Guillermo Dietrich: “Mi familia ganó más plata en el pasado”

30 de Enero de 2019 - Virginia Porcella

 


El ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, admite el malestar empresario y lo atribuye a que “antes todo era más fácil en un proceso distorsionado”. Tarifas, PPP e inversión récord en el año electoral.

El ministro de Transporte Guillermo Dietrich (“Guillo”, como le dicen sus colegas del gabinete) tiene algo de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. En el Gobierno se le reconoce, además de su costumbre de ir a trabajar en bicicleta, su eficiencia y capacidad de ejecución en la gestión de una de las áreas más sensibles de la herencia recibida, con un presupuesto anual en inversión de obras públicas e infraestructura que este año rozará los $ 200.000 millones. También por su tesón a prueba de riesgo país para promover los PPP, aquellas obras públicas cuyo financiamiento recae en los privados ahora en proceso de revisión dada la adversidad de las condiciones financieras.

Hacia afuera de la Casa Rosada, sin embargo, se lo identifica cada vez más como la cara del ajuste, reconocimiento que supo obtener el exministro de Energía Juan José Aranguren en los dos primeros años de gestión macrista y que luego ostentó el exsecretario Javier Iguacel (hoy reciclado, precisamente en su cartera). Es que sobre él recaen ahora los anuncios de aumentos de transporte y peaje, altamente sensibles en tiempos electorales. Tan consciente es de esa percepción que ya se convirtió en motivo de broma con su nuevo vecino en el edificio del Palacio de Hacienda, Gustavo Lopetegui (ahora en Energía), mucho más cómodo en el bajo perfil. “Ahora voy a ser yo el malo”, le reprocha, y asegura que no le importa porque “no vine a quedar bien”. De hecho, a principios de enero se lo veía exultante porque, en tiempo y forma antes del 10 de enero, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta cumplieron con la transferencia por más de $ 2.500 millones en concepto de los subsidios al transporte que fueron transferidos a las provincias. “Por primera vez en la historia”, destacaba.

¿Cómo queda la política de subsidios al transporte tras el último aumento anunciado?
Todavía subsidiamos el 60% de los colectivos y el 90% de los trenes. Pero es distinto a la energía: cuanta más gente lo use, mejor, porque hay menor costo unitario. La lógica de subsidiar el transporte es totalmente distinta a la energía.

Entonces no se apunta a la eliminación total.
Nuestra mirada de fondo es que es bueno que el transporte tenga subsidio, especialmente para los que pueden pagar menos. La discusión más finita pasa por cuánto es el nivel de subsidios adecuado.

¿Cuál calculan que será el impacto en la inflación del aumento de trenes, subtes y colectivos?
Está contemplado en las pautas de inflación. Cuando calculamos la inflación, se calcularon las tarifas. Otros aumentos no son previsibles, como la nafta, por ejemplo.

Está claro que el aumento de tarifas genera descontento en la calle. Pero también entre empresarios y ejecutivos hay cada vez mayor malestar. ¿Ustedes lo perciben?
Mis amigos están más descontentos que la persona que conocí ayer tomándose el vuelo por primera vez a Salta. ¿Por qué? Primero, porque la realidad es que acá en Argentina había un círculo cercano al poder, que es empresas constructoras, empresas de medicamentos, etcétera.

Estoy hablando de otro tipo de empresarios. No aquellos a los que se les cortaron los negociados.
Es que es en general… Porque la verdad es que se dio de una forma u otra; lo veo en mi familia, se ganaba muchísima más plata en el pasado. De hecho, la concesionaria Dietrich, el año pasado, cuando aún se vendían muchísimos autos, perdió muchísima plata. Antes estaba cerrada la importación, faltaban autos; era todo mucho más fácil en ese proceso totalmente distorsionado. Era una bomba de tiempo que explotaba. Hay gente que tiene capacidad de verlo.

Pero hay muchos que ahora comparan contra lo que prometieron hacer y ya no contra el pasado.
Es que lo estamos haciendo. Tomemos Aerolíneas Argentinas. Acá volaban 8 millones de personas, y podían volar 20 millones, porque los tipos hacían política con Aerolíneas Argentinas. Y construían un tema de una falsa soberanía con esa política, diciendo “acá no puede volar nadie”, y a su vez el del sindicato manejaba todo; hacían sus negocios, seguramente…

¿Qué tanta frustración le generó la corrida cambiaria? Se complicaron todos los planes, desde las aerolíneas hasta las obras, los PPP.
Si hablamos de sentimientos, en esos momentos, más que nada, angustia. Por lo que significa una corrida cambiaria en Argentina. Yo tuve un negocio, mío, de importación de motos de China, que virtualmente quebró en el 95 con el Tequila. Pagué deudas desde el 96 hasta 2004. Mi viejo estuvo muy complicado en 2001. Sé lo que es. Y sé lo que vive el empresario, el comerciante, el Pyme: cuando la tasa de descubierto se te dispara, caen las ventas, te viene un cheque rechazado. Por eso, en ese proceso hemos estado muy cerca de los constructores, aceleramos pagos, porque sabemos que en este caso el Estado te puede hacer tumbar.

Lo que quedó en suspenso son los proyectos PPP, de los que se dice que usted es fanático, casi “un cruzado”.
No hay nada que sea política mía, son políticas del Gobierno, de Mauricio Macri. No es que “se le ocurrió a Guillo”, esto de los PPP o la revolución de los aviones. Los PPP son una herramienta muy importante para la infraestructura. Somos todos fanáticos de los PPP. Eventualmente, en algún punto podés tener algún elemento con la situación financiera, y es ahí donde puede haber distintas miradas. Nico Dujovne tiene una mirada desde ese lugar. Pero no hay pelea ni conflicto, ni mucho menos. Los PPP han sido un éxito rotundo.

Pero se suspendieron las licitaciones por el riesgo país…
Si te parás hace un año y mirás los medios de enero de 2018, todo el mundo decía que nadie se iba a presentar, que las PPP son caras, que bla, bla, bla. Hoy tenemos que se hizo una licitación sumamente exitosa, recibimos US$ 32.000 millones de ofertas, los proyectos fueron hasta un 35% más baratos que antes…

Eso en la licitación de los corredores viales del año pasado.
Sí. Se firmaron los contratos, se presentaron las garantías (el Banco Galicia tiene US$ 350 millones integrados, por ejemplo), contrataron a la gente, compraron las camionetas, empezaron a hacer las obras de mantenimiento, algunas con mayor velocidad, otras con menos. Y ahora, frente a esta situación del rendimiento de los bonos, lo que hicimos es un pequeño cambio en el cierre financiero y un pequeño paréntesis en la salida de las próximas licitaciones, que no significa interrumpir los proyectos. Por lo tanto, podría llegar a ser, si el riesgo país sigue bajando…

¿Cuál es el riesgo país en el que los inversores están dispuestos a volver?
El valor que estaba al 24 de abril.

Va a costar llegar a eso en un año electoral.
Tampoco hay mucha ansiedad. Porque todas estas son obras que había que hacer hace 30 años. Lo que estamos discutiendo es un eventual paréntesis de seis meses.

¿No hay ansiedad por que esas obras empiecen antes de las elecciones?
Nunca en la historia argentina hubo tantas obras en marcha como las que va a haber este año.

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