Riviera eterna

4 de Abril de 2019 - Delfina Krüsemann

 


Playa del Carmen, Tulum y Cancún vuelven a enamorarnos, una y otra vez, por su belleza natural, por su legado cultural y, también, por una oferta hotelera de lujo que sigue superándose.

Los movimientos de los mozos son tan coordinados que parece que estuvieran ejecutando una coreografía de ballet. Seis de ellos, uno para cada comensal sentado en la enorme mesa central del restaurante, trabajan al mismo tiempo y de la misma exacta manera. Y, a medida que van trayendo las numerosas preparaciones desde la cocina (que, por supuesto, sirven por la izquierda y retiran por la derecha), queda claro que este espectáculo gastronómico no solo se asemeja a una danza: es también un poco teatro y mucho de arte… al plato. Trufa de huitlacoche con cochinillo asado, lubina con aceite de almeja y carpaccio de pulpo y vacío de Wagyu con esferas líquidas de queso brie son solo algunas de las propuestas irresistibles del menú de siete pasos.

Lo increíble es que todo esto sucede dentro de un all inclusive en la Riviera Maya: el Paradisus Playa del Carmen La Perla, uno de los nueve resorts de la cadena que Meliá Hotels International creó para desembarcar en el Caribe con una propuesta cinco estrellas (en México, también hay Paradisus en Cancún y San José del Cabo; se suman más hoteles en Varadero y Playa Esmeralda, Cuba, y en Punta Cana, República Dominicana).

Paradisus Playa del Carmen.

¿Dónde quedaron los copones de Margarita Frozen y los enormes bowls de guacamole? ¿Y los típicos telares mexicanos de colores explosivos colgados de las paredes? No hay lugar para eso en el elegante universo Paradisus. Mucho menos se concibe la idea de hacer fila en un buffet atestado de turistas en bermudas y chancletas. Renovar por completo la idea de la gastronomía que se tiene de un all inclusive es algo que la cadena se tomó muy en serio, al punto de que convocó nada menos que al aclamado chef vasco Martín Berasategui (poseedor de diez estrellas Michelin) para dirigir Passion, el restó más exclusivo del complejo.

El hotel tiene otra característica que lo vuelve un all inclusive a contramano de la norma: con casi 400 suites (todas con balcón, y 60 de ellas con salida privada a la pileta), un lujoso spa y un ultra equipado fitness club, 16 bares y 14 restaurantes, se autodenomina “un oasis solo para adultos”: los niños son bienvenidos en Paradisus pero no acá en La Perla, sino en su “mellizo” contiguo, La Esmeralda. “Nos tomamos muy en serio nuestro objetivo de brindar una experiencia única a nuestros huéspedes”, dice Conrad Bergwerf, el simpático holandés mexicanizado que se desempeña como director general de ambos hoteles y que, a fines del 2018, fue elegido presidente de la Asociación de Hoteles de la Riviera Maya.

Ese esfuerzo se materializa como nunca en Royal Service, el sector VIP que incluye habitaciones con vistas insuperables al exuberante manglar natural y servicio de mayordomo –aunque no lo dicen en el brochure publicitario, esta persona cuenta también con la habilidad telepática de adivinar nuestros deseos–. Así, es probable que una tarde cualquiera, al regreso de un día de playa o de un tour por unas de las tantas ruinas arqueológicas de la zona, el jacuzzi nos espere listo, con el agua en la temperatura justa y las burbujas en su máximo punto de esplendor.

“El argentino ama Cancún y Playa del Carmen, pero sobre todo Playa del Carmen”, apunta Bergwerf con una sonrisa, y tiene razón. El destino está desde hace años entre los favoritos del turista argentino, en cualquier momento del año: vacaciones de invierno o verano, Semana Santa, Navidad o Año Nuevo, siempre es un buen momento para viajar. Su belleza natural (de aguas turquesas y cálidas y playas kilométricas de arena blanca), sus impactantes atracciones culturales (con las pirámides de Chichen Itzá y Tulum en el top de la lista de highlights) y sus enigmáticos cenotes hacen del destino un mix difícil de superar. De hecho, desde el Consejo de Promoción Turística de México, aseguran que nuestro país es el cuarto mercado emisor de turistas, detrás de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. Y, para muchos, se convirtió en su hogar: se calcula que viven ahí entre 12.000 y 14.000 argentinos. Basta caminar por la Quinta Avenida, la peatonal del centro, y escuchar los recurrentes “vos” y “che” para preguntarnos si en realidad no estamos paseando por Florida.

AMOR A LA MEXICANA

No solo de lujos y placeres se tratan las vacaciones. La Riviera Maya también invita a la aventura. Una de las atracciones por excelencia es la visita a Isla Mujeres, aunque conviene ir advertidos: la clásica excursión full day en grupo, a bordo de un barco en el que se mezclan turistas de todas las edades y nacionalidades, puede convertirse rápidamente en pesadilla a menos que uno sea fanático del reggaetón a todo volumen y los shots de tequila barato. Por eso, mucho más aconsejable es contratar una embarcación privada que permita ir parando a gusto y piacere en los spots más vírgenes de la isla, adentrándose también en su ritmo más auténtico, pausado y “campechano”.

El snorkel es otro must, y mucho mejor si se combina con una visita al Museo Subacuático de Arte (MUSA), que desde su inauguración en 2010 sorprende con más de 500 esculturas de piedra bajo el agua. Desde un hombre moderno mirando televisión en el living de su casa hasta una tribu de nativos rezando en ronda, las obras (la mayoría, autoría del artista británico Jason Decaires Taylor) son visitadas por casi medio millón de personas cada año. Pero no son solo una atracción pasajera: el museo, que es gratuito y libre, fue pensado para reducir el impacto de los humanos sobre los corales naturales de la zona y regenerar flora y fauna acuática en peligro de extinción. Hoy, las esculturas son arrecifes artificiales que atraen cada vez más visitantes y así reducen la práctica de buceo y snorkel en los parques naturales.

Y, claro, están ellas, las pirámides, protagonistas legendarias y pruebas irrefutables, todavía de pie, de la enigmática civilización maya, mucho más tranquila y sutil que el brutal imperio azteca, pero no por eso menos sorprendente en sus hazañas. Hay ruinas mayas de todos los tamaños y grados de conservación, pero sin dudas las hordas de turistas se apiñan en Chichen Itzá y Tulum. Chichen Itzá es impactante por su extensión: en una explanada de 6,5 kilómetros cuadrados, se lleva todas las miradas el templo de Kukulkán, la majestuosa pirámide de simetría perfecta y 365 peldaños hasta la cima. En cambio, las ruinas de Tulum no son tan espléndidas, pero cuentan con un escenario formidable al lado del mar turquesa, ideal para darse un baño después de las largas caminatas por el predio.

Hay que decirlo: la Riviera Maya es una zona por demás conocida, visitada y turísticamente explotada casi en su totalidad. Sin embargo, todavía conserva sus encantos. Esa naturaleza desbordante y esa historia singular la convierten en un destino siempre a punto, siempre dispuesto a recibirnos y agasajarnos con lo mejor que México tiene para ofrecer y enamorar, una y otra vez.

bookmark icon