La trampa del gradualismo

18 de Abril de 2017 - Willy Kohan

 


El aire político que recuperó Macri después de un marzo fatídico no alcanza para despejar la incertidumbre económica: la demora en la recuperación.

Abandonar el gobierno zen y pasar a uno más aguerrido, envalentonado por la marcha, por las encuestas que celebran los cuestionamientos que le hace al pasado –léase los paros, el cristinismo, la izquierda violenta– puede ser una estrategia que le resulte en materia electoral. Pero será un año enrarecido políticamente, con una economía que no está claro –y cada vez es menos claro– que vaya a tener una recuperación tan impactante.

Los problemas del modelo económico persisten: pérdida del poder adquisitivo de los salarios, aumentos permanentes, falta de incentivos a la inversión y el dólar barato combinado con presión impositiva completamente delirante. Por caso, un litro de agua mineral paga más impuesto que un litro de nafta.

Lo que se discute en el fondo es si el modelo gradualista resultó exitoso o no. Por supuesto, Macri no va a cambiar ahora. Al menos, hasta las elecciones. Los optimistas creen que la economía va a estar mejor que el año pasado y que el gobierno ganará las elecciones, porque además juega contra un peronismo dividido y con el tren fantasma del pasado.

Pero habrá que ver qué hacemos con problemas a los que todavía no le vemos una salida: el déficit fiscal, el atraso cambiario, la presión impositiva y los costos laborales no salariales, que se llevan el 60% de la facturación de las empresas.

Muchos dicen que Macri tiene un problema político. Es cierto que lo tiene. Pero la realidad es que hay un gran problema macroeconómico que no se resolvió, sino que se postergó. La herencia económica es mucho más profunda de lo que el gobierno reconoce. En lugar de financiarlo con cepo y emisión monetaria, lo financian levantando el cepo y con endeudamiento externo. Es más sano y lógico, claro.

La realidad es que hay un gran problema macroeconómico que no se resolvió, sino que se postergó.

Pero tenemos los mismos problemas que teníamos con Cristina, si bien el déficit fiscal se financia con mecanismos más de mercado. La combinación de dólares financieros que ingresan más tasa de interés por las nubes, para mantener la inflación en caja, generó un modelo de atraso cambiario que en algunos sectores está fundiendo a la Argentina. El año que viene, ya no va a ser rentable ni la soja, con la situación que viven hoy los tambos y las empresas lácteas.

El blanqueo y el gradualismo

Los dólares del blanqueo son un alivio. Aunque no está claro cuánto de ese dinero va a volver a la Argentina, una parte importante será invertida en bonos. Eso le da al Gobierno un auxilio extra para seguir no haciendo nada.

Cuando los gobiernos tienen financiamiento (por venta de empresas del Estado, por devaluación, por dólares financiados del exterior o por blanqueo record) siempre es lo mismo: los gobiernos gastan mucho más que lo que recaudan y que pague el que sigue. Como el que sigue puede ser Macri, el truco –como hicieron Menem y Cristina– es lograr mecanismos de financiamiento que te permitan llegar al final del mandato.

Tal vez las marchas de apoyo los despabile y les dé valor para gobernar sin temor y para enfrentar la trampa del gradualismo. Por no generar una crisis política al principio del mandato, sufrís una situación de desasosiego económico en la mitad del camino.

¿Qué vas a hacer? ¿Tener un brutal atraso cambiario el año que viene y mantener el dólar a $16 con una inflación de 20%? No sé si son suficientes las marchas de apoyo para resolver la cuestión. La trampa del gradualismo no tiene un camino claro de salida.

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