Gaucho: espíritu argentino for export

20 de Diciembre de 2018 - Tomás Rodríguez Ansorena

 


El Grupo Algodón de Scott Mathis presentó su marca de indumentaria: Gaucho Buenos Aires. Con diseño de las jóvenes promesas Santiago Gallo y Carmen Vils, esta nueva marca argentina de lujo reinterpreta el ícono nacional para volverlo chic y global.

“Yo soy un contrarian player”, dice Scott Mathis, un experimentado inversor basado en Nueva York, desde uno de los exquisitos sillones de la suite de Algodón Mansion en Recoleta, donde Santiago Gallo y Carmen Vils tiran ideas y bosquejan maquetas de sus diseños para Gaucho. La marca de indumentaria es la tercera pata del Algodón, el grupo que cambió su nombre en 2005 (InvestPrivate.com era el original), cuando su fundador descubrió esta tierra “inexplorada y fascinante”. “No sé de dónde salí”, empieza Scott el relato de su desembarco, “pero cuando algo no le gusta a nadie, a mí me interesa; y al revés, cuando todo el mundo está entusiasmado, soy el aguafiestas. El mercado de EE.UU. en 2005/6, estaba en alza, todo estaba bien, real estate arriba, todo el mundo contento. Era el deck del Titanic, todos bailando mientras el barco se hundía. Yo presentía que tenía que invertir afuera. Y lo que me dio el push para venir acá fue un artículo de Tom Barrack, el CEO de Colony Capital, un fondo de real estate de US$ 1.000 millones, que vino a Argentina a jugar al polo. En ese artículo, Tom decía que, cuando los amateurs se metían a jugar al polo, se volvía muy peligroso. Y hacía una analogía con el mercado de real estate de entonces (que incluso podemos comparar hoy con Bitcoin, por ejemplo): se vuelve peligroso con tantos amateurs jugando. Yo tengo una gran pasión por el tenis y llegué a Buenos Aires para ver un torneo en el Lawn Tenis. Fue amor a primera vista. Dije: esto es New York, 30 o 40 años atrás”.


Carmen Vils, Scott Mathis y Santiago Gallo.

Su primera inversión fue el petit hotel desde el que habla, en la calle Montevideo, y sobre el que levantó Algodon Mansion. Luego llegó el turno de Mendoza, con la bodega que produce los destacados Algodon Fine Wines y la Estancia de destino turístico que combina hotelería con aventura y delight culinario. Con la sofisticación y la calidad en primer plano, Gaucho completa el combo con el que quiere terminar de consolidar una “marca argentina de lujo reconocible en todo el mundo”. ¿Por qué Gaucho? Porque “me atrae la Argentina, y el gaucho condensa ese espíritu. Los argentinos son duros, resistentes, pasaron por muchas cosas, y si vamos a competir en el mercado internacional, tenemos que hacerlo con algo que represente ese aspecto. Gaucho representa a la Argentina, ninguna palabra remite más a la Argentina que gaucho. Yo creo que estamos pensando en el gaucho en conexión con New York, Paris, Londres”.

“Es una reinterpretación”, completa Santiago Gallo, director creativo de la marca. Y su coequiper, Carmen Vils, amplía: “tomamos algunos conceptos como la fuerza, la personalidad, y lo transportamos a la vestimenta. No reproducimos el ícono. Usamos lazos, botas, pantalones anchos y sombreros en una idea moderna y original”.

¿Piensan en clientes turistas?

Esperamos que a los argentinos les guste, porque realmente queremos llevar el espíritu argentino en la marca. Somos conscientes de que es un momento muy difícil para el país, con el peso en caída libre. Pero es una de las razones por las que estamos acá. Esperamos que la marca pueda ser un emblema, que a largo plazo la gente use las remeras de Gaucho Buenos Aires con orgullo. Yo diría que más que una marca de exportación, se trata de una marca argentina de lujo. Argentina tiene que reconectarse con el mundo otra vez.

¿Les dirías a los inversores que es momento de volver a Argentina?

100%. Si yo vendiera todo lo que tengo acá, ¿a dónde iría? Volvería acá. Argentina es la mejor oportunidad en el mundo. Tomará un tiempo. Acá tenés todo: petróleo, shale, tango, arquitectura, carne. Estoy convencido de que todo esto virará hacia una mejor situación. Los americanos aman los paisajes argentinos, la gente, la música, la comida, el vino, todo. Pero dicen: “Tiene un crash cada diez años”. ¿Y sabés qué les respondo yo? “!Nosotros también!”. Desde que yo opero en el mercado, en Estados Unidos tuvimos un crash en 1987, en 1998 (el de las puntocom), 2001, 2008.

¿Cómo está conformado el grupo? ¿Cuánto invirtieron en Gaucho?

Mis socios no tienen más de 5-8% de las acciones, yo soy el CEO y principal dueño. Hasta ahora invertimos poco menos de US$ 1 millón en Gaucho y apuntamos a llegar a los US$ 50 millones para llevar a la marca adonde queremos que esté: un local en la Avenida Alvear muy pronto y, luego, pop up shops en las principales capitales de moda del mundo. Como el “contra” que soy, veo que las grandes marcas de lujo se están muriendo porque el ecommerce se las está comiendo: mientras esos mercados se retiran, nosotros compraremos algo en Londres, Milan, París, Beverly Hills. Si vas a Bleecker St. en Nueva York, el 40% de los locales está vacío. Pero, antes, necesitamos presencia online. Ahí están los clientes.

¿Te costó convencer a tus socios de venir acá?

Sí, a veces es difícil. Pero, cuando logramos traerlos a conocer, desaparecen los problemas: más del 90% de la gente que trajimos invirtió. Hacemos el full tour. Lo verdaderamente malo son los titulares de la prensa. La gente se asusta.

¿Cómo conviven las tres marcas, Gaucho, Mansion y el vino?

El vino es el embajador del grupo, es la clave número uno. El vino abre la puerta para todo, y por eso debe ser excelente, no podemos dejar nada librado al azar. Y muestra que la gente no compra como antes. Las personas están comprando experiencias, cosas para sentirse bien o tener un recuerdo, y por eso también creo que es el momento justo para Gaucho porque en cualquier negativo hay un positivo. La devaluación del peso, que es horrible, va a hacer que crezca el turismo. Y toda esa gente que venga acá por turismo va a querer revivir esa experiencia con otros productos: con el vino, con una remera Gaucho. Me acuerdo de una vez que estaba caminando por calle Florida, compré algo con lo que no terminé de sentirme bien. Era caro, parecía bueno, pero no estaba seguro de que lo fuera. ¿Me habían estafado? No lo sabía. Sucede que no había una marca que lo respaldara, que asegurara la calidad. Si comprás una marca, sabés que estás comprando calidad. Gaucho, para mí, es como si Tom Ford conociera a Hermès y se mudaran juntos a Buenos Aires.

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