El más argentino de los Cheval

27 de Febrero de 2018 - Francisco Barreiro

 


Pierre Lurton es presidente de la bodega francesa Château Cheval Blanc, uno de los vinos más premiados del mundo, y Cheval des Andes, su par nacional. La nueva cosecha, el mercado argentino y la nueva tendencia.

Ubicada en un punto estratégico de Burdeos (entre Pomerol, Graves y Saint Emilion), Château Cheval Blanc es considerado como uno de los mejores vinos del planeta.

Su nombre logró instalarse como un producto de excelencia y, en el imaginario popular, cada vez que alguien quiere mencionar un gran vino nombra un Cheval Blanc. Algo que llegó hasta instalarse en el mundo del cine.

Dos ejemplos claros son el de la película animada Ratatouille, donde el crítico gastronómico pide “una botella de Cheval Blanc 1947”. Y el otro ocurre en Sideways (Entre copas), donde Miles Raymond (personaje de Paul Giamatti) cuenta que su mayor tesoro guardado es un Château Cheval Blanc de 1961.

La relación con Argentina

En Saint Emilion y Pomerol, el Malbec era una de las cepas más importantes de la región, pero en 1860 un terrible ataque de filoxera destruyó la mayoría de los viñedos hasta casi la desaparición de esta cepa.

Sin embargo, apenas 7 años antes de la plaga, Michel Aimé Pouget trajo a nuestro país algunas de esas plantas prefiloxera, donde el Malbec se adaptó de forma única en el mundo.

La relación de Château Cheval Blanc con nuestro país comenzó a fines de los años 90, cuando Pierre Lurton llegó a Mendoza y quedó cautivado por el Malbec. Pierre sabía del antiguo Malbec en Burdeos y soñó con desenterrar esa conexión con el pasado de Saint Emilion.

En 1999, Lurton pudo cumplir su sueño y fundó Cheval des Andes: la primera y única alianza que el prestigioso Château Cheval Blanc tiene en todo el mundo. Su idea era fusionar el Primer Grand Cru con la experiencia innovadora en vinos de altura; uniendo la experiencia del Viejo Mundo y la inventiva del Nuevo.

¿La cosecha 2014 es el más argentino de los Cheval des Andes?

Sí, porque es el que tiene más Malbec en su assemblage. Es un argentino perdido en un oasis de frescura… pero no está perdido del todo. Cheval des Andes 2014 refuerza su impronta argentina y su esencia francesa logrando un magnifico estilo en este vino.

¿Y las nuevas cosechas continuarán en esa línea?

Nos orientamos hacia eso y tenemos la suerte de que desde hace tres años la vendimia se hace en épocas más frescas y estamos yendo hacia vinos con frescura. Hay algo en lo que hicimos mucho progreso que es el riego, que es esencial para tener una madurez con elegancia.

Pero los anteriores fueron con un estilo más francés, más Burdeos.

Al principio querían hacer un vino francés y eso fue un error. Lo que no queremos es hacer un vino bordelés porque sería ridículo, sino un vino argentino al que le aportemos esos detalles que da la genealogía de Burdeos. Taninos elegantes, que tengan frescura. No se trata de hacer un vino francés en Argentina. Es un vino argentino con ciertos toques.

¿A qué errores te referís?

No hay que cometer el error de pensar que uno sabe todo. Hay que mirar mucho y observar lo que se hace en el lugar, porque la vitivinicultura argentina es muy buena calidad. Traemos algunos detalles de precisión para poder cosechar ese “malbec al dente”.

¿Cuáles son las grandes diferencias entre elaborar un vino en Francia y en Argentina?

En Mendoza jugamos con la altitud, porque tenemos noches muy frescas, pero durante el día no. En Bourdeos tenemos un clima fresco que nos los permite mantener continuamente esa frescura.

La idea es recrear aquí cierto tipo de condiciones, pero no hacer un vino bordelés en Argentina. Sino tirar un poquito de todo lo que conocemos de burdeos para traer frescura en el ensamblaje.

¿Fue difícil crear la marca Cheval del Andes?

La creación de la criatura no fue instantánea, estuvimos buscando mucho. Primero pasamos a algo más “overlapping” y después más del continente americano. Desembocamos en este Cheval Des Andes que se ha ido afinando con el paso del tiempo.

¿Qué busca hoy el consumidor argentino?

Lo que busca es un vino fácil de beber. Como se dice ahora, que sea más “bebestible”. Un vino que ha sido joven, pero con potencial de guarda. Si uno lo cosecha con demasiada madurez generalmente no tienen un buen viaje a lo largo del tiempo.

¿Es muy difícil el mercado argentino?

No es difícil, pero nunca tampoco es un mercado fácil. Hay un orgullo de los argentinos respecto al producto que hace que sea un mercado más abierto al vino.

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