Martín Varsavsky: El sueño del regreso

20 de Diciembre de 2016 - Virginia Porcella

 


Dice que dos de las siete empresas que fundó, Fon y Prelude, podrían desembarcar en la Argentina. La última
start up de Varsavsky está valuada en US$ 200 millones.

El 24 de enero próximo Martín Varsavsky, uno de los empresarios argentinos más exitosos en el exterior con una fortuna personal de US$ 300 millones, será papá por séptima vez. Su hijo nacerá en un hospital de Estados Unidos donde vive desde hace dos años tras dejar Madrid para montar su último emprendimiento: Prelude. Es una start up dedicada a revolucionar la industria de la fertilidad para la que acaba de conseguir US$ 200 millones en su primera ronda de inversión. El acontecimiento familiar le impedirá visitar la Argentina, como suele hacer cada año antes o después de pasar las fiestas en Punta del Este.

Pero no le impedirá seguir atento como siempre a lo que sucede en el país. Después de años de desencanto y algunas experiencias frustradas, Varsavsky siente que ahora el panorama es distinto: “Por primera vez en 50 años veo una oportunidad real de mejorar “, afirma.

varsasky-apertura-1Su opinión puede estar influenciada por su último encuentro con Mauricio Macri en julio de este año. Ambos compartieron charlas y reuniones en la Sun Valley Conference, la megacumbre de empresarios, emprendedores y CEOS que se hace en Idaho una vez por año y a la que el Presidente viajó para atraer capitales. “Macri sabe que no soy un inversor tradicional. No me voy a poner a montar un parque de energía eólica, por ejemplo. Yo lo que hago es transformar ideas en empresas”, dice Varsavsky. Ese expertise lo obtuvo luego de fundar siete empresas, entre ellas Jazztel, una compañía de telecomunicaciones que hoy tiene un valor de mercado en torno a US$ 3.000 millones.

Dos de esas siete compañías, dice, podrían con el nuevo contexto desembarcar en la Argentina. Una sería Fon, una start-up apoyada por Google, Skype y Sequoia Capitals, que tiene el ambicioso plan de crear una red de “foneros”, usuarios que compartirían sus conexiones de wi-fi para que los turistas en pleno viaje puedan acceder a Internet. Fon ya tiene 20 millones de usuarios y, aunque aún no logra concretar el proyecto del wifi ubicuo, el año pasado la compañía se convirtió en rentable. “Fon ya está en Brasil y podría sin duda estar en la Argentina, más ahora”, dice Varsavsky. Y cuenta que hace unos años lo intentó sin éxito: “Queríamos entrar los routers, tuvimos problemas en la Aduana, nos pidieron sobornos, dijimos que no y nos fuimos. Pero yo creo que ahora se podría hacer, hay que encontrar un operador de telecomunicaciones que quiera ser el socio local”, dice.

El otro emprendimiento con el que podría volver a la Argentina y el que por estos días concentra toda su atención es Prelude. Una idea que él define tan revolucionaria y sencilla como que “todo el mundo pueda tener bebés sanos, cuando estén listos”. Según el emprendedor, la mujer argentina o las parejas argentinas son muy buenas candidatas para este procedimiento porque hay mucha demanda y también muy buenos profesionales. ¿Qué más necesita? Un mantra global: “Reglas transparentes y estabilidad”. Sus compañías tienen alta dependencia de insumos importados y ese fue el motivo por el que no logró volver antes con alguno de sus negocios. “Ahora que hay un solo dólar y que se puede importar, es distinto. Es un mercado chico, pero los hay más chicos”. Sin embargo, aclara que acaba de mudarse a Estados Unidos para iniciar Prelude en ese país y recién en los próximos dos años iniciar su plan de expansión a otros mercados. ¿Por qué puede Prelude revolucionar la industria de la fertilidad?

Varsavsky comenzó a pensar en Prelude hace seis años cuando se topó con la dificultad de formar una familia con su actual esposa Nina. Ella, que entonces tenía 31 años, descubrió que era estéril poco después de casarse. Pudieron concebir su primer hijo gracias a la fecundación in vitro (FIV), y luego congelaron óvulos y esperma para usarlos en el futuro. Ahora tienen dos hijos sanos de 5 y 3 años, y el tercero viene en camino, también vía FIV. La experiencia fue desgarradora ya que la pareja tuvo que atravesar una batería de exámenes genéticos, muchos de los cuales ahora son parte del Método Prelude. Y los Varsavsky conocieron parejas que no pudieron concebir. Los datos confirman su experiencia: el 12% de las mujeres de entre 15 y 44 años enfrentan dificultades para tener un bebé por sus propios medios, indican los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades en Estados Unidos.

Ya desde su infancia en Buenos Aires, Varsavsky buscó oportunidades únicas en los grandes mercados. Su familia emigró a Estados Unidos en los años ’70 como refugiados después de que su primo, David Varsavsky desaparecido por la dictadura militar. Mientras cursaba un posgrado en Columbia, Varsavksy creó una compañía de bienes raíces que convertía edificios industriales en lofts residenciales. Dos años más tarde él y el premio Nobel César Milstein fundaron Medicorp Sciences, una compañía de biotecnología ahora radicada en Montreal que desarrolló un tratamiento temprano para el sida.

En los años ’90 Varsavsky dirigió su atención a una serie de emprendimientos en telecomunicaciones. El primero, Viatel, fundado en 1991 en Nueva York, ofrecía llamadas de larga distancia a bajo costo. Cotizó en Bolsa a los tres años. En 1995 Varsavsksy se mudó a Madrid y creó Jazztel, proveedor de servicios de telefonía e Internet que salió a la Bolsa en 1999 y que llegó a valer casi US$ 4.000 millones en 2014. Luego inició Ya.com, proveedor de DSL y portal de Internet que vendió dos años después a Deutsche Telekom. La firma siguiente, un servicio de aplicaciones alemán llamado Einsteinet, quebró pronto, y le costó u$s 50 millones de su dinero. Nada grande. Puesto que la serie de éxitos dejó a Varsavsky con un patrimonio que Forbes calcula en US$ 300 millones. Fue por esos años que cobró notoriedad en la Argentina cuando donó US$ 11 millones para financiar, durante la gestión de Fernando de la Rúa, el portal Educ.ar. La iniciativa naufragó con el gobierno al poco tiempo pero el sitio educativo fue reflotado años más tarde y es hoy lo que mantiene a Varsvasky en contacto con el ministro de Educación Esteban Bullrich.

Más amarga fue la experiencia con Southern Winds, cuando le pidieron que ayudara a la que era por entonces la única línea aérea argentina. “Traté y me fue horrible. Perdí US$ 3,5 millones además del costo en reputación y el gobierno de Kirchner que me pidió un soborno. Ahora me dedico más a la ayuda social a través de Educ.ar”, revela.

DESPUÉS DE LA BURBUJA

Tras mantenerse alejado luego del estallido de las puntocom, Varsavksy fundó Fon, compañía de la que todavía es presidente pero no CEO, ya que su foco se concentra hoy en Prelude, que nació oficialmente en 2015. Varsavsksy se percató pronto de que el típico ciclo en el modelo de start ups no funcionaría. Debido a las regulaciones y otros obstáculos, decidió que lo mejor sería comprar una clínica de fertilidad y un banco de óvulos que ya existieran. Y tuvo que buscar financiamiento de capitales privados en vez de capitales de riesgo. Cerró con Lee Equity Partners, que se concentra en transacciones de mercados medianos y ya tenía la mirada puesta en el potencial del negocio de la FIV.

En Estados Unidos el sector de la FIV tiene todo lo que busca el capital privado: escala, con un mercado potencial U$S 2.000 millones anuales, y crecimiento, más de 10% anual. Además, está fragmentado y sin marketing. Es un sector asociado al fracaso: alrededor de dos tercios de los ciclos de FIV no producen bebés, según la Sociedad de Tecnología de Reproducción Asistida (SART, en inglés). Al congelar los óvulos de la mujer antes de que empiece a decaer su fertilidad, Prelude debería estar en condiciones de exhibir historias de éxito. Con sus compras iniciales –la pujante clínica RBA y My Egg Bank, que congela alrededor del 40% de los óvulos de donantes en Estados Unidos- Prelude ya es rentable con ingresos calculados en US$ 35 millones. Y está llamada a continuar el crecimiento. “Procuramos expandirnos a nivel nacional y asociarnos con las principales clínicas de Estados Unidos”, señaló Collins Ward, directivo de Lee Equity.

fo110816_069-en-bajaLas técnicas de recuperación y congelamiento de óvulos, que técnicamente se llaman criopreservación de ovocitos, existen hace más de 30 años y solían usarse como medio para preservar la fertilidad en pacientes con cáncer sometidos a quimioterapia. Por lo general las mujeres toman una serie de medicamentos de fecundidad que estimulan a los ovarios a producir óvulos. Luego los doctores los extraen usando una aguja que penetra la pared vaginal hacia el ovario. Como el óvulo, a diferencia del embrión, es una sola célula conformada mayormente por agua, la técnica habitual de congelamiento lento solían producir cristales de hielo, que tornaban inutilizables a los óvulos.

En la década pasada una nueva técnica de congelamiento rápido llamada vitrificación mejoró enormemente el índice de éxitos, lo que en 2013 llevó a la Sociedad Estadounidense de Medicina Reproductiva a retirar el calificativo de “experimental” que pesaba sobre el proceso. Sin embargo, el grupo también emitió una advertencia. “Comercializar esta técnica con el propósito de diferir la maternidad –alertó- podría dar falsas esperanzas a las mujeres y alentarlas para que la posterguen”.

De momento la clínica RBA, incrustada en un parque de oficinas en los suburbios de Atlanta, sirve como centro neurálgico de Prelude. A los ojos de quienes la visitan parece el típico consultorio de médico, con salas de espera y de atención a lo largo de pasillos pintados con colores pastel y adornados con imágenes tranquilizadoras. Entre bambalinas varios técnicos trabajan en un gran laboratorio, algunos observando con microscopios y otros en pantallas de computadoras, en medio de un conjunto de equipos entre los que hay varias incubadoras grandes. Hay una máquina controlada en forma mecánica que permite que el técnico que observa por el microscopio use una diminuta jeringa para pinchar la membrana de un óvulo y fertilizarlo con esperma. Al lado del laboratorio hay un gran sector de almacenamiento lleno de tanques de criopreservación, unidades con ruedas de un metro de altura que se parecen a pequeños R2-D2. Cada uno de ellos está repleto de nitrógeno líquido y preserva embriones y óvulos a 196 grados bajo cero.

Hasta hace poco la cantidad de mujeres que habían elegido congelar sus óvulos para preservar su fertilidad era relativamente escasa (6.200 en 2014). Pero después de que Apple y Facebook anunciaron el beneficio del congelamiento, y de que famosas como Sofia Vergara o Kim Kardashian hablaran en público de la técnica, los médicos de fertilidad informan de un repunte en el interés.

No hay dudas respecto de que almacenar temprano los óvulos mejora los resultados. Pero hay abundancia de críticos y escépticos. Mientras que la extracción y el congelamiento de óvulos son seguros en la mayoría de los casos, las inyecciones que se precisan provocan hinchazón y molestias. En una pequeña cantidad de casos las complicaciones requieren de atención hospitalaria. “Recuperar múltiples óvulos implica inyecciones de hormonas potentes, opinó Marcy Darnovsky, directora ejecutiva del Centro de Sociedad y Genética. “Los riesgos a corto plazo van de moderados a muy graves, y a largo plazo son inciertos porque no han sido estudiados adecuadamente”. Otros dicen que la industria está poniendo las ganancias por delante de la seguridad. Y otro tema es el costo, especialmente porque la mayoría de los óvulos congelados nunca van a usarse. En 2014 sólo el 1,6% de los bebés nacidos en Estados Unidos fueron concebidos con FIV.

Pero en algún sentido la preocupación por los costos confunde las cosas. Las mujeres jóvenes no congelan óvulos para hacerse una FIV en el futuro. Los congelan para tener la opción de hacerlo, una póliza de seguro que detiene el reloj biológico y les permite progresar en sus carreras con la misma libertad que los hombres sin tener que transigir en la elección de su pareja. No usar nunca esos óvulos es el costo de tener esa paz mental.

“Me siento totalmente liberada”, confiesa Leila Janah, de 33 años, una conocida emprendedora social de Silicon Valley que hace poco escribió acerca de su decisión de congelar los óvulos. A su juicio las mujeres profesionales afrontan mensajes contradictorios: una presión intensa no sólo para triunfar en sus carreras sino también para “sentar cabeza”, sea que hayan encontrado o no a la pareja adecuada. “Si queremos promover la participación plena de las mujeres en la fuerza laboral y en el mundo, debemos darles las opciones de tener familia cuando ellas quieran”, propone.

Sin contar los casi 100 miembros del personal en RBA y My Egg Bank, Prelude sigue siendo diminuta, con apenas 5 empleados, casi todos ellos tocados por la infertilidad, lo que confiere un sentido de misión a la compañía. “La parte emocional impulsa lo que tratamos de hacer”, asegura Tia Newcomer, directora de facturación de Prelude, cuyo esposo es un sobreviviente del cáncer que eligió no congelar su esperma a los 18 años, cuando le diagnosticaron la enfermedad, lo que los obligó a buscar ayuda de un donante para tener hijos.

VOLVER A EDUCAR

Desde las oficinas de Johnson en West, en el Presidio de San Francisco, que Varsavsky usa como sede temporaria, Prelude desarrolla una campaña de marketing que promete concentrarse en la educación en vez de en el miedo. Eso incluye alentar a las mujeres y a sus ginecólogos a hacerse estudios más rutinarios de la hormona AMH, cuyos niveles pueden determinar la probabilidad de ser estériles. Y Varsavksy trama extender la compañía a nivel nacional asociándose con una red de clínicas que ofrecerán el Método Prelude. La campaña publicitaria debía comenzar el mes pasado. “La ciencia de Prelude va a funcionar –asegura-. Si fracasamos, será porque no conseguimos que los millenials piensen en el futuro”. Debe señalarse que a los millenials se los conoce por abocarse a conseguir lo que quieren, y cuándo lo quieren. ¿Por qué debería ser distinto con la procreación? “Uno de los elementos cambiantes de la atención médica es la elección de los consumidores, y creo que Martín la está introduciendo en el sector de la fertilidad”, opina Anne Wojcicki, fundadora y CEO de la empresa de análisis genéticos 23andMe, además de amiga de Varsavsky.

Un reciente estudio académico no preguntó si es una buena idea que las mujeres jóvenes congelen sus óvulos, sino cuándo sería el momento indicado. ¿La edad ideal para hacerlo? Entre 31 y 33 años. Lo bastante jóvenes para hacer que la séptima startup del argentino se convierta en la más grande, siempre que las mujeres la acepten.

Por lo pronto, Varsavsky es muy consciente de que Prelude avanza en territorio delicado. Pero lo mueve la convicción de que la infertilidad en todas sus formas –la capacidad de la mujer no sólo de tener hijos sino de tener todos los que quiera- se cobra un tributo cada vez más doloroso en las familias. Y, aunque ahora ya esté planificando un próximo viaje con Nina y su futuro hijo a Catamarca (única provincia argentina a la que sus recorridos en bicicleta no lo llevaron), sabe lo que es pagarlo.

tapa-forbes-noviembre

bookmark icon