“La creatividad argentina es espectacular e ilimitada”

5 de Marzo de 2018 - Forbes Argentina

 


Federico Álvarez Castillo, alma mater de Etiqueta Negra, pasa por uno de sus momentos más prolíficos gracias a su apuesta al mercado inmobiliario de Punta del Este. Por qué el cambio de rumbo.

Federico Álvarez Castillo habla bajito, casi con timidez. Y, aunque es el empresario argentino más vinculado a proyectos exclusivos (de la moda al real estate), responde desde la humildad: tal vez sea el mejor en lo que hace, tal vez sepa que logró hacer de su nombre una marca de estilo, pero prefiere referirse a sí mismo no como quien tiene un don, sino como aquel que trabajó mucho en lo que le tocó hacer en la vida. Y 2018 no será la excepción.

Es que está en un momento particularmente prolífico: recompró, junto a su socio Juan Cahen D’Anvers, el 50% de las acciones de Etiqueta Negra (“una marca que tiene mucho de mí”), que en 2007 le habían vendido al fondo colombiano Tribeca, y ahora, con el total del paquete accionario, planean un agresivo plan de expansión; se hizo cargo de la licencia en el país de la marca inglesa Gola; creó la marca de decoración Quiu, y va a abrir en marzo un primer local en San Isidro.

Pero, sobre todo, está involucrado como nunca en proyectos de real estate, un sector que lo apasiona, en el que recomienda invertir (“no aconsejaría en la moda, que es mucho más complicada”, confiesa) y en el que tiene muchísimos proyectos.

Solo por nombrar algunos: un edificio en Nordelta bautizado Residencias Piers, varios barrios y otros productos en Pilará, y un desarrollo de 350 hectáreas junto al mar llamado Arenas de Garzón en Uruguay.

Pero el proyecto que lo tiene especialmente entusiasmado este verano es The Colette, un complejo de chacras premium en los médanos de Manantiales, a pasos de la playa, que promete ser el edificio más elegante de Punta del Este.

Una característica que distingue a Álvarez Castillo es que es un empresario que está en el detalle: puede tener el timón de importantes proyectos en muchos rubros pero, aunque esté en la visión global estratégica de su cartera de negocios, también está hasta en el más mínimo aspecto de cada uno de ellos, como, por ejemplo, elegir cuáles van a ser los muebles del club house del golf de Pilará, desde la biblioteca hasta los sillones de exteriores.

Estás metido más que nunca en proyectos de real estate. ¿Qué te entusiasma tanto del sector?

Las inversiones inmobiliarias siempre estuvieron dentro de mí, y las hacía de forma privada. Comprando y vendiendo mis casas, mis departamentos, mis campos o lo que sea. Y siempre la moda está ligada a la arquitectura, porque se basa en una tienda con su identidad diferente en función de cada marca. Hoy lo llevé a una escala mayor, pero es un poco lo mismo.

¿Cambiarías las regulaciones?

Cien por cien. Hoy un Lebac te rinde 28% o 30%, y no hay negocio de la economía real que rinda eso. Comprar edificios, tierras, incluso recomprar Etiqueta Negra es bastante heroico, porque con la marca, si le das toda la vuelta al ciclo del negocio, si te sale todo espectacular, te quedás con un 12% de rentabilidad.

Si ponés en Lebacs y te dan el 28%, solo un loco como yo invierte en Argentina. Y, en cuanto al sector inmobiliario, el gran problema es lo dificultoso que es tener un título. Sin títulos, no hay créditos. Tiene que haber títulos para que la gente pueda acceder a créditos hipotecarios con tasas de interés bajas; si fuera así, estarían haciendo millones de casas.

En Chile te dan crédito con un boleto de compra-venta y lo toman como si fuera un título de propiedad. Los municipios tienen que agilizar la entrega de títulos. Facilitar esto le daría mucho dinamismo al sector, y va a mover la economía argentina groseramente. Es un sector groso y falta mucho por hacerse.

¿Cómo ves este momento del real estate en Argentina?

Yo lo veo bien pero, si hacés algo que te gusta y creés que va a funcionar, excede el momento.

¿Ayuda que hayan cambiado algunas variables macro?

Sí, ayuda, porque Argentina estuvo manejada muchos años por los peores. No había nadie peor para manejar Argentina. Si, así y todo, no se quebró, ahora que hay un team de gente idónea, capacitada, creo que va a tener una chance mejor. Pero, más allá de eso, creo en las locaciones y en la calidad de los productos que hagamos, más allá de quien maneje el país.

¿Te manejás con los mismos socios?

No, son todos diferentes, y depende del formato. En algunas inversiones inmobiliarias soy accionista; en otras, estoy contratado por terceros; hay lugares a los que llevo yo a los inversores.

Siempre estuviste ligado a productos con un elemento aspiracional y premium. A tu entender, ¿qué tiene que tener un proyecto de ese tipo para que funcione?

Nunca trabajé con una consultora que me diga: “Esta es una oportunidad de mercado”. Nunca esperé el buen momento de Argentina para invertir. Ni el bueno ni el malo. Es imposible pegarle a Argentina en un momento dado porque es muy oscilante.

Siempre me fijé en mi instinto, en lo que me dicta el corazón y en lo que me estimula. Todo lo que hago lo hago como para mí. Yo creo que la base del éxito es el producto: si es un jean, que sea el mejor. Si algo está en una tienda de Etiqueta Negra es porque a mí me gusta.

¿Cómo surgió The Colette?

Me llamaron para reciclar el viejo hotel Las Dunas y me dijeron: “Necesitamos una buena marca, que vos la firmes y pongas tu impronta”. Antes de decir que sí, recorrí el hotel con los dueños y estaba muy venido a menos. Les dije que no se podía reciclar, que había que hacer un edificio nuevo.

Al principio, no estaban de acuerdo con derrumbar todo. Y me argumentaron que otro arquitecto les dijo que sí se podía reciclar. Entonces les dije: “Perfecto, sigan con él”, les di la mano y me fui. Al tiempo, se dieron cuenta de que el edificio nuevo era la mejor opción y ahí me llamaron nuevamente.

Tuvo un éxito descomunal en la preventa porque se juntaron un montón de factores: el buen producto, la ubicación, un diseño mío, el estudio Ramos de arquitectura, que es buenísimo.

¿La idea es convertirlo en lo mejor de Punta del Este?

Sí, porque es único. Porque sus dueños son serios y sólidos. Por su ubicación sobre el médano, en la arena. Por sus 46 ventanales al agua. Por su diseño tan moderno con particularidades de terminación muy únicas, porque todos los equipamientos son italianos y las griferías son alemanas. Es muy top.

Construís marcas desde Argentina. ¿En qué puede el país potenciar una marca y en qué lo dificulta?

La creatividad argentina es espectacular e ilimitada. Hay gente muy creativa, inteligente. Pero, productivamente, el país es un cero, porque tiene un modelo proteccionista que no va más. En la industria de la moda no se usa más ese modelo.

Nike, Adidas, Zara no tienen fábricas. Producen donde está la mejor alternativa de negocio, en función de las variables de la economía de cada una de las regiones. Si es mejor deal comprar en India, se compra en India. La marca hoy se queda con la creatividad, con la cadena de ventas y la logística. Nadie compraría una camisa fabricada por un argentino si vale siete u ocho veces más que una camisa hecha en Hong Kong donde compran Ralph Lauren, Gucci o Prada.

¿Ves al país con capacidad para crear marcas y después abrirse donde más convenga?

Claro, es lo que hace la gente a la que le va bien. En algunos sectores, sí puede ser competitivo a nivel industrial: el automotriz, la agroindustria, sin ninguna duda. Pero no me imagino al país vendiendo camisas o tecnología.

¿Y por qué decidiste recomprar Etiqueta Negra?

Los dueños anteriores la tuvieron muy complicada, atravesaron momentos muy graves para la compañía. Llegamos a tener 36 contenedores parados en el puerto de Argentina en un año. Algo inviable. Teníamos locales abiertos, con todos los costos que implica, sin mercadería y sacando esos productos con amparos, y todo salía tarde, carísimo. La empresa entró en una situación de agonía y estos flacos se querían ir corriendo de Argentina, no la podían creer, no se podían girar divisas al exterior, nada.

¿Cuáles van a ser ahora la estrategia y los planes para la marca?

Crecimiento. La idea es armar diez locales solo de mujeres. Los locales donde hay colección de mujer tienen un éxito tremendo. Así que ahí tendremos un gran crecimiento, y también estamos negociando para instalarnos en Chile, Brasil, México. Etiqueta Negra tiene mucha identidad mía. Viene de diez años malísimos, pero en los próximos se van a ver cosas buenas.

¿En qué sectores ves hoy potencial para invertir?

Si tuviera que dar un consejo, sería lo mismo que hago yo. En pocas palabras: hacé el negocio inmobiliario en la escala que puedas, pero invertí en un ladrillo o en un edificio, porque es una inversión segura.

Yo hice eso toda la vida y es lo que les aconsejo a mis hijos. No mucho más. La moda es mucho más compleja, no sé si le diría a alguien que emprenda ahí. Yo me metí porque me tocó, pero es difícil.

Por Santiago Eneas Casanello

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