Hugo Alconada Mon: Vivir sin coimas, el negocio del año

19 de Diciembre de 2018 - Alex Milberg

 


Adelanto de la entrevista con el autor de La raíz de todos los males (Planeta), donde muestra a la corrupción como un problema sistémico en el que están involucrados políticos, empresarios, jueces y medios. Escenas de un país donde “el corrupto siempre es el otro”. Leé la entrevista completa en Forbes de diciembre, que ya está en tu kiosco.

¿Qué fue lo que más te costó del libro?
El desgaste acumulado. La sensación de asco, de suciedad. Es el fruto de veinte años de trabajo, dos años de sistematización, y entrevistas complementarias, escritura y reescritura. Pero fue agotador.

¿La corrupción de qué ámbito, o de qué “sótano” –como los llamás en el libro–, te dio más asco?
La interconexión. Comprobar que todo está entrelazado. El político que arregla con un empresario para ganar un contrato pero que a la vez arregla con un medio para que calle y el operador que además acuerda con un periodista que a su vez lo extorsiona, al tiempo que cierran con los sindicatos y después arreglan con el fiscal o con el juez, que a su vez le filtra al periodista, y así.

¿Cómo fue la decisión de describir al propio periodismo como parte de la matriz?
No era algo que tenía previsto, y fue uno de los dos datos que me sorprendieron durante la investigación al examinar uno de los grandes problemas, que es el financiamiento de la política. Un operador me dijo: “¿Sabés en qué se van los US$ 100 millones que puede costar una campaña presidencial? Gran parte, en ustedes”.

¿A qué se refería, con exactitud?
Fue claro: pagan los espacios publicitarios, a los medios, a los periodistas que aceptan hacer entrevistas benévolas o que miran para otro lado. Salí de ahí y llamé a otros equipos de campaña. Y me dieron detalles y más datos: es una práctica común. ¿Qué me quedaba? ¿Ignorar el tema? ¿Mencionarlo al pasar? No podía. Por eso tuve que expandir un nuevo eje y salió lo que salió.

En el libro mencionás y entrevistás a muchos dueños de medios y periodistas de los más influyentes del país. ¿Cuáles fueron sus reacciones?
Distintas. Pero en general, para no particularizar, diría que del lado del periodismo fue más un ejercicio de hipocresía de muchos colegas haciéndose los sorprendidos, en especial los más piratas.

Decías que te sorprendieron dos datos. ¿Cuál era el otro?
Comprobar que los políticos financian las campañas de sus opositores cuando les resulta funcional. Lo hizo Macri con Massa en 2015. Scioli intentó con Stolbizer pero no llegó a un acuerdo porque ella no aceptó aflojar con las denuncias de corrupción a los K.

El eje de La raíz es señalar la corrupción como un problema sistémico. ¿Qué impacto real tendrá el caso de los cuadernos más allá de su enorme repercusión coyuntural?
Precisar si tendrá una influencia sistémica de fondo puede llevar años. Mi primera impresión es que no; ojalá me equivoque. Sí logró un impacto inicial porque aunque aquí se caiga la causa local, se anule la investigación, aunque acá no pase nada, Bonadío malo, malo, a tu casa, todo lo que quieras: ya se abrieron investigaciones preliminares en Estados Unidos, ya hay empresas a las que se les complicó el financiamiento externo, hay PPP que se cayeron…

El famoso juego del dilema del prisionero indica que es mejor callar antes que delatar al cómplice. ¿Aquí esto se quebró?
Es uno de los temas cruciales: el quiebre de la omertá, el pacto mafioso de silencio. Ahora, en esta causa, ese pacto se quebró. Un caso concreto: Aldo Roggio, que se acogió a la ley del arrepentido. El día de mañana, si alguien lo quiere sobornar, va a pensar: “¿Cómo sé si este señor no va a salir corriendo a denunciarme, a decir en Tribunales que es una nueva persona, que lo quisieron coimear y que ya no hace estas cosas?”. Entonces puede haber dos consecuencias.

Leé la entrevista completa en Forbes de diciembre, que ya está en tu kiosco.

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