Por qué Japón puede ganar el Mundial

29 de Junio de 2018 - Alex Milberg

 


Con el 70% de los partidos empatados hasta 15 minutos antes de terminar, Rusia 2018 se prepara para ser el Mundial más parejo de la historia. ¿Qué impacto económico, social y deportivo tendrá este fútbol multipolar?

La imagen se expande como tantas otras. Un gerente coreano de KIA es alzado por sus empleados mexicanos. El rito se repite más tarde con el propio embajador de Corea en el DF. Gol agónico de Argentina contra Nigeria. Después de besar a la asistente rusa que le exigía la entrada, el hincha argentino se deja caer en éxtasis por la escalera del estadio Krestovski en San Pestesburgo. Apenas algunas postales de miles que luego recorren el mundo en las redes. En Rusia, se reproducen las peregrinaciones paganas de una ciudad a otra. La mitad de las selecciones ya emprende el regreso a casa.

Mientras tanto, el evento de mayor alcance organizado por los homo sapiens sapiens en toda su historia termina su primera etapa. Y su impacto es deportivo, social y económico.

En la competencia en sí misma, se confirma la lenta evolución darwiniana que se profundiza cada cuatro años: los equipos son cada vez más parejos, los partidos más disputados. De los 48 partidos de la primera fase casi el 70% iban empatados hasta 15 minutos antes del final. El 30% (31 partidos) terminó empatado, el 67% se definió sólo por un gol de diferencia y dos partidos (2%) por dos goles en los últimos 5 minutos: Brasil 2-0 a Costa Rica y Corea del Sur 2-0 a Alemania. La brecha entre los David y los Goliat tiende a desaparecer. Brasil, Bélgica, España y Francia asoman como favoritos pero es un mundial en el que sin dudas todo puede suceder.  ¿Suecia campeón del mundo? ¿Por qué no? ¿Suiza? ¿Japón? Todo es posible.


Alemania, el último campeón, quedó eliminado en primera ronda.

 Las selecciones con jugadores menos destacados cada vez defienden mejor. El cerrojo de Islandia, un país con una población de 334 mil habitantes, le permitió empatar y casi ganarle a la Argentina. La descalificación de Alemania, pese a la predicción de UBS que lo auguraba como ganador, confirmó la “maldición” de los campeones que son eliminados en el mundial siguiente, tal como les sucedió a Francia, Italia y España en el pasado.

Este escenario de mayor equidad por un lado presupone una mayor influencia del azar en el resultado final de esta competencia de tan corta duración. Pero al mismo tiempo, categoriza a los cracks que más allá del azar pueden desequilibrar con un solo destello. ¿Alcanza para explicar los valores récord que hoy se pagan por algunos deportistas? Neymar encabeza el ranking del jugador más valioso.

Si se suma el valor de su pase de 222 millones de euros junto al de su compatriota Coutinho y al de los franceses Pogba, Dembele y Mbappe se pagaron 807 millones de euros entre las cinco transferencias más caras de los últimos dos años. ¿Estamos en presencia de una burbuja en cuánto a los precios de estas estrellas? El mercado del fútbol podría estar sobredimensionado si se lo compara con otros deportes, sin embargo sólo 9 de los 100 deportistas mejores pagos del mundo según FORBES son futbolistas y sólo dos, Lionel Messi (2) con U$S 111 millones de dólares al año y Ronaldo (3), 108, ingresan al top 10. El ranking lo lidera el boxeador Floyd Mayweather (U$S 275 millones).

Pero el Mundial es una muestra extraordinaria de un negocio sin precedente. Como punto principal, se trata de la actividad desarrollada por el ser humano más vista por otros congéneres de su especie en toda la historia de nuestra existencia. Se calcula que convocará a una audiencia global de 3.500 millones de personas. Y se estima que la FIFA recaudará cerca de U$S 4.000 millones entre derechos de televisación, venta de entradas y sponsors. Unos U$S 2.000 les quedarían de ganancia neta.

¿Sigue siendo un negocio para el país organizador?

El impacto social y político suele ser uno de los incentivos centrales que asumen los gobiernos cuando lanzan su candidatura. Sucedió en Sudáfrica, donde se pasó del “Africa we did it” (“Africa, lo logramos”) de Joseph Blatter a un cementerio de 10 estadios, algunos ya abandonados, por cuya construcción y refacción se gastaron U$S 1.500 millones. El retorno en turismo durante aquel mundial o el futuro, no queda muy claro. También en Brasil, donde las denuncias por corrupción asociadas a la construcción de estadios y autopistas fueron un capítulo adicional a los tiempos convulsionados que sucedieron luego del Mundial del 2014.


El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, junto a Vladimir Putin.

En la Rusia de Putin, la inversión fue monstruosa: 15 mil millones de dólares, casi el doble que en Brasil. La mayoría, como es habitual, se destinó a infraestructura en transporte, hoteles, rutas y estadios. El balance puede ser positivo sólo si la inversión no es despilfarro en corrupción y si el retorno de los ingresos cumple con las expectativas. En Alemania 2006, un país que casi no necesitaba obras mayores, se gastaron 3.000 millones de euros.

En Rusia, el desafío de la inversión es enorme para una potencia mundial con indicadores de país emergente como, por ejemplo, la esperanza de vida de Bolivia o la riqueza por habitante de Grecia. Sus exportaciones de materia prima (sobre todo petróleo y gas natural) representan el 50% de los ingresos del Estado

¿Será Rusia la excepción a los últimos dos mundiales y podrán las 11 ciudades sede capitalizar económicamente esta Copa de mundo? Sólo el tiempo tendrá la respuesta.

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