“Por ahora, no salimos del dirigismo”

26 de Diciembre de 2018 - Virginia Porcella

 


El dueño de Fate y Aluar, Javier Madanes Quintanilla, es escéptico del rumbo económico y también de las formas del Gobierno. Su visión sobre lo que prevé será una larga recesión y sobre el efecto cuadernos.

Se podría definir a Javier Madanes Quintanilla, uno de los diez hombres más ricos de la Argentina, como un empresario arrepentido. Pero en tiempos en que esa definición alude al rol de sus colegas autoincriminados en la causa más grande de corrupción de la Argentina –caso cuyas ramificaciones venenosas no lo ha rozado de ningún modo–, esa etiqueta puede resultar injuriosa. Así que más apropiado es, tal vez, decir que es un renegado de su condición. No solo porque siente que “si sos empresario, sos sospechoso”, sino porque aún le pesa la historia de conflicto familiar detrás de sus compañías –Fate y Aluar, valuada en unos US$ 1300 millones–, signada por el cisma que provocó en la década del 70 la intervención del exministro de Economía de Perón, José Ber Gelbard, y el fallecimiento de su padre Adolfo en medio de esas disputas, cuando él tenía 25 años. “Hice todo lo que se esperaba de mí. Crecí con una inevitable sensación de revancha, logré recuperar la empresa. Pero el costo personal es tremendo, no está bien. Y no se resucita a los muertos”, dice.

¿Esa sensación de revancha te hace entender mejor “la grieta”?
No, yo la grieta no la entiendo, me parece una actitud muy pusilánime, muy mediocre. Yo trato de no enroscarme políticamente, no soy de ningún partido político. Lo cual me entristece, también. Yo no voté jamás al peronismo, y la verdad es que me entristece no haber podido hacerlo.

Estamos en fin de año, y el próximo año es electoral. ¿Te preocupa la tensión social?
Yo creo que en este momento hay mucho temor. Mucho temor a perder lo poco que se tiene. Como que se tomó conciencia de que los reclamos tienen que ser más limitados. Pero también, así como de repente te volcás para el lado del temor, de repente te volcás para el lado del enojo. Hay que leer bien. No se están dando condiciones ideales para pedir el sacrificio de la mayor parte de la sociedad.

¿Temés un efecto Bolsonaro?
Acabo de llegar de Brasil, y lo que vi es mucho enojo por los temas de corrupción, pero también por una economía que no crece; hay desesperación. Si acá ocurriera algo medianamente similar, se daría mucho más lento, lo cual es muy malo. Los brasileros llevan tres años con esto, pagando un costo social tremendo. Si nosotros vamos a seguir ese camino, ese flagelo, podemos convertirnos en un país que no salga del pozo por décadas.

Con Brasil hay una expectativa de recuperación económica muy rápida.
Yo no sé, no creo que sea tan rápido. Es un mundo menos amable de lo que ha habido en otros momentos de crisis. Nosotros en neumáticos dependemos mucho, mucho de ellos. En aluminio menos, porque volcamos mucho al mercado norteamericano. Pero no creo que la economía de Brasil vaya a tener una reactivación inmediata.

No sos para nada optimista.
A ver: soy más optimista de lo que era hace seis meses. Pero no me parece que ellos vayan a tener un crecimiento tan inmediato. Tengo muchas dudas de qué es lo que van a hacer y cómo puede afectar a Argentina. Me parece que por ahí tenemos algún grado de dificultad.

¿Por el Mercosur?
Ellos no sienten que la Argentina sea un elemento que los ayude a futuro. Buscarán mejores acuerdos con otros socios. Con Estados Unidos, con los europeos. Vamos a ver qué pasa acá también.

¿Y qué creés que va a pasar acá?
Está complicado para muchos sectores. Está lento acá, hay muchos sectores que la están pasando pesado, y yo no veo que haya una recuperación de la actividad en general en un plazo relativamente corto. Va a ser largo.

¿Pensás que la recuperación va a tardar más de un año?
Es que tampoco veo por qué va a ser un año. Lo que no veo es por qué la orquesta va a sonar mejor dentro de un año. No estoy muy convencido del objetivo de todo esto. Creo que, hasta que vea realmente cuál es la luz al final del túnel, va a pasar un tiempo largo.

¿Cuáles son las cuerdas que está tocando mal la orquesta o que te hacen ruido?
Esto es como un señor obeso, con el que vos tenés distintos tratamientos alternativos para resolver su problema, y el tratamiento que vos has elegido es el de cortarle los brazos. Evidentemente el señor va a pesar menos, pero va a tener otro problema. Estás combatiendo a la recesión con recesión.

Es obvio que pensás que el Gobierno se equivoca con el camino de bajar la inflación con enfriamiento económico.
Claro. Es una inflación que es un poquito particular porque, cuando mirás cuál es la estructura de la inflación, lo que te está afectando
–como al resto de la sociedad, supongo– son las variables sobre las que tenés control. A vos te suben las tarifas, te suben la presión impositiva… No creo en la explicación monetaria de la inflación. Para nada.

¿Creés que el acuerdo con el FMI termina empeorando todo?
No veo que el esfuerzo que vos realizás tenga la contrapartida que buscás. Puede ser mucho esfuerzo para un resultado no demasiado exitoso, por lo menos en el mediano plazo.

¿Qué sería un resultado “no muy exitoso”?
Yo soy más bien de discutir los problemas sectoriales. O sea, no de tomar el universo y una solución general, sino de ir a través de los sectores, a ver cuáles son los problemas y tratar de resolverlos. Yo no creo que vos tengas soluciones generales para todo, cada sector tiene sus problemas en particular.

Hacia adelante, ¿un tipo de cambio más alto no ayuda?
Primero vos tenés que pensar que el tipo de cambio bajó en los últimos meses. Y ahora tenés retenciones, 3 y 4 pesos en productos industriales y agropecuarios. Y a nosotros nos sacaron los reembolsos. Las dos cosas: nos sacaron reembolsos y nos pusieron retenciones.

¿Qué tipo de cambio te queda hoy?
Si medís la inflación más la caída del tipo de cambio desde los $ 41 de septiembre a lo actual, más las retenciones, hoy estamos en $ 23, $ 24. Andamos por ahí. La competitividad de hace tres meses ya se te cayó.

Decís que mucho más no ganás
No, no. Ganancia no. No, no. Ganancia no. Tenés pérdida en tu rentabilidad. Más teniendo en cuenta que tuviste una caída en el mercado interno muy grande. El patentamiento de autos se ha caído un 50%, el consumo de electrodomésticos ha tenido una caída abrupta…

¿La ecuación sería no tanta competitividad y una caída del mercado interno que no se compensa?
Sí, se te achicó el mercado. Hay un tema que también tenés que ver cómo se maneja, que es el peso del sector público respecto del sector privado, cómo se va soportando. La realidad es que en los últimos años viene creciendo la transferencia de la carga, el sector público hacia el sector privado, vía impuestos, vía un montón de cosas.

Como el bono de fin de año.
Te digo, me parece muy bien; si el Estado realmente sabe cómo manejarlo, yo diría que lo manejen. Que maneje todo, no solo el bono, que maneje todo. Te quita un problema de encima y te resuelve todos los problemas. Que maneje todo.

Estás enojado con lo del bono.
No estoy enojado, pero realmente uno puede no estar del todo convencido de que bajo estas reglas del juego las cosas vayan a cambiar. Me parece que no es necesario molestar a nadie. O sea, si vamos a hacer las cosas por decreto, está bien: el bono, las paritarias, las retenciones, todo.

Te desconcierta todo eso de un Gobierno que decía venir a no inmiscuirse y poner palos en la rueda al sector privado.
Pareciera que no es la manera más abierta de jugar el partido. La pregunta es por qué hace cosas diferentes. Pero bueno, es lo que tenemos… Hay gente que cree que necesariamente las cosas siguen un único camino. Se encierran en algo dogmático. Esto es: “Tiene que ser así”. Yo creo que eso es muy malo, porque cuando vos perdés la capacidad de manejar alternativas, te limita muchísimo.

¿Creés que Macri es un dogmático liberal o todo lo contrario?
Más bien diría que, por ahora, creo que no salimos del dirigismo.

PESADA HERENCIA

La historia de Aluar se remonta a fines de la década del 60, cuando el Estado propuso la radicación de una planta de aluminio en Puerto Madryn, que adjudicó a la familia Madanes, hasta entonces dedicada a la producción de neumáticos Fate. “Mi padre (Adolfo) no quería socios con actividades políticas. En cambio, mi tío Manuel invitó a incorporarse a la compañía a José Ber Gelbard. Eso creó entre ellos un abismo de diferencias”, contó alguna vez Madanes Quintanilla sobre el inicio de un conflicto que le llevaría décadas resolver. Con los años, y tras la muerte de Manuel y de Adolfo, fueron los hijos de Manuel quienes se hicieron cargo de la compañía. Pero, a principios de los años 90, la situación crítica de la empresa, que llevaba años de balances en rojo, otorgó a Javier, hijo único y en definitiva accionista mayoritario, la oportunidad de tomar el poder. Cuando muchos de sus colegas vendían, él compraba. Sin embargo, no siente la necesidad de que sus tres hijos mantengan “su legado”.
“Ellos decidirán si quieren quedarse en la empresa o no. Yo no me voy a meter absolutamente en la decisión. ¿Por qué razón? Porque se metieron en la mía. A mí me obligaron, de alguna manera, tuve ese mandato. Si los tres se ponen más o menos de acuerdo y quieren poner una bandera de remate a la empresa, que lo hagan, realmente que lo hagan. Lo peor es sentirla como una carga, como me pasó a mí”.

EN LA ERA CUADERNOS

Muchas veces dijiste que no te gusta la definición de “empresario”. ¿Es una autocrítica o es por la valoración social negativa?
El empresario en Argentina está vinculado a lo especulativo y tiene una gran responsabilidad en eso porque vendió o reventó… Ha habido una gran parte del sector privado que aprovechó la ocasión para mandarse a mudar. Y creo que justamente eso a la sociedad no le gusta: ver que hay poca identificación con un compromiso.

También están los temas de corrupción que pegan muy fuerte. El caso de los cuadernos es extremo. La sospecha ahora recae sobre todos.
Es tan explosivo lo que se ha generado. Primero que sí, sos sospechoso. Ha llegado una situación en que la gente te ve sospechoso de todo. Me parece que sería hasta soberbio suponer que estás al margen. Si vivís tranquilo con tu conciencia, por lo menos dormís. Pero no podés decir que salís a la calle hoy y la gente te ve libre de culpa y cargo.

Cuando explotó dijiste que no te sorpendía…
Es que es el sistema, que se ve como un sistema perverso, permanentemente prebendario, en el que se ha generado un juego muy jorobado entre el que tenía capital y el Estado, del cual han pasado años y no salimos. No tiene solamente que ver con el Gobierno anterior, viene de atrás. Pasa que en el período anterior hubo algunas cosas que terminaron siendo tan explícitas que la gente lo ve mucho más cercano.

¿Dónde creés que termina todo esto?
No sé cómo va a terminar la etapa judicial, pero a mí me llama poderosamente la atención que por lo menos una primera reacción debería generarse para demostrar que hay una vocación de cambiarlo.

¿Te referís a la idea de separar la responsabilidad de las personas de las empresas, para que sigan operando?
Me parece una hipocresía espantosa. No te voy a decir que vas a fusilar a todo el país, pero estas cosas no son tan livianitas. Yo no creo en esa separación tan conveniente entre la empresa y la persona. Me parece que las cosas están más unidas.

¿Cómo es que quedaste a salvo de los cuadernos?
Nos hemos cuidado mucho. Creo. Sí, te puede aparecer un día un tipo que te dice algo… y la culpa será mía. Si hay alguno que hizo una idiotez dentro de la empresa, tendré que poner la cara yo y asumir las consecuencias.

¿Tuviste presiones, pedidos?
Estuvo el caso de Río Turbio, donde actuamos de subcontratistas, y nuestro tema fue que no quisimos jugar un rol que tal vez nos hubiera hecho las cosas más fáciles. Y en otros temas, sí, hemos tenido distintas discusiones por cosas que no quisimos encarar y en las que había una indicación muy fuerte por parte de ciertos funcionarios.

En definitiva, nunca hiciste negocios con el Estado durante el gobierno anterior. ¿Los harías con el actual?
No me gustan los negocios con el Estado.

bookmark icon