que las adolescentes se queden en sus casas.

Ya de vuelta en el hotel Don Moconá Virgin Lodge –y sin haber visto al Kurupí–, es el momento de relax en la pileta con la imponente selva de marco. Pero tampoco por demasiado tiempo, ya que el hotel ofrece dos opciones bien tentadoras para continuar con la aventura: tirolesa a lo ancho de uno de los brazos del río y trekking en busca de avistaje de aves y animales de la selva.

Por la noche, es hora de disfrutar de otro de los encantos autóctonos del lugar y uno de sus productos regionales: un exquisito pacú a la parrilla con vino blanco. ¡Salud!

Fotos: Gentileza Don Mocona Virgin Lodge y Ruta de los Saltos

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