Qubit.TV: El Netflix del barrio

8 de Febrero de 2017 - Francisco Barreiro

 


La plataforma de streaming Qubit.TV se expande por la región. El modelo de empresa “centauro” valuada en más de US$ 100 millones.

En 2010, el ingeniero electrónico y con un MBA en Negocios Mariano Primavera soñaba con un proyecto video on demand que tuviera algo que contar, no solo películas “tiradas” en una web: anhelaba una plataforma que relate la historia del cine mundial.

La imaginaba como una especie de museo online donde un curador selecciona diferentes obras para relatar esa historia. Una plataforma en la que el usuario pudiera descubrir y conocer una manera distinta de ver películas desde la comodidad de su casa. “Nos gusta pensar que somos como el video club de barrio, no como la gran cadena Blockbuster”, dice Primavera, fundador de Qubit.TV, la plataforma streaming argentina que busca un nicho para competir con el gigante Netflix.

“Queremos ser ese chico que te recomendaba películas sin que te conociera demasiado, que de a poco iba sabiendo tus gustos; pero no sabía nada más de uno, si era cinéfilo o no, si había ido a la universidad, si era un tipo culto, no tenía ningún prejuicio sobre nosotros y nos recomendaba películas porque sí”.

Hoy, seis años después, Qubit.TV cuenta con más de 100.000 usuarios en la Argentina, Ecuador, Uruguay, Paraguay y Colombia, y un catálogo total de más de 3.000 películas, que incluye estrenos, clásicos, cine nacional, cine independiente, documentales y cortometrajes. Aunque el 70% de las películas proviene de Hollywood, cuenta con un 15% de contenido latinoamericano y el restante, de Europa y Asia.

Si bien la primera dificultad del proyecto fue convencer a los inversores, Primavera nunca se imaginó un escenario en el que eso no ocurriera: “No me planteaba la posibilidad de no conseguir un inversor. Si lo veo en retrospectiva, me doy cuenta de que las chances de conseguirlos eran mínimas”, dice mientras sonríe. Según los parámetros de Silicon Valley, dice, hoy QubitTV sería una empresa Centauro (valuación entre los US$ 100 millones a US$ 500 millones) y aspira a convertirse un nuevo unicornio de origen argentino.

¿Te molesta que digan que Qubit.TV es una plataforma de “cine de culto”?

No me molesta, me gustaría tal vez que sea un poco más popular, pero no me molesta. Decir hoy en día que somos sólo cine de culto no es verdad, si uno mira el catálogo están los estrenos, las pochocleras y el cine iraní, por ejemplo. No me gustaría que nos cataloguen como “los intelectuales” o “los cinéfilos”, creo que el catálogo es más extenso que eso. Busca tener una coherencia sin hacer juicio de valor: esto es bueno, esto es malo, esto es culto o de alto nivel intelectual. Es más complejo que eso.

¿Es casi una obligación tener los estrenos y las películas “pochocleras” en la plataforma?

Es una buena primera impresión tener los estrenos. Los usuarios nuevos son quienes comienzan con los estrenos, si bien uno le ofrece un catálogo completo, primero les muestro figuritas conocidas.

¿Cómo hacés para que ese usuario se quede en Qubit.TV una vez que lo probó?

Se trata de que busquen otras sensaciones. El entretenimiento no tiene que ser lo conocido, uno no viaja siempre al mismo país; la idea es ir explorando diferentes sensaciones: me gusta, lo disfruto y no me pregunto tanto qué tipo de cine veo.

¿Es alta la caída de usuarios nuevos?

La caída de usuarios nuevos ronda el 10%, en Netflix hoy en día es la mitad. Tiene que ver con entender al usuario y que el usuario entienda Qubit.TV.

¿Creés que la piratería de películas en Internet dificulta el surgimiento de estas plataformas legales?

La piratería siempre va a existir, lo que hay que ofrecer es un valor agregado a un precio razonable. Pensá que no había nada más fácil que piratear que la música, y hoy Spotify tiene millones de usuarios en todo el mundo, con esa simple receta de valor agregado a un precio razonable.

Decís que los inversores no fue lo más difícil del proyecto, ¿qué lo fue?

Le tenía mucho miedo al tema de los contenidos, la verdad es que vinieron menos de los que creía al principio.

¿Tan difícil es el tema de las licencias?

Licenciar películas era algo muy complicado de pensar: ponerte a negociar con las grandes empresas no es tan fácil. Nos costó un montón y no nos licenciaban películas en un comienzo, era muy difícil llegar. Hasta que en un momento, prendió una de las grandes y al ser consistentes las grandes firmas se enteraron de que nosotros somos serios y de a poco se abrieron más puertas.

¿Cómo llega a la expansión en Sudamérica?

Había que conocer cada país donde queríamos estar, saber cómo piensan y en el lenguaje de esa región. Más allá de ser el mismo idioma, cada país tiene su lenguaje propio. No es sólo tener la licencia para que puedan acceder al contenido, también es mostrárselo en su propia jerga.

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