Lecciones de un emprendedor

8 de Febrero de 2017 - Julia Bearzi

 


Puede resultar una idea un tanto paradójica, pero hoy un emprendedor, o muchos de ellos, sueñan con crear grandes corporaciones son fuente de inspiración e innovación para esas compañías que admiran.

Algo impensado décadas atrás, cuando ser emprendedor era apenas una salida frente a una necesidad económica. Afortunadamente, la noción de emprender (y no sólo los emprendedores) fue ganando terreno, consolidando ideales y nuevos modos de hacer negocios, convirtiéndose en un valor aspiracional para las nuevas generaciones y en una necesidad para las grandes empresas.

¿Qué aporta un emprendedor al mundo de las grandes corporaciones?

Forzadas a ser cada vez más competitivas, las compañías están lanzadas a procesos de innovación constante que ya no son capaces de abordar en soledad, por lo que buscan alimentarse del espíritu y modo emprendedor.

De ahí que trabajan cada vez más con esquemas “open innovation”, a través de apoyo y potenciamiento de ideas que ya están en marcha, o integrando estos desarrollos a su propia cadena de innovación como partners, colaboradores o aliados. Logran así conjugar el conocimiento interno con el externo para generar proyectos ad hoc, mejorar los procesos existentes o identificar nuevas oportunidades de negocio.

Los emprendedores enseñan a los empresarios que sus empleados trabajan mejor en organizaciones horizontales y flexibles, con mínimos niveles de dirección, que se enfoquen en la creación de contextos adecuados para que puedan administrar con criterio su libertad para alcanzar los objetivos comprometidos.

Además, los emprendedores son abanderados de la cultura del fracaso: ese gran fantasma de las compañías es sinónimo de aprendizaje para ellos. Es común escuchar a fundadores contar que, gracias a los errores cometidos en experiencias anteriores, aprendieron qué debían hacer de manera diferente en sus nuevas start ups.

Extrapolando este ejemplo al mundo corporativo, las experiencias fallidas hacen a la trayectoria de la empresa y de sus colaboradores. Lo importante es qué aprenden de ellas para ser capitalizadas en otro proyecto.

Conceptos claves

Esto se relaciona con dos conceptos clave, propios de las start ups: la flexibilidad y la velocidad. Actuar con ambas virtudes permite cambiar de estrategia cuando sea necesario y así evitar el fracaso, llegar a nuevos mercados, innovar y ponerse a tono con los cambios del entorno competitivo.

Ser emprendedor es una actitud en sí misma. Implica vislumbrar oportunidades donde otros ven problemas; es salir de la zona de confort para mejorar el mundo donde se vive, aunque eso implique asumir riesgos.

Pero la actitud emprendedora no es un don ni necesariamente es innata. Es un talento que se puede trabajar, desarrollar y promover dentro de una estructura organizacional.

Hay compañías que, con el apoyo de organizaciones como Endeavor, implementan programas de intraemprendedorismo con el objetivo de brindarles a sus equipos prácticas y herramientas propias del proceso emprendedor, y así contribuir con la dinamización de la organización a partir de la identificación y promoción del talento creativo.

Una filosofía emprendedora

Para lograr esto, es importante que la gerencia comparta esta filosofía y sea un modelo a seguir para fomentar estas prácticas entre sus equipos. Que mantenga una comunicación continua y fluida con sus colaboradores y que impulse la experimentación. Las empresas que tengan la capacidad de integrar estos valores a su cultura corporativa podrán atraer y retener talento, detectar nuevas ideas de negocio y mejorar el clima de trabajo.

Poco a poco, la filosofía emprendedora va ganando espacio en las estructuras formales de muchas organizaciones. Las empresas cada vez más toman nota de que un cambio cultural en esta línea es posible y, también, necesario para lograr el dinamismo y la flexibilidad que exigen los mercados actuales.

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