Teófilo Lacroze, presidente de Shell: “No hay razón para no ser competitivos en gas”

31 de Mayo de 2018 - Virginia Porcella

 


El sucesor de Juan José Aranguren en Shell es optimista respecto de su sector. La sinergia con Raízen, la brasileña que ahora controla la operación downstream de la compañía, y el impacto del conflicto por las tarifas.

Lo primero que hace Teófilo Lacroze en cuanto se despierta a las 6.30 am —y también lo último que hace antes de dormir— es mirar el celular. Es para fijarse no en la hora sino en la cotización del barril de Brent, la variedad de petróleo que determina el valor de la nafta en Argentina. También, en el precio dólar, la otra variable que rige gran parte de sus decisiones como presidente de Shell en el país. A fines de abril, la compañía anunció la venta por US$ 1.250 millones de sus operaciones de refinación, distribución y comercialización de combustibles (downstream) a Raízen, una petrolera brasileña de la que la propia Shell es dueña del 50%, y en la que Lacroze se desempeñó hasta que volvió a Argentina para hacerse cargo de la filial local.
¿Cómo es la transición con este nuevo dueño?
Raízen se creó en Brasil en 2011. Factura US$ 23.000 millones y tiene más de 6.200 estaciones de servicio marca Shell, que operan en 68 depósitos, 68 aeropuertos. Nosotros tenemos tres depósitos, cuatro con la refinería donde despachamos producto, y dos aeropuertos. Y, además, tiene 26 ingenios de azúcar y etanol. Produce más de 4 millones de toneladas de azúcar y 2 billones de litros de etanol, más que todo el mercado argentino.
¿En qué potencia el negocio local?
Nosotros facturamos alrededor de US$ 4.500 millones, tenemos 650 estaciones de servicio y cuatro depósitos. Raízen es un gigante en Brasil. Lo que buscamos con este acuerdo es el mejor modelo para aprovechar el crecimiento que nosotros creemos que va a tener el mercado argentino en el segmento del downstream. Es un modelo en el que va a haber mucha continuidad, casi imperceptible para los clientes.
¿Y a Raízen por qué le interesa la Argentina?
Era el momento justo para regionalizarse y, como parte del crecimiento que Raízen quería tener, el fit con Argentina era una buena opción. Acá Shell es una compañía con una marca muy relevante. Es un actor muy importante, en un mercado que tiene buenas perspectivas. Sumaron ambas cosas.
¿En qué se basan las proyecciones de crecimiento? 
Principalmente, nosotros creemos que va a haber un crecimiento sostenido del PBI en Argentina. Yo lo creería moderado, de entre 3 y 3,5% por año. Pero va a ser de forma consistente, es decir, no vas a tener grandes picos ni muy para arriba ni muy para abajo. Eso te trae demanda de combustible, que crece un poco por encima del crecimiento del PBI. Cuando mirás combustibles líquidos, generación eléctrica y renovables (que incluso por una cuestión de política macro-energética es algo que se va a desarrollar), somos optimistas en ese segmento. Y, cuando mirás Vaca Muerta, se ven los fundamentos por los que no hay ninguna razón hoy que te lleve a decir que a mediano plazo no se pueda ser competitivo o desarrollar petróleo y gas de forma competitiva en Argentina versus el mundo.
¿En qué medida la coyuntura, como la reciente crisis cambiaria o la discusión por tarifas, impacta en esa perspectiva?
Nosotros somos muy optimistas con Argentina. Ahora tenemos algunos puntos clave resueltos: hay un marco regulatorio claro y hay libre mercado. Eso es clave para el inversor extranjero, porque yo mal puedo competir por inversión contra el mundo si no tengo un marco regulatorio claro y reglas de mercado. A eso hay que sumar la buena perspectiva de negocio.
Entonces el conflicto recurrente por tarifas no te preocupa tanto.
Con más o menos discusiones, las reglas de juego ahora son claras. La de tarifas es una discusión sobre qué capacidad tenemos los argentinos de cumplir los contratos que hacemos.
Precisamente, ¿cómo afectan las inversiones, sobre todo pensando en Vaca Muerta?
Ninguna compañía que esté desarrollando un negocio energético a largo plazo mira el hoy. Yo miro un desarrollo de Vaca Muerta, de un área normal; vamos a tener entre tres y cinco años de piloto y después desarrollo por 35 años. Entonces, uno está mirando el mediano plazo, como mínimo. Desde esa perspectiva, uno mira el desarrollo de la industria local, para el gas, principalmente; y si creés en el crecimiento de Argentina eso va a llevar a un crecimiento por la demanda de gas y de petróleo año tras año. Lo que queda es la preocupación micro en Vaca Muerta.
Los costos…
Las cosas que dependen de nosotros, por ejemplo, la curva de aprendizaje: yo ya sé que hoy estamos en etapa piloto, pero cuando vaya a desarrollo varios de mis costos van a caer. Por una cuestión de masa crítica, de economía de escala y por productividad, yo empiezo a aprovechar los equipos de una forma mucho más productiva que en una etapa piloto. Ahora, también necesitamos que la industria genere algunos cambios. Y cuando hablo de industria hablo de todos los jugadores: Gobierno, empresarios, compañías, líderes sindicales, proveedores.
¿Qué cambios?
Hay tres grandes desafíos: uno claramente es el marco tributario. Por ejemplo, nosotros somos uno de los pocos países en el mundo que no tienen amortización acelerada para las inversiones de tipo Vaca Muerta. Y recordá que nuestra industria en Vaca Muerta en el upstream es de altísima inversión inicial y recuperación en 35 años, con lo cual la capacidad de amortizar aceleradamente es muy relevante para un flujo de caja y para que seamos competitivos como proyecto versus el resto del mundo. Después tenemos infraestructura. No se puede pensar en Vaca Muerta con 1.000 pozos por año (hoy tendrá 150, aproximadamente) sin tren, puertos, gasoductos y oleoductos, que hoy existen pero no tienen capacidad para los próximos años.
¿Y el tercero?
La reducción de los tiempos no productivos, los tiempos en que yo no puedo acceder a mi yacimiento, que me quitan mucha productividad. Los piquetes, reclamos. Entonces, en la medida en que podamos mejorar en esos frentes, podemos alcanzar esa meta en cinco o siete años.
Volvamos a la nafta en el surtidor. ¿Cómo convivís, tras la liberación del precio (ahora en modo “congelamiento acordado”), con la tensión permanente por los aumentos? 
El precio libre lo que te da es transparencia de cuáles son las variables que inciden en ese precio. Y las variables que siguen el precio de los combustibles son dólar, petróleo, impuestos y biocombustibles. Esa transparencia es la que nosotros intentamos siempre defender. Es parte de ir a mercado, que el cliente entienda por qué se mueven las cosas. Cuando se analiza la demanda de combustibles, desde que salimos del default y con los aumentos de precio que hubo, la demanda de combustible creció todos los años. Creció en 2016 y creció en 2017.
¿Cómo viene en 2018?
También viene creciendo; 5% hasta los números de marzo. Creció porque es inelástica, pero también porque hay crecimiento de sectores relevantes. El campo es uno, la venta de autos es otro(récord). Y cuando mirás cuánto crecen el costo de los insumos o de las variables, dólar, petróleo, impuestos, y cómo crecen los precios, estamos bastante por debajo. El tema es que no es solo inflación: más del 80% del costo es lo que pagamos por el petróleo, que es en dólares.
Dado el atraso, que empeoró en el último mes, ¿cómo se logra la rentabilidad en el sector?
Si mirás la película, tuvimos muchísimos años de falta de rentabilidad. Queremos crecimiento con rentabilidad.
Que es el que no tuviste…
Durante mucho tiempo no crecimos. Pero hemos venido recuperando eso. En los últimos tres o cuatro años, hemos tenido de todo. Y, como todo es muy dinámico, hoy podés creer que está bien pero tal vez hace dos semanas estábamos mucho mejor que hoy.
FOTOS: Leandro Sánchez
bookmark icon