“Yo le regalé a Bill Gates sus primeros bitcoins”

5 de Febrero de 2018 - Delfina Krüsemann

 


Es el principal responsable de haber convencido a Silicon Valley del potencial de los bitcoins. Con Xapo, su último emprendimiento, busca ser “el banco suizo” del dinero virtual.

Hay que hacer un poco de esfuerzo para imaginar la escena: aunque suene increíble, durante unos años, Wences Casares fue el “chico de punto” entre los emprendedores de Silicon Valley.

Tanto es así que, durante las conferencias y encuentros de networking de la comunidad techie, nadie quería sentarse con él en la misma mesa y, si lo hacían, el argentino tenía que aguantarse todo tipo de bromas. ¿La razón? Su pasión por el bitcoin.

“Sabían que era de todo lo que les iba a hablar”, se ríe Casares ahora, en un viaje relámpago a Buenos Aires para, entre otros asuntos, ultimar detalles del Silicon Valley Forum, que traerá, por primera vez a la Argentina, a Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn, y otras “celebridades” como Mike Volpi e Ian Smith:

“Ellos son como monjes negros que el público no conoce, pero la industria sí, y mucho, porque hacen y deshacen todo. Son los banqueros de Google, Facebook y Airbnb; hicieron megaadquisiciones como las de WhatsApp e Instagram. Va a ser super interesante tenerlos acá”, anticipa sobre el evento, organizado por Endeavor junto a InvestBA y la Sepyme.

Es un domingo por la tarde y Casares aún no hizo el check-in en el hotel en el que se va a hospedar por apenas dos noches. Sin embargo, se dispone tranquilo y relajado para la entrevista –con el carry on todavía a cuestas– en un rincón silencioso del lobby de Legado Mítico.

El nombre del hotel elegido para su estadía podrá ser una casualidad, pero la asociación es inevitable. Es que, por más bajo perfil que intente cultivar, Casares ya pasó a la historia y folklore del emprendedorismo local por varias razones.

A los 20 años, fundó junto a sus hermanas Internet Argentina S.A., el primer proveedor de internet del país. Era 1994 y, según él mismo dijo en reiteradas ocasiones, lo hizo principalmente para poder tener una conexión en su casa.

Pero fue su siguiente empresa la que lo catapultó a algo parecido a la fama: Patagon, el primer banco online de Latinoamérica, que vendió a los 27 años por US$ 750 millones al Banco Santander.

Su historia podría terminar ahí, pero sigue por varios emprendimientos más como Wanako Games, fundado en 2002 y vendido en 2007, un proyecto con Santiago Bilinkis; o Lemon Bank en Brasil, con Michael Esrubilsky y Guillermo Kirchner, “un banco para los que no tienen Internet” que fue adquirido en 2009 por Banco do Brasil.

Para 2011, Wences estaba de nuevo en el ruedo, pero ahora ya instalado en Silicon Valley y apuntando al público estadounidense con Lemon Wallet, una app que funcionaba como billetera digital; dos años después, cerró otra venta de seis ceros: LifeLock desembolsó US$ 43 millones.

2013 quedará marcado por otro hito.

“Estaba en una conferencia en Arizona. En ese momento, el bitcoin estaba a US$ 13. Una vez más, mis compañeros de mesa se quejaban de su suerte. Entonces les dije: ‘Vamos a hacer una prueba’. Desde mi celular, le pasé con bitcoins el equivalente a US$ 250.000 al tipo que estaba sentado al lado mío, y le dije que se los pasara al siguiente, y así hasta que dieron toda la vuelta. Entonces les dije: ‘Explíquenme de qué otro modo podríamos haber hecho eso. Al día siguiente, se me acercaron otros a pedirme que hiciera lo mismo que la noche anterior. Todo un experimento”.

Esa conferencia terminó siendo como el paciente cero de un virus: en la última jornada, la cotización del bitcoin ya alcanzaba los US$ 50 y, a la semana siguiente, rozaba los US$ 250.

Por esta “evangelización”, la prensa norteamericana habla hoy de Casares como el responsable de interesar (y hacer invertir) a Silicon Valley en el fenómeno bitcoin. Y su influencia va todavía más allá: también sedujo al hombre más rico del mundo.

“Con Bill Gates tuve muchas charlas. Estaba muy escéptico pero, después de varios meses y largas conversaciones, se convenció. Yo le regalé sus primeros bitcoins. Es distinto cuando empezás a experimentar, a jugar”, explica el argentino con la misma naturalidad que utilizaría si hablara de compartir consejos para pescar o salir a navegar.

(Dato curioso: como si su vida no fuese ya lo suficientemente interesante, Wences circunnavegó el globo arriba de un catamarán a vela con su mujer y sus dos primeros hijos, en dos etapas, de 2004 a 2007; de esa experiencia dice: “Siento que fue lo más difícil de mi vida y que aprendí un montón, pero siempre me río porque lo que aprendí son cosas totalmente inútiles”).

Casares confiesa que él, como Gates, fue escéptico al inicio. Usó bitcoins por primera vez para enviar dinero a un amigo en Argentina, cuando, durante el gobierno K, sacar o entrar dólares era prácticamente imposible. “Tardé como seis meses en pensar: ‘Wow, esto va a cambiar el mundo’. Entonces empecé a investigar, a entender”.

La fundación de Xapo, el que cree con total convicción que será su último y más relevante emprendimiento, fue casi por casualidad. Tanto él como Federico Murrone, su socio y actual CCO de la empresa, tenían bitcoins y querían guardarlos de manera segura.

Desarrollaron un sistema de custodia y enseguida tuvieron a muchísimos amigos pidiéndoles que les guardaran los suyos. “Llegamos a guardar cientos de millones de dólares en bitcoins, hasta que nos dimos cuenta de que ahí había un negocio”.

Y claro que lo hubo: en menos de cuatro años, Xapo se convirtió en el mayor custodio de bitcoins del mundo, una especie de banco suizo para la criptomoneda, y levantó unos US$ 40 millones de VCs de Silicon Valley.

Empezaron 2017 siendo 30 empleados y hoy son unos 100 profesionales remotos que trabajan desde cualquier parte del mundo; el 20% de los contratados son argentinos y todos, no importa su país de residencia, cobran sueldos del valle del silicio.

Wences saca el foco del éxito personal

“No me estoy dedicando a hacer una empresa que haga plata. Yo me despierto todos los días y me pregunto cómo podemos hacer para que bitcoin triunfe. Xapo es una herramienta que ayuda a eso. Porque ¿cuáles son los mayores obstáculos para que la gente normal como mi mamá use bitcoin? El número uno es la seguridad. Hacemos todo esto para que la gente no se tenga que preocupar de sus bitcoins, como no se preocupa por la plata que tiene en el banco”.

La otra gran barrera es el acceso: que, si uno tiene bitcoins, sea fácil transformarlos en dólares o cualquier otra moneda, y viceversa. Para eso, Xapo desarrolló una app que funciona como billetera virtual.

“Este año, estuvimos trabajando mucho tiempo en infraestructura invisible, en lo que no se ve pero que te permite hacer muchas transacciones de manera rápida y segura, y ese esfuerzo llevó más tiempo del que pensamos. Todavía falta para que esto sea realmente masivo, pero estamos haciendo las cosas bien para que eso sea posible”, admite Casares.

Mientras tanto, se enorgullece de haber logrado “posicionar a Xapo en tiempo récord como una trusted brand”, negocio que todavía genera más cautela y sospecha que adhesión.

Hay mucha desconfianza alrededor de los bitcoins. ¿Por qué?

La mayoría de las personas no tienen la más pálida idea de cómo funciona Internet, pero no les hace falta para sentirse cómodos y confiados al usarla. Al manejar un auto: ¿cuántos entienden realmente el funcionamiento del motor?

Lo que pasa hoy con bitcoin es lo mismo que con cualquier cosa nueva: nos genera inseguridades que nos hacen pedirle respuestas o garantías que no les pediríamos a otras cosas ya conocidas.

Lo que importa de internet es que podamos acceder a información gratis en tiempo real, en cualquier lugar del mundo; comprender el cómo no es necesario para que la usemos y saquemos provecho de ese uso. El bitcoin es parecido: lo único que importa es que nadie lo controla ni lo va a controlar, que nunca va a haber más de 21 millones de bitcoins, y que es totalmente libre e incensurable.

Sin regulación.

Nadie puede intervenir en tu compra de bitcoins, nadie te puede prohibir ni coercionar para que no los compres o no los tengas. Y, una vez que tenés bitcoins, nadie puede prohibir que vos se lo mandes a quien quieras. Todo esto es lo que hace que sea la forma de moneda más revolucionaria que hemos visto en el mundo. Si bitcoin triunfa, va a ser una forma global y apolítica de dinero, y nadie la va a poder cambiar, ni siquiera Trump ni los chinos ni los rusos.

¿El destino final del bitcoin es reemplazar las monedas actuales?

El bitcoin es oro digital. Imaginemos que, de golpe, la misma confianza que no podíamos tener en el peso argentino no la podamos tener en el dólar. ¿Qué haríamos? ¿Confiar en el yen hasta que se repita la historia? Porque, en definitiva, estamos siempre confiando en gente, en políticos.

El bitcoin te permite tener algo con lo que no tenés que confiar en nadie. Yo me imagino un mundo dentro de diez años en el que, cuando digamos: “¿Cuánto vale el euro? ¿Y el yen?”, respondamos en bitcoins.

¿Cuál es la reacción del sector financiero tradicional?

Te diría que hay un 80% de ignorancia y un 15% de cinismo. Pero es bastante irrelevante. Es como si en 1994 me hubieras preguntado si me preocupaba que las telcos no entendieran Internet. Y las telcos ya fueron.

En su mejor momento hubo 1.000 millones de líneas de teléfono fijas en el mundo. Tuvo que venir Internet con Whatsapp para superar esos números. Si te quedabas esperando a las telcos, nunca hubiese pasado algo así. Creo que esto que pasó en las comunicaciones va a pasar con el dinero.

Sabemos que Internet triunfó, con el bitcoin todavía nos queda la duda.

Sí, el bitcoin todavía es un experimento y, como tal, puede fracasar. Te diría que tiene, por lo menos, un 20% de chances de fallar. Pero también existe una fuerte probabilidad de hasta el 50% de que triunfe. Y, si lo logra, va a valer más de US$ 1 millón en diez años (N. de la R.: hoy vale casi US$ 7.000).

Con este pronóstico, ¿cómo habría que invertir en bitcoins?

Lo más importante es: no hay que tener una cantidad de bitcoins que no te puedas dar el lujo de perder. Yo aconsejo invertir el 1% de tu patrimonio, porque, si tengo razón y el bitcoin se impone, tu patrimonio se va a haber multiplicado por 30. En cambio, si me equivoco, te hice perder solo el 1%. Y otra clave: hay que comprar y olvidarse, porque la gente empieza a especular y hace macanas. Esto es a largo plazo.

¿Cuál es tu objetivo personal en esto?

No está escrito que el bitcoin triunfe pero, mientras más gente se dedique a ayudarlo, más chances tiene. Entonces, en un momento, decidí que lo que quiero hacer el resto de mi carrera –porque esto va a llevar décadas– es ayudar a que el bitcoin triunfe. No quiero ni necesito ganar más plata, ni lo quiero hacer por la gloria.

A mí, simplemente, me encantaría que, cuando sea viejito y mis nietos me pregunten qué hice en mi vida profesional, yo pueda decirles: “Fui parte de un grupo que hizo que el bitcoin triunfe y gracias a eso hay 4.000 millones de personas que están mejor que antes, que no les pasó lo del 2001”.

La gente no se da cuenta de cuántas personas en el mundo son abusadas por no tener acceso a poder guardar de una manera segura el resultado de su trabajo, de sus ahorros, a poder recibir pagos. Hay 1.000 millones de personas que tienen tarjeta de crédito, débito o cuenta de chequera: 1.000 millones de 7.000 millones que somos en total.

Pero hoy los que compran bitcoins no son los excluidos del sistema sino quienes tienen dinero para invertir. Si les sale bien, se hacen ricos.

Yo creo que es la forma, o al menos una forma de lograr que el bitcoin se expanda. A mí, al principio, me parecía que era malo que el principal caso de uso del bitcoin tuviera como motor ese “a ver si me hago rico”. Pero, con los años, me fui convenciendo de que es sano.

Si el bitcoin triunfa y llega a todo el mundo, no veo mal que hayamos llegado, en parte, por un poquito de codicia y especulación. Con una salvedad importante: si veo gente invertir en bitcoin una cantidad de plata que no puede perder (su jubilación, sus ahorros para mandar a los chicos a la universidad, etc.), me va a preocupar mucho y le voy a decir que sería mejor que se saliera del bitcoin.

¿Y qué hay de la volatilidad del bitcoin? En apenas tres meses pasó de US$ 3.000, cayó por debajo de US$ 2.000, volvió a subir y llegó a tocar los US$ 20.000… y volvió a caer.

Irónicamente, lo mejor que puede pasar es que haya la mayor volatilidad posible, porque eso previene que la gente haga tonterías. Estará bien que se establezca dentro de varios años, cuando estemos en US$ 1 millón y el bitcoin empiece a ser un patrón oro nuevo.

La volatilidad también es una forma muy buena de que el bitcoin se difunda: hoy tenemos 40 millones de personas usando bitcoin y esta cantidad se está duplicando cada seis meses. En Silicon Valley, están acostumbrados a que las cosas se difundan a partir de aplicaciones, como si fuera un Uber o un Instagram, ¡y no la ven venir! El bitcoin no se difunde por una app, es un boca en boca.

¿Qué papel juega Argentina?

Bitcoin es muy importante para Argentina, pero Argentina no es muy importante para bitcoin. Es decir, si mirás la cantidad de gente que tiene bitcoin acá versus Brasil, hay mucha más en Argentina, tanto per cápita como por PBI, pero Brasil es Brasil, entonces, en números absolutos, es mucho más importante.

Pero sorprende el porcentaje de argentinos que usan bitcoin, es mucho más alto que en otros países. Creo que tiene que ver con que nosotros ya somos una sociedad bimonetaria, y somos así por desconfianza, entonces tenemos ya una gimnasia increíble. De hecho, tengo que explicar bitcoin en un montón de lugares y a todo tipo de públicos, y en Argentina es donde más rápido lo captan.

En Silicon Valley, sos un embajador de Argentina. ¿Cómo nos ven allá?

Lamentablemente, cuando vas a cualquier reunión —sea de Google, Facebook, Airbnb, Uber—, hay un gráfico de torta de ventas que dice: 50% Estados Unidos, 20% a 30% Europa, y otro pedazo grande para China y Asia. Y después una cosita chiquita de la cual sale una flechita: “Rest of the world”, que representa Oriente y América Latina.

En el directorio de PayPal, no me acuerdo de que se haya hablado ni una vez algo de Latinoamérica, y menos de Argentina. Pasa lo mismo que con bitcoin: Silicon Valley es muy importante para Argentina, pero Argentina es muy poco importante para Silicon Valley.

A pesar de este análisis, ¿por qué creés que hay que intentar conectarse más con Silicon Valley?

De 1982 a 2007, la mayor parte de la riqueza en el mundo se creó directa o indirectamente por el sector financiero y el apalancamiento, y el centro de todo eso fue Nueva York. Desde 2007 para acá, la mayor parte de la riqueza se está creando con la tecnología, y el centro de eso es Silicon Valley. Hay cosas sencillas que se pueden hacer para conectarse. Por ejemplo: hay lugar para que haya un vuelo directo a Silicon Valley.

Argentina debería tener ese vuelo, y se lo dije a Macri. Podríamos tener la oportunidad de que usaran nuestro país como base para América Latina y de que vieran el talento que existe acá. Nos perdimos la revolución industrial y no tenemos una clase media fuerte, por lo tanto, no tenemos una democracia fuerte.

Y, por estar peleando esta pelea, nos perdemos la oportunidad de subirnos a la revolución tecnológica. Es una pena. Si yo fuese gobernante, lo primero que haría es tener los aparatos electrónicos más baratos del mundo. Te aseguro que les cambiás la vida a todos los chicos de menos de 17 años para siempre.

¿Entonces no ves bien a Argentina?

Soy optimista porque creo que hay un deber de serlo. ¡Hasta era optimista con los Kirchner! Me parece que casi no nos queda otra, porque opinar es tan fácil, y hacer lo que hay que hacer es tan difícil. Acá, ser intendente es un trabajo dificilísimo: hay mucho en juego. Cuando veo el trabajo de un alcalde en Estados Unidos, todo es mucho más fácil. Fiijate que ahora pusieron a Trump de presidente, ¡y no pasa nada! En cambio, acá, con un mal gobernante volcamos.

¿Qué opinás de Macri?

Me causa una muy buena impresión.Quizás soy ingenuo, pero creo que realmente le interesa que los argentinos estén mejor. Y me parece que no tiene ambición de dinero ni de poder. Decidió hacer algo que es difícil de hacer; hubiera sido mucho más fácil no hacer nada.

¿Surgirá un nuevo unicornio local?

Nuestros unicornios surgieron del boom de Internet y de un momento muy particular; después nos fuimos del mundo por un tiempo. Ahora, es esperable que veamos otros.

En los próximos 20 años, la innovación tecnológica va a estar menos concentrada en Sillicon Valley, porque las primeras 2.000 millones de personas que conectamos a Internet se parecen mucho a Sillicon Valley: gente que sabe leer y escribir, que tiene cuenta bancaria, una casa; en cambio, los que estamos conectando ahora ya no tienen nada que ver.

Silicon Valley no se da cuenta de que el usuario cambió. Entonces, vamos a empezar a ver los primeros megahits de mercados emergentes como India, Turquía, Tailandia, y le tengo mucha fe a Argentina.

¿Cómo es ser argentino allá?

Por mucho tiempo, sentí que era una desventaja ser de la Patagonia y no haber ido a Harvard. Hoy me doy cuenta de que, si no fuera argentino, no hubiera entendido Silicon Valley tan rápido. Lo veo cada vez más como una ventaja.


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