La economía en el año electoral

24 de Enero de 2019 - Marina Dal Poggetto

 


El segundo acuerdo con el FMI fue exitoso en contener el riesgo de espiral dólar-precios-salarios frente a un salto cambiario que se estaba saliendo de cauce, en un contexto en el que se aceleraban las preguntas sobre la capacidad de pago de la deuda y frente a un BCRA sin credibilidad ni reservas para intervenir.

Pero la contrafáctica no es palpable por la sociedad, y lo que aparece es una profundización de la recesión con un salto inflacionario que, si bien se modera respecto de los registros de septiembre y octubre (en torno al 6% mensual), todavía muestra registros que rondan el 2,5% o 3%. Además, los drivers para volver al zigzag en el año electoral que convenientemente manejó la política desde que se acabó el superávit de la cuenta corriente en 2011 no son tan evidentes, más allá de la normalización de la cosecha después de la sequía y la expansión en sectores favorecidos por el salto cambiario, incluido el turismo. La apuesta por la recomposición de la capacidad de compra de los ingresos (salarios, jubilaciones y planes sociales) depende, en un año electoral, del movimiento del dólar. Sobre todo en un contexto en que las tarifas siguen ajustando (48% en agua, 55% en electricidad, 35% en gas, 38% en colectivos y 40% en trenes que aportan por sí solos 4 puntos a la inflación en 2019).

La baja en el riesgo país a 698 puntos ayuda a la estrategia del BCRA, que en la primera quincena de enero pudo retomar la baja en la tasa de interés de las Leliq (al 57%). En simultáneo, inició la normalización de los encajes de los bancos con un tipo de cambio que se ubica en la banda inferior del esquema, en la cual puede expandir el equivalente en pesos a la compra de US$ 50 millones diarios por encima de los límites del programa monetario.

A pesar de la elevadísima volatilidad en un mundo donde conviven el cierre del gobierno en EE.UU., la guerra comercial y la brusca desaceleración de las exportaciones de China, la señal de moderación en la suba en las tasas de interés de la Fed en la última semana de 2018 contribuyó a restablecer los flujos de capitales a países emergentes, donde Argentina había sido la más castigada. En el plano local, el desarme de los programas de participación público privada (PPP), junto con el cambio de año calendario y el rearmado de portafolios, incentivó la recuperación de los precios de los bonos con rendimientos de los que vencen a partir de 2020, todavía muy altos.

En términos de stocks, el desplome del PIB en dólares espiraliza la relación deuda/ PIB, pero se observa una caída en la deuda con el mercado como contracara de la cancelación de vencimientos de capital con los dólares del FMI. En términos de flujos, el shock obligó a un ajuste agresivo en los desequilibrios gemelos de la economía (fiscal y externo), y el programa financiero luce estresado solo si el crédito sigue vedado para Argentina luego de casi dos años de cancelaciones netas con el mercado y una deuda con el FMI que empezaría a pagarse recién a fines de 2021, lo cual obligará a quien tome las riendas del próximo gobierno a mantenerse dentro de un acuerdo con el FMI.

Sin embargo, el extenso calendario electoral, la peligrosa estrategia de polarización en medio de una recesión pronunciada y la incertidumbre global aseguran un camino sinuoso en 2019. La necesidad de un acuerdo político para alargar el horizonte de gobernabilidad sigue siendo imprescindible. La posibilidad de que se alcance este año luce baja.

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