¿La impredecibilidad y la grieta?

19 de Junio de 2019 - Mariel Fornoni

 


La sociedad siente que el país atraviesa momentos difíciles y espera dirigentes que estén a la altura de esa responsabilidad, sostiene Mariel Fornoni, Socia directora de Management & Fit.

Desde fines del año pasado, cuando la campaña electoral comenzaba a asomar en el ámbito político, los números mostraban que había más ciudadanos que no querían que volviera Cristina Fernández ni que reeligiera Mauricio Macri que aquellos que elegían a alguno de ellos dos genuinamente. Esto suponía, y lo reflejaban las encuestas, que la ya denominada alguna vez por Sergio Massa “Avenida del Medio” era un poco más ancha aún.

Esta era la posibilidad que a principios de este año convocaba a gran parte de gobernadores peronistas y dirigentes del partido que abogaban por la renovación y se animaban a sumarse a aquello que olía a cierta expectativa en medio una sociedad decepcionada. Y no solo decepcionada, sino quebrada en su confianza, pero con pocas ganas de repetir la política del pasado.

Sin embargo, nada hacía suponer que un espacio que emergía sin responsabilidad por el presente y con menos saldo por el pasado no iba a terminar convirtiéndose, ya a mediados de este año, en una posibilidad real de poder. Pero aún no se ha cristalizado y no hay certeza de que pueda hacerlo.

¿Hay demanda y hay oferta? ¿Qué es lo que no permite que no haya un match entre ellas? Quizás el mismo elemento que juega en contra de las fuerzas políticas dominantes: la confianza o, mejor dicho, la ausencia de confianza.

Lo cierto es que la palabra confianza proviene del latín y está formada por tres partes. En primer lugar, el prefijo “con”, que quiere decir globalmente o junto. “Fides”, que es fe, y por último el sufijo “anza”, que significa acción. Por lo tanto, se entiende por confianza a la creencia o fe en una persona o grupo, que podrá ser capaz de actuar de forma correcta frente a una determinada situación.

La pérdida de confianza en el oficialismo y el gobierno de Mauricio Macri, que se manifiesta concretamente en el nivel de aprobación de la gestión, se centra fundamentalmente en la percepción de mala praxis para manejar la economía. Además, era precisamente este el ámbito donde había más certezas y altas expectativas por parte de los ciudadanos en el momento de la elección, que consideraban que el gobierno contaba con grandes equipos provenientes de esferas prestigiosas. Hoy los ciudadanos lo padecen –y sufren– en su vida cotidiana, en su día a día.

El kirchnerismo, por otro lado, perdió en una gran parte de la sociedad la confianza por los escándalos de corrupción que estallaron en su seno más íntimo y que tiene procesada a casi la totalidad de sus integrantes. Si volvemos a repasar la definición del término, esta forma de actuar no parece estar cerca de ser la correcta. Las filas de funcionarios en juicios declarando y presos invaden también la escena cotidiana.

¿Y por qué una tercera posición no logra tampoco despertar la confianza de los ciudadanos, y a pocos días del cierre de alianzas y listas sigue postergando enunciaciones claras? Lo que se evidencia es que la sociedad siente que la Argentina atraviesa momentos difíciles y espera dirigentes que estén a la altura de asumir esas responsabilidades. Las especulaciones y falta de definiciones, muchas veces vistas a través del cristal del ego, obstruyen el crecimiento y la percepción y la confianza que la sociedad pone en ellos. No aparecen respuestas para el ciudadano común que demanda en su día a día alternativas nuevas y sustentables.

¿Será entonces que la impredecibilidad nos arrastra nuevamente a la grieta? Justamente aquel lugar de donde la opinión pública mayoritariamente dice querer salir.

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