“Muchos arrepentidos no se arrepienten de nada”

4 de Octubre de 2018 - Romina Manguel

 


El Ministro de Justicia habla de los cuadernos, el rol de la justicia en los empresarios y políticos arrepentidos y los bienes de la corrupción. Su figura en el gobierno de Cambiemos.

No iba a ser él. El radical y pieza clave de Cambiemos Ernesto Sanz era número puesto para ocupar el Ministerio de Justicia. Pero dijo que no. Y Garavano entró entonces en una de las carteras clave para la gestión de Macri. Lo miraban de reojo y la pregunta estaba en pasillos y despachos ¿Tendría con qué? Para empezar el nombramiento de dos de los cinco miembros de la Corte para completar el máximo tribunal con un decreto fallido sobre el que tuvo que dar marcha atrás. El reemplazo de la cuestionada procuradora Alejandra Gils Carbó. La renuncia de Norberto Oyarbide aceptada en una oficina del ministerio mientras uno de los peores jueces de la historia lloraba y le ofrecía “la cabeza de CFK” para quedarse. Las cosas parecían encaminarse. Logró una relación de delicado equilibrio con los federales, con la cabeza de la Corte Ricardo Lorenzetti, y por último, aportó proyectos que fueron votados con la manifiesta resistencia del kirchnerismo para transitar un brusco despertar de la justicia después de años de letargo. La ley del arrepentido, de extinción de dominio… no exento de polémicas (caso Amia es un ejemplo). Garavano podría irse mañana. Pero se adivinaría una sonrisa de satisfacción detrás de sus anteojos gruesos y su pelo revuelto mientras ve una foto inimaginable pocos años atrás: los arrepentidos siguen haciendo fila en los Tribunales de Py para contar lo que saben.

Parte de la justicia cuestiona la ley del arrepentido. Hay imputados que hablan de un mecanismo extorsivo “Si hablas te vas en libertad. O…”

No me gusta hablar de “arrepentido”, tiene una connotación religiosa, con muchas cosas que no aplican. Podemos hablar de un colaborador eficaz que es como la prevé la ley. Muchas de las personas que declaran como colaboradores, en muchos casos no se arrepienten de nada y terminan tomando una ventaja que da el sistema. Pero en definitiva es una figura que funciona en la mayoría de los países desarrollados, que está muy consolidada, incluso que ya funcionó con algún éxito en jurisdicciones provinciales y en la ciudad de Buenos Aires para casos de droga, de lavado de dinero.

Pero podría usarse para evitar la prisión hasta el momento del juicio y después… se verá. En este país los juicios tardan años.

Eso tiene varias aristas, la primera es que eso no es una discusión sobre la ley sino de cómo se está aplicando. Creo que como toda nueva ley, va a recibir ajustes en el futuro. Sobre la implementación, en este caso concreto, a mí no me corresponde opinar, y tampoco conozco el detalle de las actuaciones como para poder hacer una valoración de eso. Pero si creo que es una figura que más allá de lo que parezca hacia los medios y hacia la opinión pública, estamos en la primera parte del colaborador eficaz. Tiene una segunda parte en el juicio oral. En ese momento van a tener que validar realmente si era cierto lo que dijeron y relevante para la investigación. Con lo cual, estas personas se introducen en el camino, pasaron una primera barrera, pero todavía la barrera más significativa la van a tener en el juicio oral, con lo cual yo esperaría a ese momento para hacer una evaluación final de esta figura.

Insisto: los tiempos de la justicia… por ahí pasan años y ya ni nos acordamos de los casos.

Lo que tardaba antes en llegar a un juicio oral en determinadas ocasiones son las mediciones que se hicieron casualmente durante el gobierno anterior. Hoy si uno analiza los últimos casos, se han elevado a juicio en dos, tres años, máximo cinco. Por lo tanto, lo que vemos es una caída significativa a menos de la mitad de duración al menos para llegar a juicio oral. Ahí hay también una reforma que nosotros hicimos que está pendiente, que esperamos que el Consejo de la Magistratura esta segunda mitad del año la pueda terminar de ejecutar, que es la transformación de tribunales orales criminales y federales, para aumentar la cantidad de tribunales federales. Entonces, me parece que estamos empezando a rodar en un círculo virtuoso, un círculo de mejora de la justicia argentina. Pero es un proceso que va a tardar muchos años.

¿Qué pasa con los bienes de la corrupción?¿Es una utopía recuperar lo que se robó?

Lo importante es que los casos lleguen a juicio y que los bienes de casos de corrupción se puedan recuperar pero que también en los de narcotráfico, de lavado de dinero, de trata de personas. Porque no solo es devolver los bienes, sino que cuando uno recupera esos bienes, también corta el sistema para que estas organizaciones puedan seguir funcionando.

-¿Tienen cómo hacerlo?

Sin contar el caso de los cuadernos, hoy ya existen más de 200 y tantos mil millones de pesos embargados. Algunos se recuperaron, otros no. Pero ahí tenemos una pequeña muestra objetiva de la magnitud de estos hechos de corrupción y del dinero ilícito que se mueve en nuestro país y en el mundo. El  mayor desafío que tiene el Estado en materia criminal es tratar de interrumpir e incautar esos flujos de dinero que circulan. Plata hay. Los millones de José López secuestrados, es parte de este circuito. Hay cajas de seguridad en las que se incautó mucho dinero. Hay millones y millones de dólares en propiedades, aviones, yates, mansiones, autos acá y en Uruguay. Si se suma todo eso, estamos hablando de cientos y miles de millones de dólares.

Las detenciones no garantizan incautar todo eso…

Tuve reclamos de personas vinculadas al colectivo que apoya a Milagros Sala, hasta reclamos de personas que ven la situación de los detenidos de lesa humanidad, hasta políticos vinculados a dirigentes del kirchnerismo. Y creo que hay que poner en su justo lugar que las privaciones de libertad son siempre malas. No es algo que a nadie le debería generar alegría, ni entusiasmo, ni nada que se le parezca. Es realmente una actuación dramática. A veces se superficializa lo que es estar detenido. Trabajé en la justicia muchos años, me ha tocado enviar a muchas personas a prisión, siendo juez y fiscal general.

“No es bueno para ningún país que un ex presidente esté detenido”

¿Les preocupa el impacto de los cuadernos en las inversiones extranjeras? Brasil estuvo tres años paralizado post Lava Jato…

El presidente lo dijo públicamente; en esto no hay protección de ningún tipo a nadie y es buena esta transformación porque incluso llevará a que nuevas generaciones tomen el liderazgo y haya más empresarios que lobistas. Si, y eso se ha visto en algunas situaciones concretas, como el otro día en la presentación del fideicomiso, el gobierno tiene una preocupación real, no tanto por las empresas, sino por los trabajadores. Los jueces han sido muy prudentes a la hora de tratar de que las causas penales afecten a las personas y no a las empresas. Y me parece que esa es la línea central.

Cuando asumió dijeron que no tenía con qué hacerle frente a las reformas, que no podría con la corporación judicial, que lo iban a manejar…

Primero me sindicaron como una persona naif que no manejaba nada. Papel con el que siempre me sentí muy cómodo por otra parte, porque mi tarea acá es esa: tratar de que la justicia pueda actuar con independencia y libertad, y no manejar nada. Y cuando los procesos judiciales frente a esa libertad de acción y frente a instrumentos legales, legítimos y hechos de la realidad (fortuitos) como los cuadernos, esta situación se complica y pase a ser el gran diseñador de un sistema de justicia que persigue opositores. No resiste el análisis. Si uno repasa todas mis declaraciones, no me involucro en las causas, al contrario. Incluso he sido criticado por seguidores de Cambiemos por expresar mis reservas sobre detenciones y demás, diciendo que la detención no es lo relevante sino que lo relevante es el juicio y la oportunidad del fiscal que tiene la carga de demostrar que una persona es culpable.

Hoy hay una posibilidad latente que la ex presidenta Cristina Kirchner termine presa. ¿Qué opina al respecto?

-Tengo una posición intermedia. Creo que no es bueno para ningún país que un ex presidente esté detenido. Estoy convencido de eso. Pero también hay que distinguir causas que tienen responsabilidad penal pero que en el fondo tienen que ver con decisiones políticas de lo que tienen que ver con hechos de corrupción. Creo que en definitiva la decisión es de los jueces, y si los jueces creen que si una persona tiene que estar detenida, es algo que nosotros tenemos que respetar por más de que no le convenga ni al país ni al gobierno. Sabiendo que la prisión es el último extremo, que no es algo que sea lindo, ni que haya que entusiasmarse, es algo gravoso y duro. Hay que ser en eso muy cuidadoso.

 

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