Galperín, Migoya, Englebienne: el nuevo establishment

27 de Noviembre de 2018 - Virginia Porcella

 


Aunque se definen emprendedores, sus empresas valen US$ 2.000 y US$ 16.000 millones. Alejados de la economía tradicional y los negocios con el Estado, creen que la causa de los cuadernos es “una oportunidad histórica”. A 20 años de la fundación de Endeavor, la entidad que los promovió, potenció y que ahora representan, opinan sobre todo.

Son el símbolo de una nueva generación de empresarios. Exitosos, modernos y hasta de ojos claros, representan “todo lo que está bien” en el mundo de los negocios: arriesgaron con capital propio y financiamiento privado, crecieron con apoyo global y escalaron sus empresas, que hoy son compañías internacionales. Cotizan en Wall Street y, si alguna vez lo tuvieron de cliente, nunca vivieron del Estado. La historia de Martín Migoya, Guibert Englebienne –los Globant– y Marcos Galperín –dueño de Mercado Libre– puede presumir hoy de un alto contraste con la de muchas de las más grandes empresas del país, salpicadas e involucradas en los escándalos de corrupción de la década pasada. Hoy más que nunca, estos tres empresarios que se autodenominan emprendedores intentan desde Endeavor –la organización que este mes celebra sus 20 años y que los vio nacer, guió, potenció e incluso fondeó– promover una camada empresaria a imagen y semejanza.

“La actividad emprendedora tiene una aprobación por parte de la sociedad del 93%, la más alta entre todas las actividades junto a la del científico. Eso en contraste con lo que se asume como ser empresario o político”, abre la discusión Englebienne, quien admite que en los últimos 20 años no hubo empresarios a los que imitar que no fueran modelos importados como Bill Gates y Steve Jobs. “Tratamos de generar los ejemplos locales”, dice, en alusión al formato que Endeavor aplica en las 60 oficinas de los 33 países en los que desembarcó después de haberse creado en Argentina y Chile hace dos décadas.

¿Ejemplos locales de emprendedores o de empresarios?
Galperín: Emprender está muy ligado a tomar riesgos, a tratar de hacer las cosas de manera distinta. Pero hay muchos empresarios que emprenden, en Argentina y en otras partes del mundo, que están innovando, haciendo cosas nuevas y que manejan empresas enormes.
Migoya: Yo creo que el emprendedor es una forma de ser empresario. Sos un empresario que piensa como emprendedor. Tomando riesgos todos los días, empleando gente, haciendo las cosas como la ley manda, haciendo un montón de cosas que están puestas en discusión por la sociedad hoy sobre los empresarios.

¿Cómo viven el contraste de esa prédica cuando muchas de las principales empresas del país están involucradas en el caso de los cuadernos?
Englebienne: Para nosotros no es ningún problema. Primero, vemos que es un momento único, pero solo de unos pocos. Argentina tiene 650.000 empresas. Hay un grupo de empresas cuestionadas. Es una oportunidad histórica de poder cambiar el marco, y lo vivimos muy positivamente en ese sentido.
Galperín: Hablábamos de las diferencias entre empresarios y empresarios emprendedores; ahora está saliendo todo a la luz. Bienvenido sea. Es un antes y un después. Pero ese despúes va a depender de cómo lo construyamos, no va a depender de otro. Es muy sano.
Migoya: Hay un precepto básico que los argentinos tenemos que aprender, y es que hay una sola forma de encarar los negocios y es haciendo las cosas bien. Cuando empezás a no hacer caso a ese precepto básico, el negocio se transforma en no escalable. Termina saliendo al aire en algún momento, termina explotando. Y es ahí donde creo está la oportunidad de decirles a todos: “Las reglas del juego son estas, no estas otras”.

Vinculado a esto, los negocios con el Estado quedan en el ojo de la tormenta. Pero el Estado necesita servicios y puede ser un buen cliente. Y es natural que para empresarios chicos se convierta en el principal cliente.
Englebienne: En gran medida, se trata de seguir las mismas reglas. No hay nada que te pueda hacer apartarte de la regla básica y de decir: “Yo me comporto de esta manera”. Es la única forma. Y si en algún momento lo hacen, chau, están del otro lado.
Galperín: Si el Estado hace licitaciones transparentes, no hay ningún problema. El tema no es trabajar con el Estado o no, el tema es con qué Estado. Daba la sensación de que trabajar con el Estado hace unos años en Argentina era estar haciendo cosas no transparentes. Y bueno, lo que salió ahora a la luz confirma la visión que teníamos. Pero no necesariamente debería ser así siempre.

Hablemos de negocios. Acabamos de atravesar la segunda gran devaluación de los últimos 20 años, pero las valuaciones de sus compañías están en un gran momento. ¿Qué lectura se debe hacer de esa realidad?
Migoya: Cuando uno está construyendo un negocio hoy, tiene que pensar global en todo sentido. Global en el mercado al que apunta y en función de cómo entregás lo que hacés. Cuando se piensa de esa manera, en una estrategia a largo plazo, de diversificación, lo que suceda en un país va a ser un pequeño pedacito del portafolio que tenés. Pasan cosas que un día te benefician y al otro día no. Pero siempre lo hacen sobre un pedacito. Entonces, las devaluaciones reflejan eso, la solidez de la estrategia del negocio. Cuando en un momento dijimos: “Argentina va a ser un país complejo como para que sea el único lugar al que dirigir nuestro talento”, empezamos a diversificar los países. Hoy tenemos 14.
Galperín: La devaluación es algo tan típicamente argentino, tan típico como hablar del tipo de cambio. Y al final del día es irrelevante. Si vos mirás el tipo de cambio real en 250 años, no cambia mucho. Y estamos tan en eso, en lo coyuntural, que no hacemos ninguna de las cosas que importan. Capacitarte, mirar tendencias, largo plazo, diversificar, buscar otros clientes, tener otros proveedores, todas esas cosas son después las que te permiten operar independientemente de que, hace un año, tuviéramos un país caro en dólares y, ahora, barato en dólares.

Me pasa seguido con empresarios como ustedes sentir que pregunto por “cosas chiquitas”. Pero la realidad es que vivimos en un país que no resolvió temas básicos como la inflación, y muchos de los emprendedores que promueven hoy lidian con tasas imposibles, falta de financiamiento para exportar, dificultades para operar…
Englebienne: Eso nos afecta a todos. Una de las cosas que aprendimos es mirar a la Argentina con bifocales: un ojo en la coyuntura y otro en el largo plazo. Nosotros queremos ayudar a que otros emprendedores naveguen estas cosas que nos encontramos a cada rato.
Galperín: El problema es que esta historia traumática generó algunas cosas muy buenas y otras no tan buenas. Pero sin dudas nos generó emprendedores que se sienten muy cómodos con eso. Porque lo que para un argentino es normal para un emprendedor de otra parte de América Latina es traumático. Una devaluación del 100% para nosotros es: “Bueno, sí. La vi venir, compré dolares”. Pero a un emprendedor de otra parte del mundo lo saca del partido. Acá es como que no te enterás. La parte mala es que nos dio cortoplacismo. Entonces, tenemos emprendedores muy exitosos que apenas encuentran y empiezan a despegar dicen: “Esto lo tengo que vender porque no va a durar cinco años”. En vez de decir: “Ahora voy a duplicar las inversiones y triplicar, porque este es el momento de…”.

Y no se los puede culpar mucho.
Galperín: No, no se los puede culpar mucho porque, si ves lo que pasó en los 90, ves que los empresarios que vendieron quedaron bien y a los que se quedaron con sus compañías en 2002 todos les decían que eran ladrones, que esto, lo otro. Y la lección fue que los que vendieron estaban de vacaciones. y a los que se quedaron les fue muy mal.

Ahí también se hace difícil la prédica de Endeavor.
Galperín: Yo creo que el desafío es tratar de impregnar una visión de largo plazo. Poder mantener esa capacidad de tolerar el riesgo y de operar bien en circunstancias volátiles, con visión de largo plazo para construir algo que perdure en el tiempo.
Migoya: La situación de los emprendedores que están financiándose a tasas del 100% es muy preocupante. Obviamente, es difícil que las empresas puedan sobrevivir si las tasas son tan altas y no podés transferir todo eso a los precios que estás cobrando, pero pasa en un mercado único. Creo que esta coyuntura y todas estas cuestiones, si las cosas se hacen de la manera correcta, van a ir convergiendo hacia un lugar mucho más razonable. Y, de nuevo, es una dosis nueva de entrenamiento. Es el nuevo capítulo, el capítulo que nos toca estudiar este año.

 

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