“Pese a la crisis y los cuadernos, es imposible no crecer”

21 de Septiembre de 2018 - Virginia Porcella

 


Sergio Faifman, CEO de Loma Negra, advierte que en la casa de matriz de Brasil están más preocupados por el “Lava Jato argentino” que por la crisis económica.

Sergio Faifman conoce como pocos lo que es pasar del cielo al infierno en pocos meses. En noviembre pasado, Loma Negra, la empresa de la que es CEO, debutaba en Wall Street con una recaudación de US$ 1.000 millones, destinados mayormente a la inversión en una nueva planta para abastecer el mercado interno que insumiría unos US$ 350 millones. Es que el crecimiento de 2017 y el auge de la construcción auguraban un período expansivo con pocos precedentes. Pero algo falló, puntualmente la economía argentina, y lo que se inició con una corrida cambiaria que empezó a nublar el panorama y aminorar el crecimiento se tradujo en un freno en seco cuando se destapó el caso de los cuadernos de las coimas en la obra pública –que involucra a sus clientes y al grupo controlante de la cementera en la única participación que tuvo en una obra pública durante la década pasada, y deja a casi todo el sector sin financiamiento– y se completó el cuadro con la megadevaluación de agosto.

Pero Faifman no se deprime. Conoce el paño y dirige una empresa que pertenece a un coloso del cemento y la construcción en Brasil, el grupo Camargo Correa, donde también saben de inestabilidades financieras y escándalos de corrupción. La experiencia genera anticuerpos. “De 2010 a 2012, estuve en San Pablo, me volví justo antes de que explotara el Lava Jato”, dice Faifman, quien explica que, como consecuencia de ese caso, las políticas de Compliance se volvieron más estrictas, y descarta de plano que ahora la compañía quede salpicada por “los cuadernos de Centeno”. Sin embargo, sí prevé consecuencias para el negocio, en un contexto de fragilidad de la economía. “Para nosotros, fines de 2016 y el 2017 fueron espectaculares, con proyectos de inversión que estamos haciendo sobre la fábrica nueva. Desde marzo veníamos con el problema de qué hacíamos si no teníamos cemento. Por como venía subiendo el mercado, íbamos a tener el típico cuello de botella de septiembre a diciembre sin capacacidad para abastecer esos meses pico. Eso fue en marzo, abril. A partir de ahí, empezó a caer, caer…”.

¿Y qué previsión hacen ahora?

Para que te des una idea, en mayo, cerramos la fábrica de Barker, que es la única que no tiene gas para marchar en invierno. Paró y arrancaba en septiembre de nuevo con gas; no va a arrancar, obviamente. La que tenemos en Olavarría, que iba a estar parada solo el mes de la reparación, va a estar parada casi cuatro meses. Pasamos de importar cemento a tener una fábrica parada seis meses, u ocho, y otra fábrica parada cuatro meses.

¿Se va a frenar la inversión de US$ 350 millones de la nueva planta?

Todo eso dentro del proyecto de la fábrica nueva para incrementar la capacidad un 40%. El plan es que esté en el primer trimestre de 2020. La fábrica se sigue construyendo, a pesar de las críticas y los impedimentos de Brasil.

¿Cómo los convenciste de que sigan adelante? En Brasil, conocen el riesgo tanto de la crisis económica como de la corrupción.

Lo que el accionista brasileño ve es la coyuntura de Argentina hoy y recuerda lo que pasó en Brasil en los últimos años. Cuando yo estuve en Brasil, eran todos proyectos de inversión, y la discusión era cuánto crecía; si 5, 6, 7, por los próximos 10 años. Esa era la discusión. Todas las empresas haciendo inversión, inversión, inversión, y hoy la capacidad es de 100 millones de toneladas, pero la mitad de las fábricas están cerradas. Entonces nos preguntamos cuál es el sentido de seguir con la fábrica, y la verdad es que, en nuestro caso, por ser nueva, la diferencia de costo variable y costo fijo respecto de las operaciones actuales es muy importante.

En todo caso, se cierran las plantas viejas.

Lo que se va a ir haciendo es bajar el nivel de actividad en otra fábrica que es más eficiente y maximizar esa producción, eperando que Argentina crezca. Si uno mira el país más allá de la crisis y la situación puntual de los cuadernos, la verdad es que con el déficit de infraestructura, habitacional y demás que hay, no hay cómo no crecer en Argentina.

Es interesante: en una multinacional norteamericana o europea, siempre te dicen que una inversión no se frena por la coyuntura, que prima la visión de largo plazo. Se ve que los brasileños tienen otro ejercicio…

A mí me tocó luchar con eso. En los países más serios, y obviamente sin esta inestabilidad, el criterio es que, cuando vos llegás a un 85% de la capacidad, deberías lanzar la próxima inversión para cuando llegás al 95% o 100%, estás listo. En Argentina, hasta que no estoy tapado de agua, no empiezo a hacer la inversión. La última inversión que se hizo acá fue la de Amali, que es donde hoy estamos haciendo la segunda línea. Esa fábrica se inició en 1998. Un mercado pum para arriba, hicimos inversión de un centro de distribución, compramos cinco compañías hormigoneras, hicimos esa fábrica, un centro técnico. Era: “¿Argentina cuándo va a parar de crecer?”. En 1999, cayó un poquito, en 2000 cayó, y en 2001 arrancó la Amali. Cuando la Amali arrancó, se vino la crisis de fines del 2001, 2002, y en 2002 todo el mercado que tenía Loma Negra podía abastecerlo con Amali; cerramos todas las demás fábricas.

¿Qué va a impactar más en el sector: la devaluación o los cuadernos?

La principal duda de hoy, lo que hablamos con Brasil sobre Argentina, no es tanto el impacto de la devaluación y las medidas económicas, de ajuste de obra pública y demás. Va a haber unos meses de recesión, sí, y después va a levantar. Pero la duda que queda por sobre todo es el impacto de los cuadernos, qué efecto va a tener sobre la economía.

Está la experiencia del Lava Jato.

La historia de Brasil fue muy mala. Pero yo creo que hay muchas diferencias con Brasil. El tema del Lava Jato fue durante un gobierno que estaba en actividad. Por ese lado, creo que es bien distinto. No hay que dejar escapar que la mayoría de los empresarios importantes de Argentina están ahí, por lo cual hay que ver cómo es su evolución. La mayoría está diciendo: “Salgo de la presidencia”, pero algunas de sus compañías también están cotizando en Nueva York, con lo cual empieza a aparecer todo el tema de Compliance. En nuestro caso, sin haber hecho nada distinto, la acción que debutó a US$ 19 en el IPO y llegó a US$ 26 ahora, por la coyuntura argentina, está en US$ 8, y hoy tenemos un class action (demanda colectiva en la Justicia). ¿Por qué? Porque te dicen: “Vos no me informaste acerca de los riesgos de Argentina”. Entonces empezás a tener ese tipo de situaciones. Eso es lo más suave, digamos.

¿Eso sin estar implicado?

El tema está en cómo eso va a repercutir en empresas que están aceptando que pagaron coima. Una cosa es: “Pagué porque me forzaron para una campaña”, y otra es cuando empiezan a salir cosas como: “Pagué para que me dieran esta obra”. Creo que es algo que muchos sospecharon o sabían, ahora se está blanqueando demasiado.

Esas empresas que están confesando son los clientes de Loma Negra. ¿Cómo va a afectar a la empresa?

La suerte que tenemos nosotros, entre comillas, es que no participamos prácticamente de vender al Estado. Ni ahora ni nunca. Acá hay una empresa que gana una licitación, ahí se da vuelta y sale a cotizar por hormigón o cemento. Y nos puede comprar a nosotros o a otros. Nosotros somos quien le vende a esa empresa, que se gana esa licitación.

Según las denuncias, un mecanismo era imponer los proveedores a los contratistas.

Nosotros estamos tranquilos. Si querés, el que se quema con leche ve una vaca y llora. Nosotros hemos tenido algún problema en el grupo en Brasil, con el Lava Jato y antes que eso, por lo que el grupo ya venía poniendo algunas políticas de Compliance bastante importantes, y después, con el IPO, las fortalecimos mucho. En cemento, hay cuatro compañías en Argentina. Con lo cual le comprás a una de esas cuatro o no comprás. Cuando vos mirás esas cuatro compañías, hay una que está en el sur, una compañía familiar. Después tenés Holcim, que es la número uno del mundo, con lo cual, desde el punto de vista de Compliance, no hay chances de nada raro. Después está Cementos Avellaneda, que es mitad española y mitad de Votorantim (la principal cementera brasileña), que con todo el tema de Lava Jato te imaginarás que no quiere participar en esto. Y nosotros. Con lo cual, en esa parte, es muy transparente, no pasa nada.

Es decir que están tranquilos.

En nuestro caso, como no teníamos obra pública, en ese sentido estamos muy tranquilos. Lo que sí no nos deja tranquilos es qué impacto puede tener otro cliente. Porque, en la medida en que les pegue a otros clientes, va bajando el nivel de actividad. Y ahí es donde te puede pegar. Nosotros teníamos alguna confianza importante en que en estos meses, de acá a fin de año, va a caer el nivel de actividad, menos del 10% respecto del año pasado en nuestra industria, con lo cual el año va a terminar en niveles similares al año pasado, porque los primeros cuatro meses fueron muy buenos. Hasta agosto, veníamos más o menos bien; estos meses va a caer, y el año va a cerrar con una caída del 3%.

¿Y el que viene? ¿Otra vez perdido?

Lo que veíamos para el 2019 era que las PPP (Participación Público Privada) estaban empezando a andar, y eso iba a traccionar un poco el volumen. Pero se les está complicando mucho la financiación. Cuando hablás con algunos bancos, la mayoría o todos, tanto los nacionales como los de afuera, están cortándoles las líneas de crédito nuevas a todas las constructoras que están apareciendo en esos cuadernos.

¿Ya se cortó el crédito a las empresas del sector?

Los bancos de afuera, ni hablar. Y los locales mantienen lo otorgado pero, si la empresa tiene saldos disponibles, pide que se cancele. Y, obviamente, no otorgan nada adicional. Con lo cual, es un espiral que va a terminar de alguna manera impactando, es por eso que ahora el Gobierno está saliendo a decir de qué manera ellos aseguran el financiamiento para que las PPP funcionen.

Pero no tiene muchas chances de encontrar un mecanismo muy exitoso, en ese sentido…

El sistema PPP es una forma de hacer una obra pública sin tener la deuda inicial, sino a lo largo de los años. Ahora el tema está en si el Gobierno tomará esa responsabilidad; es decir, casi que se vuelve al esquema tradicional. Y esa es una limitación que el Gobierno va a tener.

¿Entonces también en 2019 están previendo una caída?

Los comerciales, que son los que en general no le yerran, están previendo una caída del 3%. Esa es la expectativa porque, si Argentina logra estabilizar sobre todo el tipo de cambio, para nosotros también es bueno el nivel de actividad. La construcción del metro cuadrado en dólares, respecto de un año atrás, está en mucho menos. Está barata en dólares. Y mucha gente siempre ve, sobre todo cuando está esta volatilidad, el ladrillo como refugio de valor. Con lo cual, dice: “Si tengo plata, me construyo una casa, me meto en un departamento en pozo”, que fue lo que pasó en 2015, cuando estaba el cepo. Respecto del año pasado, en nuestro negocio de bolsa, el que va al particular, cayó y subió el granel por la obra pública. Con el tipo de cambio estabilizado, no importa si es caro o barato, la gente ahí empieza a construir. Por ese lado, podríamos tener crecimiento.

¿Cuántos empleados tiene el Grupo?

Entre Loma Negra, Ferrosur y demás, somos 3.300 empleados. En Loma Negra sola, son 1.500.

¿Con qué nivel de caída tenés que empezar a ajustar esa plantilla, o ya la estás ajustando?

Tuvimos algún ajuste menor de estructura en Ferrosur, pero fue reducir lo que habíamos aumentado. En el caso de Loma Negra, no podés tomar la gente para operar ocho meses y después sacarla. Con lo cual la realidad es que el escalón que tenés para sacar gente es directamente cuando llegás al nivel de cerrar una fábrica. No se piensa en una reducción.

bookmark icon