“La confianza es el principal activo de una organización”

20 de Noviembre de 2018 - Tomás Rodríguez Ansorena

 


Emmanuel Lulin, VP global de Ética de L’Oreal, habla sobre la importancia de su área en el mundo contemporáneo. Los usos adecuados más allá de la regulación: “una falla en tu integridad te hace desaparecer. Y en el siglo XXI, desaparecés más rápido”.

Si te preuntás por qué una compañía líder en cosmética se preocupa por la ética, yo diría que hay una simple razón: la ética es la estética del interior. Si sos un líder mundial en belleza, tiene que valer tanto para afuera como para adentro”. El inglés afrancesado de Emmanuel Lulin es paciente, reflexivo, certero. Dile lo que piensa y piensa lo que dice, como reza el aforismo. Se interesó por el derecho la primera vez que sintió la injusticia en carne propia: su niñera lo acusó de robarse un collar. La dramática experiencia de su familia durante el holocausto forjó su espíritu de búsqueda de lo correcto, de lo que hace al mundo un lugar menos horrible. En 1999 ingresó en L’Oreal, una de las principales compañías de Francia, con 80.000 empleados en todo el mundo, que comprende a marcas como Armani, Cacharel o Lancôme. En 2007 creó la Oficina del Director de Ética del Grupo y desde entonces ha sido reconocido como uno de los principales referentes en ética corporativa del mundo. Es el representante de L’Oreal en Global Compact, el instrumento creado en 1999 por Kofi Annan (fallecido en agosto) durante su secretariado en Naciones Unidas. “Él entendió que los gobiernos tenían dificultades para ponerse de acuerdo y que además tenían grandes dificultades para implementar lo que hubieran podido acordar”, dice Lulin unas horas antes de conversar con empleados de las instalaciones de L’Oreal en Argentina en el sistema de “open talk” que implementa, una de sus políticas más originales y exitosas. “Kofi Annan pensaba que el sector privado podía ser un agente de cambio y, en términos prácticos, las grandes corporaciones tienen un gran papel para contribuir a arreglar el mundo”.

La guerra comercial, el Brexit, quizás Bolsonaro en Brasil: ¿La ética corporativa es más importante ahora que hace unos años por este mundo aún más disgregado?
El pensamiento sobre la ética es muy antiguo. Podés encontrar sus orígenes en Europa y probablemente antes en Asia. Lo que está teniendo lugar ahora es un renacimiento. Y hay algunas razones para esto. Una fundamental es que la velocidad de la innovación tecnológica es más rápida que nunca. Hace no demasiados años, cuando llegaba una nueva tecnología, la regulación establecía, más temprano que tarde, un marco sobre lo que se podía hacer y lo que no; qué era recomendable y qué no. En este nuevo contexto, existen áreas totalmente cruciales para el mundo y la humanidad donde la ley llega tarde, es insuficiente o directamente inexistente. En la ausencia de ese marco, ¿cómo tomás decisiones? De acuerdo a tus valores, tu ética, tu cultura. En otras palabras, cuando la velocidad de la innovación es mayor que la de su regulación, la importancia relativa de la ética crece y la importancia relativa de la ley baja. La inteligencia artificial, robotización, transhumanismo, big data, dan cuenta de esto.

¿No son posibles de regular?
Yo abogo por la autoregulación. Y es más: la regulación muchas veces es la falla de la autoregulación. Si tomamos malas decisiones, es lógico que los gobiernos quieran regularnos. Yo creo que se trata de la confianza entre las personas. Y esa es quizás la diferencia entre ética y compliance: la ética va más allá de la ley. Una vez que tenés el derecho de hacer algo, la pregunta es si eso está bien. La otra gran diferencia entre el solo cumplimiento de la ley y la ética tiene que ver con la manera en que ves a los seres humanos. La confianza es más productiva que el acatamiento de una orden. Si vos no confiás en mí, me pedirás que te obedezca; si confiás en mí, me pedirás que acuerde, que comparta los mismos valores y objetivos. La pregunta por la regulación tiene que ver con cómo se cumple más con que si se cumple.

¿En qué sentido?
El conflicto de intereses está prohibido en todo el mundo, el tema es cómo se implementa; el acoso sexual, igual. Lo interesante es que se puede sustituir la desregulación (o sobrergulación) con un comportamiento adecuado. Si pensamos que necesitamos una regulación para comportarnos bien, yo diría que es un fracaso de la mente. Porque significa que no confiamos en nadie. La confianza es crucial, probablemente sea el principal activo de cualquier organización. Necesitamos confianza de nuestros consumidores, nuestros proveedores, nuestros accionistas. Si no la tuviéramos, no existiríamos.

¿Cómo se construye la confianza?
La sinceridad con la que nos manejamos, que es incluso algo que se puede medir. Si tuviera solo una pregunta para hacer en una organización sería: ¿se siente libre para decir lo que piensa? Si la respuesta es sí, la posibilidad de que la compañía tenga un estándar ético es muy alta. El conflicto de intereses, por ejemplo, siempre existe. ¿Cuál es la mejor manera de resolverlo? Con transparencia, con honestidad. No te pido que no haya conflictos de interés, te pido lealtad para que lo podamos resolver. Si mi jefe es mi amante, es un problema. Para el equipo, para la organización, para todos. “Vive l’amour”, pero con transparencia, para que podamos resolverlo. Es una cuestión muy práctica.

Las últimas revelaciones en Argentina sobre corrupción dieron cuenta de un precepto según el cual la transparencia y la ética antes que favorecer, dificultaban los negocios: ¿la ética es un principio de éxito en los negocios?
Lo importante es hacer buen dinero, con un correcto propósito. La transparencia también atraviesa un renacimiento a caballo de la revolución digital, que puede transparentar absolutamente todo y, a la vez, oscurecerlo. Es fundamental crear un marco de transparencia para los negocios. 

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