Las empresas se suman a reducir la huella de carbono

9 de Mayo de 2017 - Forbes Argentina

 


Recalentamiento global y producción compensada, los nuevos términos corporativos en las empresas que se preocupan por el medioambiente. ¿Cómo reducir la huella de carbono?

Hace no mucho tiempo, parecía contradictorio, hasta utópico, que las compañías decidieran cuidar las emisiones de carbono resultantes de su actividad. Pero, luego de la Cumbre Climática COP21 de París, estados y empresas asumieron el compromiso de cumplir una exigencia resultante de ese encuentro: mantener la temperatura media por debajo de los dos grados.

Puede sonar tarea fácil, pero no es tan así. “Lo primero que debemos entender es que somos un ecosistema sinérgico. Es imposible ser carbono neutro si la energía que nos provee el Estado es a base de combustibles fósiles. La sustentabilidad de un proyecto reside en toda su cadena de valor”, dispara Lucas Campodónico, director General de B-ECO, una red de proyectos sustentables que agrupa a La Bioguía, Greenbondi, Ecomanía, Bioplástico y Greca.

“El principal desafío es romper con la lógica del corto plazo. Todas las gerencias son evaluadas por períodos muy cortos y eso hace que las decisiones muchas veces no sean sustentables”, agrega.

Así y todo, hay algunas empresas con el foco bien puesto. Una pionera fue Natura. Cuando era muy poco frecuente escuchar hablar de ese término, la compañía brasileña de cosméticos responsables, con presencia en siete países de Latinoamérica y Francia, ya lo había establecido dentro de su estrategia de negocios.

“En 2007, asumimos el compromiso de encarar el cambio climático a través del Programa Carbono Neutro”, señala Sabina Zaffora, gerente de Sustentabilidad de Natura. “La empresa cotiza en bolsa de esta manera. Todo lo que Natura no reduce, lo tiene que pagar”.

¿Cómo lograrlo?

Trabajan sobre tres pilares. El primero tiene que ver con la sistematización e inventario que permite tener un diagnóstico riguroso. “Se trata de cómo inventariamos la emisión absoluta de todo lo que hacemos, desde la extracción de un activo de la biodiversidad hasta que llega a la casa de alguien”, explica Zaffora. Producto de ese inventario, se desprende el segundo pilar que es la reducción, invirtiendo en innovación de productos (fórmulas, packagings con menor impacto) y procesos. El tercer pilar es la compensación.

En 2016, Natura fue la primera empresa cosmética del mundo en contabilizar el valor económico de los impactos ambientales de su negocio, a través de la metodología de Pérdidas y Ganancias Ambientales (EP&L en inglés). El valor, medido a 2013, fue de US$ 42 millones, incluyendo la operación local.

Esta herramienta de gestión orienta las decisiones de innovación, distribución y producción de Natura, hacia una evaluación más efectiva del triple bottom line y con miras a generar impacto positivo ambiental y social hacia 2050. El valor del impacto hubiese sido un 24% mayor si no se hubieran desarrollado acciones como las del Programa Carbono Neutro.

Objetivo en la mira

Otra empresa a la vanguardia es la alemana BASF: desde 1990, la empresa química pudo reducir las emisiones de GEI de sus operaciones químicas en un 50% y reducir las emisiones específicas en un 74%. “Claramente está dentro de nuestra matriz y de nuestros genes como compañía”, afirma Mara Aliprandi, coordinadora de Sistema de Gestión y Medio Ambiente.

Para 2020, el objetivo de BASF es reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero por tonelada métrica de producto de ventas en un 40% comparado con el nivel de referencia 2002. Ya han logrado una reducción del 34,6% en 2015. Para ello, en 2016, la inversión en investigación y desarrollo fue de US$ 1.987 millones y, los costos operativos para protección ambiental fueron de US$ 1.079 millones.

“Cuando todos dicen que la pólvora ya se ha inventado, nosotros tratamos de darle una vuelta de rosca y ver qué podemos hacer de diferente en lo que venimos haciendo”, sostiene Aliprandi. En 2016, el 27,2% de las ventas globales de BASF ya eran de soluciones con una contribución significativa de sostenibilidad a lo largo de la cadena de valor. Además, el 60% del valor invertido en I&D, el último año, fue destinado a investigaciones para este tipo de producto.

Compensación: otra forma de reducir la huella de carbono

“Ciertamente es muy difícil tener cero emisiones y en este sentido, las empresas posiblemente deban compensar o aplicar algún tipo de regeneración, lo cual también puede resultar en una muy atractiva estrategia de marketing sustentable”, indica Campodónico.

Una tendencia tiene que ver con cambiar la fuente energética que alimenta los ciclos de producción de la empresa. Siguiendo esta línea, a fines de 2015, Unilever anunció la eliminación de combustibles fósiles de sus operaciones para 2030 y así generar un excedente de energía renovable a disposición del mercado.

Axel Flügel, gerente de Relaciones Externas y Sustentabilidad de Unilever Cono Sur, explica que a partir del método WorldClassManufacturing, implementado desde 2014, buscan reducir el consumo en planta, mejorar los costos y encontrar distintas fuentes de energía. “Desde 2014, logramos reducir 4,5% el consumo de energía y 1,5% las emisiones de CO2 en nuestras plantas”, dice Flügel.

A través de su Plan de Vida Sustentable, Unilever propone desacoplar crecimiento de impacto ambiental de sus operaciones y productos. En línea con ese objetivo, se anunciaron $ 320 millones en inversiones para el período 2016-2019 destinadas a incrementar infraestructura sustentable, el uso de energía limpia y reutilizar agua en las fábricas. Estos proyectos ayudarán a reducir 1.000 toneladas al año de emisiones de CO2.

El parque eólico

Natura también sabe de compensación. La empresa adquirió 70.000 bonos del mercado voluntario de carbono correspondientes al parque eólico Rawson de Genneia, el mayor del país. La operación, cerrada en más de $ 4 millones, permitió certificar una reducción de 70.000 toneladas de C02 y compensar así las emisiones generadas localmente en el período 2013-2016.

“Fue la compra en escabilidad más grande de la Argentina. La adquisición nos compensó tres años, así que estamos programando una compra a fines de este año”, aclara Zaffora. Significó además el primer proyecto nacional de energía eólica registrado y comercializado en el mercado voluntario de bonos.

En el caso de Kimberly-Clark, la estrategia de sostenibilidad 2022 estableció como meta reducir en un 5% los GEI y eliminar a nivel global 1 millón de toneladas de emisiones. “Durante cinco años contribuimos con la forestación de árboles en San Luis, lo que supuso una captura anual de 48.000 toneladas de dióxido de carbono y 34.500 de O2”, indica Fernando Hofmann, director de Asuntos Legales y Corporativos de Kimberly-Clark LAO-Región Austral.

Pero aún hay muchas empresas “en falta”. En este sentido, Campodónico sostiene que “se hace demasiada investigación de mercado en vez de investigar la propia coherencia”. Para él, la estrategia segura de las compañías es actuar en respuesta a la demanda, lo cual impide un genuino liderazgo en un rubro: “Muchas veces el mercado sabe menos de lo que sabe la empresa y ahí se abren dos posibilidades: esperar al mercado o informar al mercado para finalmente generar un cambio”, concluye.

 

Por Lucía Tornero

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