Julián Gadano: “La energía nuclear es capital político internacional”

9 de Agosto de 2019 - Tomás Rodríguez Ansorena

 


El subsecretario de Energía Nuclear habla sobre el acuerdo con China por Atucha III y la posibilidad argentina de entrar en el debate “post renovables”.

El plan nuclear argentino nació con un fraude. En 1948, el ingeniero aeronáutico de la Luftwaffe, Kurt Tank, que había conseguido asilo en Argentina para desarrollar el proyecto Pulqui, le presentó a Perón un excéntrico ex colega del Tercer Reich. Ronald Richter su nombre, nació en la actual República Checa, era físico y afirmaba que era capaz de emular el poder del sol a través de la fusión nuclear (y no la fisión). El General se entusiasmó, le aseguró el financiamiento y en 1950 ya funcionaba el célebre Proyecto Huemul en pleno lago Nahuel Huapi y estaba creada la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA o conea, como se pronuncia). Dos años después, una comisión de expertos convocada para auditar el progreso de Richter llegó a conclusiones categóricas: un delirio atómico. Entre esos expertos estaban José Antonio Balseiro y Mario Báncora, personajes clave entre otros del panteón científico nacional que pocos años después llegarían a resultados asombrosos. En 1958, Argentina producía la primera reacción nuclear controlada del hemisferio sur dentro del reactor RA-1.

60 años después, alrededor del 6% de la electricidad que consumen los argentinos proviene de Atucha I y II (en Lima, partido de Zárate) y la Central Embalse de Córdoba. Pero además de la energía, el desarrollo nuclear permitió la construcción de reactores de investigación, la producción de radioisótopos y aplicaciones para la industria alimenticia y la medicina. “Si suponemos que esto es solo megavatios, sí, estoy seguro de que viene Espert y te dice ‘cerralo’”, afirma el subsecretario Julián Gadano en su oficina del ministerio de Hacienda (N. del E: esta entrevista tuvo lugar semanas antes de las PASO). “Pero no es solo eso. Es energía limpia, es investigación y tecnología, e incluso es capital político internacional”. Se refiere a la postulación del embajador argentino en Viena, Rafael Grossi, a presidir el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), “una agencia ultra senior, que va a manejar la agenda de security nuclear del futuro. Esto es mérito de Rafael, pero si Rafael fuera guatemalteco, no tendría chances. Las tiene porque es argentino. Y eso es inversión pública”.

Julián Gadano en su oficina del Ministerio de Hacienda. Foto: Juan Carlos Casas.

Sociólogo de la UBA (lo cual, reconoce, le valió cierto bullying), llegó a los átomos a través del estudio de la “sociedad de riesgo” y su trabajo en la Autoridad Regulatoria Nuclear a partir de 2009. Su relación política con Cambiemos (su hermano Nicolás es gerente general del BCRA) empezó recién en 2015. Luego de la confección de un documento sobre el sector que llegó a ojos de Aranguren, le ofrecieron conformar el equipo del ex Ministerio de Energía. Últimamente, sus apariciones mediáticas tuvieron que ver con el furor por la serie Chernobyl, pero también por la extensión de vida por 30 años más de la Central Embalse (proyecto de 2007 cuya obra comenzó en 2016 y demandó US$ 2.100 millones de inversión) y las negociaciones con China por la construcción de una cuarta central nuclear.

En abril, Argentina y China firmaron una carta de intención para la construcción de Atucha III a partir de 2020. Un proyecto que involucraría (no está cerrado) alrededor de US$ 8.000 millones y ya no los US$ 14.000 a los que apuntaba originalmente. El Gobierno de CFK pretendía construir dos centrales con financiamiento chino: una con un reactor CANDU, proveniente de Canadá, como los que ya opera Argentina; y otra con un reactor Hualong-1, la última generación de reactores chinos, que el gobierno de Xi Jinping ya está instalando en su territorio pero sobre todo planea exportar. Hasta ahora, solo lo ha logrado con Pakistán. “Cuando Argentina atraviesa la crisis financiera de 2018”, explica Gadano, “nos vimos obligados a adaptar el proyecto a las capacidades reales del país. Entonces, hicimos dos cosas: primero, lo achicamos al tamaño que lo hace sustentable y, segundo, el préstamo ya no lo tomaría el Tesoro sino NASA (la empresa pública Nucleoeléctrica Argentina S.A.)”. La decisión de no sostener la central CANDU generó, además de críticas dentro del sector, la virtual paralización de la Planta Industrial de Agua Pesada de Neuquén, la más grande de su tipo en el mundo, que produce el moderador de los reactores que utilizan uranio natural -no enriquecido-, como los de las centrales argentinas. La planta, con problemas de presupuesto y en tren de reconversión dual para producir fertilizantes, tampoco entra en la ecuación del proyecto CAREM (nacido en 1984), el reactor modular de baja potencia made in Argentina, cuyo prototipo estará listo en 2023 y es la gran apuesta nuclear del país. Atucha III, en resumen, se cerraría (como mínimo) después de las elecciones, tendría un 40% de localización (28 puntos corresponden a la obra civil, “lo mismo que tendría el CANDU”, según Gadano) y su construcción llevaría al menos 7 años.

Si el enriquecimiento de uranio enciende las alarmas por la proliferación nuclear, ¿por qué no seguir apostando al agua pesada?

Hay un mito con eso. Para la energía nuclear, el uranio se enriquece al 4%. Para una bomba, necesitás el 90%. Digamos, pretender no tener cuchillos porque cortan es ridículo. Lo que nosotros tenemos que hacer es generar energía de la forma más eficiente posible. Y el uranio enriquecido es muchísimo más eficiente que el natural. Esa es una agenda vieja, de la guerra fría. Pero ahora el uranio enriquecido se tradea en el mundo. Yo no tengo ninguna duda de que si nosotros hacemos una sola planta, hay que hacer una de agua liviana. Porque la central CANDU es un Ford Falcon. Bárbaro, gauchito, que nos ha dado muchas alegrías. Y por eso hicimos de nuevo la Central de Embalse. Pero el mundo ya no las hace nuevas y por algo es. Por otra parte, con un crédito chino, los chinos no te van a aceptar no hacer su diseño. Pero igual, yo estoy muy contento con eso.

¿Cuál es el porcentaje de energía nuclear de base al que apunta Argentina?

Nosotros tenemos un guideline informal, porque a partir del boom de Vaca Muerta, en el Gobierno se está discutiendo todo. En principio, los primeros años se aspiraba a un 20% renovables y un 10% nuclear. Eso implicaría una reducción de las fósiles. Pero yo creo que finalmente vamos a estar en ese piso porque el Gobierno tiene el objetivo de cumplir con la COP21 (Conferencia sobre Cambio Climático de la ONU). 

Un petrolero te diría: “nosotros estamos muy por debajo del nivel de emisiones promedio en el mundo y entonces podemos quemar todo el gas que queramos”.

Es como decir “no tengo tanto colesterol, me puedo clavar los merengues con dulce de leche”. Pero sí, tenemos la suerte de que el gas es una fósil que emite poco y es un recurso exportable que podemos monetizar. Lo que sí es un delirio es generar energía eléctrica con líquidos, hay que salir de ahí. Fijate que los grandes países petroleros del Golfo están construyendo centrales nucleares. Dejame decirte algo. Nosotros en Argentina siempre llegamos tarde a los debates porque estamos lejos, en la periferia. Pero hoy en el mundo hay un debate post renovable. Ok, las renovables están muy bien, pero no alcanzan porque son interrumpibles, no estamos mejorando los ratios. Entonces, necesitamos la energía nuclear, que es una energía de base y limpia. Fijate el mapa de Europa: el país más verde es la nuclear Francia y uno de los menos verdes es la verde Alemania. Sí, porque Alemania, con un parque eólico enorme, carboniza. Ahora bien, Alemania es rica y puede importar energía, está bien, yo no cuestiono eso, pero la COP21 no se está cumpliendo, y el mundo empieza a mirar a la energía nuclear de vuelta pero no para hacer lo mismo que se hizo en los últimos 50 años, con reactores que tardan 8 años en construirse, que requieren US$ 7.000 palos de capital y plazos que después no cumplís. Por eso vos tenés que hacer reactores rápido, más pequeños, menos contaminantes, más seguros y que impliquen que vuelva el capital. Argentina está jugando un partido ahí con el CAREM.

Escuché un discurso donde criticabas el desfinanciamiento del plan nuclear durante los 90 y el “sobrefinanciamiento” de los años kirchneristas. ¿Los ponés en pie de igualdad?

Yo digo que el sector nuclear estuvo atravesado por un serrucho (con altos y bajos) y que una cosa no se explica sin la otra. Vos podés moralizar la política -yo detesto eso-, donde el mundo está lleno de buenos y malos y decir que “la década del 90, nefasta” y etcétera. Es como decir que con cada pobre nosotros nos ponemos contentos. No, son maneras equivocadas o acertadas de combatir la pobreza. Ninguna persona que esté en el poder cree que algo que hace es malo. Hay que salir de esa idea de la maldad. Entonces, para mí, el mejor período del sector nuclear en Argentina es el de (Oscar) Quihillalt, el periodo que va -aunque sin negarle a Perón ser el fundador- desde 1955 o 1958, cuando Argentina entra en el OIEA, hasta los 70. Es un periodo en el que la CNEA tiene pocos recursos, o una cantidad razonable para el tamaño de Argentina, y muchos logros, tremendos logros. (El vicealmirante Carlos) Castro Madero la saca de escuadra, la lleva a un nivel delirante. Para que te des una idea, en el año 82, la CNEA (si sacás salarios de la cuenta) tenía un presupuesto más alto que la Provincia de Buenos Aires. Imaginate lo que yo haría con esa guita, sería Gardel. Pero es un signo de subdesarrollo, una locura. Alfonsín, pobre, llega al Gobierno y no tiene un peso. Tiene a Ronald Reagan que le dice “desmantelá toda esa cosa rara que tenés ahí” y a una CNEA con una gorra gigante pidiéndole fortunas. Alfonsín hace lo que puede, trata de sostener algunas cosas y cierra otras. Después viene la década del 90 y ya sabemos quién dijo “yo quiero ser confiable” y se terminó. La realidad es que ese súper ajuste no se puede analizar sin lo otro, que es que les cae un elefante pesadísimo. En la década pasada, salvando las distancias, a mi entender, pasa lo mismo. Para ser concretos, De Vido, el jefe del sector nuclear en la práctica, pone mucha plata y pide poca rendición de cuentas. Atucha II es mejor que esté a que no esté. Pero así está, con los problemas que tiene, y costó una fortuna. Además, se armó una empresa constructora adentro de NASA (los famosos despidos en Atucha eran de esa constructora) y nosotros teníamos que salir de ahí, de esas estructuras gigantes. Pasa lo mismo con la planta de agua pesada. Se armó la planta más grande del mundo (literalmente) para tres centrales nucleares. Estamos trabajando para que sea una planta dual y pueda producir fertilizantes.

Ahora, para recuperar el plan nuclear, ¿no hacía falta algo de esa “sobreinversión”?

Yo no lo rechazo in limine. Pero se fueron al carajo. Al principio, bueno, podés pensar eso. Pero después se convirtió en una fiesta. Escuchame, en el final, la productividad diaria neta de Atucha II era una hora diaria por trabajador. Quiero descartar cualquier problema de seguridad (siempre está ese fantasma cuando hablás de lo nuclear). Pero cuando no terminás bien algo, tenés problemas de performance. La carga real al de Atucha II en 2019 va a ser de 31%. Yo estoy de acuerdo, es probable que al principio hayas tenido que hacer una sobreinversión. Y entiendo que hemos peleado mucho por no subinvertir ahora. Ahora, una cosa es inversión pública y otra es el populismo tecnológico, de suponer que podemos hacer cosas que no podemos. Eso es mentirle a la gente. Atucha II es un ejemplo de lo que no hay que hacer. Mejor que esté a que no pero se gastó un montón de plata para una planta que tiene muchos problemas. La gran inversión es el CAREM, ahí está el futuro. Ahí hay un mercado.

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