Mi pantalla, el doctor: ¿qué es la “uberización” de la salud?

8 de Agosto de 2019 - Gabriela Navarra

 


El boom de aplicaciones y plataformas digitales, telemedicina e inteligencia artificial ya permite hablar de un fenómeno que promete transformar la atención médica.

Con la misma destreza con que maneja sus tijeras, un barbero de Washington toma la presión arterial de sus clientes. Sabe que al menos un 30% de la población es hipertensa, pero no está diagnosticada. Según indica el tensiómetro, les aconseja buscar atención médica. Mientras tanto, a miles de kilómetros de ahí, en alguna ciudad de Kenia, una peluquera atiende a las mujeres del barrio. Les pregunta sobre su vida diaria, indaga especialmente si hay violencia en el hogar y las orienta si necesitan ayuda.

Los barberos de Washington y las peluqueras keniatas se capacitaron como operadores de salud y ofrecen sus servicios a la clientela sin retribución económica. Pero saben que, finalmente, es una nueva manera de fidelizarlos.

En Jersey, una isla del Canal de la Mancha, los carteros sí reciben US$ 5 cada vez que, un día por semana, visitan a personas mayores: les llevan medicamentos, chequean que todo funcione bien y piden atención médica si hace falta.

Estas son algunas de las formas de alentar cambios en el sistema sanitario, asegura Mike Wagner, director de The Advisory Board Company, firma estadounidense creada hace 23 años que cuenta con más de 5.000 miembros asociados en 45 países, entre instituciones de salud, hospitales y universidades. Su objetivo: investigar prácticas sanitarias y predecir escenarios futuros a través de un modelo de “no competencia” que busca divulgar ideas para toda la industria. De la mano de Johnson & Johnson Medical Devices, Wagner visitó México, Colombia, Brasil, Chile y Argentina. “No importa si el país es rico o pobre: en todo el mundo, la atención sanitaria está en crisis”, asegura, mientras se disculpa por una persistente tos. “Es costosa, dificulta el acceso de los más vulnerables y no es de buena calidad. Cuando un sector de la economía no le da a la gente lo que necesita, está preparado para una disrupción, como pasó con Uber en transporte, Netflix en video streaming, Spotify en música, Airbnb en turismo”.

Ilustración: Luisa Jung.

En el nuevo modelo entra todo: desde la más compleja tecnología –incluida la inteligencia artificial– hasta el compromiso comunitario. Como buena parte de las enfermedades actuales son crónicas (cardiovasculares, diabetes, respiratorias, oncológicas), dos de los cinco principios enumerados por Wagner para acompañar la disrupción son expandir la definición de cuidado (“care” en inglés) y diseñar múltiples sistemas de cuidados concurrentes y continuos. Sobre esto, advierte: “La eficacia de una intervención en salud depende tanto de la conducta individual como de factores no clínicos, por ejemplo, la situación socioeconómica. Para una institución, es fácil decir: ‘No es mi problema’. Pero lo es. Son muchas las urgencias o las internaciones innecesarias si el paciente no es bien cuidado. La atención debe ser un continuo”.

La telemedicina o atención médica a distancia permite esa continuidad, intervenciones menos costosas y más oportunas. Un ejemplo: el ultrasonido ultraportátil Lumify realiza ecografías donde exista conexión a Internet y un smartphone o una tablet. Y, como el celular o la billetera, el dispositivo entra en un bolsillo. “Con una aplicación, se conecta al transductor ecográfico y se pueden ver imágenes en el teléfono o transmitir los datos a distancia”, explica el bioingeniero Lucas Lafranconi, de Philips Argentina. “Cualquier persona con capacitación básica puede usarlo en emergencias, para diagnóstico o segunda opinión, especialmente en áreas rurales o alejadas, sin trasladar al paciente o esperar que llegue el experto”.
Como con los barberos, las peluqueras o los carteros, estas prestaciones permiten el aprovechamiento de la fuerza laboral no clínica, otro de los principios de Wagner para cambiar la atención en salud.

Siempre con el teléfono inteligente como vector, los algoritmos de inteligencia artificial (IA) también suman. Plataformas como Babylon Health, Alexa, Amazon, Mapple, Google o Apple permiten acceder a consultas médicas online que a menudo se resuelven mediante protocolos de IA, aunque también dan turnos programados (a distancia o presenciales), identifican emergencias y derivan si hace falta.

“Para disminuir el uso intensivo del factor humano especializado, se tienen que generar alianzas con otros sectores de la economía”, advierte Wagner, y grafica: “Por ejemplo, que el hospital envíe un Uber para buscar al paciente y evitar problemas de transporte, ausencias y esperas. Después de la consulta, hay aplicaciones que ayudan a elegir productos saludables. Algunos países, por un pequeño pago, envían agentes de salud a las casas para enseñar qué comer”.

Pero la telemedicina no está tan extendida en Argentina. Una investigación de Global Health Intelligence (GHI), publicada en Health Affairs de febrero, indica que nuestro país, a pesar del tamaño de su mercado de salud, incorpora más lentamente que otros de América Latina este fenómeno: un 24% contra un 68% en Chile –líder en el continente– o un 45% en Uruguay.
Pero, de a poco, la ola va creciendo. Hernán Navas, jefe de Informática en Salud del Sanatorio Finochietto de Buenos Aires, explica que el centro “nació” informatizado. “Comenzamos en 2013 y toda la información está disponible online. La idea es mejorar la comunicación del equipo para no repetir tareas, evitar y reducir errores de traslado y de medicación”, puntualiza. Navas agrega que, entre médicos y pacientes argentinos, aumenta el intercambio por WhatsApp u otras aplicaciones. “Pero los sistemas de financiación no siempre lo reconocen como práctica médica y el profesional no lo puede cobrar. Es un obstáculo importante”.

La falta de monetización de estas prestaciones informales es uno de los problemas que resuelve DOC24, la primera app de videoconsultas médicas online del país, un modelo de negocios B2B que se ofrece a prepagas, obras sociales, compañías de seguros y de asistencia al viajero. “Comenzamos en 2016 con un grupo de médicos, expertos en gestión de empresas de salud y en tecnología. Atendemos una demanda creciente local y pronto también en San Pablo, Brasil”, afirma Pablo Utrera, CEO de DOC24.

Mediante un smartphone u otro dispositivo, la app conecta a un médico con un paciente en tiempo real. Esto, según el ejecutivo, descomprime las consultas en las guardias, que hasta en un 70% son de baja complejidad, y reduce los pedidos de médico a domicilio.

DOC24 tiene guardia clínica y pediátrica las 24 horas online los 365 días del año y médicos de 33 especialidades para atención programada. Pero su gran diferencial es que, comparada con la videoconsulta por IA, en la app siempre responde un médico desde el otro lado de la pantalla y se puede acceder desde cualquier lugar del mundo. “Assist Card es nuestro cliente y le damos un servicio muy valorado al trasponer la barrera idiomática, que puede ser un impedimento serio al buscar asistencia médica en otro país”, asegura Utrera. Además, las compañías pueden contratar el servicio de DOC24 con o sin su propia imagen de marca. “No reemplazamos la consulta presencial; sí evitamos desplazamientos innecesarios e inducimos a consultar en casos más graves”, concluye el CEO.

Diagnósticos a un click

A mediano plazo, esta ola de innovación permitiría también resolver problemas estructurales y, por ende, impactar en la salud pública. Vuelve Wagner: “Hay una pequeña proporción de pacientes que consumen hasta el 80% del gasto en salud. En mi país, los llamamos ‘million dollar patients’. En esos casos, hay un ‘life coordinator’ que los ayuda a programar sus actividades, controlar su medicación, su dieta. Esto reduce miles de dólares en camas, hospitalizaciones, emergencias”.

Identificar a los pacientes que demandan servicios muy especializados es otro desafío. “Una niña de Trelew con una grave enfermedad respiratoria recibe ventilación a través de uno de nuestros equipos. Su médico la monitorea a distancia y puede ver y modificar los parámetros en tiempo real. De otro modo, la paciente debería haberse mudado a Buenos Aires”, aporta Mariana Gussoni, de Philips Argentina.

Lo dijo por primera vez el ingeniero de Harvard Michael Porter, en 2006: para salir del eterno déficit y mejorar los resultados para el paciente, la salud debe seguir un modelo basado en el valor (“Value Based Health Care”). Para eso, tiene que divorciarse de la fórmula de financiamiento que paga según número de prestaciones al médico, al hospital, la farmacia y los centros de diagnóstico, y pasar del “pago por prácticas” al “pago por resultados”. Y hacerlo a través de sistemas de financiamiento colaborativo, otra de las claves enunciadas por Wagner.

“Si se paga por prestación, cada uno indica más y más consultas, pruebas, medicamentos, cirugías. En cambio, si se concibe la atención como un continuo, cada institución debe tener una fuente de ingresos fluida en manos de quienes puedan determinar cómo moverlos donde hagan más falta. Esto, claro, genera resistencias. Especialmente, entre algunos médicos y sectores que, según cómo se asignan los recursos, pueden perder financiamiento. Todos quieren mejorar el sistema, pero nadie quiere perder. Y no se puede bajar el costo en salud sin que haya perdedores. Por eso, hay controversias. Pero la disrupción está en marcha y, aunque algunos se opongan, sucederá”, concluye.

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