Por qué brillan las estrellas

9 de Agosto de 2019 - Christopher Helman

 


Con el apoyo de millonarios famosos, TAE quiere hacer realidad la generación de energía por fusión nuclear y emular el poder del sol.

Recorrer con Michl Binderbauer su laboratorio de 8.000 metros cuadrados es algo así como hacer una excursión con Willy Wonka por su fábrica. En un rincón, Binderbauer, director ejecutivo de TAE Technologies, muestra una nueva máquina que ataca tumores cancerígenos con un haz de neutrones. Los ingenieros se amontonan en una sala de control. Detrás de ellos, Norman.

Es el nombre del prototipo de reactor de fusión nuclear de TAE, de 30 metros de largo, un magnífico ensamble de vasijas de acero inoxidable, electroimanes y tubos de aceleración de partículas. Cada ocho minutos, Norman emite un sonido metálico, mientras transforma 100 millones de watts de electricidad en una nube de plasma de 30 millones de grados centígrados y la ataca con haces de protones (la forma más simple del hidrógeno). Estos chocan unos contra otros con la suficiente fuerza para fusionarse en helio, liberando enormes cantidades de energía durante el proceso. “Es una función de la violencia”, dice Binderbauer con una sonrisa.
TAE, conocida hasta el año pasado como Tri Alpha Energy, recaudó
US$ 600 millones, últimamente a una valoración de más de US$ 2.000 millones. Entre los inversores se encuentran Vulcan Capital, del fallecido Paul Allen; Venrock, de la familia Rockefeller, y Big Sky Capital, del patrimonio familiar del multimillonario corredor de bolsa Charles Schwab. Ellos apuestan a que TAE podrá dominar la fusión para convertirla en una fuente de energía.

Michl Binderbauer.

La fisión, que suministra energía a cientos de plantas nucleares, consiste en la división de átomos de uranio en átomos de tamaño mediano para liberar energía. La fusión, el proceso que hace que las estrellas brillen, funciona a la inversa: reúne pequeños átomos en otros más grandes para liberar energía. La fisión conlleva el riesgo del derretimiento y genera desechos radiactivos que deben aislarse por 10.000 años. La fusión promete ser a prueba de derretimiento y libre de desechos. “La fisión consiste en una reacción en cadena. Es como un pacto con el diablo: una vez que se inicia, es difícil salir”, dice Binderbauer, 50 años, un conversador efusivo que dirige TAE desde un parque industrial rodeado de eucaliptos en el sudeste de Los Ángeles. “Con la fusión eso no sucede. Es complicado iniciarla y más complicado aún seguir adelante”.

Complicado… ¿o imposible? Binderbauer compara el proceso de controlar una bola de plasma con el de mantener quieta una bola giratoria de gelatina líquida mediante banditas elásticas: “Lidiamos con la millonésima parte de un segundo, y la materia se filtra”. Al mismo tiempo, cien millones de grados es todavía demasiado frío; TAE apunta a 2.000 millones. Los físicos rusos comenzaron a trabajar en la fusión en la década del 50. Pensaron que podrían tener un reactor comercial listo en 15 años. Ese ha sido el pronóstico desde entonces. (N. del E: La historia de la energía nuclear en Argentina comenzó con el proyecto fraudulento de Ronald Richter, quien le aseguró a Perón que sería capaz de alcanzar la fusión en la isla Huemul). Binderbauer conserva una galería de prototipos de fusión del pasado, ninguno de los cuales logró producir más energía de la que consumió.

Norman, el acelerador de partículas de TAE.

Pero los partidarios siguen apareciendo. “En este momento, la tecnología nuclear es la única fuente de energía escalable, de carga base y de emisión cero –declaró últimamente Bill Gates–. Pero conlleva varios desafíos”. El fundador de Microsoft está invirtiendo dinero en una spinoff de fusión del Massachusetts Institute of Technology, que espera contar con un reactor (que funcione) para 2025. Los multimillonarios digitales Peter Thiel (PayPal, Facebook) y Jeff Bezos también están respaldando otros esquemas de fusión. Todos ellos están compitiendo con un proyecto multinacional de US$ 20.000 millones, ITER, que Francia está financiando con fondos públicos.
“Comprendí las limitaciones de las energías renovables”, dice Michael, hijo de Charles Schwab, que invirtió US$ 50.000 en Tri Alpha en 2002, cuando tenía 25 años, y que participó en todas las rondas de financiamiento desde entonces. “Esto podría resolver nuestros problemas energéticos”.

¿Qué es lo que hace que la fusión sea más segura que la fisión? El reactor está al vacío, según explica David Hill, director de un reactor de prueba de fusión en General Atomics, San Diego. “Todas las filtraciones son hacia adentro, de hecho una filtración podría apagar el fuego”. Hill agrega que, además, no hay nada para derretir. “Si uno convirtiera todo el plasma en un sólido, la cantidad sería menor a un grano de sal”.

Tri Alpha Energy comenzó con Norman Rostoker (1925-2014), un canadiense que daba clases en la Universidad de California y que en 1988 ganó el Maxwell Prize en física del plasma. Junto con Glenn Seaborg, el premio Nobel que descubrió el plutonio, vieron las limitaciones técnicas del enfoque consensuado sobre la energía de fusión, que comprime pesados isótopos de hidrógeno para fusionarlos en helio mientras están confinados magnéticamente en una vasija con forma de rosquilla denominada tokamak (el nombre es ruso). Mucha de la energía que libera esa reacción se presenta como neutrones de alta velocidad, que con el tiempo corroen la vasija del reactor.

Rostoker trabajó con Binderbauer –nacido en Austria–, cuando este era alumno de posdoctorado, en una reacción alternativa con cámara de plasma que implicaba disparar haces de protones (hidrógeno elemental) contra un isótopo de boro. Esta reacción química produce menos neutrones; en cambio, escupe partículas alfa cargadas positivamente que podrían generar electricidad sin la ayuda de las turbinas de vapor que hoy se encuentran en las plantas nucleares. En 1997 generaron un gran revuelo cuando Seaborg los ayudó a publicar sus avances en la revista Science. Pero era difícil conseguir subsidios gubernamentales para continuar el trabajo. Demasiados expertos habían consagrado sus carreras al tokamak.

Y entonces Hollywood hizo su ingreso. Rostoker conoció a Harry Hamlin, el hijo de un físico nuclear, quien, a pesar de haber sido elegido por la revista People como el hombre más sexy del mundo en 1987, se codeaba en fiestas con expertos en plasma. Pronto, Hamlin se convirtió en presidente de Tri Alpha. Luego se sumó nada menos que Buzz Aldrin, el segundo hombre (por 19 minutos) en pisar la luna. Serge Brin, cofundador de Google, hizo una visita y prestó su grupo de expertos en IA para ayudar a analizar datos. Jeffrey Immelt, ex CEO de General Electric, es la más reciente estrella del directorio.

Las celebridades atraen dólares y TAE consume mucho de este dinero. El edificio y el equipamiento costaron US$ 150 millones (o US$ 250 millones si se incluye a Norman) y se necesitan otros US$ 50 millones anuales para que siga funcionando. Binderbauer quiere ahora unos US$ 200 millones para construir el primer prototipo de hidrógeno y boro, el último escalón en las investigaciones sobre plasma antes de un reactor de fusión comercial, que funcione a temperaturas mucho más altas.

Binderbauer fantasea sobre los aspectos económicos. Las células solares pueden fabricarse al costo de un dólar por watt de capacidad de generación en hora pico. Tal vez TAE podría bajar el precio de construir un generador de fusión a US$ 1,50 por watt, y en ese punto su energía sería más barata que la solar porque no se corta a la noche.

Pero tendrá que pasar mucho tiempo antes de que los VC (venture capital) puedan ver una planta de energía de TAE. Para entretenerlos, Binderbauer formó una subsidiaria que produce aceleradores de partículas para tratamientos contra el cáncer. El año pasado, TAE recaudó US$ 40 millones para construir el primer dispositivo, que pronto se enviará a China. TAE va a necesitar conexiones, dólares y suerte para lograr el encendido. ¿Dos mil millones de grados? “Te hace poner los pies en la tierra”, dice Binderbauer.

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